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¿Sexo? ¿Drogas? ¿Sueños? ¿De qué trata realmente "Alicia en el país de las maravillas"?

Por: pijamasurf - 03/29/2015

Un libro entrañable pero también misterioso, "Alicia en el país de las maravillas" lleva 150 años despertando las hipótesis más excéntricas sobre su verdadero significado

Ralph Steadman

Pocos libros en la historia de la literatura gozan de una aceptación tan unánime como Alicia en el país de las maravillas, esa invención genial y entrañable de Lewis Carroll (pseudónimo de Charles Lutwidge Dodgson) que ha cautivado a lectores de todo el mundo desde que fue publicada, hace 150 años.

Paradójicamente, aunque el libro ha tenido muchísimos lectores a lo largo de ese tiempo, ello no ha resultado en poder decir de qué trata el libro realmente. Es cierto que en al menos un par de momentos de su carrera como profesor, Vladimir Nabokov aconsejó a sus estudiantes no mezclar realidad con literatura y desconfiar de quienes intentan encontrar una en la otra, porque hasta cierto punto se trata de universos distintos que funcionan cada uno con sus propias reglas. Sin embargo, también es posible decir que se trata de un impulso de la curiosidad más o menos inevitable, un intento de descifrar el pensamiento del autor y conocer el verdadero significado de una metáfora.

En el caso de Alicia en el país de las maravillas, estas son algunas de las hipótesis más populares al respecto.

 

 

SEXO

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Tove Jansson

Desde que el psicoanálisis irrumpió en el mundo, a la hermenéutica llegó también la posibilidad de interpretar sexualmente cualquier cosa. Dicho de manera burda, Freud mostró que el sexo está en todo lo que hacemos, y la literatura no es la excepción. La caída de Alicia “down the rabbit-hole” sería, desde esta perspectiva, una suerte de regresión al útero materno que finaliza con un renacimiento. Además, recordemos que Carroll tenía una afición singular por las niñas, a medio camino entre la estética y la perversión.

 

DROGAS

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Salvador Dalí

¿Por qué parece tan sencillo explicar el efecto de diversas drogas con escenas de Alicia en el país de las maravillas? Después de todo, esto puede no ser una casualidad. Hasta ahora no hay evidencia de que Lewis Carroll haya consumido algún tipo de sustancia alucinógena, más allá de ciertos excéntricos remedios homeopáticos; sin embargo, varios pasajes en el libro (marcadamente el episodio de la oruga fumadora) sugieren lo contrario.

 

CHISTE LOCAL

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Leonard Weisgard

En su ensayo sobre la dificultad, George Steiner recurre a la Comedia de Dante para mostrar cómo a veces los autores incorporan circunstancias de su contexto inmediato a su obra, por ejemplo, con “un chismorreo tan privado que la elucidación depende de una familiaridad casi de calle a calle con la Florencia del siglo XIII”. Para algunos, algo similar sucede con Alicia en el país de las maravillas, en donde algunos personajes y situaciones son conversiones en clave irónica del mundo de Carroll: de sí mismo, de las hermanas Lidell (Lorina, Alice y Edith, a quienes Carroll dedicó el cuento), del croquet que se jugaba en la época, etcétera.

 

DESÓRDENES ALIMENTICIOS

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Lisbeth Zwerger

La comida es uno de los motivos constantes a lo largo de la narración, sea en su forma más obvia (por ejemplo, el pastel que come Alicia y que mágicamente la agiganta) o, con un sentido un poco más simbólico, en esa rara preocupación de algunos personajes por comer o ser comidos. Por este detalle y por lo que se sabe de los hábitos alimenticios de Carroll (era muy delgado y a veces almorzaba sólo una galleta), hay quienes piensan que la obra habla también de desórdenes alimenticios.

 

SUEÑOS

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John Vernon Lord

Estructuralmente, la narración de Alicia en el país de las maravillas es extraña: aunque todo comienza con cierta “normalidad”, pronto esta se disuelve en una sucesión ininterrumpida de episodios fantásticos por los que Alicia transita sin aparente conexión lógica entre uno y otro… al igual que en los sueños. Hablando sobre su obra, alguna vez Carroll dijo al dramaturgo Tom Taylor que “todo es un sueño, pero no quise revelarlo sino hasta el final”.

Imágenes vía Brain Pickings

Nuevas estadísticas sobre el orgasmo femenino arrojan cifras preocupantes

Por: pijamasurf - 03/29/2015

La revista Cosmopolitan acaba de realizar una encuesta sobre orgasmos femeninos, pero los resultados no son los mejores posibles
[caption id="attachment_93363" align="aligncenter" width="500"]tumblr_n91k78DhAM1qa95wro5_500 Astronomía corporal, Pedro Tzontémoc (México, 2000)[/caption]

Nuestra cultura ha hecho del orgasmo femenino un problema. Por todos lados circula información sobre cómo las mujeres pueden alcanzar un orgasmo, lo cual supone implícitamente una dificultad que sólo se confiesa sotto voce: algo está pasando que las mujeres no llegan al clímax durante una relación sexual.

Esto no es enigmático, aunque tampoco es obvio para muchos. La respuesta, como decimos, es cultural, está relacionada con las construcciones sociales y subjetivas tanto de la mujer como del hombre. A ellas se les orienta hacia ciertos ideales de belleza que se sienten obligadas a cumplir; ellos se desarrollan sexualmente creyendo que deben ocupar una posición de poder (poder hacerlo todo, saberlo todo, poder con todo). Y estos son sólo dos ejemplos de la multitud de factores que se hacen presentes en un encuentro sexual, que pueden cruzar por nuestra mente cuando nos encontramos frente a otro y consideramos que tenemos que actuar de cierta forma.

En este sentido, tal vez sea posible decir que las mujeres se encuentran en desventaja. A los requisitos fisiológicos para su orgasmo se suma una cultura que por siglos las ha situado en un segundo plano con respecto al hombre, en casi todos los ámbitos. Sus necesidades sexuales, por ejemplo, que en ciertas circunstancias parecen supeditadas al deseo del hombre.

Recientemente, Cosmopolitan publicó una encuesta al respecto. Luego de obtener cuestionarios resueltos por 2 mil 300 mujeres de entre 18 y 40 años, la revista dio a conocer esta suerte de radiografía del placer femenino que, en términos generales, no se encuentra en el mejor estado posible. Estos son algunos de los datos más relevantes:

• 57% de las encuestadas dijo alcanzar el orgasmo cada vez que tenía relaciones sexuales con su pareja.

• 38% dijeron no alcanzar el orgasmo por falta de estimulación del clítoris.

• 32% lo atribuyeron a estar concentradas en sus propios pensamientos o en su apariencia física.

• 67% de las encuestadas aceptaron haber fingido alguna vez un orgasmo.

• 42% lo hicieron porque no querían lastimar los sentimientos de su pareja y porque sabían que no alcanzarían el orgasmo y querían terminar con el encuentro lo más pronto posible.

• 39% logran la mayoría de sus orgasmos masturbándose con la mano o con un juguete.

Los números nos mueven a la reflexión, tanto a mujeres como hombres, y quizá muestran que hay varias cosas que deberían replantearse tanto en la construcción de las identidades femenina y masculina como en las relaciones que se establecen entre uno y otro género.

Si una mujer prefiere fingir un orgasmo que hablar con su pareja y si un hombre no puede darse cuenta de ese fingimiento, sin duda algo extraño sucede en la mente de esas personas y en la matriz cultural que hace posibles ambos comportamientos.

El gráfico completo puede consultarse en este enlace (en inglés).