Otras luces de diciembre: tradiciones que resignifican el final del año en el mundo
AlterCultura
Por: Yael Zárate Quezada - 12/18/2025
Por: Yael Zárate Quezada - 12/18/2025
Aunque en varias partes del mundo las familias ya se preparan para celebrar la Navidad existen otras tradiciones decembrinas que también marcan el cierre del año, el solsticio de invierno o el retorno simbólico de la luz.
Estas festividades, arraigadas en contextos culturales, religiosos y filosóficos distintos, revelan que el final de diciembre no pertenece a una sola narrativa, sino a múltiples formas de comprender el tiempo, la comunidad y la esperanza.
Una de ellas es Yalda, celebrada en Irán la noche del 20 o 21 de diciembre, considerada la más larga del año. Este festejo anuncia el nacimiento de la luz y honra a Mitra, deidad solar de antiguas tradiciones persas. Reunirse con la familia, compartir frutas rojas como la granada y recitar poesía clásica no es solo un ritual doméstico, sino un gesto simbólico que representa el tránsito del caos al orden, de la oscuridad a la claridad.

En la tradición judía, Hanukkah —que significa “dedicación”— se extiende durante ocho días y conmemora la victoria contra la dominación macabea y la purificación del Templo de Jerusalén. Cada noche se enciende una vela más en la januquiá, el candelabro de ocho brazos, como recordatorio del milagro de la luz que se mantuvo encendida más tiempo del esperado. Sus fechas varían cada año, ya que se rige por el calendario hebreo, pero su sentido permanece: celebrar la resistencia, la memoria y la continuidad cultural.

En Asia oriental, particularmente en China y Taiwán, Dong Zhi marca la llegada del invierno y se fundamenta en la filosofía del Yin y el Yang. Esta festividad reconoce que, tras alcanzar su punto más bajo, la energía solar comienza lentamente a crecer. De acuerdo con el calendario chino, ocurre entre finales de diciembre y principios de enero, y se celebra como un momento de equilibrio, renovación y fortalecimiento de los lazos familiares.

Mucho antes del cristianismo, la antigua Roma celebraba las Saturnales, una festividad dedicada a Saturno, dios de la agricultura, que coincidía con el final del trabajo en el campo. Durante siete días, las jerarquías sociales se relajaban: los esclavos podían sentarse a la mesa con sus amos, se intercambiaban regalos y la vida pública se teñía de una alegría colectiva que cuestionaba, aunque fuera de manera temporal, el orden establecido.
Más cercana en el tiempo, pero igualmente significativa, es Kwanzaa, celebrada del 26 de diciembre al 1 de enero en algunas comunidades afrodescendientes de América. Esta festividad honra la herencia africana a través de siete principios —como la unidad, el trabajo colectivo y la creatividad— representados por velas rojas, negras y verdes. El cierre llega con el Karamu, una gran cena comunitaria que refuerza la identidad, la memoria histórica y el sentido de pertenencia.

Aunque distintas en origen y forma, todas estas celebraciones comparten la necesidad humana de detenerse, reflexionar y reencontrarse con los otros en un momento de transición.