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El tarot resume los tortuosos pasos de un ancestral rito en el cual se tenían que cubrir grandes distancias y transitar de un estadio a otro del desarrollo del espíritu

Imagen: Wikipedia

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Dedicado a Rodolfo, mi amado hermano, gran tarotista, cantante y violinista, quien voló de este mundo prontamente. 

 

No es necesario que los libros se guarden ocultos. Pueden ser accesibles a todos y sin embargo permanecer ocultos para quienes no saben leerlos. Y libros como estos existen en todos los países y en todos los pueblos.

Piotr Ouspensky, Un nuevo modelo del universo

1.    Naturaleza hermética de los libros sagrados

El tarot es un libro sagrado, del mismo modo que la cábala, el eneagrama o los Evangelios. La particularidad de los libros sagrados es que son modelos a escala del universo: lo contienen en totalidad, como gota al océano. Por lo mismo es posible, con la guía y las indicaciones precisas, entablar diálogo con ellos y encontrar respuestas a cualquier cuestionamiento que se les realice.

Los libros sagrados no han sido creados por una sola mente ni por un solo hombre (como en el caso de una novela o un ensayo, que son los modelos bibliográficos más conocidos hoy en día) sino por una larga tradición, en muchos casos milenaria, que los ha ido enriqueciendo y custodiando a lo largo de siglos. Sobre todo, una escuela esotérica discreta, la cual resguarda las claves y los secretos para ingresar en sus profundidades, revelándoselos exclusivamente a aquellos que están listos o verdaderamente dispuestos a recibirlos.

Se dice que si un individuo estuviese prisionero, aislado o extraviado en el desierto pero contase con su tarot o con un eneagrama dibujado en la arena, sabiéndolos utilizar apropiadamente podría adquirir todos los conocimientos necesarios para convertirse en sabio por sí solo.

En el Medioevo se les llamaba “máquinas filosóficas”, las cuales servían para realizar planteamientos sin límite, obteniendo una retroalimentación profunda y las consiguientes respuestas clave, largamente buscadas por los iniciados. Como si estos denominados libros sagrados tuviesen la facultad de hacer entrar a sus lectores en contacto con información proveniente de un sistema organizativo más amplio que en el que usualmente nos movemos los humanos ordinarios. Acceder a una dimensión invisible: la cuarta.

El psicólogo Piotr Ouspensky atribuye a Raimundo Lulio, el jesuita y alquimista, la creación del primer modelo de máquina filosófica del cual derivó con posteridad el tarot.

Por otra parte Sally Nichols, discípula de Carl Jung, adjudica la autoría del tarot a una secta desviacionista y pagana del Medioevo cuyos seguidores, al verse perseguidos por la Inquisición, decidieron plasmar sus enseñanzas y sabiduría en un aparentemente inofensivo mazo de cartas, de tal manera que podían engañar a los obispos e inquisidores católicos comunicándose entre sí y transmitiendo perturbadores secretos a sus adeptos, aparentando que simplemente jugaban a las cartas frente a sus perseguidores. Según ésta psicóloga, el tarot poseería una antigüedad de poco más de 6 siglos.

Las cartas comunes y corrientes que se conocen hoy en Occidente son una derivación del tarot, sobre todo del de Marsella, cuyos orígenes son medievales.

 

2. El Libro de Thot o Hermes Trismegisto

Otras hipótesis relacionan al tarot con el Libro de Thot, un conjunto de tablillas que formó parte de la Biblioteca de Alejandría, la cual fue destruida en un devastador incendio ordenado hacia el siglo IV por el emperador romano Aureliano cuando invadió la ciudad con el apoyo de un grupo de egipcios cristianos, quienes deseaban destruir a toda costa los antiguos libros prohibidos que poblaban aquel recinto, por resultar contrarios a la ya institucionalizada Iglesia católica. Se dice que ciertos sabios y sus seguidores lograron sustraer algunos importantes materiales antes de que las llamas lo arrasaran todo.

Esta hipótesis no nos parece descabellada. Siguiendo las enseñanzas de Ouspensky, el tarot sería presumiblemente un libro aún mucho más antiguo que la Edad Media, proveniente de una civilización paleolítica.

