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Testigos aseguran aterrorizados que el tiburón era del tamaño de una casa pequeña o un camión; autoridades de Ciudad del Cabo no han encontrado resto alguno del turista
Great White Shark, South Africa

Cómo si se tratara de un thriller noventero de Hollywood, una playa sudafricana fue sede de un aterrador episodio para aquellos que lo presenciaron: un gigantesco tiburón emergió para devorar a Lloyd Skinner, un turista originario de Zimbabwe.

Skinner nadaba a escasos 100 metros de la playa, en Ciudad del Cabo, cuando el tiburón apareció y en instantes apresó al turista dejando como único rastro una mancha de sangre entre las olas y las gafas de natación de su víctima.

Decenas de testigos aseguraron haber visto a un tiburón de dimensiones gigantescas aproximarse en dos ocasiones a Skinner antes de que este despareciera entre una estela roja. Algunos, quizá influidos por las películas de Jaws, aseguran que se trataba de un Tiburón Blanco:

“El tiburón era más grande que un minibus. Era como una sombra inmensa dirigiéndose hacia una mancha multicolor. De prontó emergió del agua y se llevo a la mancha. Pude ver su maníbula gigante arrastrar hacia el fondo a esta mancha que resultó ser una persona”. Declaró Gregg Coppen, un testigo, a un diario local. Tras presenciar la escena Coppen se apresuró a twittear: "Mierda. Acabamos de ver a un tiburón gigante devorar a lo que parecía una persona. Era gigantesco. Gigantesco tipo dinosaurio”.

Por su parte, Kathy Geldenhuys, quien se encontraba tomando sol en la arena declaró: “Sólo cuando estaba atacando pude ver su aleta, pero después pude ver todo el cuerpo bajo el agua. Era un tiburón realmente grande”

Via The Guardian

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Las nubes: bello capricho de la naturaleza que nos hace soñar, temerles o extrañarlas. Ellas son un hermoso fenómeno natural, determinante en la regulación del clima terrestre.

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Las nubes ejercen diversos efectos reguladores del clima: por una parte, proveen a la Tierra de una protección de los rayos del Sol, disminuyendo la temperatura del planeta y refrescándolo, tanto al reflejar hacia el espacio exterior parte de la radiación que nos llega del Sol, como al distribuir la humedad en sus trayectos por el planeta. Por otra parte, el vapor de agua que constituye las nubes participa de forma importante reteniendo en la atmósfera el calor absorbido que emite la superficie terrestre.

Según la visión de los científicos de la astrofísica y algunos meteorólogos, la formación de nubes se realiza por la acción de rayos cósmicos en nuestra atmósfera. Los rayos cósmicos son pequeñas partículas atómicas que viajan por el espacio a gran velocidad, producto de las constantes explosiones de estrellas en la Vía Láctea, la galaxia en la que se encuentra nuestro Sistema Solar. Al penetrar en la atmósfera terrestre, los rayos cósmicos alteran eléctricamente algunos de los gases que la componen, ionizándolos y liberando electrones que generan núcleos de condensación, necesarios para la formación de nubes. Pero, para evitar que nuestro planeta estuviera total y permanentemente cubierto de nubes, un escudo protector desvía una parte de los rayos cósmicos, creando un balance de cielos claros y nublados. Es el Sol este escudo protector, que a través de la alternancia de sus radiaciones magnéticas impide o permite la entrada de los rayos cósmicos a nuestro planeta. Así, cuando hay poca intensidad magnética del Sol, entran más rayos cósmicos a nuestra atmósfera y se producen nubes de baja altitud. Por el contrario, cuando el Sol está muy activo, pocos rayos cósmicos penetran y no se producen nubes o se producen muy pocas. Durante el siglo XX el campo magnético del Sol aumentó en más del doble su intensidad, desviando una enorme cantidad de rayos cósmicos. Este fenómeno podría explicar el actual aumento de las temperaturas en la Tierra.