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La ciencia explica cómo leer ficción activa las áreas del cerebro relacionadas con la empatía, la comprensión emocional y la toma de decisiones sociales, más allá del simple entretenimiento

Leer ficción no es solo un acto de entretenimiento o evasión. Distintas investigaciones en psicología y neurociencia llevan años observando un fenómeno insistente: quienes leen ficción con frecuencia suelen comprender mejor a otras personas. No se trata de una intuición romántica sobre los libros, sino de un efecto medible en el cerebro y en la forma en que tomamos decisiones sociales y morales.

La investigación, titulada Reading fiction and reading minds: the role of simulation in the default network, fue realizada por David A. Dodell-Feder, Diana I. Tamir, Jason P. Mitchell y Rebecca Saxe, y publicada en la revista Social Cognitive and Affective Neuroscience. Se propuso responder una pregunta concreta: ¿por qué leer ficción mejora la empatía y la capacidad de entender los pensamientos y emociones ajenas? La respuesta no está únicamente en las historias, sino en los procesos mentales que activamos al leerlas.

La mente cuando lee: simular otros mundos y otras mentes

Cuando leemos ficción, nuestra mente hace algo muy específico: simula. No solo imaginamos espacios, escenas o movimientos, también ensayamos estados mentales, intenciones y emociones de personajes que no existen o que están lejos de nuestra experiencia inmediata. Este ejercicio activa una red cerebral conocida como red por defecto, una estructura que se enciende cuando pensamos en el pasado, el futuro o en la perspectiva de otras personas.

El estudio observó que esta red no funciona como un bloque uniforme. En realidad, se divide en distintos sistemas especializados. Uno de ellos se activa cuando el texto es muy visual y descriptivo, cuando nos pide imaginar espacios físicos con claridad. Otro se activa cuando el texto se centra en personas, relaciones, pensamientos e intenciones.

Esta distinción es clave. No es lo mismo leer una descripción detallada de un paisaje que entrar en la mente de un personaje que duda, miente, desea o se equivoca.
No toda la lectura produce el mismo efecto

Los investigadores diseñaron fragmentos de lectura con dos variables principales: qué tan vívidos eran y si contenían o no contenido social. Algunos textos describían escenas físicas con gran detalle, otros utilizaban un lenguaje más abstracto. Algunos hablaban de personas y estados mentales, otros no.

Los resultados mostraron algo muy claro:

  •   Las descripciones visuales activan áreas del cerebro relacionadas con la memoria y la construcción de escenas.
  •   Los textos con contenido social activan regiones vinculadas directamente con la teoría de la mente, es decir, la capacidad de entender lo que otros piensan o sienten.

Este segundo sistema, ubicado principalmente en la corteza prefrontal dorsomedial, fue el que mostró una relación directa con mejores habilidades sociales y morales.
Leer ficción y tomar mejores decisiones sociales

Fuera del escáner, los participantes realizaron pruebas que medían cómo juzgaban acciones humanas complejas. En estas pruebas, debían evaluar situaciones donde la intención de una persona no coincidía con el resultado de su acción. Por ejemplo, alguien que quería hacer daño pero no lo logró, o alguien que causó daño sin querer.

Quienes leían más ficción tendían a dar más peso a las intenciones que a los resultados, una habilidad central para comprender el comportamiento humano real. No reaccionaban solo al daño visible, sino al proceso mental detrás de la acción.

Este efecto no apareció en lectores habituales de no ficción. Aunque ambos grupos podían leer mucho, solo la ficción mostró una relación consistente con una mejor comprensión social.

El cerebro como músculo social

Uno de los hallazgos más importantes del estudio es que la actividad cerebral relacionada con el contenido social de la ficción explica la mejora en la comprensión social. Es decir, no se trata solo de que las personas empáticas lean más ficción, sino que el acto de leer ficción ejercita las redes cerebrales que usamos para entender a los demás.

El estudio lo plantea con claridad:

“La simulación del contenido social en la ficción juega un papel en la capacidad de la lectura para mejorar la cognición social”.

Leer historias donde los personajes tienen motivaciones ambiguas, emociones contradictorias o dilemas morales obliga al lector a completar huecos, interpretar silencios y sostener múltiples perspectivas al mismo tiempo. Ese entrenamiento mental luego se traslada a la vida cotidiana.

Por qué importa qué tipo de historias leemos

Estos hallazgos también invitan a pensar la literatura desde su contenido, no solo desde su género o prestigio. No toda ficción activa los mismos procesos. Las historias que exigen atención a la vida interior de los personajes, que no lo explican todo de forma literal, parecen ser las más eficaces para desarrollar estas habilidades.

Leer, entonces, no solo nos informa o nos distrae. Nos entrena para convivir, para entender que las acciones humanas casi nunca son simples y que detrás de cada gesto hay una red de pensamientos, deseos y contradicciones.

En un mundo donde la empatía suele reducirse a consigna, la ficción sigue ofreciendo algo más incómodo y más profundo: la práctica constante de mirar desde otro lugar.


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Imagen de portada: Sociología inquieta