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última entrega de una serie que explora el transporte público en la Ciudad de México desde la literatura

Algunas veces, y no pocas, he pensado y he dicho: !Pinche, puta vida!

Sólo lo digo impulsado por los problemas que me acosan, pero me desdigo, me arrepiento, porque sé que la vida es lo único real, y por esta sencilla y compleja razón, la aprecio, y a veces, la disfruto, a mi manera.

¡Pinche, puta vida! No dudo que esa valoración de la vida sea compartida por muchas personas, porque “vivir” no es garantía de una experiencia placentera, es más, la vida puede arruinar a una persona y desgraciarla para siempre. Aun así, no hay alternativa, no hay otra vida, hay una sola.

La muerte es el final, pero en los sueños se convive con los muertos, se puede hablar con ellos, vivir con los muertos. También se puede decir: ¡Pinche, putos sueños! ¡Pinche, putas pesadillas!

Pero en este momento estoy esperando a un ser vivo maravilloso, al que amo, a pesar que ella no me ama, bueno, pero me quiere a su manera. Ya va a llegar Juliet Avilés, la periodista tenaz. En esta noche, cubierta con un manto oscuro, cruza media ciudad para llegar a esta su humilde casa en la colonia Cuauhtémoc, en la calle de Río Balsas. Como ya sé que arribará en cualquier momento, le voy a abrir la puerta.

-Hola, pinche huevón-me saluda Juliet, plantándome un beso en la boca.

-Hola, amiga, aquí está tu enamorado-le regreso el saludo.

-No seas cursi. Apúrate, vamos a ver el noticiero, que me interesa una información que van a dar en ahorita, Zukerman y la viborita Denis Mercado. Te traje pastel de chocolate.

Sentados en un sillón de la sala de mi casa, ante el televisor, aparecen en pantalla los dos “periodistas” que se van alternando para trasmitir las noticias. Dice Ciro Zukerman: “El día de hoy, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, informó en conferencia de prensa, que muy pronto la ciudad contará con un nuevo transporte de pasajeros, que cubrirá la ruta del Paseo de la Reforma, desde el auditorio hasta el Palacio de Bellas Artes. Será un camión de dos pisos, importado de la Gran Bretaña, que en su parte superior será a cielo abierto para que los turistas que lo aborden puedan apreciar, tomar fotografías, escuchar la descripción que el guía haga del Paseo de la Reforma.

Toma la palabra la viborita Denis Mercado: “A la inauguración han sido invitados, el Secretario de Turismo, el Presidente de la Cámara de Turismo, el arzobispo de la ciudad, el Presidente del Congreso local, los representantes de la empresa concesionaria, el jefe de la policía de la Ciudad y los medios de comunicación que cubren la fuente de turismo de la ciudad. Se les invitará a disfrutar un refrigerio durante el recorrido. Cerró la noticia la viborita.

Juliet, pensando en voz alta, exclamó: ¡Esto huele mal, huele a mierda. Aquí hay un negocio escondido, una tranza!

-Pero porqué-opiné-es un servicio turístico más para la ciudad, a mí me gustaría pasear en ese Turibús.

Pues sí, pero no-alegó Juliet-este es un negocio que está armando el Jefe de Gobierno, dónde sólo algunas personas salen ganando. Aquí hay algo más que “un bonito recorrido por la Reforma”. Yo no me lo trago, yo voy a investigar que hay debajo del tapete.

Ya rugiste-le dije-vamos a ver que hay debajo del tapete, basura pero muy valiosa. Yo te apoyo, te cargo la cámara, te chofereo y te amo.

No mames pinche Marciano-dijo Juliet-apagando el televisor-ahí te ves con tus jaladas de serie chafa y salió de la casa.

“El que busca la verdad, corre el riesgo de encontrarla”.

En un hecho inusitado, me desperté a las siete de la mañana. Presentía que Juliet me llamaría temprano. Preparé café cargado y puse en un plato el pastel de chocolate. Prendí la radio para escuchar el original mañanero, no el de Amlo, sino el de Brozo el payaso tenebroso. La combinación de café y pastel me aflojó el “mastique” como se dice entre los corrientes como yo, así que corrí al baño a defecar.

No sé por qué me levanté de buen humor, yo que soy un obsesivo de la depresión social. Intuí que Juliet me iba a involucrar en una aventura excitante, bueno, aunque sólo sea como su acompañante, y quizá hasta generadora de algún ingreso, que ya se me hace tarde. No tardó mucho para que sonora el celular, apareció en la pantalla el bello rostro de juliet.

-Bueno.

-Hola, soy Juliet.

-Por fortuna-le contesté.

-Ay sí, pinche Marciano, es muy temprano para que me adules.

-No es adulación, es una posibilidad.

-No empieces con tus especulaciones marcianas.

-Ojalá sea una fortuna, tanto en su acepción filosófica, como económica-le dije.

