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Una mirada a los escritores y artistas que alcanzaron su máximo esplendor en la madurez, como Hokusai, Saramago, Cervantes y Louise Bourgeois, porque para florecer en la creatividad, no hay edad


"Sí, en mi juventud yo era una cosa triste y sumisa, y todas las estaciones jugaban conmigo y reían en sus corazones.
Y la vida se enamoró de mí y besó mis labios jóvenes y abofeteó mis mejillas. 
Hoy juego con las estaciones. Y robo un beso de los labios de la vida antes de que ella bese mis labios". 

–«Juventud y edad», Khalil Gibrán 

El mito de que la genialidad solo pertenece a los jóvenes se quiebra al observar la trayectoria de autores y autoras que, a edades avanzadas para su época —o incluso en la vejez—, lograron consolidar un legado cultural que sigue vigente siglos después. Figuras que, lejos de apagarse con el paso de los años, encontraron en la madurez el momento propicio para dar forma a sus obras más influyentes.

Ya sea con pinceles, novelas, esculturas y manifiestos, estas figuras demuestran que la creatividad no se extingue con los años, por el contrario, puede intensificarse y cobrar nuevas formas. Con motivo del Día de los abuelos y las abuelas, estos son cinco ejemplos de grandes mentes que hicieron triunfar su creatividad a edades más avanzadas. 

Hokusai

El artista japonés Katsushika Hokusai personifica la idea de que el arte puede seguir floreciendo en la vejez. Aunque desde joven ya había mostrado gran talento, fue hasta después de los 70 años cuando produjo sus obras más icónicas. Entre 1830 y 1833, a los 70 años, creó la serie Treinta y seis vistas del monte Fuji, de donde surge la célebre La gran ola de Kanagawa, pieza que se convirtió en un emblema universal del grabado japonés.

Hokusai, que vivió hasta los 88 años, nunca dejó de crear. Su pasión obsesiva por el arte le valió el sobrenombre de “el viejo loco por pintar”. Su persistencia lo consagró como uno de los referentes más importantes del ukiyo-e y demostró que la longevidad artística es posible cuando la dedicación y el deseo de aprender nunca se detienen.

 

José Saramago

El caso del escritor portugués José Saramago es muy particular. Aunque había publicado antes, fue hasta los 58 años que encontró su verdadera voz narrativa con Levantado del suelo. El éxito de esa obra le permitió iniciar una carrera fértil y sostenida que se extendió hasta su muerte en 2010, a los 87 años.

Saramago explicó alguna vez que se mantuvo dos décadas sin publicar porque simplemente no tenía nada que decir. Cuando finalmente lo hizo, desató un torbellino creativo al publicar un libro cada dos o tres años, con géneros como la novela, el ensayo, el teatro o la poesía, lo que le valió el Premio Nobel de Literatura y más de 50 obras.  

 

Marqués de Sade

Conocido como el Marqués de Sade, Donatien Alphonse François, también fue una mente que publicó tarde. Aunque Justine, su primera novela, fue escrita en 1787, vio la luz hasta 1791, cuando el autor tenía 51 años. La obra fue rápidamente prohibida, pero circuló de forma clandestina durante décadas, hasta convertirse en un texto underground que alimentó debates sobre moral, poder y sexualidad.

Sus antihéroes, su exploración del deseo y de la violencia, y su desafío constante a las normas, lo colocaron como un autor incómodo de leer para algunos y transgresor para otros. 

Louise Bourgeois

La escultora franco-estadounidense Louise Bourgeois no alcanzó el reconocimiento masivo sino hasta la vejez. Durante décadas trabajó con materiales orgánicos e industriales, convirtiendo los traumas de su infancia en piezas que abordaban el dolor, la sexualidad, la maternidad y el cuerpo femenino. 

Fue en 1982, cuando ya tenía 71 años, que el MoMA de Nueva York le dedicó una exposición individual, y se convirtió en la primera mujer en recibir ese honor en la institución. Desde entonces, su figura creció como referente del arte contemporáneo, y se reafirmó como el claro ejemplo de que la vejez puede ser la etapa donde se ilumina un camino recorrido en silencio.

 

Cervantes

Miguel de Cervantes Saavedra también pertenece a esta colección de triunfos tardíos. A los 58 años publicó El Quijote de la Mancha en 1605, una obra que transformó la literatura universal y sentó las bases de lo que hoy entendemos como novela moderna.

Aunque en la actualidad esa edad no se asocia con la vejez, en el siglo XVII representaba haber rebasado la expectativa de vida. Sin embargo, Cervantes volcó en esa obra toda la experiencia de una vida marcada por la guerra, la prisión y las dificultades económicas. El resultado fue una narrativa profundamente humana que todavía resuena fuerte en la actualidad. 

La historia cultural está llena de estos triunfos tardíos que nos recuerdan que la creatividad no sigue un calendario fijo, ya que, lo que para algunos parece el final, para otros es apenas el inicio de su mayor legado.


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