De «Sing Street» a «Power Ballad»: el nuevo capítulo musical en el cine de John Carney
Arte
Por: Jonathan Flores - 06/15/2026
Por: Jonathan Flores - 06/15/2026
Mucho tiempo ha pasado desde que John Carney entregó una de las películas musicales más conmovedoras y celebradas de la década pasada. Hablamos de Sing Street (2016), una cinta que rápidamente se convirtió en favorita del público gracias a su historia de crecimiento personal, su energía juvenil y un soundtrack que trascendió la pantalla para convertirse en parte esencial de su identidad.
La relación de Carney con la música siempre ha sido el corazón de su cine. Desde Once (2007), ganadora del Óscar a Mejor Canción Original por Falling Slowly, hasta Begin Again (2013) y la ya mencionada Sing Street, el director irlandés ha construido una filmografía donde los personajes encuentran su voz —literal y emocionalmente— a través de las canciones. Más que utilizar la música como acompañamiento, Carney la convierte en un vehículo narrativo capaz de expresar aquello que los personajes no pueden decir con palabras.
Ahora, el director regresa con Letras Robadas (Power Ballad, 2025), una nueva propuesta que conserva gran parte de las señas de identidad de su cine, tanto en su sensibilidad narrativa como en su cuidada selección musical. La película está protagonizada por Paul Rudd y Nick Jonas, dos intérpretes que representan polos opuestos dentro de una misma industria.
La historia sigue a Rick (Paul Rudd), el vocalista de una banda de bodas que, más allá de interpretar éxitos ajenos, sueña con vivir de las canciones que escribe. Del otro lado está Danny (Nick Jonas), un integrante de una exitosa boy band que busca construir una carrera en solitario dentro de una industria musical tan seductora como despiadada.
Las películas de Carney rara vez destacan por desarrollar tramas complejas o conflictos particularmente elaborados. Su interés siempre ha estado en los personajes, en la manera en que conectamos con sus aspiraciones, frustraciones y deseos. El espectador suele involucrarse porque quiere verlos triunfar, encontrar el amor o descubrir quiénes son realmente. Power Ballad conserva esa esencia, aunque también representa una de las propuestas más sencillas de toda su filmografía.
El principal conflicto planteado desde los avances promocionales es prácticamente el mismo que sostiene la totalidad del relato. El problema es que la película añade pocas capas adicionales a esa premisa inicial, lo que termina restándole fuerza dramática. Sin embargo, existe una decisión interesante detrás de esta aparente limitación: la historia evita construir un enfrentamiento tradicional entre héroe y villano. Aunque las acciones que desencadenan el conflicto son cuestionables, la película jamás busca que el público condene por completo a alguno de sus protagonistas. Como la propia cinta señala en distintos momentos, ambos son, en esencia, buenas personas intentando navegar una situación complicada.
Paul Rudd se convierte fácilmente en el mayor atractivo de la película. Su carisma natural y la química que desarrolla con uno de los personajes secundarios generan algunos de los mejores momentos del metraje. La dinámica entre ambos resulta tan entretenida que por momentos uno desearía estar viendo una película centrada únicamente en sus aventuras y desventuras cotidianas.
Por su parte, Nick Jonas demuestra una presencia musical innegable y cumple con solvencia en las secuencias interpretativas. Sin embargo, en el terreno dramático su actuación puede sentirse algo rígida, particularmente en los momentos que exigen una mayor carga emocional. Al tratarse del principal contrapeso de Rudd, esta falta de naturalidad termina afectando parte del impacto que la historia busca construir.
Letras Robadas es una película cumplidora y fácilmente reconocible dentro de la obra de John Carney. Quienes disfrutan de su cine encontrarán nuevamente personajes entrañables, canciones pegajosas y una historia capaz de arrancar alguna lágrima en el momento adecuado. Aun así, también es una de sus propuestas menos inspiradas.
Lo que más se extraña es el extraordinario uso narrativo de la música que distinguió a títulos como Once, Begin Again y Sing Street. En aquellas películas, las canciones impulsaban la historia y revelaban aspectos fundamentales de los personajes. Aquí, gran parte de la experiencia gira alrededor de un único gran éxito musical. Como consecuencia, si esa canción no logra conectar con el espectador, buena parte del encanto de la película pierde fuerza y puede llegar a sentirse repetitiva.
Quizá ese sea el mayor problema de Power Ballad: sigue sonando como una película de John Carney, pero rara vez alcanza las notas más altas de sus mejores composiciones.