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Descubre qué es el edadismo, su origen, cuándo empezó a tomar relevancia y cómo se relaciona con la creciente población de adultos mayores y la baja tasa de natalidad

El edadismo es la discriminación por la edad. Incluye estereotipos, prejuicios y conductas que afectan a personas por su edad, ya sea desde la infancia hasta la vejez. También puede manifestarse como autoedadismo, cuando una persona internaliza estas ideas negativas. Este fenómeno impacta la salud física y mental, la autoestima y la participación social.

Definición de edadismo

El edadismo se refiere a cualquier forma de trato desigual, exclusión o prejuicio basado únicamente en la edad de una persona. Puede presentarse en el trabajo, los medios de comunicación, la educación y las políticas públicas. Su reconocimiento permite visibilizar la discriminación que muchas veces pasa desapercibida.

Origen del término

El concepto surgió en 1969 con el gerontólogo Robert N. Butler, quien acuñó el término inglés “ageism”. Butler lo definió como un conjunto de actitudes negativas hacia las personas mayores y hacia el envejecimiento, prácticas discriminatorias que los excluyen y políticas que refuerzan estos estereotipos.

En español, la palabra correcta es edadismo, formada por “edad” y el sufijo “‑ismo”, siguiendo el modelo de palabras como sexismo o racismo. La Real Academia Española la incorporó oficialmente en 2022, consolidando su uso y reconocimiento.

Por qué el edadismo empezó a tomar relevancia

Aunque la discriminación por edad siempre existió, el término ganó atención con estudios que demostraban sus efectos en la salud y la sociedad.

 En 2021, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó el primer informe mundial sobre edadismo, evidenciando que casi la mitad de las personas en el mundo tienen actitudes discriminatorias por edad.

 Este informe alertó sobre el impacto en la mortalidad, la recuperación de enfermedades y los costos económicos.

Edadismo y cambios demográficos

Hoy se habla mucho de edadismo porque el envejecimiento poblacional y la baja natalidad están transformando la sociedad. En muchos países, la proporción de adultos mayores crece mientras la de jóvenes disminuye. 

Esto genera preocupaciones económicas y culturales y, a veces, actitudes discriminatorias hacia los mayores. 

La combinación de estos factores hace que el edadismo no solo sea un problema individual, sino un desafío social que exige repensar la manera en que valoramos la experiencia y la diversidad generacional.

Cómo enfrentar el edadismo

Reconocer el edadismo no es solo señalar injusticias, sino cuestionar la forma en que pensamos la edad. Significa observar cómo valoramos la experiencia frente a la juventud, cómo diseñamos nuestras instituciones y cómo nos relacionamos con quienes han vivido más.

 Enfrentarlo no es un acto puntual, sino un proceso de sensibilidad y aprendizaje: implica revisar los estereotipos que llevamos dentro, entender cómo la cultura y la historia influyen en nuestra percepción de la edad y reconocer que cada etapa de la vida tiene su valor único. 

Es aceptar que la relevancia de una persona no se mide en años, sino en la riqueza de su perspectiva, y que construir una sociedad más justa requiere integrar todas las edades, escuchando, aprendiendo y transformando nuestras propias ideas sobre lo que significa envejecer.


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Imagen de portada: «Anciano en pena», Vincent Van Gogh (detalle; 1890)