Thot sería el nombre egipcio de Hermes Trismegisto: un semidios griego de la sabiduría, mitad hombre y mitad divinidad, quien también correspondería a la persona del profeta Abraham, e incluso a un sabio que vivió en Egipto durante un periodo anterior al Diluvio Universal. Thot o Hermes vendría siendo la reencarnación de todos ellos. Quizá se tratase de una escuela esotérica de iniciados que ostentaron y cuidaron las enseñanzas herméticas desde tiempos inmemoriales bajo el nombre de Hermes. Hoy en día poseemos muchos datos para considerar que por ejemplo el autor de La Ilíada y La Odisea no fue un solo hombre, sino toda una escuela que se conoció antiguamente como los Homéridas, dedicados a recitar y conservar sus versos. Evangelios como el de Marcos, atribuidos antiguamente a una sola persona, en realidad también fueron escritos por decenas de iniciados pertenecientes a una secta, la mayoría de ellos probablemente mujeres: las Marcas. De igual manera, existen muchas posibilidades de que el nombre Hermes Trismegisto no se refiera a un individuo aislado o a un personaje único, sino a toda una tradición de sabios y discípulos que salvaguardaron las enseñanzas herméticas durante milenios.

En las civilizaciones paleolíticas o prediluvianas la escritura no era alfabética como la conocemos mayoritariamente hoy en día sino ideográfica e icónica, es decir que transmitía sus enseñanzas sobre la base de imágenes y sobre todo de símbolos. La escritura alfabética occidental es la más difundida y conocida en nuestra cultura: se sustenta a partir de letras que representan sonidos, palabras y frases. Contrariamente el tarot, aunque tiene algunas cuantas palabras plasmadas en sus arcanos, es igualmente un libro, pero escrito en lenguaje icónico (de imágenes). La palabra “esoterismo” hace referencia a aquellas enseñanzas que son transmitidas a través de símbolos.

La Biblioteca de Alejandría estaba constituida no sólo por pergaminos y libros de cuero y papel semejantes a los nuestros sino por conjuntos de tablillas cuya totalidad también constituía libros, sólo que de carácter muchísimo más antiguo, como el Libro de Thot o el Corpus Hermeticum, ambos atribuidos a Hermes.

Es probable que en sus inicios más remotos el tarot, en lugar de ser un mazo de cartas, estuviera constituido por un grupo de tablas de arcilla labradas con las imágenes de los arcanos. Más aún, Ouspensky sugiere que cada uno de los arcanos representaba la estación de paso de una olvidada ruta compuesta por diversos sitios sagrados, correspondientes a las actuales cartas, donde alguna vez existieron esfinges, dólmenes y monumentos paleolíticos que hacían referencia a los arcanos de nuestro tarot. Según este psicólogo, los iniciados debían recorrer un camino sagrado a través de Oriente Medio o de la Europa de la Edad de Piedra y Bronce, transitando de un arcano y de un sitio geográfico sacro a otro, conforme ganaban en poder espiritual, madurez y conocimiento.

De ser una ruta espiritual señalizada con símbolos, con el paso de los siglos, las migraciones, los cambios culturales y los desastres naturales, el tarot se transformó paulatinamente en un conjunto de tablillas que marcaban los grados y las etapas de la evolución del espíritu: un mapa del crecimiento del alma, tal como se le conoció en Alejandría, para terminar en nuestros días convertido en un mazo de cartas.

 

3. El tarot como vestigio y síntesis de un ancestral rito de iniciación

Siendo de esta manera, cada una de las series de los arcanos del tarot constituiría una fase antigua de un ancestral rito por el cual tendrían que transitar los iniciados conforme recibían cierta preparación y adquirían determinados conocimientos cada vez más complejos y de profundidad creciente. Si lo seguimos desde los Ases, pasando por las Sotas, Valets o Mozos, las Reinas y los Reyes, hasta llegar a los Caballeros, abarcando la totalidad de los arcanos menores: Copas, Bastos, Espadas y Oros, nos encontraríamos con las primeras etapas del desarrollo espiritual del ser humano, plenas de apegos, espejismos, egoísmos, envidias, codependencias, etc. El equivalente a lo que los sabios de la India denominan Maya: la cárcel de la ilusión del mundo en la que vivimos atrapadas casi todas las personas.

Según el tarot, el primer tipo de hombre es como un niño, alguien muy joven o, en el peor de los casos, si no se ha desarrollado siquiera un poco, un esclavo mental como la Sota, el Valet o el As. Estos arcanos son el principio del viaje, el inicio de cualquier cosa. Se trata de alguien que aún no piensa por sí mismo, dedicado a obedecer, a complacer a los demás y a hurtar o tomar prestadas ideas de los otros para luego creer que son originales. La mayor parte de la humanidad no posee ideas propias. Grandes cantidades de hombres permanecen la mayoría de su vida e incluso mueren en la fase más primitiva, bajo el influjo hipnótico de Maya y el sueño lunar: totalmente dormidos y subyugados por las apariencias del mundo.

