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Un hallazgo en Maastricht podría corresponder a d’Artagnan, el mosquetero que inspiró Los tres mosqueteros; análisis científicos buscan confirmarlo

Un esqueleto encontrado bajo el altar de una iglesia en Maastricht volvió a poner sobre la mesa una pregunta que lleva más de tres siglos sin respuesta clara: ¿dónde terminó realmente el cuerpo de d’Artagnan? Lo que comenzó como una reparación menor en el suelo del templo terminó por abrir una línea de investigación que conecta historia, literatura y ciencia forense.

El hallazgo ocurrió en la iglesia de San Pedro y San Pablo, en los Países Bajos, cuando trabajadores retiraron unas baldosas deterioradas y encontraron restos humanos enterrados en un punto que no era casual. El cuerpo estaba justo debajo del altar, un lugar que, en el siglo XVII, se reservaba para personas de alto rango o relevancia. Esa ubicación fue la primera señal de que no se trataba de un entierro cualquiera.

Una búsqueda que llevaba años en marcha

El arqueólogo Wim Dijkman, quien ha seguido durante años la pista del mosquetero, fue llamado para examinar los restos. Su interés no es reciente. Desde hace más de dos décadas buscaba permiso para excavar en esa iglesia, convencido de que el lugar podía albergar pistas sobre el destino final de Charles de Batz de Castelmore, conocido como d’Artagnan. La aparición del esqueleto cambió por completo el escenario: lo que antes era una hipótesis, ahora tenía materia concreta que analizar.

Del militar al personaje

D’Artagnan no nació como personaje literario. Fue un militar francés que sirvió bajo el reinado de Luis XIV y que participó en campañas clave de su tiempo. Murió en 1673 durante el asedio de Maastricht, en medio de un conflicto entre Francia y los territorios neerlandeses. Las crónicas coinciden en que recibió un disparo de mosquete en combate, una herida que habría sido fatal en el momento.

Décadas más tarde, Alexandre Dumas retomó su figura para construir al protagonista de Los tres mosqueteros, una obra que terminó por consolidarlo como símbolo de lealtad, valentía y aventura. Desde entonces, la imagen del mosquetero ha estado más ligada a la ficción que a los registros históricos, lo que ha hecho más difuso todo lo relacionado con su muerte y su entierro.

Las pistas bajo el altar

En este contexto, los elementos encontrados junto al esqueleto adquieren peso. En la tumba apareció una moneda francesa de la época, acuñada alrededor de 1660, así como una bala de mosquete. Además, los primeros análisis indican una lesión en el cuerpo compatible con un impacto de proyectil, lo que coincide con las descripciones históricas de la muerte de d’Artagnan. No se trata de una prueba definitiva, pero sí de una suma de indicios que apuntan en la misma dirección.

Durante años, algunos investigadores sostuvieron que el mosquetero fue enterrado en Maastricht, cerca del lugar donde cayó en combate, ya que las condiciones de la guerra hacían poco viable trasladar su cuerpo a Francia. Aun así, esa idea nunca había podido sostenerse con evidencia física. El hallazgo actual, aunque todavía en evaluación, abre por primera vez la posibilidad de confirmar esa versión.

La prueba pendiente

El proceso, sin embargo, requiere tiempo. Se han tomado muestras de ADN, principalmente de piezas dentales, que serán comparadas con material genético de posibles descendientes de la familia de Batz. A esto se suman análisis de isótopos que pueden ayudar a determinar la región en la que creció la persona, un dato clave para reforzar o descartar la hipótesis.

Dijkman ha insistido en la necesidad de mantener cautela. La coincidencia entre los restos y los registros históricos resulta llamativa, pero todavía no alcanza para una conclusión definitiva. En este tipo de investigaciones, la expectativa suele ir por delante de la evidencia, y el margen de error debe reducirse al máximo antes de afirmar cualquier cosa.

Cuando el mito toca tierra

Más allá de la confirmación, el hallazgo plantea una lectura interesante sobre la relación entre historia y relato. La figura de d’Artagnan ha sido moldeada durante siglos por adaptaciones, reinterpretaciones y lecturas que lo convirtieron en un referente cultural mucho más amplio que su biografía real. Encontrar sus posibles restos no solo implicaría cerrar un capítulo histórico, también obligaría a mirar de nuevo al personaje desde otro lugar.

El mosquetero dejaría de ser únicamente una figura narrativa para recuperar su dimensión humana, anclada a un cuerpo, a un contexto y a un final específico. Esa transición, del mito al registro tangible, es lo que mantiene la atención puesta en Maastricht, mientras la ciencia intenta responder una pregunta que la literatura dejó abierta.


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Imagen de portada: La jornada