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Las memorables palabras del poeta suicida que trabajaba en la fábrica china que hace iPhones

Por: pijamasurf - 07/11/2015

El importante testimonio del poeta Xu Lizhi sobre la deshumanización de los trabajadores de las fabricas de Foxconn

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El 30 de septiembre del año pasado Xu Lizhi, un joven poeta de 24 años, se suicido arrojándose por la ventana de su habitación en la ciudad de Shenzhen, donde el gigante de la manufactura Foxconn tiene una de sus fabricas en las que se ensamblan gadgets: iPhones, iPads, Xbox, Playstation, etc. Las condiciones en las que se trabaja en estas fábricas son deplorables y han sido descritas como una forma de esclavitud moderna, hasta el punto de que alrededor de 20 de sus trabajadores se han quitado la vida en los últimos años. Pero eso sí, cada 6 meses puedes tener un nuevo modelo de iPhone en tu bolsillo. 

Es por esto que el testimonio de Xu Lizhi se ha convertido, desde su muerte, en una poderosa denuncia de la enajenación y mecanización del ser humano. Lizhi escribe:

Taller, línea de ensamblaje, máquina, tarjeta de fichar, horas extra, salario./ Me han entrenado para ser dócil./ No sé gritar o rebelarme,/ cómo quejarme o denunciar,/ solo cómo sufrir silenciosamente el agotamiento.

Los poemas de Xu han sido traducidos a diferentes idiomas en Internet y muestran como pocos documentos los desoladores efectos del capitalismo y la sociedad de consumo. Literalmente, al hacer máquinas para vivir, el hombre se vuelve una máquina y pierde su conexión con su propia naturaleza. Esto se acentúa especialmente en generaciones que migran de entornos en los que se trabajaba la tierra a grandes urbes donde se convierten en números y peones dentro de un engranaje implacable. "La juventud se detuvo en las máquinas, murió antes de tiempo", decía Lizhi en uno de sus versos. Sus poemas están llenos de referencias a la muerte, a una muerte programada y triste, de quien va a la muerte como quien va a ponchar tarjeta. La noche antes de morir escribió el poema "En mi lecho de muerte":

Quiero tocar el cielo, sentir ese azul tan ligero/ pero no puedo hacerlo, así que dejaré este mundo./ Todos los que han oído de mí/ no se sorprenderán de mi marcha.

Sobre la ola de suicidios de 2010 en Foxconn, Xu había escrito:

Un tornillo cayó al suelo/ en su negra noche de horas extra./ Cayó vertical y tintineante/ pero no atrajo la atención de nadie,/ igual que aquella última vez,/ en una noche como esta,/ en la que alguien se lanzó al vacío.

Es de notar la natural transformación de los hombres en aparatos y herramientas insignificantes que se pierden en el vacío, una constante en su poesía, que al parecer responde a la máxima de que uno escribe sobre lo que vive y siente. 

Si bien sería excesivo decir que el trabajo ensamblando máquinas necesariamente trastorna a los hombres y los convierte en zombies o en autómatas, o que trabajar en Foxconn lleva al suicido --siendo que es una compañía de 800 mil empleados, podemos ver en esta fábrica y en esta situación un signo de nuestros tiempos, en los cuales el tiempo se ha convertido en dinero y la naturaleza ha quedado desprovista de alma. Para personas sensibles y posiblemente depresivas como Lizhi, esto a veces es simplemente insoportable. Su actitud quizás no sea menos valiente que la de aquellos de nosotros que vivimos todos los días está realidad sin cuestionarnos, marchando en orden, deseando tener más cosas y haciendo, consciente o inconscientemente, que este sistema, este estado de cosas siga existiendo, alimentándolo siempre.

