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Teotihuacán reabrirá un museo cerrado por más de dos décadas como parte de un plan de restauración del INAH que incluye mejoras en infraestructura, servicios y zonas arqueológicas clave rumbo al Mundial 2026

Teotihuacán se prepara para una nueva etapa. Uno de sus museos, cerrado desde hace más de 20 años, volverá a abrir sus puertas como parte de un plan de restauración más amplio que busca mejorar la experiencia dentro de la zona arqueológica.

El proyecto forma parte de una estrategia impulsada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que contempla la intervención de 46 zonas arqueológicas y 12 museos en todo el país. En total, se destinarán alrededor de 400 millones de pesos en trabajos que abarcan desde conservación hasta mejoras en servicios para visitantes.

Este plan se enmarca en los preparativos culturales rumbo a la Copa Mundial de la FIFA 2026, un evento que traerá a millones de personas a México. Sin embargo, las autoridades han insistido en que las intervenciones no están pensadas únicamente para el turismo internacional, sino también para quienes recorren estos espacios de manera cotidiana desde el país.

En el caso de Teotihuacán, la inversión ronda los 30 millones de pesos. Uno de los cambios más esperados es la reapertura de un museo que permaneció fuera de operación durante más de dos décadas. Se prevé que vuelva a recibir visitantes entre finales de mayo y principios de junio. Más allá de su apertura, el trabajo se ha enfocado en mejorar la manera en que el público accede, recorre y entiende el espacio.

A la par, se han realizado ajustes en la infraestructura general. Entre ellos, trabajos de pavimentación en coordinación con la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, así como la instalación de zonas de sombra y espacios pensados para personas mayores. La intención es hacer el recorrido más accesible y cómodo, sin intervenir de forma agresiva en el entorno arqueológico.

Otro de los puntos clave es la rehabilitación de estructuras vinculadas al juego de pelota, una práctica central en diversas culturas mesoamericanas. En varias de las zonas intervenidas se están recuperando estos espacios, lo que permite ampliar la lectura histórica del sitio y entender mejor su organización social y ritual.

Las acciones no se limitan a Teotihuacán. Sitios como el Templo Mayor y Chichén Itzá también forman parte de este programa. En todos los casos, se trata de intervenciones profundas que buscan equilibrar la conservación del patrimonio con una experiencia más clara para el visitante.

Este tipo de proyectos suele moverse entre dos necesidades: proteger el pasado y hacerlo comprensible en el presente. En ese cruce, la reapertura del museo en Teotihuacán marca un momento relevante. No solo recupera un espacio que llevaba años cerrado, también actualiza la forma en que se presenta la historia del lugar.

Con estos cambios, el sitio se adapta a un flujo mayor de visitantes y a nuevas formas de recorrerlo. La experiencia se vuelve más accesible, más ordenada y, sobre todo, más fácil de leer para quienes llegan sin contexto previo. En un espacio con tanta carga histórica, eso puede hacer toda la diferencia.


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Imagen de portada: Researchgate