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Estas personas, sus visiones y sus ideas determinarán significativamente el mañana de la revolución digital

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Nos encontramos rodeados de tecnología: a lo largo de nuestros días vivimos y practicamos, ejercemos continuamente la era digital. Considerando lo anterior, la revista Prospect designó a un panel de expertos para seleccionar las mentes del planeta que estarán dando forma a la experiencia tecnológica del mundo en el futuro.

La realidad virtual, que desde los años 90 se desarrolló orgánicamente rebasando la estructura social o jurídica existente, demanda nuevos debates legislativos. Por ejemplo, en el caso de la identidad virtual, el derecho al control de nuestros datos, la ética comercial en la web, etcétera.

A continuación, numeradas jerárquicamente, presentamos a las personas cuyas ideas y acciones repercutirán significativamente en la vida digital de futuras generaciones. Mentes que concibieron, antes que nadie, conceptos fundamentales que hoy y mañana definirán los principales patrones psicoculturales.

 

TIM BERNERS-LEE

Escribió y publicó en 1989 su concepción sobre ENQUIRE, un “sistema universal de información”. Imaginó un lugar viable para encontrar cualquier información o referencia que alguien considerase relevante. Es conocido como “el padre de la web”. Una vez creada la Red, ha dedicado su vida a asegurar su máxima accesibilidad.

SUSAN CRAWFORD

Fungió como asistente especial de Ciencia, Tecnología e Innovación del presidente Obama. Es especialista en conceptos de gran relevancia como identidad en línea, libertad y neutralidad en la web, además de encabezar críticas sobre políticas restrictivas de la información por parte de gobiernos o proveedores de servicios digitales.

HENRY JENKINS

Teórico de los medios digitales que hace énfasis en su carácter como creadores de cultura, y analista de las repercusiones que esto implica. Es considerado uno de los cronistas más relevantes de la cultura en línea.

JIMMY WALES

Fue el creador de Wikipedia en 2001, la enciclopedia en Internet más grande del mundo. Editable para cualquier usuario que desee agregar o cambiar contenido, ha logrado mantenerse como un sitio gratis, prescindiendo de publicidad.

STEVEN JOHNSON

Best seller, escribiendo sobre temáticas web, es considerado uno de los más precisos analistas en materia tecnológica. Realizó uno de los primeros estudios sobre cómo la interacción con máquinas ha cambiado la naturaleza del pensamiento.

IQBAL QUADIR

Creó en Bangladesh la primera empresa proveedora de teléfonos móviles en 1997. Ha postulado y promovido el principio de empoderamiento de ciudadanos en países pobres, a través del acceso a los teléfonos móviles.

JANET MURRAY

Una de las más influyentes diseñadoras interactivas. Se especializa en la investigación de conectividad aplicada a la inteligencia artificial mediante instrumentos culturales como juegos, películas, literatura y televisión.

JIANG ZEMIN

Fue el presidente de China de 1993 a 2003. Sus innovaciones tienen una carga negativa pues creó el sistema más sofisticado en línea para el espionaje, la regulación, la infiltración y el control de la Red.

JOI ITO

Activista y entrepreneur digital, se ha involucrado en algunos de los proyectos más destacados de la era web. Además, forma parte del consejo de Creative Commons y actualmente dirige el MIT Media Lab.

JILL TARTER

Es la figura más relevante relativa a la búsqueda de civilizaciones de vida extraterrestre. Creó un centro dedicado al análisis de información espacial en la Red. Actualmente es artífice del plan de desarrollo a futuro del programa estadounidense de investigación astronómica.

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Con el psicoanálisis, la llamada revolución sexual y la liberación femenina, culturalmente el sexo ha sido representado como una necesidad ya no solo biológica sino sobre todo psicológica y actualmente es pieza angular de la cultura del wellness --ciertamente no solo porque el sexo sea muy sano sino porque vende. En muchos países occidentales las personas no solo sienten la urgencia de tener sexo como una respuesta natural a los estímulos de su cuerpo y los cuerpos con los que se encuentran, existe una presión social y una presión mediática (en la invasión de imágenes sexualizadas) para tener sexo. Generalmente asumimos tácitamente que tener más sexo es mejor --especialmente en el caso de los hombres, donde confiere también estatus: es el signo del macho alfa por excelencia, pero también para las mujeres que tienen pareja estable, ya sea como ejercicio o porque potencialmente nos acerca a la energía erótica y a la intimidad emocional (confiere conexión y sentido). Sin embargo, más no siempre es mejor.

Un reciente estudio se preguntó si el aumento de la frecuencia sexual también aumentaba la percepción de la felicidad. Los investigadores de la Carnegie Mellon University concluyeron que "el incremento en la frecuencia no lleva a un aumento de felicidad, tal vez porque conduce a un declive en el deseo y disfrute del sexo". Los resultados fueron recibidos con cierta sorpresa por varios medios, muchos de los cuales son responsables de promover la idea de que el sexo es una especie de Santo Grial secular. Paradójicamente en este juego de anzuelos, y como el sexo tiene el toque del rey Midas, un encabezado sobre las falencias del sexo, también obviamente genera mucho tráfico. 