-Ya aliviánate, que necesito que me ayudes a realizar una investigación periodística callejera. Me dieron el pitazo que hoy se van a reunir los grupos y organizaciones ciudadanas que se oponen al Turibús en el Paseo de la Reforma.

-¿A qué hora y dónde se van a reunir?

-Pues creo que como a las dos de la tarde en el Ángel de la Independencia-estableció Juliet.

-¿Qué te parece si nos vemos en el Café Emir, como a la una de la tarde-le propuse.

-Sí, está bien como a la una-me confirmó Juliet.

-Hecho el cohecho-me despedí de Juliet.

Sea lo que sea, pase lo que pase, hay días que me sabe más rico el café, y me dispuse a echarme un regaderazo.

Tal como lo acordamos, llegamos a la cita en la cafetería el Aroma del Cielo a la una de la tarde. Juliet se vistió con un traje de reportera en campaña: chamarra caqui, con cuatro bolsas para guardar las “balas” y un pantalón café con bolsas exteriores a la altura de los muslos, y botas negras de minero. Yo me puse un saco negro con botones de plata y zapatos tenis que últimamente utilizó para mitigar el dolor de los pies. La saludé de beso en la mejilla, ella pidió un capuchino deslactosado y yo un expres. Revisamos los periódicos y no encontramos nada referente a la convocatoria a la reunión de los grupos que se oponen al Turibús. Hasta cierto punto era lógico, puesto que aún no se realizaba la reunión. Juliet trabaja para el periódico las Novedades de México y la página de internet  El Mundo Insólito. Yo trabajo para Juliet y para la poesía. En esta ocasión cargo la cámara y la grabadora de casetes Sony.

-Bueno Marciano te pones vivo, para prender la grabadora cuando yo te indique en las entrevistas, y tomas las fotos de todos los que se encuentren en el Ángel de la Independencia-me ordenó Juliet.

-“A sus órdenes jefe”-le contesté imitando a Cantinflas.

Ella pagó los cafés y nos dirigimos caminando al Ángel de la Independencia, corazón del Paseo de la Reforma. En las escalerillas del monumento, se encontraban unos pequeños grupos con carteles: “los Vecinos de la colonia Cuauhtémoc, rechazamos al Turibús en el Paseo de la Reforma”. “Vecinos de la Colonia Juárez en contra del Turibús”. “Los vecinos de Polanco repudiamos el Turibús”. Y sobresalía un grupo ataviado con vestimentas de indígenas, tres hombres y una mujer con su huipil y penachos de plumas y pintados de la cara. El grupo se llamaba “Guerreros Océlotl y Coatl de Tenochtitlan”.  Como llamaban la atención Juliet se les acercó a entrevistarlos:

-Hola, buenas tardes, ¿ustedes porqué protestan contra el Turibús?

-Bueno-tomó la palabra uno de ellos-yo soy el representante de Tezcatlipoca, espejo humeante, en este Macuili Tonatiuh de Nahui Ollin, se llama Sol de Movimiento, porque se mueve, sigue su camino. Los compañeros son los representantes de Huitzilopochtli, Colibrí, Quetzalcoatl, la serpiente emplumada y Yaocihuatl, mujer guerrera. No queremos que se trastoque el viejo camino a Chapultepec y se profane las moradas de nuestros dioses. El Turibús será destruido-amenazó Tezcatlipoca.

Mientras hablaba, yo le grababa sus palabras y les tomaba fotografías.

Juliet le preguntó- ¿Ustedes son vecinos del Paseo de la Reforma?

-Nosotros somos pobladores de México Tenochtitlán-contestó quien decía ser Tezcatlipoca-y habitantes del reino de Netzahualcoyotl. El Turibús será destruido.

Durante la improvisada conferencia de prensa de los inconformes en las escalerillas del Ángel, percibí un fuerte, desagradable y apestoso olor fétido, que posiblemente proviniera de algunos de los protestantes que estuviera sufriendo una inminente descomposición del bolo alimenticio en el colon, producto de la ingesta de una dosis considerable de tacos de tripa, nana, cachete, nenepil, cuerito y moronga de algún especimen trompudo, en un puesto de comida callejera en colonia Morelos. Por los gestos de desagrado de los presentes, estaba claro que yo no era el único que fui atacado por esos gases venenosos.

Mientras tanto, los Guerreros de Tenochtitlan, extrajeron de sus morrales unas flautas y un tambor, e iniciaron un baile de los llamados folklóricos, gritando al unísono “Mexica Tiahui”, El Turibús será Destruido”. Al final del numerito, repartieron un volante, con la famosa oración de que la “fama de México-Tenochtitlán no morirá”.

