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Contrario a lo que nos gustaría creer, la guerra es uno de los comportamientos más propiamente humanos, tanto, que con suma facilidad se pone en marcha; este es uno de los temas centrales de la segunda temporada de 'La casa del dragón', de HBO

*** Este artículo contiene información concreta sobre los primeros cuatro capítulos de la segunda temporada de La casa del dragón ***

Al momento de escribir esto, se han transmitido cuatro capítulo de la segunda temporada de La casa del dragón, la serie de HBO que narra algunos de los hechos anteriores en más o menos trescientos años a lo que se contó en la popularísima Game of Thrones

Como es sabido, La casa del dragón se ocupa de un fragmento de la historia de la casa Targaryen, concretamente el conflicto dinástico acaecido luego de la muerte del rey Viserys I, cuya decisión de nombrar como heredera en el trono a su hija Rhaenyra fue disputada primordialmente por Otto Hightower, quien años antes había tejido una estrategia para coronar como sucesor a su nieto Aegon, hijo que Viserys tuvo con Alicent, la hija de Otto.

Ese entramado de relaciones familiares fue el tema principal de la primera temporada de HOTD (o House of the Dragon, en sus siglas en inglés), en específico, la complejidad y profundidad de los conflictos que se gestan en el seno de aquello que podríamos denominar la “singularidad” de un familia. Es decir, si bien la familia por sí misma es ya una forma de organización con sus propias dificultades, la forma particular que adquiere en cada caso es, además, origen de los conflictos singulares que provoca tanto al colectivo como al individuo. Como dice el famoso incipit de Ana Karénina de Tolstói, "Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera”. En este artículo se profundiza en esa idea.

En la segunda temporada, el motivo que pone en marcha la narración general es otro. La atención sobre los conflictos familiares se ha desplazado hacia un conflicto mayor, la guerra, que al menos en los primeros tres capítulos se vive con una cierta ambigüedad, como un escenario que aunque parece ya inminente, al mismo tiempo muestra una pequeña probabilidad de eludirse. Para el cuarto capítulo, la guerra se revela ya inevitable.

Como se puede notar incluso en esta manera de exponerlo, la guerra adquiere en esta segunda temporada de HOTD una especie de “autonomía” con respecto a las personas que supuestamente están involucradas con ella, sea para provocarla, para prevenirla o para evitarla. A juzgar por lo que ocurre en el cuarto episodio de esta temporada, llega un momento en que la guerra adquiere movimientos e inercias propios, ajenos a la voluntad de quienes en un principio la pusieron en marcha. Mucho del tercer capítulo en particular, “El molino ardiente”, gira en torno a los esfuerzos o al menos intenciones de detener el conflicto, el cual, para ese momento, va escalando en acciones cada vez más violentas. La conversación que tienen Rhaenyra y Rhaenys al pie de la tumba de sir Erryk Cargyll se puede tomar como una síntesis sencilla y a su manera brutal de esa agudización en las agresiones. Después, cuando Rhaenyra y Alicent hablan y ésta se da cuenta de que interpretó erróneamente las últimas palabras del agonizante Viserys al respecto de Aegon, su respuesta no es sin embargo aceptar y enmendar su error, sino, por el contrario, dejar que el curso de los acontecimientos se mantenga, aunque eso implique la muerte de miles de personas, entre otras consecuencias terribles. 

 

Al margen cabe hace notar que otra gran conflagración del universo Game of Thrones, la llamada “rebelión de Robert”, también se originó en un equívoco, un error personal al que sin embargo fue arrastrado todo el reino.

Más allá del marco de la serie en sí, este tratamiento narrativo sobre la guerra no es tan trivial como quizá podría parecer cuando lo vemos representado en una serie televisiva de entretenimiento. Si dicha manera de hacer ver la guerra como entidad autónoma se vuelve posible en HOTD, es porque en buena medida así ocurre en la realidad. Luego de siglos y siglos de belicosidad entre los seres humanos, la guerra se ha vuelto, en efecto, una situación que aunque humana, llega el punto en que va más allá de los seres de carne y hueso que la protagonizan. Ya tiene sus prácticas propias y muy conocidas sobre las cuales es muy fácil que se ponga en movimiento. Por supuesto hay responsables de provocarla y sostenerla –como es claro, por poner un ejemplo muy presente, en el conflicto actual y moderno entre Palestina y el estado de Israel–, y esa responsabilidad no puede eximirse, pero también es posible afirmar que luego de ciertas acciones y omisiones, la guerra puede marchar por sí sola, y no necesita tampoco de tanto para hacerlo. 

Como bien observó Freud en El malestar en la cultura, poco o nada ha hecho el proceso civilizatorio para erradicar o al menos contribuir a aminorar la pulsión de agresividad del ser humano, por el contrario, parecería que el sometimiento a las demandas de lo civilizado la acentúan en los sujetos y los colectivos, y a veces basta cualquier pretexto para llevarla de las sombras en que supuestamente habita, a la luz plena de la “civilización”.

En medio de otros temas, la segunda temporada de La casa del dragón parece estar señalándonos eso.

 

Perfil del autor en X: @juanpablocahz