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Diquat: el herbicida que reemplazó al glifosato y podría ser aún más tóxico

Salud

Por: Carolina De La Torre - 07/10/2025

Prohibido en Europa y China, el diquat sigue usándose en EE.UU. pese a evidencias de que daña intestinos, riñones, hígado y pulmones, según una nueva investigación.

Cuando Bayer reformuló Roundup para alejarse del glifosato, muchas voces aplaudieron el cambio. Pero lo que parecía una solución, hoy se revela como una nueva amenaza. Una reciente investigación revelada por The Washington Post advierte que el ingrediente sustituto, el diquat, podría ser más dañino que su antecesor, con impactos que van desde la destrucción de bacterias intestinales hasta el deterioro de órganos vitales como los riñones y el hígado.

El diquat, ampliamente usado en viñedos y huertos de Estados Unidos, está prohibido en regiones como la Unión Europea, Reino Unido, China y otros países, justamente por sus efectos tóxicos. Aun así, la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA, por sus siglas en inglés) ha ignorado las solicitudes para su regulación, permitiendo que fórmulas comerciales con este ingrediente se vendan libremente desde el año pasado.

Para el doctor Nathan Donley, director científico del Centro para la Diversidad Biológica, se trata de una "sustitución lamentable". Es decir, se ha cambiado un químico tóxico por otro igual —o más— dañino. El término, usado en toxicología, retrata bien lo que pasa con este compuesto: un reemplazo que no resuelve el problema, sino que lo perpetúa bajo otra etiqueta.

El estudio, basado en una revisión de literatura científica, pone el foco en cómo el diquat daña el intestino al reducir proteínas esenciales para el revestimiento intestinal. Esto puede provocar que toxinas y bacterias nocivas pasen al torrente sanguíneo, generando inflamación sistémica. Además, se inhibe la presencia de bacterias benéficas necesarias para el metabolismo y la absorción de nutrientes.

Pero sus efectos no se limitan al sistema digestivo. El diquat también parece provocar daños estructurales en riñones, pulmones e hígado, activando proteínas inflamatorias y generando lesiones que podrían ser irreversibles. En el caso del sistema respiratorio, los investigadores apuntan a un posible desencadenamiento de inflamación severa que podría derivar en un fallo multiorgánico.

Se sospecha, además, que este herbicida tiene relación con enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson, y se le considera una potencial neurotoxina y carcinógeno. Un análisis de Amigos de la Tierra con datos de la EPA señala que es unas 200 veces más tóxico que el glifosato en términos de exposición crónica.
A pesar de estos hallazgos, el diquat no está en revisión por parte de la EPA. Y no es por falta de evidencia, sino por saturación: las organizaciones que luchan por una agricultura más segura están aún enfrascadas en batallas contra químicos como el paraquat y el clorpirifos, también prohibidos en muchas partes del mundo, pero permitidos en EE.UU. El diquat, de momento, queda en la sombra.

Para Donley, esto refleja una estructura regulatoria débil, casi rendida ante las industrias. “Seguimos peleando guerras que Europa ya ganó hace 20 años”, resume. Las leyes estadounidenses, añade, dificultan prohibir ingredientes incluso cuando hay voluntad política. Y la filosofía que predomina en las oficinas encargadas parece aceptar que los pesticidas tóxicos son un "mal necesario".

Mientras tanto, millones de personas siguen expuestas a un herbicida que, aunque poco conocido, podría estar dejando una huella profunda en la salud pública.


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Imagen de portada: Florence Pro Vegetal