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La amistad es homicida del amor –una atrevida hipótesis de George Steiner

Libros

Por: pijamasurf - 04/16/2016

El gran George Steiner ofrece en uno de sus más recientes libros una inquietante reflexión sobre la aparente imposibilidad de coincidencia entre una relación de amigos y una relación de pareja

¿Ser amigos y ser pareja son dos realidades amorosas incompatibles? A juzgar por la manera en que culturalmente consideramos ambas formas del amor, parece ser que la respuesta es afirmativa. Pareciera que uno no puede entablar una relación de pareja con un amigo/a ni, por otro lado, sostener una relación de amistad auténtica luego de haber pasado por la experiencia de una relación à deux. En la conceptualización contemporánea es como si ambos caminos corrieran separados, cercanos quizá pero rigurosamente aparte, con una suerte de brecha infranqueable entre ambos que vuelve imposible cruzar de uno a otro.

No podemos saber si esto es realmente cierto, si de verdad se cumple en todos los casos y en todas las relaciones. Sin embargo, aquello sintómatico que se percibe, por ejemplo, en la popularidad del término friendzone, o en la preocupación generalizada aunque silenciosa por las implicaciones de la vida en pareja, podría tomarse como signos de esa dificultad que ronda nuestra época: ¿Qué se hace con el amor? ¿Cómo se ama a alguien? ¿Cómo se teje una relación amorosa auténtica?

Hace algunas semanas la editorial española Siruela publicó un nuevo libro de George Steiner en español, Fragmentos (traducción de Laura Emilia Pacheco). Steiner, para quien no lo conozca, es un autor nacido en París en 1929, pero más allá de este detalle anecdótico se trata de uno de los últimos intelectuales a los que es posible endosar el calificativo de “europeo” con todas las implicaciones que esto conlleva. Pocos como él, en verdad, que actualmente encarnen esa figura del guardián cultural tan elogiada por intelectuales de la posguerra como Walter Benjamin o Theodor W. Adorno, pues Steiner es un erudito capaz no sólo de navegar con velas desplegadas y timón firme por el vasto océano de la cultura europea, de Homero a Arnold Schönberg, sino que además él mismo se ha convertido con el paso de los años y la suma de sus libros en un importante referente cultural, un creador de poderosos ensayos que iluminan la vasta oscuridad de la noche contemporánea.

Prueba de ello es una inquietante reflexión que Steiner incluyó en Fragmentos a propósito del tema con que iniciamos esta nota: la aparente oposición entre el amor de amigos y el amor de pareja. El escritor parece coincidir en que uno y otro no sólo no pueden convivir o coincidir, sino que incluso va más allá y asegura que la amistad es “homicida” del amor. Al respecto de la primera, Steiner nos ofrece esta caracterización:

Conocemos el valor y el papel trascendentes de la amistad, philia, en la sensibilidad clásica. La amistad es la compensación de la existencia humana, su inmerecida recompensa. Aun donde es manifiesta, la distensión homoerótica —culturalmente sancionada— es sólo un complemento. El asombroso prodigio yace a mucha mayor profundidad. Nada supera “ser un amigo para un amigo” (la jubilosa frase de Schiller). La muerte es casi un privilegio cuando salva a un camarada. En cambio, la pérdida de un amigo es irreparable (uno puede volver a contraer matrimonio, adoptar un hijo…). Tres lamentos sobre el amigo perdido determinan el idioma de la desolación en la literatura y el sentimiento occidentales: Gilgamesh llorando a Enkidu, Aquiles sollozando por Patroclo, David doliéndose por Jonatán.

La fuente de la amistad es insondable. Puede surgir de un peligro momentáneo que se apropia de nuestra conciencia, como el viento de una tormenta o como una melodía. “Porque él es él, porque yo soy yo” (Montaigne). Ya sea que se trate de encanto físico, compatibilidad social, alianza pragmática, pasiones u odios compartidos, las circunstancias reales, los atributos existenciales, son prácticamente irrelevantes y no negociables.

