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Aldous Huxley escribió un guión para 'Alicia en el país de las maravillas'

Por: pijamasurf - 08/26/2015

El talento y la curiosidad de Huxley se dirigieron, por petición de Walt Disney, al clásico de la literatura inglesa que también es una gran indagación sobre los límites de la realidad
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Imagen: John Tenniel

Alicia en el país de las maravillas es sin duda uno de los libros más magnéticos en la historia de la literatura, una fábula deliciosa que ha cautivado a generaciones enteras de lectores, entre los cuales se encuentran varios notables que han tomado el libro como punto de partida para creaciones propias, una suerte de continuación de la historia por otros territorios y con otros medios. En este sentido, podría decirse que Alicia… es una suerte de caja de Pandora que siempre nos tiene reservada una sorpresa.

Tal es el caso de la historia en torno a la adaptación que Aldous Huxley hizo del libro de Lewis Carroll para Walt Disney. El gran artífice de la industria de dibujos animados en Estados Unidos era una de esas personas fascinadas por Alicia…, tanto que, apenas tuvo oportunidad, compró los derechos necesarios para filmar su película. En 1903, 1910 y 1915 Disney hizo tres intentos por consumar su proyecto, todos ellos malogrados. El empresario esperó entonces hasta 1945, cuando buscó al autor de Un mundo feliz para realizar la adaptación. En cierta forma, Huxley parecía un candidato perfecto para ejecutar esa transición entre el libro y la película, pues ya en esa época una parte importante de su curiosidad estaba puesta en los límites de la realidad, en su exploración y la posibilidad de trascenderlos ―y desde cierta perspectiva, ¿no es ese uno de los grandes temas de Alicia en el país de las maravillas?

La vía que Huxley eligió para acercarse a este clásico de la literatura inglesa fue una curiosa combinación de realidad y fantasía, actores reales y animación, un tejido intrincado entre la anécdota del libro y la relación entre Carroll y Alice Liddell (la niña en quien está inspirada la narración), de acuerdo con la sinopsis que sobrevive, porque el guion original se perdió en el lamentable incendio de 1961 que también destruyó más de 4 mil libros anotados por el escritor, además de otros borradores, archivos y papeles varios.

Alice and the Mysterious Mr. Carroll era el título tentativo de esta película que comenzaba por una petición de la reina de Inglaterra para conocer al autor de Alicia..., que, como sabemos, Charles Dodgson dio a publicar con el pseudónimo de Lewis Carroll. El vicecanciller de la Universidad de Oxford recibe entonces el encargo de indagar la verdadera identidad del escritor, tarea que, en la narrativa del filme, lleva a trazar los puntos de contacto entre la fábula y la realidad, entre los personajes de ficción y los elementos de la realidad que sirvieron de modelo a Dodgson. En esta adaptación Alicia es una niña que, entre otras cosas, necesita escapar del encierro que ha recibido como castigo por parte de una institutriz. Esa necesidad de fuga es en parte el pretexto que Huxley utilizó para realizar las transiciones entre dibujos animados y actuación.

Como se ve, el proyecto era un tanto intrincado, lo cual posiblemente influyó en la decisión de Disney de, este también, abortarlo. Tuvieron que transcurrir otros 6 años para que el mogul cumpliera su sueño de ver el libro en forma de largometraje. 

Cabe especular, sin embargo, qué hubiera sido de esa adaptación si en vez del momento en que fue realizada, Huxley hubiera estado en su época de experimentación con psicodélicos. ¿Qué camino narrativo hubiera elegido?

 

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Escucha la radio natural que transmite la Tierra: ondas de muy baja frecuencia (VLF)

Por: pijamasurf - 08/26/2015

La sinfonía secreta de la Tierra: el mundo sonoro de la energía electromagnética (VLF)

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Los sonidos que escucharás aquí son, de alguna forma, parte de la programación de la estación Gaia, lo que el ingeniero Buckminster Fuller llamaba "la nave espacial Tierra". 

Desde los inicios de la radio, aficionados y oficiales militares han sentido cierta mistificación por una serie de sonidos que en su momento parecían inexplicables --y eso fue suficiente para que se conjuraran numerosas teorías de conspiración que siguen en pie. Soldados en la Primera Guerra Mundial empezaron a detectar sonidos en sus teléfonos de campo los cuales, con cierta lógica paranoica, confundieron con granadas cercanas o ataques invisibles (la presencia fantasma del enemigo).

Como bien explica la revista Nautilus, hoy se sabe que estos sonidos son producidos por ondas de muy baja frecuencia (conocidas como VLF por sus siglas en inglés). Esto es, ondas  de radio de una longitud de onda de 10 a 100km o de 3 a 30kHz. Estas frecuencias son poco usadas en la actualidad, salvo por ciertos sistemas de comunicación militar, especialmente ligadas a submarinos, ya que estas frecuencias penetran hasta a 40m de profundidad marina. Por cierto, la DARPA ha usado sus vilipendiadas antenas en Alaska para emplear la ionosfera --que alimenta las auroras boreales-- para rebotar ondas de radio y comunicarse con submarinos nucleares del otro lado del mundo. Estas son las arpas secretas del ejército.

Los sonidos que cazan algunos aficionados y que han maravillado a más de uno son producidos por fenómenos naturales como tormentas eléctricas, volcanes, tornados y otros fenómenos que interfieren con la atmósfera y emiten ondas electromagnéticas. Alex Tesar, en Nautilus, los llama "la sinfonía secreta de la Tierra", pues resulta que hay cierta música en este ruido, en estos sonidos que rasgan el velo del planeta con rayos sutiles.

 

A muchas personas les produce placer escuchar estas tormentas casi etéreas, estos rasguños áuricos, estática natural, drones de viento, los sendos aplausos del relámpago... Existe ya una subcultura de cazadores de estas frecuencias que viajan grandes distancias para captar las mejores VLFs (los mejores lugares son espacios aislados como la tundra canadiense o el desierto Alvord en Oregon). Más allá de esta delectación sonora, las ondas de muy baja frecuencia sirven para estudiar el comportamiento electromagnético de las diferentes capas de la Tierra. Hay un silbido distintivo, identificado en uno de los audios, que es el sonido de la energía viajando por la magnetósfera: la radiación producida por un rayo viaja a lo largo de líneas en el campo magnético, siguiendo una trayectoria curva y luego se dispersa; las frecuencias más altas regresan a la atmósfera primero y las más bajas dejan una cadencia al descender después.

Así tenemos una muestra de la radio natural de nuestro planeta, sonidos más informativos que armónicos, pero con cierto sentido poético en el que, acaso por su frecuencia subrosa, no podemos dejar de pensar en la música de las esferas que Pitágoras decía escuchar. ¿Una música que es, a fin de cuentas, el sonido de la energía moviéndose en el cosmos? El oído más fino, como el ojo más fino, es aquel que percibe la energía sutil y no sólo la densidad material.