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Chernóbil y los animales que desafiaron la radiación: lobos y perros con resistencia al cáncer

Ciencia

Por: Carolina De La Torre - 03/18/2026

A casi 40 años del Accidente de Chernóbil, estudios científicos revelan que lobos y perros de la zona de exclusión han desarrollado adaptaciones genéticas que podrían hacerlos más resistentes al cáncer, abriendo nuevas líneas de investigación médica

En 1986, el Accidente de Chernóbil marcó un antes y un después en la historia ambiental del mundo. La explosión del reactor 4 liberó una cantidad masiva de radiación que obligó a evacuar ciudades enteras como Prípiat y a establecer una zona de exclusión de aproximadamente 30 kilómetros. Desde entonces, ese territorio permanece prácticamente vacío de presencia humana. Pero no de vida.

Con el paso de las décadas, distintos animales comenzaron a habitar ese espacio que, en teoría, debía ser inhabitable. Entre ellos, hay dos que han llamado especialmente la atención de la comunidad científica: los lobos y los perros asilvestrados. No solo han logrado sobrevivir, sino que parecen haber desarrollado algo mucho más complejo: una resistencia inusual al cáncer.

La historia comenzó a tomar forma en 2014, cuando la bióloga Cara Love y su equipo, desde la Universidad de Princeton, viajaron a la zona de exclusión para estudiar cómo estos animales estaban enfrentando un entorno saturado de radiación. Colocaron collares con GPS a varios lobos y tomaron muestras de sangre para analizar qué estaba ocurriendo a nivel genético.

Los resultados fueron tan inquietantes como fascinantes. Los lobos están expuestos diariamente a niveles de radiación que superan varias veces los límites considerados seguros para los humanos. Aun así, no solo sobreviven: su organismo parece haber encontrado formas de adaptarse. Algunas regiones de su genoma muestran modificaciones que podrían estar relacionadas con una mayor resistencia a los efectos cancerígenos de la radiación.

Este tipo de adaptación no significa que sean inmunes, pero sí que tienen menos probabilidades de desarrollar cáncer o, en caso de hacerlo, más posibilidades de sobrevivir. Lo que más intriga a los investigadores es que estos cambios no son superficiales. Están profundamente ligados a su sistema inmunológico.

De hecho, uno de los hallazgos más interesantes es que el sistema inmune de estos animales funciona de manera similar al de pacientes humanos que han recibido radioterapia. En estos casos, el tratamiento suele debilitar las defensas, dejando al cuerpo más vulnerable a infecciones. Sin embargo, los lobos de Chernóbil parecen haber sorteado ese efecto secundario. Viven en un entorno hostil, con alta carga de radiación y patógenos, y aun así prosperan.

No es un detalle menor. Los lobos ocupan la cima de la cadena alimenticia dentro de la zona de exclusión. Esto significa que no solo están expuestos a la radiación del ambiente, sino también a la que se acumula en los cuerpos de los animales que consumen. A pesar de ello, su población es incluso más densa que en algunas reservas naturales de Europa del Este.

En paralelo, los perros asilvestrados —descendientes de mascotas que fueron abandonadas durante la evacuación— también han mostrado cambios genéticos. Estudios realizados entre 2017 y 2019 identificaron diferencias en su ADN en comparación con otros perros fuera de la zona. Algunos de estos animales viven incluso dentro del perímetro de la antigua central nuclear, donde los niveles de radiación siguen siendo elevados.

¿Cómo ocurrió esto? La explicación más aceptada apunta a un proceso acelerado de selección natural. En las primeras generaciones tras el accidente, algunos individuos pudieron haber tenido mutaciones que les permitieron resistir mejor la radiación. Esos sobrevivieron. Y transmitieron esas características a sus descendientes. Con el tiempo, esa resistencia se volvió más común dentro de la población.

Este fenómeno no solo reconfigura lo que entendemos sobre la capacidad de adaptación de la vida, también abre una posibilidad inesperada. Si los científicos logran identificar qué genes están involucrados en esta resistencia, podrían aportar pistas valiosas para la investigación del cáncer en humanos.

Hoy, la zona de exclusión de Chernóbil sigue siendo un territorio marcado por la tragedia. Pero también se ha convertido en un laboratorio vivo, donde la evolución ocurre frente a nuestros ojos, en silencio, sin dramatismo, pero con consecuencias profundas.


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Imagen de portada: La republica