Un segundo tipo de hombres es representado por la Reina: mucho más capaces de tomar algunas decisiones, con algo de astucia y con un poco de libertad, la cual en ocasiones no han tenido que buscar conscientemente; a veces alguien se las ha obsequiado, quizá se las heredaron o la sustrajeron furtivamente a otros. En este estadio del desarrollo, la persona se encuentra aún sometida al influjo total de la figura materna, dominado por ella. Representa a alguien con ciertas concesiones y libertades, empero, dormido en sus laureles, incapaz de renunciar a sus comodidades y privilegios. Como la define Ouspensky: una personalidad que se quedó estancada en su desarrollo aunque en algún momento pudo crecer y liberarse, y cuyas posibilidades pueden perderse.

El tercer tipo de hombre corresponde  al Rey, quien ha tenido que luchar (y no pocas veces, a muerte) por defender o ganar su reino. Son un poco más dueños de sí mismos y de su espacio, en contraste con la Reina, el Valet o la Sota. Ha hecho un trabajo emocional nada exento de sufrimientos, los cuales los han fortalecido. Poseen bastante fuerza, aunque pueden seguir estando influidos por el peso de la figura masculina. Todo lo que han conseguido lo pueden perder todavía, sobre todo con las acciones de otro rey rival, con quien eventualmente les sería difícil negociar o dejar de rivalizar. De hecho, aún se encuentran en conflicto con la figura del padre y este es su principal punto débil, a pesar de todas las concesiones y facultades obtenidas.

De pronto, se llega por fin a una fase posterior del rito de iniciación. El Caballero del tarot representa a la persona que ya emprendió su camino espiritual, comenzó a pensar por sí misma, dejando de ser un esclavo mental, confrontó y venció a la Reina y al Rey, a quienes a pesar de todo respeta y ama, reconciliándose y trascendiendo su relación con la figura materna y paterna. El Caballero se encuentra listo para abandonar el nivel superficial de los arcanos mayores. No lo seducen ni el poder, ni el dinero, no lo domina el sexo, las religiones ni las filosofías, aunque conoce un poco de todos ellos, los cuales están representados por las Espadas, las Copas, los Bastos y los Oros. No odia ni se confronta con las figuras de autoridad, sean estos hombres o mujeres, pero tampoco sucumbe bajo su seducción y autoridad.

 

4. El viaje iniciático de los arcanos mayores

Un buen día, el Caballero se cansa de estar vinculado o unido a cualquier Rey o reino. Es el momento de dejar de dar cuentas a alguien y gobernarse solo. Todo aquel que ha abandonado la seguridad de un empleo estable, de una iglesia, de una institución o de una familia, arriesgándose para sobrevivir por su cuenta propia, se refleja en él. El peso de sus utensilios bélicos lo agobia, comprende que si desea crecer, deberá renunciar a todo. Se despoja de su armadura y de su equipo de guerra para iniciar el verdadero camino, que apenas comienza. Encontró a un perro por el camino y se hizo su amigo: en un futuro próximo el animalito lo ayudará para aprender a dejarse guiar por sus instintos. Hasta entonces ha trepado por una larga escalinata, creyendo que pronto se acercaría a su objetivo, empero, el trabajo real sobre el denominado Cuarto Camino, el Camino del Espíritu, apenas comienza. Este caballero se encuentra listo para convertirse en el Loco: el arcano número 0 del tarot.

Si ha llegado al nivel de los arcanos mayores, a partir de aquí todo es distinto.

La descripción de los arcanos mayores  que se realizará a continuación se encuentra basada en la psicología del tarot de Ouspensky, el principal vocero del Cuarto Camino, y fue tomada de su libro Un nuevo modelo del universo, donde ahonda ampliamente en el tema. No es muy sabido que el mago George Gurdjieff, su maestro, practicara cotidianamente la lectura del mismo, pero sí que conocía ampliamente de él. En sus diálogos con Ouspensky contenidos en el libro Fragmentos de una enseñanza desconocida lo menciona de pasada. También en el libro escrito por la propia mano de Gurdjieff, Relatos de Belcebú a su nieto, tomos 1 y 2.

 

5. Los arcanos mayores desde la perspectiva del Cuarto Camino

5.1 El Loco: en el Tarot de Marsella se le llama en francés Le Mat: el Loco. Ouspensky lo conoce como el Bufón. Su figura es en apariencia maltrecha, empero, bajo ella oculta su poder espiritual y su visión  del verdadero camino, que nadie como él posee aunque finge no tener rumbo. Ha abandonado todo lo material e incluso sus relaciones sociales para emprenderlo, acompañado únicamente por su perro y, en algunas cartas de antiguos mazos de tarot, por su violín.

