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La principal actividad de los jóvenes del mundo: tomarse fotos para subir a las redes sociales

Sociedad

Por: pijamasurf - 03/10/2020

No sólo el mundo de la selfie, el mundo en el que la naturaleza y la tradición son invadidas por el lifestreaming

En cualquier parte del mundo (en la India, en Rusia, en México, en Nigeria, etc.) hay una constante: los jóvenes pasan parte importante de su vida tomándose fotos o videos para subir a las redes sociales. Hoy en día, una parte esencial de las festividades, ya sean festivales religiosos o seculares, es tomarse fotos. Más aún: parte esencial de los ritos de paso, especialmente de la infancia a la adolescencia y de la adolescencia a la juventud o a la madurez tiene que ver con tomarse fotos y crear una imagen para publicar en redes sociales. No se trata solamente de la cultura de las selfies, la cual en sí ya es algo digno de estudiarse (y no sin inquietud); se trata también de una forma de socializar que empieza a fagocitar a las diversas formas tradicionales de socialización. El deseo de pertenencia, la aparente necesidad de producir una imagen atractiva, la seducción, la creatividad, todo esto pasa ahora por las redes sociales y su mundo de imágenes.

Puede ser que esto no sea del todo malo; lo que es evidente es que es nuevo y que tiene algunos elementos alarmantes, especialmente desde un punto de vista un tanto purista (pero no puritano), que sugiere que las interacciones son mejores en la inmediatez. Los jóvenes modernos van de fiesta a través de sus aparatos; utilizan filtros digitales como "cosméticos"; se muestran al mundo y a posibles empleadores o parejas a través de los aparadores de las redes sociales. Los jóvenes pasan horas arreglándose, buscando un lugar en la naturaleza o una actividad extrema para poder tomarse una selfie o que un amigo los retrate, y esto parece ser para muchos la descripción de algo normal o de un buen rato. Al mismo tiempo que hacen esto, y que hacen una especie de outsourcing (disfrazado de independencia, pues ya no dependen de esquemas tradicionales), son parte del producto que se vende y consume en las redes sociales, en medio de algoritmos que buscan manipular su comportamiento a través de su funcionamiento taimado, o al menos programado con fines muy distintos que la posibilidad de "conectarlos".

Esta tendencia de alguna manera la anticipó Italo Calvino al hablar de la expansión de esa epidemia que es el turismo (el turista paga para tener una experiencia de lo "auténtico" y tradicional, sin reparar en que su sola presencia amenaza seriamente la estabilidad de la cultura que busca consumir). Calvino notó una importante disyuntiva entre vivir para experimentar o vivir para mostrar las experiencias (a través de fotografías). Al respecto, escribió esto:

La línea entre la realidad que es fotografiada porque nos parece bella y la realidad que nos parece bella porque ha sido fotografiada es muy estrecha. En el minuto en el que dices algo como "Ah, ¡qué hermoso! Debemos fotografiarlo!" ya estás muy cerca de la visión de la persona que cree que todo lo que no es fotografiado se pierde, como si nunca existiera, y que, para realmente vivir, debes fotografiar lo más que puedas, y para fotografiar lo más que puedas, entonces, debes vivir de la forma más fotografiable posible, o de alguna forma considerar fotografiable cada momento de tu vida. Lo primero lleva a la estupidez; lo segundo lleva a la locura.

Cabe preguntarse, ¿acaso no estamos viendo una creciente ola de "estupidez", alimentada por esta actitud de la interfaz, de la mediación, del turismo, del entretenimiento, de canjear la presencia por la apariencia?

 

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