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Ni dejar de fumar, ni comer mejor, ni hacer ejercicio: lo mejor que puedes hacer por ti es tener relaciones saludables

Salud

Por: pijamasurf - 01/25/2019

La clave de la salud y la felicidad está en la calidad de tus relaciones, esto es algo que la ciencia y la filosofía demuestran por igual

Vivimos la era más consciente de su salud en la historia, algunos dirían que incluso obsesionada. La proliferación de dietas, ejercicio, terapias, medicinas y suplementos y la industria del wellness en general nos han dado todo tipo de tips y recetas para vivir mucho y, aparentemente, vivir bien. No hay duda de que comer bien, dejar de fumar, beber con moderación, hacer ejercicio y demás contribuye a una vida sana y feliz. Y, sin embargo, ninguna de estas cosas puede reemplazar o compararse con tener relacionas íntimas y estimulantes. 

El ser humano es un animal social -un animal político, un animal que vive entre muchos, para otros-, y no alguien que pueda generalmente encontrar sentido solitariamente. Es esta relación personal lo que el filósofo judío Martin Buber enfatizó, la relación yo-tú, siempre con un rostro particular único, la que da sentido a la existencia, y ese sentido se traduce no sólo en una plenitud subjetiva sino física.

El estudio más largo y completo hasta la fecha que ha medido los diferentes factores que se asocian con la salud y la longevidad, realizado por investigadores de Harvard, registró la salud de 268 estudiantes durante varias décadas (y luego se amplió a un grupo de residentes de Boston), midiendo periódicamente los más importantes indicadores.

Entre las cosas que se analizaron -además de escanear los cerebros de los pacientes, registrar sus reportes médicos, medir su sangre, etc.-, están sus éxitos o fracaso en carreras y matrimonios. El descubrimiento principal tiene que ver con que las relaciones y la felicidad que una persona reporta en ellas tienen una profunda influencia en la salud. Esto sugiere que cuidar el cuerpo es importante, pero cuidar las relaciones es tan importante como cuidar el cuerpo y constituye una forma de cuidado de la salud. Los investigadores concluyeron que las relaciones íntimas, más que el dinero, la fama o el éxito profesional son lo que hace felices a los individuos. Incluso, estas relaciones son mejores predictores de una vida larga y feliz que nacer en cierta clase social, tener un alto IQ o tener buenos genes. Esto incluye tanto a las personas de Harvard como a los ciudadanos normales de Boston. En contraste con ello, los investigadores constataron que los individuos que se sienten solitarios, que están más solos de lo que quisieran, tienden a enfermarse más y morir más pronto. Notablemente, para las personas en una relación feliz, los días en los que se presenta dolor físico no suelen reportarse como más infelices; para quienes se sienten solos, el dolor físico sí afecta notablemente su estado de ánimo.

Otro caso que apunta en este sentido es discutido por Lissa Rankin en su libro Mind Over Medicine: Scientific Proof That You Can Heal Yourself. La doctora Rankin cita allí el caso de unos inmigrantes italianos que se establecieron en Roseto, Pensilvania, y que no llevaban un estilo de vida que se consideraría ni remotamente “sano”. La doctora apunta que:

Comían albóndigas fritas en manteca, fumaban como chimeneas, bebían mucho todas las noches y abusaban de la pizza y la pasta. Sin embargo, sorprendentemente, tenían la mitad de índice de padecimientos del corazón que el promedio nacional. No era el agua que bebían, los hospitales a los que iban o su ADN.

Un médico, perplejo por la ausencia de problemas del corazón en este grupo, inició una investigación y descubrió que esta pequeña y cerrada comunidad vivía en hogares multigeneracionales y disfrutaba de cenas comunales y festividades frecuentes, y ello les proporcionaba consuelo de la soledad que tantas personas sienten. Ya que la gente de Roseto nunca se sintió sola, rara vez moría de problemas del corazón; la mayoría murió de viejo incluso si fumaban, se alimentaban mal y bebían.

Asimismo, existe una extraña estadística que se repite que muestra que las personas que beben moderadamente viven más que las personas que no beben nada; aunque se ha querido asociar esto a algunos antioxidantes del vino y demás, es casi seguro que la principal razón se debe al aspecto de socialización vinculado al alcohol.