5.2 El Mago: es el iniciado que sigue buscando, experimentando todo y de todo. Da un paso más allá que el Loco, pues se atreve a intentar cualquier cosa. Comienza a adquirir confianza y a irradiar una cierta luz. No necesita espectadores, comienza a ser independiente de los juicios de los demás.

5.3 La Papisa: también conocida por Ouspensky como la Gran Sacerdotisa. Es el primer misterio que se devela para el iniciado o para el buscador, el misterio femenino. Si logra asimilarlo y comprenderlo el buscador ganará gran poder pues al tenerla como aliada, conocerá y comprenderá a todas las mujeres del mundo. ¡Existen tantos hombres incapaces de asimilar y entender el poder femenino, y que a pesar de ello se sienten tan sabios!

5.4 La Emperatriz: es el aliento de la primavera, la máxima expresión de fortaleza y poder femenino, es el principio vital femenino que habita y alimenta a todos los seres, el hálito que cura y anima a los enfermos o que revive a los moribundos. Ella posee una gran fortaleza femenina que puede curar, reconciliar, perdonar, pero también subyugar con su poder. Tiene la facultad de sanar o, por otro lado, de castrar a los hombres.

5.5 El Emperador: al llegar a él se comprende por fin la Ley de Cuatro: el equilibrio del Todo. Alguien que puede poseerlo todo, o que de hecho ya lo posee. Él es la acción, la resistencia, la consumación y el resultado. Para él no hay misterios ni límites en la Tierra imposibles de resolver o superar.

5.6  El Papa: su nombre original era el Hierofante, que corresponde al sumo sacerdote de un culto secreto en el antiguo Egipto, lo que sugiere los orígenes milenarios, muchísimo más atrás de la Edad Media, del mazo del tarot, además de las conexiones del mismo con ancestrales ritos de iniciación y de crecimiento espiritual de las que se ha hablado con anterioridad. El Hierofante representa el punto de intersección entre el mundo ordinario y la visión profunda de la escuela esotérica, por completo distinta de la mundana. El Hierofante habla mediante alegorías, un lenguaje hecho para ser entendido sólo por aquellos que verdaderamente lo desean escuchar.

5.7 Los Enamorados: Ouspensky la nombra “la Tentación”. Jodorowsky la llama “los Enamorados”. En ella se presentan bastantes misterios espirituales: duendes, hadas, súcubos, íncubos. Se comprende el misterio del equilibrio universal, el porqué de la existencia de tantos seres tan diversos, incluyendo a los del bajo mundo; el contraste del bien y del mal. “Así como es arriba es abajo”, como decía Hermes Trismegisto. Esta comprensión nunca va exenta de un intenso sufrimiento, gracias al cual se gana en visión y se resucita espiritualmente, se empieza a entender la conexión de uno con todos aquellos seres distintos, pese a sus diferencias.

5.7 El Carro: representa al conquistador que no se ha conquistado a sí mismo todavía. Él alberga la voluntad de saber, de hacer y de ser, pero puede quedarse a pesar de todo en las puras buenas intenciones.

5.8 La Justicia: ella todo lo coloca en la balanza. En antiguos mazos de tarot se le llamaba la Verdad. El resultado de la balanza dará a cada cual lo que le corresponda, para bien o para mal, hacia adentro o hacia afuera. Ella también habla del desarrollo de la facultad de comprender profundos misterios y símbolos. No por nada la comprensión de una verdad sobreviene tras un duro proceso de sufrimiento y purificación.

5.9 El Ermitaño: representa al hombre que ha sido, como Cristo, capaz de ir al desierto, enfrentar a su sombra y a sus demonios y regresar triunfante. Él ayudará y saldrá al encuentro, en el momento preciso, de aquellos que también hayan iniciado el viaje y se encuentren cruzando por difíciles desiertos. Se trata de un personaje que ha abandonado toda búsqueda exterior, enfocando sus fuerzas hacia el descubrimiento de sus tesoros internos.

5.10 La Rueda de la Fortuna: encaja con el proceso universal: todo va, todo viene, todo vuelve, todo se aleja y después regresa. La vida es un ciclo, un río con diversas y similares aguas.

5.11 La Fuerza: representa una tranquilidad tras un largo proceso de cambios y sufrimientos, la bestia interior se ha dominado, como en esta carta, en donde una mujer pasea serena con un león, acariciándolo. A diferencia del Carro, la carta anterior, aquí se han subyugado y dominado los impulsos internos. A este nivel se ha asimilado el hecho de que no hay nada más poderoso que la fuerza del amor.

