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Es necesario leerlas. Es necesario leernos
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Es necesario hablar de aquellas escritoras silenciadas, olvidadas, que apenas se nombran. De las escritoras que no se incluyó en el canon, a las que no se les hacen grandes homenajes. Es necesario hablar de las poetas que no encontramos en las librerías, a las que se excluyó de las antologías. 

Es necesario hablar de las escritoras que ya no están entre nosotras y cuya obra recién ahora encuentra cabida. De las que merecían premios y no se los dieron. A las que se reconoció sólo como esposas, como parejas, como amantes de alguien y nada más. Las que se quedaron en casa, a las que se relegó al cuidado, de aquellas cuyo su nombre apenas nos suena y su obra sigue siendo un misterio. También de aquellas que escribieron y fueron censuradas 

Es necesario Amigas, diríamos tomando prestadas las palabras de Glauce Baldovin (1928-1995), una escritora y militante política de Río Cuarto, Argentina, que publicó su primer libro a los 59 años y cuya extensa obra fue reunida recién en 2018 por la editorial Caballo Negro:

Es necesario Amigas
nos dice la Soledad
hacer un alto en el camino
-el lugar no es propicio-
reflexionar sobre los senderos recorridos
rectas  círculos concéntricos  quebradas zigzagueantes
cardar el pasado
perfumar y ovillar la fibra que nos resta
y comenzar otra vez
como tantas veces comenzamos
pero ahora con un paso diferente
una alegría serena  agridulce como las almendras
más la sabiduría que los años han ido acumulando.

Este poema es un canto a la comunidad, una manera de repensar nuestras relaciones con la literatura a través de la complicidad, los esfuerzos compartidos y el afecto. Este poema es también un alto en esta columna para hablar de aquellas iniciativas que buscan visibilizar la obra de escritoras mujeres.

Una de ellas es el Diccionario de Escritoras (@diccionariodescritoras) que iniciaron las cordobesas Mariana Lardone y Natalia Armas. El diccionario se define como un “proyecto siempre mutante de lectura feminista”, que aborda la obra de escritoras mujeres, lesbianas y trans. El proyecto nace durante el inicio de la pandemia como una manera de recrear en la virtualidad los espacios de lectura común e intercambio entre amigas.

Existen también iniciativas importantes dentro del ámbito editorial y la academia. Este es el caso del proyecto Vindictas, impulsado por la Coordinación de Difusión Cultural de la Universidad Nacional de México (UNAM), que pone en circulación obras literarias escritas en español por mujeres y que no han sido editadas al menos hace veinte años, como una forma de contrarrestar el machismo del canon literario latinoamericano.

Si bien el proyecto de la UNAM inicia con la recuperación de la obra de novelistas, luego se adhieren colecciones que abordan textos de cuentistas y poetas. Inaugura la primera serie de poesía la guatemalteca Alaíde Foppa (1914-1980), autora del poema "Oración", que compartimos ahora:

 
Dame, señor
un silencio profundo
y un denso velo
sobre la mirada.
Así seré un mundo
cerrado:
una isla oscura;
cavaré en mí misma dolorosamente
como en tierra dura
Y cuando me haya desangrado
ágil y clara será mi vida
Entonces, como río sonoro y transparente,
fluirá libremente
el canto encarcelado.

Iniciativas como el Diccionario de Escritoras o la serie Vindictas son una muestra de los esfuerzos por romper el canon literario latinoaméricano que, con una visión limitada y excluyente, ha invisibilizado a grandes escritoras de la región. 
 
Existen también proyectos individuales y colectivos que buscan impulsar la lectura de autoras contemporáneas valiosas. Un ejemplo de esto es el hilo #366escritoras de la chilena María José Navia, quien compartió la obra de una autora cada día durante el 2020 y la enciclopedia y repositorio Hablemos, escritoras que se produce en Austin, Texas y que se especializa en escritoras, traductoras y críticas en español, así como en las editoriales y revistas que las publican.

Estos proyectos reafirman la necesidad no sólo de hablar de la obra de las autoras latinoamericanas, sino también de articular esfuerzos para que nuestro corpus de lectura de textos de escritoras sea cada vez más amplio, rompiendo el canon, sí, pero también las barreras de circulación temporal y geográfica.

Es así que queremos cerrar esta columna con un salto hacia el Caribe, este territorio tan poco conectado con el sur del continente, con un fragmento del poderosísimo poema "Estación en la tierra", de la dominicana Aída Cartagena Portalatín (1918-1994):


No creo que yo esté aquí demás.
Aquí hace falta una mujer, y esa mujer soy yo.
No regreso hecha llanto. No quiero conciliarme
con los hechos extraños.

Antiguamente tuve la inútil velada de levantar las tejas
para aplaudir los párrafos de la experiencia ajena.
 
Antiguamente no había despertado.
No era necesario despertar.
 
Sin embargo, he despertado de espalda a tus discursos,
definitivamente de frente a la verídica, sencilla y clara
necesidad de ir a mi encuentro.
 
Ahora puedo negarte. Retirarte mi voto.
Y puedo escuchar y gritar conmigo
irremisiblemente viva,
porque viva es la voz de las verdades,
porque viva es la voz del luminoso
salón del casamiento del ángel con la estrella.
 
Ahora puedo negarte. Toda soy de ventanas,
limpia, libre y clara de frente al campanario
de los oficios de los vivos y de los muertos.
Y siento la necesidad de las cosas pequeñas,
de esas cosas pequeñas que no trepan
como si tuvieran medido el sitio,
sino que se esparcen como los árboles ardidos.
 
Con esa pequeñez me desplazo por tu arquitectura
de galería sin fin.
—siempre sin novedad, ni rosa, ni luna en su camino—
y llego al fondo donde te descubro
en esas generaciones de familias inmovilizadas
que terminan con la última viga anciana
cuando ya no hay otro dueño y el mueble está gastado. 


No te pierdas "Poemas para romper con el canon (Parte I: las poetas contraatacan)", el capítulo más reciente del podcast de Tufillo de Poeta, disponible en Spotify, Google Podcasts y Apple Podcasts.

 

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Imagen de portada: Aída Cartagena Portalatín / Wikimedia Commons