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La soledad es la principal causa de infelicidad, asegura investigador

Salud

Por: pijamasurf - 05/26/2020

El Instituto de la Felicidad de Copenhague sostiene que la soledad es la principal causa de la infelicidad de las personas en el mundo

Esta pandemia ha puesto de relieve la importancia de las relaciones sociales. Hasta cierto punto puede decirse, a la luz de esta experiencia, que salvo los vínculos personales, todo lo demás resulta prescindible. El hecho de que el sentido de la vida está en los otros o de que somos seres eminentemente sociales es algo evidente, por lo menos desde la época de Aristóteles, quien famosamente dijo que el ser humano es un "animal político", es decir, un animal que necesita vivir entre otros y con otros.

En tiempos recientes y desde otras disciplinas, esa necesidad humana ha encontrado confirmación. La salud –tanto mental como física– está ligada de maneras diversas a nuestra sensación de intimidad o nuestra sensación de tener a alguien con quien contar. La naturaleza gregaria del ser humano es un fenómeno tan importante que su carencia se refleja en trastornos como la depresión o la ansiedad, los cuales están asociados con la sensación de soledad. La capacidad de vivir plenamente e incluso el desarrollo fisiológico (como puede verse en los casos de bebés que crecen en orfanatos) están ligados a esta comunión social.

Entre los muchos científicos que han confirmado esto, se encuentran los investigadores del Instituto de la Felicidad de Copenhague. El físico español Alejandro Cencerrado explicó recientemente para el diario El País que la evidencia es concluyente: la soledad es la principal razón por la cual las personas son miserables. Dice Cencerrado:

La soledad es el gran mal de nuestra sociedad y esto ya no es una opinión. Esto tenemos datos para corroborarlo, datos basados en la evidencia científica. La soledad es el factor que más afecta a la felicidad de los individuos, pero también a la felicidad de la sociedad en su conjunto.

La forma más sencilla que se tiene para medir la soledad es saber si una persona tiene alguien a quien llamar si tiene algún problema, esto es, alguien de confianza.

Sin embargo, también es cierto que contar con una sola persona con dicha cualidad no es lo único y tampoco es suficiente. Para ser felices no basta con tener alguien a quien llamar; también es necesario tener personas con las cuales compartir de manera frecuente la intimidad, la tristeza, la felicidad y los hechos diarios de la vida. Y, por supuesto, una persona puede estar rodeada de decenas de otros individuos, incluso tener amigos y familia, y sentirse inmensamente sola. Lo contrario también es posible: una persona puede vivir aislada del mundo social y encontrar un sentido de pertenencia y significado, una especie de hermandad que trasciende la distancia con todos los seres vivos. Dicho eso, es más fácil que alguien que no tiene contacto con familia y amigos se sienta solo. 

Cencerrado nota una interesante tendencia en diferentes países que va orientada a focalizar las políticas públicas no únicamente al crecimiento económico, sino también a alcanzar un índice del bienestar. Un cambio de este tipo fue implementado hace años en el reino budista de Bután, el llamado "reino de la felicidad". Ahora lo vemos también en Nueva Zelanda, país que se ha vuelto un destino deseable de migración, donde el gobierno de Jacinda Ardern, quien gobierna el país al tiempo que es mamá de un bebé, ha redirigido el presupuesto del Estado hacia la consecución del bienestar y no del dudoso ideal del progreso económico.

En suma, tanto considerar la importancia que tienen las relaciones personales en nuestra vida como, de manera más general, guiar nuestros actos y decisiones bajo la idea del bienestar, son dos actitudes con implicaciones profundas en el desarrollo de nuestra existencia. Considerarlo así puede hacernos ver cuánto de nuestros recursos –en tiempo, energía, habilidades, etc.– dedicamos a nuestras relaciones y qué efecto tienen en nuestra vida. Y esto no es asunto de poca monta.

 

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