5.12 El Colgado: a pesar de que ha sufrido enormes tormentos, él es el hombre que ha visto la verdad. Cuando un hombre vislumbra el camino de la eternidad, también encuentra enormes sufrimientos. Es el dolor y el terrible malestar existencial de comenzar a ser un hombre despierto.

5.13 La Muerte: aquí la Rueda de la Fortuna, con sus cambios y sus sucesivas muertes, sigue girando. Se habla literalmente de aquella frase del Evangelio tan mal entendida: “hay que morir para vivir…”. Es el ocaso de un punto y el amanecer de otro: el inicio de un ciclo y el comienzo de otro nuevo.

5.14 La Templanza: quien ha sobrevivido y trascendido la muerte se ha templado como el mejor acero; a partir de ella se comprende uno de los mayores misterios con todo el ser: la relatividad del tiempo. Nada envejece, nada muere, nada nace. Se dice que los ángeles son seres que han tenido que pasar por todo el camino espiritual anteriormente descrito por los arcanos. La templanza haría referencia a un ser que se ha purificado al punto de casi convertirse en ángel o ya serlo.

5.15 El Diablo: la contracara del ángel de la Templanza es Belcebú o el Diablo. Representa una de las tentaciones más grandes con las que se debe enfrentar cualquiera que desee crecer espiritualmente. El lado oscuro que todos tenemos. El que es incapaz de enfrentarlo, conocerlo, asumirlo y escucharlo, en algún momento será devorado y arrastrado por Lucifer. El que se deja seducir también será destruido. Sólo aquel que pueda escucharlo, aprender de él y a la vez ver más allá sin perder la luz de su sendero, podrá derrotarlo o convertirlo en su aliado.

5.16 La Torre: por medio de ella se disuelven todos los engaños, todas las confusiones y mentiras se esclarecen. Es el surgimiento del verdadero Yo, aquel que tanto buscó el iniciado que surgiera dentro de sí mismo. Es la torre de Dios, el Dios interior, la divinidad personal. Cuando emerge, derrumba todas las mentiras y falsedades.

5.17 La Estrella: es la estrella que guió a los pastores, a los reyes magos y a cualquiera que sepa encontrarla o que sea ayudado a encontrarla. Ella es la imaginación de la naturaleza, los sueños de la naturaleza. Cualquiera que pueda vislumbrarla comprenderá que no es un ser único ni aislado, sino que es parte indisoluble de un ser o un sistema muchísimo más grande y consciente.

5.18 La Luna: ante el buscador, inevitablemente, se abren de pronto dos caminos: uno lo puede guiar hacia el siguiente punto, haciéndolo crecer y continuar con su desarrollo; otro lo podrá arrastrar de regreso, igual que el Diablo, o enloquecerlo si no sabe superarlo y seguir adelante.

5.19 El Sol: él es la mayor expresión de la palabra “fuego”, es capaz de calentar a quien sepa acercársele, brinda vida, enciende, cura, consuela. La imagen mayor del principio masculino.

5.20 El Juicio: del mismo modo, antiguamente se le nombraba la Resurrección de los Muertos; con ella se comienza a comprender el misterio de la muerte, el nacimiento, la resurrección, el bien, el mal y el tiempo. Es la culminación de cartas cíclicas y complejas anteriores como la Muerte, los Enamorados, la Rueda de la Fortuna, la Templanza, etcétera.

5.21 El Mundo: es un enorme círculo, un mandala gigantesco que abarca todo el universo. Es aquello que siempre se ve, que todo el tiempo está frente a nosotros, pero nunca comprendemos. Aquí se han caído las máscaras y velos que impedían mirar las cosas tal como son.

 

6. El tarot y el Cuarto Camino

Se dice por los seguidores del Cuarto Camino que para llegar a él previamente se tuvo que estar fuertemente desilusionado de la razón, la fe, la iglesia, la familia, de Dios, de la ciencia y de cualquier institución y forma de consuelo que encuentran la mayoría de los hombres para mantener y perpetuar su sueño.

En este punto, con la ayuda precisa, el tarot puede convertirse en un instrumento que colabore para el desarrollo de una poderosa intuición y de la capacidad de pensar en órdenes superiores y distintos. El tarot puede contribuir a desarrollar un pensamiento que trabaje en complejos mucho más amplios, a pensar en otra dimensión y percibir aquello que se encontraba oculto bajo el velo ilusorio de Maya.

