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Con el nuevo año, la obra de estos autores se vuelve del dominio público

Arte

Por: pijamasurf - 01/03/2016

La generación de autores del dominio público de 2016 en ciertos países, ya que las leyes varían

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Si tu país goza de una buena ley de derechos de autor como la que existe en Canadá y en numerosos otros países donde la duración del copyright es de 50 años, a partir del 1 de enero de este año podrás hacer uso gratuito de la obra de autores como T. S. Eliot, Winston Churchill, Nat King Cole, Malcolm X, Edward R. Murrow, Spike Jones, Sonny Boy Williamson, Shirley Jackson, Albert Schweitzer, Fred Quimby y Somerset Maugham, o también el Diario de Ana Frank. El año que sigue entrarán a tu disposición la obra de autores como André Breton o Evelyn Waugh. Béla Bartók y Paul Valéry, entran al dominio público en países que tienen una ley de 70 años, como Estados Unidos. 

En Estados Unidos se ha legislado para constantemente postergar la duración de los derechos de autor y de hecho, si se firma el Acuerdo de Asociación Transpacífico, 12 países (entre ellos México) tendrán que adoptar las leyes de derecho de autor de EE.UU., aumentando la duración de los mismos. Si Estados Unidos no hubiera legislado en contra de la libertad de la información este año estaría libre de derechos El almuerzo desnudo, de William Burroughs.

Según Jennifer Jenkins, directora del Centro de Estudios del Dominio Público, la ley actual es obsoleta y tiene importantes defectos, entre ellos devaluar el valor del dominio público e incluso de algunas obras que yacen olvidadas. "Algunas películas están literalmente pudriéndose en sus latas. Se están convirtiendo en polvo".

 

Aquí puedes checar las leyes que muestran cuándo caducan los derechos de autor de los diferentes países latinoamericanos

Aquí puedes revisar una lista de los autores de 2015

Puedes consultar el sitio Public Domain Review para consultar material de dominio público de alta calidad

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Reseña del documental sobre la banda The National, próximo a estrenarse en México

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La imagen-movimiento ha estado ligada a la música desde sus inicios. En este libro extraordinario, Walter Murch argumenta que Edison se interesó en inventar algo que pudiera captar a los músicos que ya podía grabar gracias a otro invento suyo: el fonógrafo, y así armó esa nueva máquina que se convertiría poco tiempo después en la cámara de cine. Es decir, uno de los primeros rodajes de la historia fue un video musical, como se muestra al final de esta breve compilación. De ahí a nuestros días, el documental musical se ha mantenido como una pieza clave en la historia cultural del mundo.

Escuché a The National por primera vez alrededor de 2007, cuando ya habían sacado Boxer, quizá el disco que los catapultó después de casi 1 década de existencia. A partir de ahí he sido testigo lejano del éxito mundial que han cosechado, y puedo decir que una de mis más finas experiencias escuchando música en vivo fue con ellos, en un concierto al aire libre en Prospect Park, en Brooklyn, en donde viven desde hace 20 años, con Beach House como grupo abridor. 

El grupo está compuesto por cinco integrantes: dos parejas de hermanos y el vocalista, Matt Berninger, que decidió otorgarle al suyo un puesto de trabajo en una gira por Europa y Estados Unidos. Tom, ese hermano incómodo, llevó una cámara de video para hacer un documental de rock, y el resultado fue una película completamente inesperada. Es un milagro que una cinta como The National: No somos extraños haya sido terminada y exhibida al público, además con críticas aduladoras en la prensa del cine independiente gringo y en medios dedicados a la música.

Es la historia de un fracaso o el retrato de un fracasado que alcanza algo parecido a la redención. Porque aunque la banda está ahí constantemente, en la película que Tom logró armar ellos no son los protagonistas, y su música tampoco. El protagonista es él, exhibiendo sus fallas y sus más profundas inseguridades, al lado de un hermano rodeado por la fama y el reconocimiento crítico y popular. No es un documental sobre la banda, y tampoco es un falso documental, pese a que en varias ocasiones a lo largo de la película el espectador se lo pregunta. ¿Estará todo armado? ¿Será una actuación deliberada? En esa incertidumbre radica la belleza de esta obra cómico-existencial, que analiza una crisis de identidad desde adentro, con un sujeto de estudio que está más que dispuesto a ofrecerse para ser estudiado, y, dentro de este esquema, también puede ser vista como un examen de lo que significa ser reconocido, y lo que Tom está dispuesto a hacer para que eso suceda.

El genio de la película está separado de su creador, a quien difícilmente se le podría etiquetar como un “genio”. No lo es. Tom Berninger no podría hacer otra película que no fuera esta, surgida a partir de su afán de protagonismo, de la ayuda de su hermano mayor —eje vital durante la producción de la película— y del arduo proceso de montaje. No somos extraños nació verdaderamente en el proceso de edición, cuando el foco cambió 180º para mostrar a Tom en vez de a Matt y su banda. Carin Besser, la mujer de Matt y coeditora de la película, merece gran parte del crédito. El resultado final hubiera sido imposible sin esos ojos externos, que supieron ver lo que ahora, en retrospectiva, puede parecer evidente. La situación remite al mentado caso del burro que tocó la flauta, y lo hizo como si fuera un maestro. 

“La banda siempre ha lidiado con el lado incómodo y menos halagador del cerebro”, dice Matt en una entrevista. “Románticamente, socialmente, todos los esfuerzos que se requieren para ser un humano en el mundo. La película se siente como una de nuestras canciones”. Y además de ser un finísimo y divertido estudio de un raro individuo y sus peripecias, otro tema seductor de la película es el armado de la película en sí. Al igual que Tom se analiza a él mismo, hay un esfuerzo constante por parte del medio, casi como un efecto incontrolable por parte de los realizadores (Tom y Carin), por cuestionarse y replantearse sin cesar, hasta llegar a ese último estado de corte final que podemos ver terminado. No somos extraños se ve a sí misma en el espejo y se estructura frente a nosotros, y de paso pone de manifiesto las dificultades que implica pretender hacer un documental. Es un ejercicio alucinante.

Se exhibe en la Cineteca Nacional a partir del 15 de enero.

 

Twitter del autor: @jpriveroll