Como se ve, mucho del contenido del vínculo amistoso es para Steiner cercano a las nociones de complicidad, cercanía e incluso un grado notable de intimidad y conocimiento del otro. A este respecto, prosigue:

Los viejos amigos se sientan en un banco del parque a olfatear el aire para captar el aroma a muerte y compartir las pavorosas presiones del vacío. Para que el diálogo no acabe, el que sobrevive continúa hablando solo. Las salas de geriatría o las escenas nocturnas en las casas con ancianos están repletas de esos murmullos, como la “última cinta” de Beckett. Incluso al final, la amistad es el enigma de la gracia que le es permitida al hombre (caído).

¿Pero no sucede esto mismo en el amor de pareja?, podríamos preguntarnos al advertir que, según ciertas narrativas y discursos (acaso no del todo certeros), la relación de pareja también está construida sobre esa base: la complicidad, la cercanía, la intimidad. "Entonces, ¿cómo es que la amistad 'asesina al amor' (eros)?”, nos pregunta a su vez Steiner, y continúa:

Las teologías, las filosofías que derivan de ellas, las canciones que tarareamos, que nos han hecho bailar desde la Creación, afirman que el amor es la cúspide, la corona, el regalo supremo de la herencia humana. Es, según Dante, el motor del cosmos. La herramienta summa summarum que une cuerpo y alma. Las distintas creencias imponen amar a Dios: aspirar a su amor y confiar en Él. En cambio, la idea de tener a Dios como amigo resulta incómoda. El amor carnal —Afrodita todo lo vence— engendra la totalidad de la vida orgánica. El amor espiritual nos permite ese atisbo que podemos llegar a tener de lo imperecedero. Ningún mandamiento de cordura, temor, abstención admonitoria, impedimento material ni social —el embravecido Helesponto de noche, el calabozo al que debe descender Fidelio— es más apremiante que el amor. Ninguna lógica, ninguna asimetría razonada enciende al amor. La pordiosera coja tiene un amante joven y hermoso. El amor extático puede centrar su atención en el cuerpo de los muertos, en los animales. Las inhibiciones del incesto son tan frágiles como los tabúes que deberían hacer de los niños seres intocables. El amor puede contenerse y no consumarse; hay visiones platónicas y castidades ardientes tan incontroladamente apasionadas como cualquier coito. El género es casi irrelevante a un grado trivial: el amor une a mujer con mujer, a hombre con hombre. La edad puede no tener importancia: mujeres jóvenes han sentido adoración por hombres mayores. En cambio, las mujeres maduras recolectan a sus amantes entre los jóvenes. Los celos que Eros engendra pueden conducir a la locura. Donde el amor mengua, el desánimo es como ningún otro y el gas de los pantanos cala nuestro ser. El orgasmo concorde (probablemente raro) es lo más cercano que hay en la experiencia humana a la abolición del yo, a sumergirnos en otro; es una traducción simultánea en el sentido más profundo. Además, no existe límite para los instrumentos de lo erótico: el dolor extremo —voluntario o impuesto— puede atender al amor, como también puede hacerlo el excremento. Al estar dentro del alcance de lo insaciable, el amor tiene intimidad con la muerte.

Entonces el escritor llega al corazón del disentimiento, el núcleo donde, a su parecer, surge la divergencia entre la philia y el eros, la amistad y la pareja, el amor que se le tiene a un amigo/a o aquel que se siente por un compañero de vida:

