Espacio Holanda llega a Aztlán Feria de Chapultepec: helado, juego y experiencia en un solo lugar
AlterCultura
Por: Carolina De La Torre - 03/25/2026
Por: Carolina De La Torre - 03/25/2026
En la Ciudad de México, los planes ya no se buscan, se descubren casi por accidente. Entre ferias, parques y espacios que se reinventan, hay lugares que entienden que salir no es solo salir, sino encontrar algo que valga la pena quedarse un rato más. En ese contexto aparece una nueva propuesta que gira alrededor de algo tan cotidiano como un helado, pero llevado a otro nivel.
Dentro de Aztlán Feria de Chapultepec, en la segunda sección del Bosque de Chapultepec, se acaba de inaugurar Espacio Holanda, un concepto impulsado por The Magnum Ice Cream Company que busca transformar ese momento simple de elegir un sabor en una experiencia mucho más completa, interactiva y compartida.

No se trata solo de una heladería. La idea es que el visitante entre a un recorrido donde el helado es el punto de partida, pero no el único protagonista. Desde el inicio, el espacio propone una especie de juego: pantallas interactivas que preguntan cómo te sientes y, a partir de eso, sugieren qué helado podría ir mejor contigo. Puede parecer un detalle menor, pero marca el tono de todo lo que viene después: una experiencia pensada para involucrarte, no solo para servirte algo.

En el centro está la barra de helados, que conserva lo clásico —elegir sabores, decidir entre cono o vaso—, pero suma opciones de personalización que la hacen más cercana a un pequeño laboratorio de antojos. Hay más de diez sabores y distintas combinaciones posibles, además de productos reconocibles del portafolio de la marca, lo que permite que cada quien arme algo muy a su medida.
Uno de los puntos más llamativos es la llegada del MAGNUM Bar, una experiencia que ya existe en ciudades como Nueva York o París y que ahora aterriza en México. Aquí el proceso se vuelve casi performático: eliges tu helado, decides coberturas, toppings y combinaciones, y ves cómo se arma frente a ti. Hay pistache, arándanos, chispas, galleta, incluso detalles más visuales como glitter comestible. Todo pensado para que el resultado no solo se coma, sino que también se presuma.
Esa parte visual no es casual. El espacio incluye zonas diseñadas para capturar el momento, especialmente dentro de la icónica silueta de Magnum, donde el helado se vuelve también contenido. Es un guiño claro a la forma en que hoy se consumen las experiencias: vivirlas y compartirlas casi al mismo tiempo.

Pero no todo gira en lo inmediato. También hay una terraza que invita a bajar el ritmo. Un lugar para sentarse, ver el movimiento del parque y extender ese momento que normalmente dura lo que tarda en derretirse un helado. Aquí la experiencia se vuelve más pausada, más social, más cercana a la idea de estar con alguien sin prisa.
El espacio se completa con una línea de souvenirs exclusivos que solo se pueden conseguir ahí, lo que convierte la visita en algo que puede llevarse más allá del momento. No es solo recordar lo que comiste, sino también lo que viviste.
La llegada de Espacio Holanda encaja de forma natural con lo que Aztlán Feria de Chapultepec ha buscado construir: un lugar donde conviven entretenimiento, cultura y propuestas gastronómicas en un mismo recorrido. Con más de 58 mil metros cuadrados y múltiples atracciones, el parque se ha ido posicionando como uno de los puntos clave para pasar el día en la ciudad, y este nuevo espacio suma una capa distinta, más sensorial y participativa.

Detrás de todo esto hay también una intención clara por parte de The Magnum Ice Cream Company: ir más allá del producto. Apostar por experiencias que conecten con las personas desde lo emocional, desde el juego, desde la memoria. Porque al final, un helado puede ser solo un helado, pero también puede ser una excusa para detenerse, elegir, compartir y, por un momento, habitar algo distinto.
Espacio Holanda ya está abierto al público y se integra al recorrido del parque como una parada casi inevitable, justo frente a la rueda Aztlán 360 y cerca del área gastronómica. Un lugar que no pide demasiado tiempo, pero que fácilmente puede quedarse más del que uno pensaba.