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Por sus hábitos de consumo, un hipster se aprovecha de 27 esclavos contemporáneos

Sociedad

Por: pijamasurf - 05/10/2015

La organización Made in a Free World realiza proyectos en contra de prácticas laborales cercanas a la esclavitud que, paradójicamente, se traducen en algunos de los objetos más deseados de nuestra época

hipstercoffeeshopEntre las muchas contradicciones de nuestra época, quizá una de las más obvias y aun así menos conocidas es la que atañe a la explotación laboral que se requiere para producir algunas de las mercancías más populares en todo el mundo. Es cierto que esta es una de las condiciones inherentes al capitalismo, pero quizá por la importancia que actualmente tiene el consumo para el funcionamiento de la economía, el trabajo se ha convertido en una suerte de esclavitud tácita para millones de personas en todo el mundo.

Como decíamos, una de las paradojas de esta situación es que esas prácticas laborales abusivas se convierten en productos que llegan a nuestras manos envueltos en un aura de prestigio que disimula ese origen lamentable. Smartphones, tablets, tenis, ropa e incluso el café que se ordena en esas cadenas a donde todo mundo acude para ser visto, son algunos de los objetos en cuyo proceso hay jornadas excesivas de trabajo, salarios míseros, explotación infantil y otras formas por las cuales el margen de ganancia de las grandes marcas se incrementa significativamente.

Para hacer notoria esta realidad, la organización Made in a Free World (MIAFW) lanzó recientemente una campaña que tiene como objetivo el estilo de vida hipster y su relación con dicho mundo de esclavitud tácita. Como sabemos la cultura hipster se caracteriza, entre otras cosas, por cierto cultivo del bienestar individual adaptado a una idea de vanguardia ideológica, por eso eligen comer alimentos orgánicos y también conectarse desde el modelo más reciente de iPhone.

Sin embargo, de acuerdo con MIAFW, esto implica que el estilo de vida de un hipster sea posible gracia al trabajo casi esclavizado de 27 personas en distintas partes del mundo. Aquí el gráfico que resume la información:o-HIPSTER-SLAVES-900

Como en otras iniciativas similares, la idea de MIAFW es volver consciente y generar proyectos que combatan esta realidad que afecta a casi 30 millones de personas en todo el mundo, lo cual quizá podría ser distinto si fuéramos capaces de tomar otro tipo de decisiones en nuestra vida cotidiana, especialmente en lo concerniente a nuestros hábitos de consumo.

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¿Por qué los hombres se suicidan más que las mujeres?

Sociedad

Por: pijamasurf - 05/10/2015

Desde hace siglos son más hombres que mujeres quienes consuman el suicidio, una circunstancia que revela algunos cortocircuitos en la formación de la masculinidad

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Estadística e históricamente, el suicidio de hombres supera por mucho al de mujeres en casi todos los países y todas las épocas, como si algo en la cultura empujara más a los hombres que a las mujeres a tomar la decisión última de la muerte por mano propia.

En estos tiempos en que las condiciones de la llamada sociedad patriarcal se encuentran en debate, podría comenzar a pensarse que el suicidio es el costo que ciertos hombres han pagado por la superioridad que la cultura ha otorgado a su género. Una lectura en ese sentido es la que hace  Will Storr, quien hace poco escribió al respecto en el sitio web de la revista Pacific Standard.

Storr no habla propiamente de las sociedades patriarcales, pero sí sigue casos en los que el suicido masculino está vinculado con las obligaciones que se imponen al género. Incluso si cualquiera de nosotros reflexiona por un momento sobre el lugar que la sociedad ha otorgado a los hombres nos daremos cuenta de que el hombre está asociado usualmente con el poder, no sólo el poder en su sentido inmediato, sino más bien como una exigencia: el hombre debe "poder". Poder trabajar. Poder triunfar. Poder hacer las cosas. Poder ganar dinero. Poder ser su propio jefe. Poder tener una familia. Poder tener un automóvil. Poder con las mujeres. Poder sexualmente. Poder con y contra otros hombres. Poder, siempre.

Sólo que esto es un deber y, como tal, una norma que pretende ajustar la realidad a la letra. ¿Todos los hombres pueden? No, porque no todos los hombres son iguales. Hay hombres que no pueden tener hijos, por ejemplo. ¿Eso los hace menos hombres? Desde cierta perspectiva, la del patriarcado, sí. El problema es que como toda norma, dicha incapacidad implica una sanción. En este caso, una especie de desvalorización de los hombres que no pueden.

Entre otras consecuencias, un hombre formado en el discurso social del poder entra en conflicto cuando no puede, pues por ese mismo discurso puede llegar a considerar que su identidad se ve cuestionada, mellada. Tal parece que el poder es condición de la masculinidad.

Storr, desde una visión más hegemómica o incluso mainstream, explica el problema desde el sistema de expectativas: los demás esperan algo de nosotros y si no lo cumplimos, entonces los defraudamos y también nos sentimos defraudados con nosotros mismos. En el caso del hombre este sentimiento se agudiza, en primer lugar, por el lugar que le impone la sociedad como proveedor y, por otro lado, por otro rasgo propio de la construcción de la masculinidad que implica no hablar de las emociones. En el reverso de la imposición del poder está el no poder, en donde se encuentra la prohibición de reconocer, aceptar y hablar sobre emociones como la decepción, la tristeza, la frustración y otras afines. El poder aísla, y quizá esto sea evidente para los hombres.

La tiranía de la perfección, dice Storr, podría ser la causa de que se suiciden más hombres que mujeres (a pesar de que, en general, sean más las mujeres que lo intentan). Pero quizá sería oportuno complementar que algunos tal vez sobrellevarían mejor esas condiciones de no ser por la severidad con que social y subjetivamente se castiga a los hombres que no se ajustan a esos cánones de masculinidad.