La amistad puede interpretarse como una crítica del amor. Puede hacer caso omiso de los anárquicos imperativos de la sensualidad, de las demandas y las desazones del sexo. Puede ser que su fuente sea oscura pero su dinámica y sus recompensas son las de la razón. La amistad está enraizada en la libertad: libertad de la posesión demoníaca, la histeria, el ardor. Pero libertad también en un sentido positivo y altamente filosófico. Donde hay amistad hay una amplitud selectiva de criterio. Nos entregamos a la amistad sin necesidad de beneficios ni de las gratificaciones implícitas en lo erótico. La amistad puede definirse como el acto gratuito, pero profundamente significativo, de quienes están “en libertad”. Aun en su punto más pasional, el comercio sexual conlleva una dura veta de desconfianza (el éxtasis puede fingirse o comprarse). La amistad, además, puede ser poderosamente productiva: de acciones sociales y políticas, de descubrimientos científicos, de argumentaciones filosóficas. Mucho del progreso político, del debate intelectual, de la innovación estética se da en colaboración; se origina y extrae su energía de estelares cúmulos de talento individual que colisionan, conspiran, rivalizan en la amistad. Las cartas de amor tienden a ser monótonas, incluso infantiles. Las que se intercambian en la amistad pueden ser auténtica fuente y taller de genialidad (Spinoza a Boxel, Goethe a Schiller, Coleridge a Wordsworth). El sexo no aspira a la igualdad. La simetría del aprecio, de colaboración en el valor, la diferenciación creativa, la promoción política del amigo, forman parte integral de la relación. En resumen —y resulta difícil enunciar esto de manera convincente—, la amistad es aquello que apasiona dentro de la razón, dentro de la bondad desinteresada que hace generoso al pensamiento e inteligente al corazón.

En este sentido, sobre la vida en pareja dice el escritor:

En el matrimonio, en cualquier experiencia erótica prolongada, la amistad puede resultar fatal. Los amantes no son amigos. Tres inmortales palabras lo dicen todo: odi et amo. El calendario del amor se ve interrumpido por brotes de repugnancia, por acres discusiones, por un aburrimiento y una indiferencia a veces inexplicables y abruptos (las intermittences de Proust). La mayoría de los matrimonios, la mayoría de las relaciones amorosas, logra perdurar gracias a un rosario de reconciliaciones, no siempre veraces. No es sólo tristeza, tristia, lo que le sigue al coitum. Es desaliño e incluso mal gusto. La libido que se extingue deja un sabor amargo. Pero también existe un mecanismo sutil y más ambiguo.

En un primer momento tal parece que, en la idea de Steiner, la amistad ocurre en un campo con muchas menos limitaciones que las del amor de pareja –en un terreno más fértil, más propicio, por decirlo así. Visto de otro modo es como si, en el caso de una relación de pareja, el sexo lo perturbara todo, caso contrario al de la relación de amigos, que por estar exenta de atracción sexual puede desarrollarse con soltura por todas las vías que le plazca, emocionales o políticas, creativas o laborales, etc. “La amistad no requiere de sobornos ni de juguetes sexuales; de unos previos elocuentes ni de vaselina”, apunta Steiner.

Y es allí adonde el autor arriba para proponer su aventurada hipótesis. El impulso sexual puede ser perturbador pero quizá, por encima de todo, la cualidad que le es más propia es que termina, es finito. A la fogosidad de la juventud se impone la mansedumbre de la madurez, los vientos cálidos e impetuosos del verano se reducen a una corriente más bien dócil y apenas perceptible en el invierno de la vida, y aquel desenfreno que quizá caracterizó los años jóvenes de una relación con el paso del tiempo se convierte, según Steiner, “en la energizada serenidad de la camaradería”.

Dicho “homicidio”, entonces, es menos trágico de lo que quizá supusimos al principio. El amor termina asesinado por la amistad pero la suya es una “muerte dulce”. Veamos cómo concluye, magistralmente, Steiner:

Con esta destrucción del eros a manos de la amistad, esta metamorfosis al interior del matrimonio requiere tanto de madurez como de buena suerte. Quizá por eso la amistad entre hombres y mujeres es una condición privilegiada, poco común, sobre todo durante los años de juventud. Puedo estar equivocado, pero esta modulación de eros en philia, el retroceso concomitante del amor, es un tema mayúsculo, ignorado por la ficción clásica y moderna. No tenemos una gran novela que muestre cómo dos amantes se vuelven amigos (aunque George Eliot habría tenido la maestría necesaria para hacerla). Bajo esta perspectiva, la amistad ciertamente puede ser la “asesina” del amor. Los ríos turbulentos mueren en la calma del mar.