Como se ha dicho, el tarot resume los tortuosos pasos de un ancestral rito, proveniente del paleolítico, en el cual se tenían que cubrir grandes distancias y transitar de un estadio a otro del desarrollo del espíritu. Cada uno de sus arcanos o cartas representa el punto de paso de antiguas estaciones donde solían detenerse los buscadores e iniciados cuando peregrinaban en busca del camino de sí mismos, simbolizando el grado de desarrollo que habían logrado antes de llegar hasta allí.

Existe una diferencia sustancial y radical entre las lecturas de tarot que se utilizan con fines adivinatorios y que no hacen más que contribuir a una mayor alienación y acrecentamiento del sueño de la conciencia, atemorizándola o hipnotizándola según las intenciones ocultas del tarotista, dándole a la gente nada más que lo que quiere escuchar. Empero, leído con la suficiente honestidad y con ciertas claves y fundamentos psicológicos adecuados y precisos, contrariamente, el tarot puede colaborar en el despertar y en avivar la mente, mostrándole luces y senderos que previamente no se era capaz de percibir.

 

Twitter del autor: @adandeabajo

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Quizás el misterio más grande de la historia del esoterismo occidental tiene que ver con la identidad de Hermes Trismegisto y las estelas o pilares que inscribió Toth con la sabiduría universal

Hermes Trismegisto puede considerarse la figura central en el esoterismo occidental. Su identidad es un misterio que haría una gran película de arqueología esotérica de alto presupuesto. Misterioso autor de una serie de textos que dieron a luz a una tradición (el hermetismo) y que fueron incorporados al esoterismo de los tres grande monoteísmos y de las más diversas escuelas iniciáticas, el origen del Tres Veces Grande Hermes se pierde entre la leyenda y el polvo del tiempo. Sabemos, sin embargo, que guarda una estrecha relación con el dios egipcio Toth y por supuesto con el Hermes griego y el Mercurio latino, dioses ligados a la inteligencia, la escritura y las artes ocultes, los cuales toman gran parte de sus atributos de la divinidad egipcia. Entre las leyendas de la antigüedad, de alguna manera comunes a la tradición grecolatina, judía, musulmana y cristiana, encontramos una especie de episodio fundacional del conocimiento que es el registro hecho por Toth (también Thoth y Tot) en una o dos piedras, columnas, tablas, pilares o estelas de una transmisión divina, las claves de la sabiduría primigenia. De manera no exhaustiva, haremos aquí una revisión de este enigma, una circunvalación por los anales esotéricos que conforman el linaje hermético, la superna tradición de la filosofía mística de Occidente. 

Hermes Trismegisto es el autor del influyente Corpus Hermeticum, una serie de textos sobre la creación del mundo, teología, teúrgia, astrología y misticismo en general. Algunos eminentes filósofos y pensadores del Renacimiento y todavía un par de siglos después atribuían un origen antiquísimo a estos textos, que se consideraban originalmente egipcios. La primera mención conocida actualmente data de alrededor de finales del siglo II d. C., cuando ya Clemente de Alejandría hace mención de una procesión hermética y enuncia algunos de estos textos, diciendo que existían 42 tomos (una numeración conservadora, ya que Jámblico habla de 20 mil y Manetón asigna 34 mil a la preclara pluma del Tres Veces Grande Hermes). Los académicos actualmente consideran que estos textos, escritos en griego, reflejan cierta influencia egipcia, esto luego también de que se encontraran fragmentos herméticos entre el tesoro gnóstico de Nag Hammadi, y después de una oleada de escepticismo que sugería que la influencia egipcia era el resultado de los excesos supersticiosos de magos, teúrgos y astrólogos. Además de la influencia egipcia, existen también rasgos neoplatónicos y hay quien ha visto incluso gnósticos y hasta hinduistas. El Corpus Hermeticum, ya sea porque recupera distintas tradiciones o porque estas tradiciones tienen una misma rutilante raíz, puede leerse como un compendio de la tradición esotérica de la antigüedad y se convertiría en la gran fuente de las diversas corrientes esotéricas modernas, desde la alquimia a la teosofía.   

