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El jurado encontró culpable a Erin Patterson, quien sirvió un almuerzo con hongos tóxicos que mató a tres personas. El caso conmocionó a Australia y reveló una red de mentiras, manipulación y muerte en el seno familiar.

Una mujer, tres muertes, un almuerzo y una verdad que fue saliendo a pedazos. Después de nueve semanas de juicio y más de cincuenta testigos, un jurado australiano determinó que Erin Patterson, de 50 años, es culpable de asesinar a tres de sus familiares con una comida que preparó en su casa de Leongatha, Victoria. El plato: un Beef Wellington con hongos venenosos.

El veredicto, anunciado este 7 de julio, también la declaró culpable de intento de asesinato contra un cuarto invitado que logró sobrevivir tras permanecer semanas hospitalizado.

El caso no solo atrajo la atención de la prensa local. Se volvió uno de los juicios más seguidos de Australia por su mezcla de drama familiar, pistas borradas y un crimen que se cocinó, literalmente, en casa.

Las víctimas: Don y Gail Patterson (sus ex suegros, ambos de 70 años), y Heather Wilkinson, hermana de Gail, de 66 años. El esposo de Heather, Ian Wilkinson —pastor local—, fue el único sobreviviente. También había un quinto invitado: el exesposo de Erin, Simon Patterson, quien canceló su asistencia al último minuto. La fiscalía inicialmente la acusó de intentar asesinarlo en múltiples ocasiones, pero esos cargos fueron retirados justo antes del inicio del juicio.

Hongos, mentiras y un deshidratador desaparecido

Desde el principio, la defensa sostuvo que se trató de un accidente. Que Erin había recolectado hongos silvestres sin saber que eran mortales, y que todo lo que vino después fue una reacción de pánico: mentiras a la policía, eliminación de pruebas, incluso tirar a la basura el deshidratador que usó para cocinar.

Pero el jurado no compró esa versión. La fiscalía presentó evidencia de que Patterson había fingido tener cáncer para atraer a sus familiares al almuerzo, y que luego mintió sistemáticamente a médicos, investigadores y a su propia familia. También se reveló que había borrado el contenido de su celular varias veces, y que trató de ocultar su afición por recolectar hongos en zonas rurales.

Desde el estrado, Patterson dijo que amaba a sus familiares, que no tenía motivos para hacerles daño y que incluso había vomitado tras comer el mismo platillo, lo cual —según su defensa— explicaría por qué ella no cayó gravemente enferma como los demás.

También admitió haber mentido sobre un supuesto cáncer, justificándolo con que le daba vergüenza revelar que planeaba someterse a una cirugía para bajar de peso. Pero para el jurado, todas estas contradicciones terminaron por construir una historia demasiado deliberada como para seguir creyendo en el accidente.

Ni las familias Patterson ni Wilkinson asistieron a la corte para escuchar el fallo. Un representante pidió privacidad y se limitó a compartir un mensaje de la iglesia bautista local, donde todas las víctimas asistían regularmente: “Eran personas muy especiales que amaban bendecir a los demás”.

Erin Patterson podría pasar el resto de su vida en prisión. Pero más allá del castigo, lo que queda es un vacío: Afueras del tribunal, el inspector Dean Thomas fue claro: “Tres personas murieron y una más casi pierde la vida. No podemos olvidarlo”.


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Imagen de portada: BBC