 

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Imagen principal: Aquiles lamentando la muerte de Patroclo, Nikolai Ge (1855)

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Una introducción a la obra de uno de los más grandes escritores vivos en la actualidad: el italiano Roberto Calasso

"El mundo es como la impresión dejada por la narración de una historia", dice un antiguo texto védico, citado en la contratapa de uno de los libros más importantes de Roberto Calasso, Ka (uno de los libros más importantes escritos sobre mitología hindú, sólo superado quizás por un nuevo libro de Calasso sobre el pensamiento de la India: Ardor). Esta frase es fascinante puesto que nos remite a la idea de que el mundo se hace al decirse --la eterna historia que emerge alrededor del fuego-- pero eso que queda es como un eco, una persistencia retiniana, una sustancia espectral, una copia. Se nos introduce al maia, a la idea del mundo como una divina ilusión. Calasso es uno de los escritores que se encargan de deshebrar este tejido maravilloso de simulacros y flamantes conexiones, esta madeja mágica de la divinidad que se confunde con la creación. Como dijera Borges: "Nosotros (la indivisa divinidad que opera en nosotros) hemos soñado el mundo. Lo hemos soñado resistente, misterioso, visible, ubicuo en el espacio y firme en el tiempo; pero hemos consentido en su arquitectura tenues y eternos intersticios de sinrazón para saber que es falso". Podemos evocar otra imagen que quizás le gustaría a Calasso, quien se ha encargado de hacer una arqueología filosófica de los bandhus (los hipervínculos originales con los que fue formado el mundo, según los Vedas). A través de su obra se develan los nudos luminosos en el velo epifánico de Maia, esa red de correspondencias y analogías, esos intersticios que resalta Borges como huellas de la divinidad, que justamente revelan la mano del divino artífice, a quien conoceremos por sus articulaciones y pegamentos. 

Como todo gran escritor Calasso ha creado su propio género, una especie de voz ensayística en stream of consciousness donde la enorme cantidad de referencias eruditas ha sido zurcida invisiblemente en un continumm, sin más pretensión que hacer de lo abstruso algo disfrutable y fluido, salvando un ritmo que nos sitúa en la circularidad mutidimensional del mito y en la lógica conectiva del sueño. Calasso sabe, como buen historiador, que la historia no existe en un tiempo pasado separada del presente sino que es una perpetua presencia fantasmagórica, un árbol de mil ramas que confluyen en la palabra. En el epígrafe de Las bodas de Cadmo y Harmonía, una frase de Salustio dice: "Estas cosas no ocurrieron jamás pero son siempre". Bajo la sombra persistente de los dioses se desarrolla la obra de Calasso: una serie de gestos que se repiten desde el amanecer: el dios transformado en toro que mira a una muchacha caminar por la orilla del mar, la ninfa que es la serpiente que es la fuente de agua, el narrador cuya palabra es tan dulce como el soma y que sustituye el sacrificio por la miel de la palabra sólo mientras dura el encantamiento... los arquetipos, los emblemas, las resonancias de la literatura con los planos invisibles,  los momentos en los que nos posee lo divino. La literatura de Calasso es como ese bosque al cual las mujeres iban a perderse luego de percibir el aroma o el atabal del dios, de Shiva o de Dionisio. 

A continuación hacemos una lista de cinco libros esenciales de Roberto Calasso, no para hacer crítica literaria sino para llamar a la lectura de este escritor que ha sido llamado "una institución literaria", término en ninguna medida exagerado, ya que la magnitud de la labor literaria de Calasso no puede entenderse sin también citar a Adelphi, la editorial que dirige y la cual quizás tenga en su catálogo la colección de textos más refinada y diversa actualmente en el mundo editorial. 