0efd1fdeb61f115a9be896b9f7b3c84dEl Corpus Hermeticum gozaba de tan alta estima que Marsilio Ficino interrumpió su traducción del "corpus" de Platón para rendir con celeridad el de Hermes Trsimegisto al latín, bajo el auspicio de los Medici en Florencia. Ficino consideraba que Hermes o Mercurius Trismegistus era parte de un linaje de grandes iniciados, hombres tocados por el nous divino (una prisca theologia) que incluía a Zoroasatro, a Orfeo, a Pitágoras y a Platón, un mismo cauce de conocimiento revelado. La tradición reitera que Pitágoras y Platón (al igual que Solón y otros) aprendieron los secretos de su filosofía en los templos egipcios, accediendo a jeroglíficos que reproducían la enseñanza primigenia de Toth, el escriba de Ra, el inventor de todas las artes y ciencias. El filósofo neoplatónico Jámblico en su libro Sobre los misterios egipcios le dice a Porfirio que su filosofía debe ser interpretada "de acuerdo a las antiguas estelas de Hermes, que Platón, ya antes, y Pitágoras, tras leerlas en su totalidad, utilizaron para crear su filosofía". Esto arrojando luz a la muy difundida noción en la Antigüedad de que Pitágoras había obtenido buena parte de sus conocimientos de iniciación con los sacerdotes egipcios; también se creía que Platón había viajado a Egipto (Ficino escribe que Platón fue iniciado por Hermes, ya sea por un sacerdote egipcio como tal o por el espíritu de la inteligencia divina), aunque esto es puesto en duda por los académicos modernos, en parte porque no consideran que existan fuentes fidedignas, en parte también quizás porque rompería con su narrativa de que la tradición filosófica occidental nace en Grecia. La tradición, sin embargo, nos dice que la filosofía y sus verdaderos postulados tienen su origen en Egipto y quizás incluso es necesario mirar hacia India, o más aún, si creemos lo que dice Platón, a la Atlántida.

Intentemos analizar las fuentes antiguas con las que contamos y de las cuales deriva en parte esta leyenda de que Toth o Hermes inscribieron unas estelas con los secretos de la doctrina, leyenda para nosotros tal vez, pero algo que fue aceptado por una tradición de las mentes más sabias durante siglos, hasta hace relativamente poco. Una de las principales fuentes de esta historia proviene de un libro llamado Libro de Sothis (Libro de Sirio) y atribuido al sacerdote egipcio Manetón, quien fue contemporáneo de los primeros ptolomeos. Este texto es mencionado por el monje Jorge Sincelo en el siglo XIII. Ahí se lee:

Se propone entonces hacer algunos extractos en lo que concierne a las dinastías egipcias de los libros de Manetón. Siendo él un alto sacerdote de los templos paganos egipcios, y basando sus respuestas [al rey Ptolomeo] en los monumentos que existían en el país seriádico. [Estos monumentos,] nos dice, estaban inscritos con caracteres de la lengua sagrada y con la escritura de Toth, el primer Hermes; después del diluvio fueron traducidos de la lengua sacra a la lengua vulgar, pero aún en caracteres jeroglíficos, y almacenados por el hijo de Agathodaimon y el segundo Hermes, padre de Tat --en los templos interiores de Egipto.

Aquí la madeja del misterio empieza a conectar. La versión que reproducimos aquí es de G. R. S. Mead, el gran erudito en estos temas herméticos y gnósticos. Muchos académicos consideran que el texto atribuido a Manetón, el cual ha desaparecido, no es realmente de este historiador (por lo que se considera un texto de "Pseudo-Manetón"). Mead, sin embargo, argumenta que no es del todo improbable que en realidad sí haya sido compuesto por Manetón. Sabemos que "país seriádico" es probablemente una referencia a Egipto, derivado de Sothis o Seth, ambas referencias posiblemente a Sirio, el astro que fuera tan importante para los egipcios. El diluvio que se menciona parece estar en consonancia con lo que menciona Platón en el Critias y en el Timeo, que un sacerdote egipcio le dijo a Solón que los griegos eran como niños puesto que ignoraban que el mundo había sido destruido antes (y que volvería a ser destruido) por el fuego o por el agua.

Mead esboza una genealogía de Hermes: "Este Hermes es el segundo, el padre de Tat (figura que aparece en el Corpus Hermeticum), nos dice Manetón en otra parte, e hijo del Buen Espíritu (Agathodaimon), quien fue el primer Hermes. Tenemos aquí la gradación precisa de nuestros tratados 1. El Pastor de Hombres, la Mente [el Poimandres, Toth] 2. Trismegisto 3. Tat. Esto se refiere a la siempre presente distinción del pupilo, maestro y el Maestro de maestros". 

Este será un tema complejo y difícil de resolver del todo. La tradición habla de varios Hermes (Cicerón menciona hasta cinco); generalmente se cree que existe primero Toth, el dios egipcio ligado a la Luna y juez de la psicostasia, el encargado de pesar el corazón contra la pluma de Maat. Su consorte, polaridad o shakti es Maat, la Ley, la Verdad. Esta deidad es identificada con la inteligencia divina del cosmos (con el Logos)  y por ello es el dador del conocimiento a todos los hombres. En los textos egipcios se dice que Toth es el escriba de Ra, el dios solar. Manly P. Hall en Las enseñanzas secretas de todos los tiempos nos dice de Hermes: "Fue reverenciado en la forma del planeta Mercurio, puesto que su cuerpo era el más cercano al Sol; Hermes de todas las criaturas estaba más cerca de Dios, y fue conocido como el Mensajero de Dios". Esto nos llevará a hacer interesantes conexiones, en la segunda parte de este ensayo, en torno a la relación entre Hermes y los ángeles de la tradición judía, y su vínculo con Enoc y Moises. 

