Michelle Godet y la revolución afectiva: amar sin dejar de ser uno mismo
Arte
Por: Carolina De La Torre - 02/13/2026
Por: Carolina De La Torre - 02/13/2026
Hay títulos que prometen respuestas. Y hay otros, como Lo que sabemos de lo que no sabemos del amor, que desde el inicio nos colocan en la duda. En el Foro Lucerna, este musical original mexicano decide no idealizar el amor: lo canta, lo cuestiona y lo descompone. Michelle Godet, quien interpreta a Alicia, lo tiene claro: “Vivimos en una sociedad donde nos dictan mucho el deber ser… en todos los aspectos. Y aquí justo se plantea todo eso que realmente no sabemos del amor”.
Para ella, el clic fue inmediato. No solo por la premisa, sino por lo personal. “Conecté con alguna que otra relación que he tenido. A veces pensamos que las formas de amor son siempre las mismas, o lo que las demás relaciones traen, y en realidad no nos damos la oportunidad de conocer a la persona y entender que cada quien tiene su diferente forma de amar”.
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La obra toca temas que hoy incomodan y dividen conversaciones: relaciones abiertas, poligamia, nuevas formas de vincularnos. Pero lejos de escandalizar, propone mirar desde otro ángulo. “Está padre verlo plasmado en una obra porque te da otra perspectiva. Hay veces que la gente se espanta mucho… y aquí puedes entender por qué la gente decide amar de esta manera”.
Más que promesa, Michelle lo nombra como una “crisis bonita”. Cuando le preguntamos si esta revolución afectiva es una promesa o una fractura, responde sin rodeos: “Yo creo que es un poco de ambas, pero más bien podría ser una crisis en la obra. Una crisis que desata algo muy bonito: más unión, caídas de veintes, conexión, catarsis”. Y agrega algo que resuena más allá del escenario: “Disfruto mi presente, estoy aquí ahora y disfruto el hoy decidir estar contigo”.
Alicia, su personaje, no ha sido sencillo. “Ha sido el personaje más difícil que me ha tocado hacer en toda mi trayectoria como actriz”, confiesa. Llegó en un momento personal delicado, cuando dudaba de su camino. “Yo decía: ya no quiero nada. Y siempre he sido de la creencia de que los personajes te eligen. Alicia llegó en un momento muy importante en mi vida”.
El reto fue emocional, vocal y también identitario. Alicia es bisexual; Michelle no lo es. “Encontrar esta energía diferente a la de Mitch ha sido un gran reto. Nunca había besado a una mujer, spoiler alerta”, dice entre risas. “Al principio sí me costó… decía: tengo que enamorarme de una mujer, ¿no? Pero bendito teatro. Son gajes del oficio”.
La música fue el puente. “Cuando ya no hay palabras para decirlo, hay que cantarlo”, afirma. La partitura original —compuesta por José Ignacio Martínez y Joey Benjamín Pérez— no adorna la historia, la sostiene. “Empieza la música y te conecta con la emoción, con el espacio, con la circunstancia. Cada canción tiene un beat distinto: hay desesperación, amor, pasión, baladas, momentos más roqueados… es una joya”.

En medio de los prejuicios que todavía existen hacia el teatro musical, Michelle invita a darse la oportunidad. “No es de esos musicales que dicen tres palabras y cantan todo el tiempo. Tiene mucho texto y las canciones entran en momentos muy específicos, todo se siente orgánico”. Incluso su propio padre —perteneciente a otra generación— salió sorprendido: “Me encantó la obra”, le dijo. Para ella, eso fue una pequeña prueba de fuego.
Pero quizá lo más potente no está en el debate sobre las formas de amar, sino en lo que Alicia le enseñó a Michelle sobre sí misma. Hay una frase que atraviesa la obra: “Un corazón extraordinario sintiéndose ordinario”. La actriz se quiebra un poco al recordarla. “Yo sé lo extraordinaria que puedo ser, pero muchas veces me digo sintiéndome muy ordinaria”. Alicia llegó para recordarle lo contrario: “Aceptálo y abrázalo y créete lo extraordinaria que eres”.
Y ahí es donde el musical deja de ser un manifiesto sobre poligamia o revolución afectiva y se convierte en algo más íntimo. Cada personaje tiene una grieta reconocible. “La gente no nada más va a conectar con Alicia. Cada uno tiene algo con lo que puedes identificarte. No importa si tienes una relación abierta, cerrada, heterosexual, homosexual… o si ni siquiera estás en pareja”.
Porque al final, más allá del debate contemporáneo, la pregunta sigue siendo antigua: ¿cómo amar sin dejar de ser uno mismo?
Michelle sonríe cuando invita al público: “Van a salir sintiéndose cambiados, con otra perspectiva. Y si no, por lo menos se van a divertir y van a escuchar canciones preciosas, eso se los aseguro”.
Quizá no salgamos sabiendo más sobre el amor. Pero sí un poco más conscientes de lo que todavía no sabemos. Y a veces, eso basta.