 

1. Ardor

La más reciente obra extensa de Calasso en su perenne investigación del pensamiento mítico y en específico del pensamiento védico. Lo que Calasso comenzó con Ka lo madura en Ardor, habiéndose convertido en un importante indólogo, estudiando detalladamente el Sataphata Brahmana y formando una teoría del sacrificio como el acto que definió al pensamiento antiguo y que para el mundo moderno se ha convertido en mero procedimiento. Literalmente, sin sacrificio nuestra sociedad pierde su naturaleza sagrada, pero no por ello su necesidad del rito. Vivimos así en mundo donde la sociedad se ha convertido en sí misma en una religión, pero es una religión o un fanatismo secular, sin éxtasis ni disciplinas internas ligadas al conocimiento de lo divino, que era lo que caracterizaba a la civilización védica, que a través del sacrificio repetía lo que había hecho los dioses y así accedía a lo divino.  

Citas:

Regresar a observar ciertos simples gestos, de los cuales podemos ser conscientes o no, pero que siempre están con nosotros y sin los cuales no podríamos existir: las acciones de respirar, tragar, copular, cortar, matar, evacuar, hablar, quemar, servir, pensar, soñar, mirar.

...

La primacía de despertar sobre cualquier otra actividad mental no es una innovación del Buda, quien simplemente ofreció una versión de esto que era a la vez radical y mayormente destructiva de lo que le antecedía. La preocupación sobre el despertar y su importancia siempre había estado presente en los textos védicos. 

Simplemente estar despierto. Eso es lo que permite que cualquiera se vuelva “más divino, más calmado, más ardiente”, en otras palabras más rico en tapas. ¿Y acaso no fue el tapas lo que permitió que los dioses se convirtieran en dioses en un principio?… Todo puede ser trazado de regreso a esto. Y todo puede ser eliminado, excepto esto. 

...

La actitud sacrificial implica que la naturaleza tiene significado, mientras que el acercamiento científico nos ofrece una descripción pura de la naturaleza, en sí misma desprovista de significado.

Lee una reseña completa

 

2. La ruina de Kasch

El texto más complejo y experimental de Calasso; Italo Calvino lo describió así: "La ruina de Kasch tiene dos temas, el primero es Talleyrand y el segundo es todo lo demás". Una obra totalizadora, la historia como procesión hacia el matadero, llena de ideas filosóficas, de elipsis poéticas, de aforismos, de teoría marxista y de reglas (metafísicas) de etiqueta diplomática. Inclasificable: cuento de hadas, novela, ensayo visionario, liturgia, colección dinámica de citas a la Walter Benjamin... Aquí Calasso hace patente su obsesión por el sacrificio como el gesto fundamental del cual se despliegan todos los demás y al cual regresamos siempre. Aquí también nos regala la más deliciosa leyenda, que da nombre al libro, sobre un narrador cuyas historias eran tan dulces y cautivadoras que por un momento parecía haber logrado suspender la práctica de sacrificar al rey del reino de Kasch cuando los astros llegaban a cierta posición en los cielos (los sacerdotes que escuchaban las historias no veían los astros, entretenidos toda la noche por el flujo de las palabras que eran como una droga hipnótica). 

Citas:

Todo sacrificio es el reconocimiento de un Otro. Al final de todas las emancipaciones, Occidente sólo consigue reconocerse a sí mismo. Su parálisis, que se oculta detrás de la agitación de la praxis, procede de no saber ya a quién darse. Derrumbados los dioses, no se han derrumbado, sin embargo, las hipóstasis; entonces el mundo acaba por entregarse al torpe y siniestro cortejo que Stirner había descrito: a la Razón, a la Libertad, a la Humanidad, a la Causa. Pero el despertar de esta hipóstasis es amargo, más que cualquier otra superstición.

