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Valentina Vapaux y «Generación Z»: entre la conexión constante y la sensación de vacío

Libros

Por: Carolina De La Torre - 03/29/2026

El libro Generación Z analiza cómo internet, las redes sociales y las apps de citas influyen en la identidad, el amor y la salud mental de los jóvenes

En un contexto donde las redes sociales atraviesan prácticamente todos los aspectos de la vida cotidiana, hablar de la Generación Z se ha vuelto una constante. Sin embargo, pocas veces esa conversación parte desde la experiencia directa de quienes la habitan.

Ese es el punto de partida de Valentina Vapaux en Generación Z, un libro que se construye a partir de vivencias personales, conversaciones con otros jóvenes y una serie de observaciones sobre cómo internet, las relaciones y la identidad se entrelazan en esta generación.

Desde ahí surge una de las ideas centrales: una juventud que proyecta felicidad en redes sociales, pero que convive con incertidumbre, ansiedad y una constante búsqueda de validación.

“Yo comencé a escribir este libro con esa pregunta… ver mis problemas y decir: ¿esto es algo individual o es algo más amplio?”, comenta Vapaux. La respuesta, explica, fue tomando forma a partir del diálogo con personas de su misma generación: “fue el momento de hablar con otros… donde entendí que no es algo que solo me pasa a mí, sino a mi generación entera”.

El libro no intenta posicionarse como un análisis académico, sino más bien como un ejercicio de observación desde dentro. En ese sentido, la propia autora reconoce que su lugar como parte de la generación influye directamente en la forma en la que la retrata. “No puedo solo criticarla, pero tampoco romantizarla”, señala, en referencia a las lecturas más polarizadas que suelen hacerse sobre los jóvenes hoy.

Uno de los ejes que atraviesa el libro es el papel de internet. No solo como herramienta, sino como un entorno que influye en la forma en la que las personas piensan, se relacionan y se perciben a sí mismas. “Los feeds son tan personalizados que refuerzan lo que ya pensamos”, explica. En ese sentido, más que abrir perspectivas, las redes pueden reforzar ciertas ideas y dinámicas preexistentes.

Esa lógica también impacta en la forma en la que se experimenta la conexión con otros. Vapaux retoma el concepto de “instasoledad” para describir una sensación que atraviesa a muchos jóvenes: estar constantemente en contacto, pero no necesariamente sentirse vistos.

Sobre esto, distingue dos experiencias distintas. Por un lado, la de no ser visto: “es un dolor muy grande… que puede crear problemas intensos de salud mental”. Por otro, la de ser percibido de forma incompleta: “es más confusión”, dice, al hablar de cómo en redes sociales solo se muestran fragmentos de la identidad. “Cuando subo contenido siempre es una versión muy reducida… hay personas que me conocen solo para una cosa”.

En el terreno de las relaciones, el libro también aborda el papel de las aplicaciones de citas. “Es como un catálogo de personas”, señala. Desde su experiencia, estas plataformas pueden reforzar dinámicas de validación inmediata más que de conexión real, especialmente en momentos de inseguridad: “yo solo quería ver si alguien me daba like”.

Sin embargo, matiza que el problema no está únicamente en las herramientas, sino en el uso que se les da. En su caso, menciona que ha encontrado formas más funcionales de utilizarlas, por ejemplo, como un medio para conocer personas fuera del entorno digital. “Usarlo como un trampolín… y brincar a la vida real”.

Otro de los temas que atraviesa el libro es la construcción de la feminidad y la sexualidad en entornos digitales. Vapaux plantea que, si bien ha habido avances importantes en términos de libertad e identidad, también han surgido nuevas formas de presión.

Describe este proceso como una especie de movimiento en dos direcciones: por un lado, mayor apertura y posibilidad de elección; por otro, estándares cada vez más exigentes. “Ahora tienes que ser la mujer perfecta… exitosa, bonita, con vida social”, comenta, señalando que estas expectativas no sustituyen las anteriores, sino que se suman.

En este contexto, las redes sociales juegan un papel importante al amplificar ciertos modelos de belleza y estilo de vida. “Podemos hacer un scroll infinito y encontrar más personas que pensamos que están mejor que nosotros”, dice. Una dinámica que, según menciona, puede intensificar inseguridades, especialmente entre mujeres jóvenes.

Sobre los influencers, Vapaux considera que no se trata de un fenómeno completamente nuevo, sino de una evolución de formas previas de consumo cultural. La diferencia, apunta, está en la intensidad. “No es lo mismo ver una película que ver miles de reels”, explica. Y añade que esta saturación puede generar una sensación de vacío más que de inspiración: “ves muchas cosas… y luego no sabes qué viste”.

A pesar de este panorama, la autora no plantea una visión completamente pesimista. Desde su perspectiva, hay elementos dentro de la propia generación que abren posibilidades distintas. “Somos muy luchadores… aprendimos que lo que sentimos es importante”, afirma.

En ese sentido, identifica una mayor disposición a hablar de temas antes considerados tabú, así como una sensibilidad hacia problemáticas sociales y ambientales. “Eso me da esperanza… también a generaciones mayores les da esa sensación de que el mundo está en buenas manos”.

Más que ofrecer conclusiones, Generación Z funciona como una serie de aproximaciones a experiencias compartidas. Algunas más desarrolladas que otras, pero atravesadas por una misma intención: poner en palabras lo que muchas veces se vive de forma dispersa.

En ese proceso, el libro deja ver tanto los alcances como los límites de mirar una generación desde la experiencia propia. Y quizá ahí radica una de sus claves: no tanto en un análisis complejo generacional, sino en continuar una conversación que sigue en construcción.


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Imagen de portada: Especial