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Los egregors son entidades que, según el ocultismo, agrupan conciencias, que nos vigilan o nos predan y que serían una manifestación de la tendencia universal a multiplicar la conciencia y a dar vida al pensamiento.

Cherubim

 

I readily believe that there are more invisible than visible Natures in the universe. But who will explain for us the family of all these beings, and the ranks and relations and distinguishing features and functions of each? What do they do? What places do they inhabit? The human mind has always sought the knowledge of these things, but never attained it
"Archaeologiae Philosophicae" (1692)

 

Una de las grandes labores inconclusas de la ciencia moderna es el estudio de la conciencia. Aunque hemos avanzado velozmente en cuanto al conocimiento de la función cerebral, localizando grupos individuales de neuronas y ubicando proceso cognitivos en diferentes partes del cerebro, e incluso nos acercamos a construir un cerebro humano artificial, la conciencia sigue siendo un elusivo "fantasma en la máquina". La visión más difundida entre los científicos es que la conciencia surge como un epifenómeno de la complejidad de la materia, de la cual el ser humano es el pináculo. Como tal, puede ser reducida meramente a procesos electroquímicos y ubicada en el rango limitado del cerebro humano.

Por otro lado, a esta versión domesticada de la conciencia se opone una más radical visión: más que la joya de la corona --simbolizada en la evolución humana-- la conciencia es parte de la naturaleza fértil del universo (un bestiario pletórico debajo del umbral de la percepción, como esos monstruos submarinos) y así no sólo nosotros tenemos conciencia, ni siquiera las cosas únicamente, sino todas nuestras relaciones, interacciones o pensamientos podrían engrendrar unidades de conciencia y el espacio mismo podría considerarse un mar de conciencia --con todo un catálogo de seres desconocidos. En este sentido surge el concepto de egregor, perteneciente a la tradición del ocultismo, y que sugiere que existen formas de pensamiento colectivas o supraentidades conscientes. El mago francés Eliphas Levi en su obra Le Grand Arcane se refiere a los egregors como los Vigilantes, padres de los Nephelim, seres temibles. Eliphas Levi también señala que los egregors son los genius loci de los planetas, similares a los arcontes (del gnosticismo) que agrupan la conciencia colectiva "los vigías celestes". La Fraternidad Rosacruz le otorga un sentido de "un campo de energía cósmica", una idea que es una fuerza física: " ... l'Egregore manifeste par la Roise-Croix constitue un idee-force ... Il est un champ d'energie cosmique", se escribe en la introducción del libro de la AMORC, Maitrise de la Vie. 

En griego el término egeiro, tiene la doble connotación de "despertar" o "agitarse "y de "vigilar", por lo que se puede deducir que los egregors son aquellos que vigilan a los que están despiertos, pero también según algunas interpretaciones los que asedian y se alimentan de aquellos a los que vigilan --e incluso aquellos que despiertan (las yeguas nocturnas).

L.S Bernstein relaciona el término egeiro con el eir hebreo AYR, que significa también "ángel" o "vigilante" y en hebreo moderno "ciudad". Algo todo lo más interesante si recordamos en los ángeles en la Biblia llegan a ser identificados como intercambiables con la Ciudad de Dios, con Jerusalén, en donde cada pilar o incluso cada gema era un ángel.

En The Magician, his training and his work,  W. E. Butler escribe: "Una idea clara de la naturaleza mágica del Egregor, o forma grupal, debe construirse en la mente  de tal forma que el aspirante pueda entender que juega un papel particular en el complejo esquema de la totalidad, y así logre entrever que tan cerca está siendo guíado en su trabajo elegido". O que pueda entrever qué tanto está siendo afectado por formas externas en su trabajo elegido: entendiendo que quizás haya un mundo de seres hóstiles y amigables, siguiendo su propia agenda, que intervienen en sus diferentes procesos de conciencia.