Sigamos con las versiones antiguas, otra importante referencia es la del historiador judío Flavio Josefo, quien en el siglo I d. C. escribió:

Ellos [los hijos de Seth] fueron también los inventores de un tipo peculiar de conocimiento que se ocupa con los cuerpos celestes, y su orden. Y para que sus invenciones no desaparecieran antes de que fueran suficientemente conocidas, bajo la predicción de Adán de que el mundo sería destruido una vez por el fuego, y otra por la violencia del agua, hicieron dos pilares, uno de ladrillo y el otro de piedra; inscribieron sus conocimientos en ambos de tal forma que si el pilar de ladrillo fuera destruido por el diluvio, el pilar de piedra permaneciera y la humanidad pudiera conocer lo que sabían; y también informarles que había otro pilar erigido por ellos. Esto permanece en la tierra de Siriad [Egipto] hasta nuestros días [traducción de William Whiston].

kircherSet o Seth es según el Génesis el tercer hijo de Adán y Eva, nacido para reemplazar a Abel y según la tradición depositario del conocimiento esotérico. En el Zohar o "libro del esplendor" se dice que Seth es "el ancestro de todas las generaciones de tzadikim" (los tzaddikim son los "justos", los sabios). 

Mead critica a Flavio Josefo por incrustar a Hermes en la genealogía de la religión judía. Pero lo mismo podemos hacer e incrustar a Adán en la visión hermética que se expone en el Poimandres, del hombre arquetípico o Antropos, el cual es una imagen del universo en su totalidad, mismo que también será tomado por la cábala. Entrando en lo más profundo del misterio quizás podamos encontrar una pista en la misma tradición cabalista. Nos dice Manly P. Hall que en algunos textos cabalistas se menciona que "Adán antes de ser expulsado del Jardín del Edén fue instruido por los ángeles... se dice que atendió un colegio celestial por el espíritu del mundo. Es posible que exista un no-lugar en el que se le mostraron los secretos del universo". Esto nos coloca en un paradigma de conocimiento muy distinto al que predomina actualmente, en el que se cree que progresamos hacia un conocimiento en el futuro, que nunca ha sido aprehendido por la mente. La tradición antigua, como sugiere Platón con su dictum "aprender es recordar", consideraba que el hombre en su origen, ya sea a través de facultades perceptivas que hoy en día yacen veladas o por la asistencia de mensajeros divinos, fue depositario de la doctrina universal, lo que en la Tabla Esmeralda, atribuida también a Hermes Trismegisto, se expresa así: "Lo de abajo es como lo de arriba, y lo de arriba es como lo de abajo, para obrar los milagros de una sola cosa". Esto, en gran medida, es lo que habría estado celosamente guardado en las estelas de Hermes, un conocimiento que de perderse sería más que trágico para las generaciones futuras,  que andarían extraviadas en el mundo sin reconocer su conexión con el cosmos y su origen divino.

En la segunda parte de este ensayo seguiremos explorando el misterio de las inscripciones de Toth en relación a las columnas de Hércules y Atlas, investigaremos también el origen misterioso de la Tabla Esmeralda (y el misterioso personaje Belinas-Apolonio de Tiana), veremos cómo autores más recientes, como Paracelso, han entendido y vinculado los jeroglíficos de Toth-Hermes con la alquimia y la religión judeocristiana y también compararemos estos pilares con los pilares del templo de Salomón y con los del templo masónico. Con esto último cerraremos. Nos dice el último gran estudioso del esoterismo que tuvimos en lengua española, Federico González:

En el antiguo manuscrito masónico Cooke, (circa 1.400) de la Biblioteca Británica, se lee en los párrafos 281-326 que toda la sabiduría antediluviana fue escrita en dos grandes columnas. Después del diluvio de Noé, una de ellas fue descubierta por Pitágoras, la otra por Hermes el Filósofo, los cuales se dedicaron a enseñar los textos allí grabados. Esto se encuentra en perfecta concordancia con lo atestiguado por una leyenda egipcia, de la que ya daba cuenta Manetón ­según el mismo Cooke­ vinculada también con Hermes.

 

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