Los Upanishad exigen que la destrucción se realice en el momento de máxima conciencia. En el Bhagavad Gita, Arjuna tiene la revelación de Krishna en el momento en el que se dispone a matar a sus parientes en el campo de batalla. El mundo secularizado aparta la mirada de la destrucción. Y aparta la destrucción de la mirada, como la ciudad bombardeada se desvía del ojo del piloto que suelta la bomba y vuela ya más lejos.

Este libro ha sido traducido al español y publicado por Anagrama.

 

 3. Las bodas de Cadmo y Harmonía

El libro más popular de Calasso, donde posa su mirada erudita y altamente intuitiva a las mitologías de Grecia, cazando el gesto que define y vincula y todos los ecos que genera: todas las historias son las ramas de un gran árbol cuya raíz se pierde en el tiempo, en el sueño. "Todo se repite, todo vuelve, pero siempre con alguna ligera torsión del significado", escribe Calasso. Como en la tradición órfica, Calasso descubre que los mitos son una forma de iniciación hacia un pensamiento no lineal, analógico, hacia la luz enigmática del símbolo y del arquetipo, hacia la visión de la eternidad que es siempre finalmente un círculo o, acaso para nosotros, una espiral. Calasso vuelve a contar esa única historia, y la altera para vivificarla, y la poetiza, y al hacerlo la anuda más con la primera, que resuena siempre.

Citas:

Las figuras del mito viven muchas vidas y muchas muertes, a diferencia de los personajes de la novela, vinculados en cada ocasión a un único gesto. Pero en cada una de estas vidas y de estas muertes están presentes todas las demás, y resuenan. Podemos decir que hemos cruzado el umbral del mito sólo cuando advertimos una repentina coherencia entre incompatibles.

El falo de Dionisio es alucinógeno antes que impositivo. Tiene una naturaleza próxima al hongo, al parásito, a la hierba tóxica recogida en el hueco del tirso. No contiene la fidelidad agraria, se extiende por el surco trazado, donde Yasión copila con Demeter, no se abre paso entre las lozanas mieses, sino entre los bosques ásperos. Es la punta metálica oculta debajo de inocuas hojas verdes. No quiere embriagar para fomentar el crecimiento, pero el crecimiento sostiene la embriaguez como el pie de una copa. Dionisio no es dios útil para tejer, anudar, sino un dios que desata, disuelve. 

En la blancura termina Helena, y en la blancura comienza. La espuma de las olas de las que nació Afrodita se concentró en la cáscara blanca de un huevo de cisne, arrojado "a un lugar pantanoso". La inmóvil inmensidad del mar se había reducido a un espejo de agua estancada, enmarcado por cañas. Al abrirse ese huevo en el pantano aparece Helena. Según algunos, ocultos en la misma cáscara estaban los Dioscuros. Así que Helena, la única está ligada desde un principio a la fraternidad gemela y a la escisión. La única es la misma figura del Doble. Cuando se hable de Helena, jamás se sabrá si se trata de su cuerpo o de su simulacro.

...

En el origen del simulacro está la imagen mental. Este ser caprichoso e impalpable replica al mundo y al mismo tiempo lo sujeta a la furia combinatoria, azotando sus formas con su proliferación inexhausta. Emana una fuerza prodigiosa, el terror frente a lo que se ve en lo invisible. Tiene todas las características de la arbitrariedad y de lo que nace de la oscuridad, de la indiferenciación, como quizá, tiempo atrás, había nacido el mundo. Pero esta vez el caos es la vasta tela tenebrosa detrás de nuestros ojos sobre la que se dibuja la disipación del fosfeno. Esa formación de las imágenes se repite en cada instante, en cada individuo. Y no paran ahí sus rarezas. Cuando el simulacro toma posesión de la mente, cuando comienza a agregarse a otras figuras afines o enemigas, poco a poco ocupa el espacio de la mente en una concatenación cada vez más minuciosa. Lo que se había presentado como la misma maravilla de la aparición, desligada de todo, se conecta ahora, de simulacro en simulacro, a todo.

Este libro ha sido traducido al español y publicado por Anagrama.

