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La crisis de la que pocos hablan: el estado draconiano de Nayib Bukele en El Salvador

Sociedad

Por: Patricia Ruiz - 06/17/2022

 
   
 
Lo que está sucediendo en El Salvador nos debería tener alarmados

Nayib Bukele, el presidente de El Salvador, se considera a sí mismo “el dictador más cool del mundo mundial”. Al menos eso decía en la biografía de su perfil de Twitter hasta hace unos meses. Ahora sólo se lee “El Presidente”.

Hace poco más de tres años Bukele ganó la presidencia de El Salvador, prometiendo al electorado joven un país con más y mejores oportunidades económicas, mejores condiciones sociales y mayor seguridad. 

El Salvador alguna vez fue considerado el país más violento del mundo. La tasa de homicidios disminuyó drásticamente desde que Bukele tomó posesión en 2019, supuestamente gracias a un pacto secreto con los líderes de la Mara Salvatrucha, una de las pandillas más grandes y violentas de América Latina.  

A principios de junio, Bukele afirmó que estaba cerca de ganar la “guerra contras las pandillas” que controlaban alrededor del 80% del territorio salvadoreño. De acuerdo con Bukele, las maras fueron responsables de la muerte de más de ciento veinte mil personas durante el periodo de la guerra civil que duró doce años (1980-1992).

Hoy, El Salvador se encuentra en estado de excepción.

El estado de excepción se aprobó después de que en marzo el gobierno responsabilizó a las pandillas del homicidio de sesenta y dos personas sólo en un fin de semana, la cifra de muertes más alta en casi treinta años. Ahora, el estado excepción se extendió treinta días más y terminará a finales de junio. 

El Gobierno de Bukele asegura que el estado de excepción es necesario para luchar contra la violencia de las pandillas, pero muchas organizaciones civiles han denunciado múltiples violaciones a los derechos humanos por arrestos arbitrarios y malos tratos en prisión. El estado de excepción suspende el derecho de reunión y otorga poderes adicionales a las fuerzas de seguridad.

Desde marzo y contando los hechos violentos de ese fin de semana, la policía salvadoreña ha arrestado a más de 35 000 personas

La cifra es asombrosa, pues en los últimos dos meses se ha arrestado a más personas que en todo el 2021. Pero no es sorprendente que la mayoría de los detenidos son hombres y mujeres jóvenes y empobrecidos. Sus nombres y fotografías aparecen diariamente en los medios de comunicación de El Salvador. "Es realmente impresionante", dijo Tiziano Breda, un analista experto en Centroamérica; "Se trata de una operación a escala nacional para capturar a cualquiera que pueda tener o haya tenido alguna relación con las pandillas".

El gobierno de Bukele pide a todos los ciudadanos denunciar a todo aquel que sea sospechoso de "terrorismo" en una línea telefónica y la denuncia es anónima. Afuera de La Esperanza, una de las prisiones de máxima seguridad más grandes de El Salvador, cuelga un cartel con una fotografía en la que se ve a un agente de seguridad encima de hombres semidesnudos y se lee: "¿Quieres ser el siguiente? Tú decides".

De acuerdo con fragmentos de entrevistas hechas por Tom Phillips, periodista de The Guardian, los jóvenes se sienten defraudados y traicionados por Bukele, el presidente millennial. Sin embargo, las encuestas reportan que Bukele se ha vuelto aún más popular desde que comenzó el estado de excepción, con índices de aprobación mayores al 90%.

Afuera de La Esperanza, cientos de mujeres esperan tener noticias de sus hijos, hermanos y parejas presos, muchos de los cuales nunca han tenido vínculos con las maras ni cometido ningún crimen. Algunas de las mujeres entrevistadas por Phillips narran que los policías que buscan a los hombres para arrestarlos les dicen que están cumpliendo cuotas; si no las cumplen, ellos serían los presos. Al parecer, no hay criterios para detener a los jóvenes; simplemente, si a la policía no le gusta su apariencia, son arrestados.

Para los grupos de defensa de derechos humanos, entre ellos Amnistía Internacional, lo que está haciendo Bukele no es una guerra contra las pandillas sino una guerra contra el pueblo. Y como en toda guerra, los más afectados son los jóvenes y los pobres

Además, en la prisión el trato es completamente inhumano. Les han reducido las raciones de alimentos, se les han negado colchones y los han obligado a bajar escaleras en posición de ranas. El propio Bukele admitió públicamente en abril pasado las condiciones en las que se tiene a los presos: "Los tenemos sin colchonetas, durmiendo en el suelo, hacinados, con dos tiempos de comida y en condiciones que estoy seguro de que ninguno de los pandilleros que están afuera quieren".

 


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Imagen de portada: Anadolu Agency / Getty Images

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