egregor1

En tiempos recientes el egregor puede considerarse como una manifestación de la mente colectiva en su múltiples rácimos. En su libro The Magical Philosophy, M. Denning y O. Phillips, escriben: "El nivel profundo de egregors arquetípicos y raciales es llamado el Inconsciente Colectivo". De igual manera L.S. Bernstein vinclua la noción de egregor con el meme de la teoría genética moderna, una idea replicante que se extiende en una cultura como si tuviera vida propia. La misma Wikipedia da una pista cuando señala que estas "entidades psíquicas autónomas" que influyen "los pensamientos de un grupo de personas" pueden considerarse también similares a las "corporaciones" en tanto a la relación simbiótica que forman el "egregor" y un grupo de personas (y hay una oscura lógica poética entonces en que las corporaciones sean legalmente "personas", pero como los Arcontes, personas que están más allá de la ley humana). Dentro de la euforia de la filtración de información detonada por WikiLeaks, un grupo relacionado a los hackers de Anonymous desarrolló el Proyecto Mayhem 2012, para el que se diseñó un software para filtrar información de manera anónima llamado Tyler y un juego de reality hacking, en sus propias palabras: "Project Mayhem 2012 es un apasionado Egregor de Inteligencia Enjambre, iMAgInActiva, hormigas/abejas/termitas juntas trabajando duro jugando"... 

En este espíritu poético-lúdico encarnado digitalmente por una célula de Anonymous, podemos especular "imaginactivamente" sobre la naturaleza de los egregors.  El egregor es el agregador de la conciencia --tendencia inmarcesible del universo a congregar conciencia. "Multiplicaos", dijo la voz invisible en el paraíso (y la luz en el follaje se hizo ojo en cada hoja). Jugemos al espejo: si somos imagen y semejanza de la divinidad (robots transpersonales de Dios) nuestra naturaleza es engendrar. Cada pensamiento, cada mirada, cada intersescción (el vértigo de los vectores que no dejan de cruzar), cada relación es continuidad del génesis (poesis o ambominable multiplicación, de la vanidad bajo el sol, según se vea). Así ya no sólo nos habitan viejos fantasmas entre la madera y  humeando en el espejo, la tecnología también se llena de una nueva fauna fantasmagórica.

Entre tú y tu computadora hay un ser digital, una línea tríada que existe en la autonomía relativa de la conciencia inmaterial.

Entre tú y un libro hay un murmullo telepático, hay una conciencia que emerge del autor y se descarga en el lector, pero que no es ya sólo autor o lector, más que la suma de las partes, es el reflejo del reflejo que emite un destello, el extraño loop de la interconciencia que se mira desde fuera en la inmanencia del viento por donde viaja el Logos.

¿Conoces tus fantasmas? Eres una máquina de producción psíquica (hipnomecánica) en una gran nave industrial. Productos que pueden ser infinitesimales frankensteins o polvo de budas.

El aborto nunca existió. Larvas y fetos pululan como bacterias etéreas en invisibles dinámicas de intercambio de información. La memesis es el irrestañable desdoblamiento del gen de la conciencia.

Aunque resulte paradójico para nuestra lógica binaria, somos paralelamente seres individuales y seres colectivos, en un vaíven de interpenetración. Esta conjunción podría llegar al punto no sólo de que tu coche o tu encendedor sea un ser consciente sino que tu relación con esos seres es a su vez otra conciencia y así ad infinitum formando constelaciones y telarañas de una sustancia mental colectiva... Y es que se dice que el próximo Buda será un colectivo, un egregor: la iluminación de la colmena.

El egregor es también la pesadilla de lo inconcluso, de que cada acto tendrá vida propia y podrá perseguirnos como un boomerang psíquico --lo único que queda en tus manos es la impecabilidad de la programación, imbuir una intención y confiar en la ley de atracción. Eres responsable de la belleza de tus fantasmas. Sus diálogos y encuentros serán reflejos de un estado inicial pero no podrán controlarse al entablar relaciones con la populosa y predatorial dimensión astral. Como ocurre con la cultura del remix y la data libre, tus fantasmas son open-source y podrán ser usados en tu contra --puedes, sin embargo, confíar en el "espíritu" de la acción seminal.