Aquí el estudio de Harvard

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Los hombres se sienten mejor con un amigo que con su pareja femenina, según estudio

Salud

Por: pijamasurf - 01/25/2019

Un interesante estudio sobre la forma en que los hombres se permiten expresar sus emociones

De todas las relaciones que el ser humano sostiene a lo largo de su vida, pocas tan satisfactorias como la amistad. ¿Pero es posible que lo sea tanto como para situarse por encima de otra como la relación que se tiene con una pareja sentimental?

Eso sugiere un estudio publicado recientemente en la revista académica Men and Masculinities, editada por la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook. La investigación, realizada por los profesores Stefan Robinson, Adam White y Eric Anderson, encontró que los hombres encuentran mayor satisfacción emocional en las relaciones de amistad estrecha que sostienen con otros hombres que, por otro lado, en las relaciones de tipo sentimental que tienen con una mujer.

Para llegar a esta observación, los investigadores realizaron varias entrevistas, a lo largo de 3 meses, entre 30 hombres heterosexuales, estudiantes universitarios cerca de los 20 años, que tuvieran una relación de pareja con una mujer en ese momento o en una época previa y que reconocieran una relación de amistad cercana y con al menos 18 meses de antigüedad con un hombre, lo cual, en las sociedades anglosajonas contemporáneas, se conoce como bromance, por la fusión de las palabras brother (hermano) y romance (ídem).

Para lograr cierta homogeneidad del grupo, se eligió a estudiantes de alguna carrera relacionada con el deporte. Cabe mencionar también que para prevenir algún tipo de autocensura en las entrevistas basada en prejuicios contra la expresión de las emociones y el afecto (que entre los hombres suele concebirse como actitudes femeninas u homosexuales), los investigadores distribuyeron entre los estudiantes elegidos para el estudio algunos artículos académicos sobre el tema, con el fin de conseguir una opinión más informada.

A lo largo de la investigación, los profesores encontraron que la mayoría de los entrevistados sostenían una relación particularmente íntima con su amigo más cercano, lo cual se expresó en comportamientos como compartir algún secreto, hablar de su afecto e incluso dormir en la misma cama (de hecho, 29 de los 30 estudiantes aceptaron haber abrazado a su amigo durante esos momentos).

Ante estas observaciones, los investigadores buscaron que los propios estudiantes explicaran sus emociones al respecto, sobre todo teniendo como referente el grado de satisfacción encontrado en una relación con una mujer. Varios de ellos describieron la relación con sus amigos como potencialmente más satisfactoria porque en el marco de ésta les era posible abrirse casi por completo, es decir, mostrarse ante el otro física y emocionalmente, sin ningún temor frente a su propia vulnerabilidad. 

En ese sentido, algunos de los entrevistados dijeron no sentirse aptos para hacer lo mismo con su pareja porque, en el caso de una relación de noviazgo, tienen la sensación de que después de mostrarse tal y como son dejarán de ser atractivos para la mujer con la que se encuentran.

Sin embargo, cuando llegó el momento de preguntar qué hacía diferente la relación afectuosa con un hombre que aquella que se puede sostener con una mujer, la respuesta también fue clara: el aspecto sexual. Hacia un amigo se puede sentir interés y amor, pero no deseo sexual, según respondieron los entrevistados.

Sin duda el estudio es particularmente interesante, pues muestra hasta qué grado nuestras emociones están determinadas por el contexto cultural en el que nos desarrollamos. Como señalan los investigadores al inicio de su estudio, es notable que la expresión del amor se ha codificado como algo exclusivamente femenino, como si los hombres no pudieran externar ni ésta ni ninguna otra emoción. De los hombres se espera que sean decididamente heterosexuales, fuertes, serios y aun fríos, una construcción cultural que genera “identidades masculinas estrechas que expulsan lo emocional”, según escriben los autores.

Cabe mencionar, por último, que las relaciones estrechas entre hombres no son desconocidas en la historia de la humanidad y más bien podría decirse que, en el caso de nuestra especie, forman parte del desarrollo natural de la sexualidad. Después del período de latencia en que caen los instintos sexuales en la niñez, la sexualidad revive en la juventud como una energía desconocida y un tanto ingobernable, que en el ser humano debe encontrar cabida en el marco cultural amplio en que cada persona vive. El tipo de relaciones aquí presentado puede entenderse a la luz de ese contexto y, de hecho, muchos de los indicadores ofrecidos así lo sugieren.

 

El estudio A Critical Appraisal of Romantic and Bromantic Relationships puede consultarse en este enlace

 

También en Pijama Surf: La amistad es homicida del amor –una atrevida hipótesis de George Steiner–