Amor vs. dinero: ¿por qué hablar de finanzas es más difícil que hablar de sentimientos?
Buena Vida
Por: Mateo León - 02/14/2026
Por: Mateo León - 02/14/2026
En teoría, el amor es lo complicado y el dinero es lo sencillo. Al menos eso fue lo que mostró nuestro sondeo sobre finanzas en pareja: la mayoría de las personas considera que hablar de sentimientos es más difícil que hablar de dinero, porque el dinero “son números” y el amor es “abstracto”. Sin embargo, hay un dato que merece más atención: aunque el dinero se percibe como lógico y material, cuando no se habla a tiempo puede convertirse en una fuente real de tensión. Entonces, ¿realmente es más fácil hablar de finanzas que hablar de sentimientos.
En un sondeo realizado por Banco Dondé, varios entrevistados repitieron la misma idea:
“El dinero son números y el amor es algo abstracto”
Desde esa perspectiva, el dinero parece simple: ingresos, gastos, cuentas claras. Pero en la práctica, hablar de finanzas en pareja implica tocar temas sensibles:
El dinero no solo es una cifra. También está relacionado con las emociones y la subjetividad, y la manera en que cada uno entiende conceptos como la independencia, las expectativas, la frustración y, en muchos casos, la identidad.
Un hallazgo interesante del sondeo es que casi nadie reportó discusiones por “falta de dinero”. El conflicto más repetido fue otro: “no me deja pagar”. Es decir, la discusión no era por carencia, sino por roles.
Aparecieron tres modelos claros:
Detrás de cada uno hay una idea distinta de equidad. Y ahí es donde empieza la conversación incómoda.
Hablar de dinero no tiene que ser una “auditoría” emocional. Puede comenzar con preguntas sencillas:
Una forma práctica de facilitar esa transparencia es separar lo cotidiano de lo importante. Contar con una herramienta clara para administrar ingresos y gastos puede quitar tensión operativa a la conversación. Por ejemplo, una cuenta digital sin comisiones ni saldo mínimo permite ordenar gastos diarios sin complicaciones, lo que ayuda a que la discusión se centre en acuerdos y no en logística.
En ese sentido, soluciones como la Cuenta Digital Dondé están diseñadas justamente para simplificar esa base financiera.
Cuando lo operativo está claro, la conversación se vuelve más sencilla.
El verdadero cambio ocurre cuando el dinero deja de ser “quién paga hoy” y se convierte en “qué queremos construir juntos”. En el sondeo, algunos entrevistados mencionaron metas a corto plazo como realizar un viaje. Ese es un ejemplo claro de cómo el dinero puede convertirse en proyecto.
Separar objetivos por propósito puede ayudar:
Existen soluciones que permiten organizar inversiones por apartados, según el objetivo que se quiera cumplir. Productos como Inversión Creciente funcionan bajo esa lógica: cada meta puede estructurarse por separado y mantenerse durante un plazo definido, lo que facilita visualizar el crecimiento real del dinero.
Cuando hay estructura, hay menos fricción.
Si hay algo en lo que el 100% coincidió, fue en esto: hablar de dinero antes de vivir juntos es indispensable. ¿Por qué?
Mudarse implica renta, servicios, alimentación, imprevistos. En este punto, entender el rendimiento del dinero se vuelve clave. Instrumentos con plazo y tasa definida, como CEDES Plus, permiten proyectar cuánto puede crecer un ahorro en determinado tiempo. Esa claridad ayuda a tomar decisiones realistas sobre qué nivel de gasto es sostenible.
No se trata de frialdad o “falta de sentimientos”, sino justamente lo contrario: planear lo mejor posible un futuro juntos es una de las mejores maneras de demostrar el amor y el afecto.
Entonces… ¿qué es realmente más difícil?
Puede que hablar de amor se sienta más complejo porque involucra emociones profundas. Pero hablar de dinero también implica vulnerabilidad: mostrar ingresos, reconocer deudas, admitir diferencias de hábitos.
La diferencia es que el dinero puede organizarse con herramientas claras. Cuando existe estructura —cuentas transparentes, metas definidas, productos de ahorro e inversión adecuados— la conversación deja de ser abstracta y se vuelve estratégica y, sobre todo, concreta, con objetivos y planes claros.
Instituciones como Banco Dondé han enfocado sus soluciones precisamente en facilitar ese orden: administrar, ahorrar e invertir sin fricciones innecesarias.
No se trata de elegir entre amor o dinero. Se trata de entender que ambos requieren lo mismo: claridad, comunicación y un horizonte compartido. El dinero no enfría una relación. La falta de conversación sí puede hacerlo.
Y hablar a tiempo siempre es más sencillo que corregir después.