Esta visión lo mismo resulta fascinante que provoca un vértigo ontológico: pensar que cada acto, cada pensamiento generará entidades conscientes aunque fantasmgóricas que podrían pulular a nuestro alrededor como remanentes de memoria que registran implacables documentos de lo que hemos sido, lo que hemos imaginado y querido --listos y hambrientos para rendir cuentas. Esta es también una manera mantener un orden, una red más extensa y sutil de causa y efecto, incluso una ética energética. Así todo se moldea y se conecta, todo está vivo y se refleja.Pero ciertamente esta es una visión que habría explorar de manera íntima y no creer del todo, puesto que fácilmente deviene en paranoia. ¿Y quién quiere más seres moviendo los hilos que apenas logramos asir?

Con información de L.S. Bernstein "Egregore"

Twitter del autor: @alepholo
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"Pay attention and breath". -Terence Mckenna

En un mundo donde nuestra interacción social suele estar mediatizada y nuestras herramientas de trabajo son en sí mismas medios de comunicación que no dejan de emitir mensajes --interminables parpadeos electrónicos en el flujo del tiempo--, la atención se ha convertido en un recurso limitado sumamente codiciado. Según Jason Silva, "la atención es el nuevo petróleo" y "está siendo devorada cada vez más rápido"; en el mercado mediático los gurús del marketing y la comunicación ponen sus mejores esfuerzos al servicio de "capturar y manejar [la atención de las] personas". 

Aunque seamos conscientes de que nuestros medios y nuestros gadgets fomentan el consumo de información breve y segmentada, como en snacks predigeridos, extractos eminentemente visuales o llamativos --poco reflexionamos sobre lo que le sucede a nuestra capacidad de concentrarnos y a la duración de nuestros periodos de atención. Aunque  meditar, desconectarnos a ratos de Internet, salir a caminar al bosque o leer literatura clásica nos pueden situar en otro flujo de tiempo, más amplio, cuyos futos reposados pueden extenderse a todas las áreas de nuestra vida--es indispensable deternernos a observar nuestros hábitos de navegación y la relación que tenemos con nuestros gadgets para implementar estrategias de aprovechamiento (en la voraz competencia por la atención que en ocasiones torna a nuestro cerebro en contra de nosotros mismos).

¿Cuando navegas por internet cuánto tiempo pasas en la misma página? ¿Si te quedas en un mismo sitio por mucho tiempo sientes la urgencia del zapping? ¿Si te encuentras con un artículo cuya extensión va más allá de un par de párrafos y parece tener cierta densidad informativa, te posee una especie de incomodida intelectual y rápidamente te refugias en Facebook? ¿Cuando no tienes "nada" que hacer tomas automáticamente, en un vacío de Pavlov, tu smartphone y te pones a ver fotos en Instagram? ¿Cada cuánto refrescas tu proveedor de mail para ver si ya llegó otro correo? ¿En ocasiones crees escuchar el ringtone de tu télefono sonando, pero cuando lo desbloqueas te das cuenta que fue tu imaginación? ¿Te suele pasar que excedes el tiempo para contestar un captcha (porque se te olvido mientras navegabas por otros sitios) y tienes que esperar 45 minutos más para bajar el disco que querías en páginas como Rapid Gator o Uploaded? ¿Sientes una necesidad física de tener cerca tu celular como si fuera un miembro fantasma? ¿Cuándo fue la última vez que surfeaste la Red sin estar checando updates en alguna red social, divagando como buen ciberfláneur sin sentir el apremio del reloj, en la deriva pura de la data?

