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A pesar de la creencia popular, el punto más alto del planeta es el Monte Chimborazo y no el Everest, ya que su altura sumada a la altitud de esa zona de Ecuador superan por 1.5 millas al gigante de los Himalayas

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Al reflexionar sobre cuál es el punto más alto del planeta el imaginario colectivo automáticamente apunta su mirada hacia el Everest. Este mítico monte ubicado en el Himalayas, cerca de Nepal, con 29,035 pies de altura, es probadamente la montaña más alta (sin tomar en cuenta los picos sumergidos en el mar).

Sin embargo, el punto más alto del mundo no es la punta del Everest, sino la del Monte Chimborazo, en Ecuador. Este pico que forma parte de los Andes ecuatorianos apenas supera los 20,000 pies, pero esta ubicado en una de las regiones de mayor altitud en el mundo (la gente de Ecuador, Tanzania, y Kenia se encuentra 13 millas más cerca de la luna que los habitantes de los polos Norte y Sur). La combinación de estos dos factores hacen que la punta del Chimborazo de encuentre 1.5 millas más cercano al cielo que el legendario Everest, y con ello acredite el ser considerada la superficie terrestre más próxima a la bóveda celestial.

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Vía NPR

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Las nubes: bello capricho de la naturaleza que nos hace soñar, temerles o extrañarlas. Ellas son un hermoso fenómeno natural, determinante en la regulación del clima terrestre.

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Las nubes ejercen diversos efectos reguladores del clima: por una parte, proveen a la Tierra de una protección de los rayos del Sol, disminuyendo la temperatura del planeta y refrescándolo, tanto al reflejar hacia el espacio exterior parte de la radiación que nos llega del Sol, como al distribuir la humedad en sus trayectos por el planeta. Por otra parte, el vapor de agua que constituye las nubes participa de forma importante reteniendo en la atmósfera el calor absorbido que emite la superficie terrestre.

Según la visión de los científicos de la astrofísica y algunos meteorólogos, la formación de nubes se realiza por la acción de rayos cósmicos en nuestra atmósfera. Los rayos cósmicos son pequeñas partículas atómicas que viajan por el espacio a gran velocidad, producto de las constantes explosiones de estrellas en la Vía Láctea, la galaxia en la que se encuentra nuestro Sistema Solar. Al penetrar en la atmósfera terrestre, los rayos cósmicos alteran eléctricamente algunos de los gases que la componen, ionizándolos y liberando electrones que generan núcleos de condensación, necesarios para la formación de nubes. Pero, para evitar que nuestro planeta estuviera total y permanentemente cubierto de nubes, un escudo protector desvía una parte de los rayos cósmicos, creando un balance de cielos claros y nublados. Es el Sol este escudo protector, que a través de la alternancia de sus radiaciones magnéticas impide o permite la entrada de los rayos cósmicos a nuestro planeta. Así, cuando hay poca intensidad magnética del Sol, entran más rayos cósmicos a nuestra atmósfera y se producen nubes de baja altitud. Por el contrario, cuando el Sol está muy activo, pocos rayos cósmicos penetran y no se producen nubes o se producen muy pocas. Durante el siglo XX el campo magnético del Sol aumentó en más del doble su intensidad, desviando una enorme cantidad de rayos cósmicos. Este fenómeno podría explicar el actual aumento de las temperaturas en la Tierra.