 

Aquí una serie de traducciones en inglés y español de los poemas de Xu Lizhi

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La sabiduría herbolaria de los curanderos y chamanes alrededor del mundo está amenazada por la falta de continuidad generacional

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En una época en la que el new age reboza como nunca y casi todos consumimos ayahuasca para ser mejores personas (lo que sea que eso signifique), la figura del chamán ha adquirido un lugar especial en la cultura pop. Sin embargo, un aspecto que el actual imaginario colectivo pocas veces toma en cuenta alrededor de estos personajes enigmáticos, es que cada uno de ellos constituye en sí un verdadero cuerpo de conocimiento. Por eso, como dice José Roque, curandero shipibo del Amazonas, "cada vez que muere un chamán es como si un libro se consumiera entre las llamas".

Además de la creciente popularidad de los chamanes entre jóvenes alternativos que buscan comulgar con los espíritus de la naturaleza vía plantas psicoactivas, estos hombres, su información herbolaria, también han adquirido mucha mayor relevancia ante la ciencia, ya que, como advierte Simeon Tegel en un artículo para el Global Post: "Sus habilidades y conocimiento, obtenidos a lo lardo de miles de generaciones experimentando con la vida salvaje del Amazonas, son hoy considerados como clave para revelar el vasto potencial que tiene la selva para proveer nuevos fármacos –para todo, desde un resfriado común hasta para el cáncer o el VIH".

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De acuerdo con Tegel cinco de las 10 medicinas más prescritas en Estados Unidos tienen un antecedente natural, es decir, provienen de organismos vivos. Pero el trayecto que la sustancia activa de una planta debe completar para convertirse en un medicamento industrial es bastante largo, y aproximadamente solo uno de cada 15 mil compuestos naturales que analizan los científicos termina utilizándose como medicamento aprobado por la FDA. Y es en este punto en el que los curanderos podrían ahorrar mucho trabajo a los hombres de ciencia, ya que su milenaria experimentación con estas plantas, el probado conocimiento que tienen de sus efectos y propiedades, aceleraría de forma significativa los procedimientos.

Independientemente de las necesidades de la medicina alópata para obtener y sintetizar propiedades de las plantas, y sin dejar de enfatizar en que la industria farmacéutica es una de las más cuestionables del mercado y por ende no debiera importarnos facilitar sus procesos, por otro lado resulta preocupante un creciente fenómeno entre las poblaciones rurales del Amazonas y, en general, del mundo. Me refiero al desapego de las nuevas generaciones frente a los conocimientos tradicionales de su comunidad. Y en este caso no se trata de una defensa ideológica o pasional de lo autóctono, sino de una preocupación práctica: el cuerpo de conocimiento acumulado entre estos grupos es transmitido oralmente, y si no existen nuevos receptores disponibles entonces se corre el riesgo de que esa información se pierda. 

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Desde hace unas décadas los jóvenes de las comunidades nativas se han visto cada vez más influenciados por la cultura occidental vía los medios electrónicos. Esto ha acelerado la transformación de los grupos y debilitado las viejas costumbres. A lo largo del siglo pasado desaparecieron 90 tribus amazónicas, ninguna de las cuales dejó registro escrito de sus prácticas y conocimientos; y hoy nadie sabe cuántos curanderos existen en la región.

Es evidente que el reto de preservación cultural es enorme, ya que más allá de la conservación de las especies naturales endémicas y de la flora en general, "la tradición curandera es un complejo arte de diagnóstico, examinación, comunicación, ritual y tratamiento, que no puede salvarse simplemente preservando las plantas", advierte un estudio de una tribu colombiana realizado por la Universidad de California y citado por el propio Tegel. Al respecto, el antropólogo Michael Harner --creador, por cierto, de la Foundation for Shamanic Studies-- confiesa: "Me parece pesimista. Es una situación bastante seria".

Esperemos entonces que entre los miles de entusiastas de la etnopsicodelia emerja más de uno interesado en, además de expandir su conciencia, idear una forma de documentar todo ese conocimiento que, más allá de la pirotecnia psicoactiva de algunas plantas que utilizan, representa el verdadero tesoro que las tribus amazónicas y demás grupos alrededor del mundo han forjado. 

 

Twitter del autor: @ParadoxeParadis

 

* Imágenes: Creative Commons vía Wikipedia