 

4. Ka

Al igual que hizo con Grecia en Las bodas de Cadmo y Harmonía, en Ka, Calasso nos introduce a la vasta selva mitológica y filosófica de la India haciendo de la más compleja y enredada metafísica una historia, un delicioso flujo narrativo, una especie de tour literario de lujo por la psicogeografía védica, budista e hindú. Si en Grecia tenemos a Dionisio, en la India tenemos a Shiva. Aquí Calasso traza ya lo que será su gran aportación al estudio del sánscrito, el entendimiento del concepto central de tapas como un ardor de la conciencia, un estado de alerta encendida, similar a la iluminación que es el acto creativo de la mente divina. 

Citas:

En torno suyo todo era nuevo y, al girar la mirada,  podía ver aún detrás de las manchas de la vegetación, detrás de las siluetas de las rocas, un número, una palabra, una equivalencia: un estado de la mente que se adhería, se mezclaba con otro estado. Como si cada estado fuese un número. Esta era la equivalencia primera [...]  y entonces vio que la vasta dispersión de todo lo que vivía, y sobre todo moría, podía articularse en relaciones que no se deteriorasen. Lo que ve la mente cuando establece una relación lo ve para siempre.

...

El primer estado entre todos, aquel al que se vuelve entre un acontecimiento y el siguiente, como a una última barrera, es el nacimiento del fuego desde el agua. De Agni desde Soma. El fuego líquido... Por eso la primera forma adoptada por el pensamiento fue la de un brasero sumergido que se expande, un resplandor en el agua.

...

Brahma dijo: "Interrumpir un sueño profundo es como interrumpir el coito de dos amantes". El mundo nació de la interrupción de un sueño. Por eso la vigilia es la única prueba de la existencia. Por eso el mundo está fragmentado y no puede alcanzar la plenitud. Por eso intenta continuamente recomponer la plenitud..

Este libro ha sido traducido al español y publicado por Anagrama.

 

5. La locura que viene de las ninfas

Un libro pequeño de ensayos que puede servir para introducirse a la obra de Calasso y deleitarse en su gran erudición. Leemos aquí sobre otro de los grandes temas que apasionan a Calasso: la posesión, la manía divina. A su fascinante interpretación de la locura que viene de las ninfas (la ninfa es el agua y es la serpiente que seduce y se repite en la historia de Lilith a Lolita) la acompañan también ensayos más ligeros que van de la obra de John Cage a la vida erótica de Kafka (sobre este último autor Calasso escribió un libro entero que merece una mención honorífica, K., donde nos introduce a los subtemas metafísicos de El proceso y El castillo).

Citas:

El primer ser sobre la tierra al que Apolo habló fue una Ninfa. Se llamaba Telfusa y de inmediato engañó al dios. Apolo había atravesado la Beocia procedente de Calcide. La vasta planicie que después fue rica en trigo estaba entonces cubierta por una densa floresta. Tebas no existía. No había calles ni senderos. Y Apolo buscaba su lugar. Quería fundar en él su culto. Según el himno homérico rechazó más de uno. Después vio un "lugar intacto" (charos apeman), dice el himno. Apolo le dirigió la palabra. En el himno el pasaje es brusco: ese lugar es un ser. En sólo dos versos, sin transición, el masculino charos se convierte en un ser femenino ("Te detuviste cerca de ella y le dirigiste estas palabras"). Aquí, con la máxima rapidez y densidad, se muestra qué es la Ninfa en la economía divina de los griegos. 

[...] Si en el origen de la posesión encontramos a una Ninfa --Iynx, si las Ninfas presiden a la posesión en su máxima generalidad, es así porque ellas mismas son el elemento de la posesión, son esas aguas perennemente revueltas y mutables donde de pronto un simulacro se impone soberano y subyuga a la mente. Y esto nos transporta al léxico griego: nymphe, que significa tanto "muchacha lista para las bodas" como "fuente".

 

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Twitter del autor: @alepholo