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Una mutación permite a esta artista ver 100 veces más colores en el espectro lumínico (FOTOS)

Por: pijamasurf - 10/15/2014

Concetta Antico es una de las pocas personas en el mundo con tetracromatismo, una mutación que dota a sus ojos de un cuarto cono para captar gamas y matices de colores imposibles de percibir para una persona promedio

Los ojos de los pintores son en sí mismos un milagro y una fuente incesante de goce estético cuando van de la mano de pasión y técnica. Pero los ojos de la artista australiana Concetta Antico son, además, un enigma para la ciencia. Una mutación genética la hace parte del 1% de la población mundial con tetracromatismo, que le permite ver aproximadamente 100 millones de veces más colores en el espectro lumínico que una persona promedio.

"Tú puedes ver verde oscuro, pero yo veo violeta, turquesa, azul. Es como un mosaico de colores", afirmó Antico en una entrevista.

La persona promedio cuenta con tres conos (receptores de color rojo, verde y azul) en los ojos para absorber y procesar los colores, aproximadamente un millón de ellos; la diferencia es que Antico posee cuatro conos (siendo el cuarto "rojizo-naranjoso-amarillo", según Kimberly Jameson y Alissa Winkler, científicos cognitivos del Institute for Mathematical Behavioral Sciences de la Universidad de California), lo que eleva su rango cromático a un estimado de 100 millones.

Las investigadoras que trabajan con Antico creen que la tetracromía se debe a una mutación del cromosoma X; los hombres presentan más casos de ceguera al color, mientras que las mujeres (por tener un doble cromosoma X) son quienes más presentan tetracromatismo.

Algo destacable es que el tetracromatismo, así como la ceguera al color, no son 100% determinantes de la experiencia cromática de una persona. Por su trabajo como pintora, Antico ha puesto especial atención a los colores, por lo que su cerebro (a través de la neuroplasticidad) ha logrado reconocer y aplicar muchos más matices que los que lograría un ojo normal; sin embargo, Antico enseña pintura desde hace 20 años y muchos de sus alumnos (incluyendo a su propia hija) sufren ceguera al color.

No se trata sólo de la maquinaria con la que la naturaleza (o la genética) nos provee, sino de lo que somos capaces de hacer con ella.