Esta es la sintomatología de una atención dividida en la era de la hiperestimulación informativa. No se trata de oponer un puritanismo ludita, sino de reflexionar sobre hasta qué punto nuestros gadgets nos hacen menos eficientes (como sugiere Douglas Rushkoff). Y es que por más que Facebook o Twitter (por citar las redes sociales más populares) sean formidables herramientas para conectarnos con nuestros amigos o encontrar información interesante, su misma naturaleza, aquello que los hace tan atractivos --sus filtros, sus trozos de información relevante constantemente actualizándose que nos hace saltar de un lugar a otro, la misma friendliness de su diseño , etc.-- las hace poco favorables para cultivar nuestra atención y concentrarnos en tareas puntuales de manera más prolija. Es parte de una especie de ennui digital que solemos procrastinar y merodear conectados por horas cuando podríamos haber resuelto alguna tarea específica en 45 minutos de concentración ininterrumpida.  Y después podríamos encontrar el resolano, sin estrés de tener que completar algo, un mundo abierto. (A esto se une el efecto nocivo que tiene la luz brillante de las pantallas después del ocaso, un efecto que nos deja encandilados y enganchados como si fueran una adictiva droga de diseño).

Una investigación de la Universidad Carnegie Mellon mostró que cuando los estudiantes eran interrumpidos con mensajes de texto mientras tomaban un examen sus resultados eran 20% más bajos que cuando sus teléfonos estaban apagados. Según otro estudio, en promedio un grupo de estudiantes lleva su atención a navegar la Web o checar su mail cada dos minutos cuando se encuentra haciendo la tarea en casa con sus propios aparatos. Trabajadores adultos logran enfocarse en una misma tarea sólo 11 minutos.

Ante este estado general de la atención, la profesora de Historia del Arte y Arquitectura de la Universida de Harvard, Jennifer Roberts, ha implementado en su curso la tarea de detenerse a observar una pintura o una escultura por tres horas seguidas. Sobre esta asignatura, que ha recibido cierto eco mediático, escribe Daniel Willingham de la Universidad de Virginia: "Lo que me gusta tanto de esta tarea es que contradice la creencia de que te aburrirás fácilmente si pones tu atención en una sola cosa por mucho tiempo... Cuando cambiamos rápidamente nuestra atención, nos perdemos de cosas que nos pueden dar un entendimiento más profundo del mundo ". Los mismos estudiantes suelen decirle a Roberts que después de esas tres horas han generado algunas de sus mejores ideas e insights sobre el arte y también sobre sus propias vidas.

Según la Dr. Cathy Kerr de la Universidad de Brown el hecho de que nuestra atención se reparta en tantas actividades está causando pequeños cambios en nuestro cerebro --pero practicar la atención sostenida diariamente también resulta en cambios sutiles en nuestro cerebro en otro sentido. Tal es la neuroplasticidad que donde pone la mirada transforma su capacidad de ver. O en palabras de Steven Johnson: "Nuestros pensamientos transforman nuestros espacios y nuestros espacios nos regresan el favor".

Según explica Tony Schwartz, autor de The Energy Project, al igual que durante el sueño, nuestros cuerpo en la vigilia están regidos por un ciclo de 90 minutos --nos movemos de un estado de alerta a uno de fatiga fisiológica en estos intervalos. Es por esto que es importante encontrar una forma de renovación de energía y atención, por lo que se recomienda trabajar concentradamente en una tarea durante una hora y media y luego descansar, meditar o entretenerse con otra cosa por un intervalo de entre 15 y 30 minutos para luego dedicarse a otra tarea. Consejos para una administración del tiempo en la era en la que el ser humano vive en el tiempo de las máquinas (un tiempo en el que todo puede pasar al mismo tiempo). Según Douglas Rushkoff: "En vez de encontrar estabilidad en el aquí y en el ahora, acabamos reaccionando al asalto siempre presente de impulsos y comandos simultáneos" y "sí, podríamos estar en medio de una crisis existencial pero estamos demasido ocupados para notarlo". El resultado del asalto multiventana de la información es que el presente nos resulta un shock.

Achtung, achtung, era el mantra que escuchaba un joven universitario que buscaba ser iniciado en los misterios y dar a luz una nueva conciencia.  No esta de más pedir atención, en la era de la sobreinformación y de la distracción, tenerla es una especie de oro de la mente.

Twitter del autor: @alepholo

Con información de Boston

Imagen de la portada: Carolina Cancanilla