PUNTO DE NO RETORNO: El avance de la dercha (y de la ignorancia) en América Latina y el mundo
Sociedad
Por: Juan Pablo Carrillo Hernández - 08/09/2026
Por: Juan Pablo Carrillo Hernández - 08/09/2026
Cuando Marx y Engels escribieron su famosa frase “un fantasma recorre el mundo”, en el Manifiesto del Partido Comunista, con toda seguridad tenían en mente un panorama mucho más optimista y esperanzador que el que presenciamos actualmente.
Aun con todas las adversidades que el capitalismo supone –la acumulación irrestricta, la explotación igualmente sin más límites que los que puede imponer el campo del real, la codicia, entre otros–, muy pocos previeron la época de ignorancia y cuasi barbarie a la que nos estamos encaminando, sin que parezca haber un freno contundente para esa debacle, que por lo mismo parece inminente.
La tontería siempre ha existido, por supuesto, pero si algo parece inédito en nuestra época es que se le celebra y se le encumbra, lo cual es radicalmente opuesto al tratamiento que mereció antes la estupidez humana. Al tonto, al bufón, al gracioso, se le toleraba, se le reservaba un lugar en la sociedad, incluso se le daba voz y se le prestaba oídos para lo que quería decir, pero poco más que eso. Lo valioso estaba puesto en otra parte. En el trabajo y el estudio, por principio de cuentas; en los principios de cierta idea de civilización tales como el diálogo, la paz, la justicia. También en el esfuerzo y la honestidad.
Ahora en cambio, los tontos, los ignorantes y los abusivos —todo aquello en contra de la idea anterior de convivencia valiosa— está siendo encumbrado. Los tontos de nuestra época, de todo tipo –famosos de tiempo completo y de ocasión–, tienen millones de views cada día. Hay otro tanto de miles y quizá millones de personas que se dejan guiar por sus opiniones. Y no sólo eso. ¡Incluso los tontos se están convirtiendo en presidentes de países constituidos! Porque tontos e ignorantes son Donald Trump, Javier Milei y más recientemente Abelardo de la Espriella, a quien le pareció impostergable, como uno de sus primeros actos como presidente de Colombia, romper relaciones con países a los que consideró “tiranías”. Entre otras, de la Espriella ordenó cerrar las sedes diplomáticas de Argelia, República Checa, Cuba, Nicaragua, Senegal y Sudáfrica.
Pero más allá de eso, de la Espriella llega a la presidencia de Colombia con una trayectoria bastante floja como abogado y “empresario”, sin realmente destacar en ninguna actividad. Su mayor mérito parece ser haberse inscrito con “éxito” en la cultura dominante de la época, la de la polémica, la superficialidad… y los influencers.
Y así es como otro ignorante pasó a gobernar un país, con todo lo que eso implica. Y tal parecer ser que la ignorancia, en vez de perder terreno, cada vez va ganando más, con beneplácito de algunos e indiferencia de la mayoría.