Oliver Burkeman atribuye los resultados a que "cuando cuatro académicos te dicen que debes tener más sexo, y llenar todos los días un reporte, no te hace más feliz... En otras palabras, cualquier cosa puede perder su encanto cuando se vuelve una obligación". La mecanización de cualquier cosa le quita su chispa --en tanto a que todavía somos más humanos que robots-- y esto es especialmente significativo en el sexo, que, a diferencia de lo que tal vez sucede con la mayoría de los otros animales, no es solo un intercambio conducido por fuerzas automatizadas, sino que tiene un componente importante de creatividad y espontaneidad.  

Burkeman cita un estudio que muestra la gran importancia que tiene para el ser humano la sensación de mantener su autonomía. Cuando alguien nos dice que hagamos algo y sentimos que lo que se nos presenta es una obligación, eso modifica completamente nuestra percepción del acto a realizarse. Es necesaria, aunque sea ilusoria, la noción de que hacemos las cosas libremente, por nuestra propia voluntad. Algo que amas hacer por tu propia cuenta puede transformarse rápidamente en una labor tediosa si una persona te lo ordena.

Nuestro sentido interno del derecho a la autonomía absoluta, sin embargo, se ha convertido en un problema. En el extremo individualismo de nuestra época, cualquier cosa o cualquier persona que nos quite nuestro tiempo personal o que nos exija modificar nuestros planes está violando nuestra integridad, porque, después de todo, nosotros no pedimos nada de nadie, somos independientes. El filósofo Matthew Crawford, cuenta Burkeman, argumenta que "hemos valuado tanto nuestra autonomía que leer el capítulo de un libro, o detenernos a escuchar a un amigo, se acaban sintiendo como una imposición; mientras que el subrepticio constante chequeo de nuestro smartphone es una aserción de nuestra independencia". 

Es un problema porque la autonomía tiende a ser --aunque no necesariamente-- una falta de involucramiento y compromiso con el destino colectivo, con las vidas de las demás personas y con aquellas actividades que exigen de nosotros que sigamos haciéndolas una vez tras otra, aunque sean enormemente tediosas o molestas, que requieren de esfuerzos extraordinarios, pero que posiblemente también entregan recompensas extraordinarias.

Lo anterior, por supuesto, no significa que el sexo deba ser visto como algo en lo que hay que "cumplir", como se dice popularmente. Evidentemente las relaciones de pareja deben trabajarse y existen momentos y actividades que deben ser realizadas pese a que no son exactamente las que elegiríamos si solo fuera por nosotros. Lo que resulta natural en este sentido es el ejercicio de la empatía y la concordia, el sistema operativo de las relaciones afectivas. Quizás la cuestión del sexo más que una cuestión de cantidad sea de calidad, de la calidad de la experiencia y la derrama de sus efectos en la consolidación de lazos afectivos y en la generación de energía. Como el estudio citado muestra, no resulta muy favorable forzar cierta cantidad de actos sexuales; sin embargo, organizar un plan para aumentar la calidad de los mismos podría ciertamente mejorar la experiencia y aumentar los indicadores de satisfacción o felicidad. Claro que es importante no mecanizar demasiado el plan de exploración erótico, puesto que lo natural al sexo, que es esencialmente creación de vida, es la creatividad, el impulso espontáneo de la profundidad del cuerpo, que llega a reconocer su raíz en un fondo aún más profundo y misterioso.  

Por eso para las parejas que se encuentran en una etapa en la cual podría surgir la pregunta sobre organizar su vida sexual para tener más sexo, una alternativa más interesante sería estudiar técnicas orientales y místicas ligadas a la sexualidad pero que no necesariamente son específicamente sobre sexo, como el tantra o el nei dan, la alquimia interna china. Recordamos aquí que dentro de estas tradiciones, ya sea en el budismo o en el taoísmo,  es central el cultivo de la energía y por lo tanto se practica la retención de la esencia vital o incluso la abstención ritual del coito. Menos en estos casos suele ser más, puesto que lo que se quiere es alcanzar la unidad y la energía de la unión, ante la cual el mero placer palidece.

La cantidad es el signo de nuestros tiempos materialistas, explica René Guénon, sin embargo aquello que es más humano, más íntimo y significativo, es lo cualitativo, la riqueza de la experiencia que no puede reducirse a una estadística, sino que debe ser vivida en toda su plenitud. El sexo, entendido como el espacio de conocimiento erótico (el altar de la alteridad), entraría en esta dimensión irreductible de lo cualitativo, el reino de la esencia.

 

Twitter del autor: @alepholo

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