Los grupos de vecinos y los Guerreros Mexicas, convocaron a los medios a presentarse al día siguiente en las oficinas del Jefe de Gobierno, para atestiguar la entrega de un documento en el que exponen las razones para que no se otorgue la concesión del Turibús a la empresa inglesa por 30 años, para contaminar el Paseo de la Reforma y generar un conflicto irresoluble de tráfico en una vía que es patrimonio histórico y cultural de la Ciudad de México. Por último, se plantaron en el Paseo de la Reforma obstruyendo el tráfico, generando un embotellamiento de regulares proporciones.       

Cuando nos retiramos Juliet y yo, le pregunté si no percibió el aroma pestilente a gato muerto en descomposición.

-Claro que sí, era imposible no percibirlo-afirmó Juliet-en un momento dado pensé que eras tú, pinche Marciano.

-No, no inventes, a veces los tacos de canasta me producen gases, pero nada que ver con la peste de estos cuates. Para mí que son estos disque Guerreros de Tenochtitlan.

-¿Oye, sí qué raros y extraños estos tipos, si no viven por la Reforma, qué pitos tocan aquí? Yo los voy a investigar-aseguró Juliet.

-Pues los pitos que tocaron, los tocaron bastante mal. Mejor vámonos a comer algo, que ya me rugen las tripas. ¿Qué tal si vamos a los Panchos a comernos unos tacos?

-Ya rugiste, te ganaste unos de chicharrón-lo invitó Juliet.

Al día siguiente, “plácidamente” sentado en el asiento de un vagón del metro en la estación San Cosme, calculando que éramos unos 20 pasajeros, adivinando que la mayoría se dirigían a “trabajar”, ciertamente eran las 10 de la mañana, me acordé de la onceava tesis de Feuerbach: “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo.” Carajo, pobres filósofos, menuda tarea les asignó Marx. Yo no puedo transformar, siquiera mi vida, menos el mundo. Cuando el llamado transporte colectivo, arribó a la estación Zócalo, me apresuré a descender para llegar a la cita de los opositores y protestantes vecinos del Turibús, en las oficinas del Jefe de Gobierno de la ciudad. En la puerta del vetusto, pero bello palacio de gobierno, ya me aguardaba la bella Juliet, ansiosa como siempre, para poder ingresar, siempre después de acreditarse como periodista de la fuente y colarme en mi calidad de asistente.

Subimos las espectaculares escaleras de piedra hacia el primer piso, donde ya las organizaciones de vecinos y los Guerreros de Tenochtitlan, disfrazados con sus vestimentas prehispánicas, exigían a gritos ver al señor licenciado Jefe de Gobierno, impedidos por algunas empleadas y un contingente de policías. Primero salió a atenderlos una secretaria de audiencias, para, de forma muy amable, pedirles que se anotaran en la lista de solicitantes de audiencia. Como respuesta, recibió una silbatina estruendosa. Posteriormente, salió el Subsecretario de Gobierno, quien les informó que tenía instrucciones del Jefe de Gobierno para atenderlos y los invitó a pasar a una sala de juntas muy elegante, forrada de madera y sillones de piel. Con tal de no ver frustradas sus intenciones, los protestantes aceptaron la invitación. Inició la reunión, informándoles que el Jefe de Gobierno, se encontraba en una reunión previamente programada y que no podía personalmente atenderlos. Los vecinos presentaron documentos con los argumentos que esgrimían en contra del Turibús: la contaminación generada por autobuses de motor importados desde Alemania, cuando en ese país, ya se utilizaban los vehículos eléctricos y nos mandaban tecnología chatarra; el violento trastocamiento del espacio urbano; la alteración del patrimonio histórico y cultural del Paseo de la Reforma y el Bosque de Chapultepec. A cada petición, el grupo de Guerreros de Tenochtitlan, hacían sonar las flautas y los tambores. En conclusión, ese proyectado Turibús, debía ser trasladado a la Costera de Acapulco. Todos aplaudieron. Volví a percibir ese olor de gases venenosos y escruté los rostros de los ahí presentes para descubrir al responsable. El señor Subsecretario se comprometió en hacer llegar las peticiones de los vecinos al Jefe de Gobierno. Despidiéndose de los protestantes. Pero antes de que se retirara, el que se hacía llamar Tezcatlipoca, pidió la palabra: Yo soy Tezcatlipoca, espejo humeante, el alma del mundo, creador de cielo y tierra, el viento de la noche;  me acompaña Huitzilopochtli, el dios de la guerra, pájaro chupamirto, señor de la espina; nos hace el honor el dios Quetzalcoatl, serpiente emplumada, dios del viento,  mi madre es la Coatlicue, y barro los caminos; también nos hace el honor Yaocihuatl, la mujer guerrera , diosa madre del género humano. Todos los periodistas, tomaban nota de lo que decía el auto llamado Tezcatlipoca, yo tomaba fotografías de los personajes y casí resultaba imposible respirar en esa sala ese putrefacto olor. Al final de la reunión, dijo Tezcatlipoca: ustedes los hombres blancos que vinieron a matar a nuestros dioses, serán castigados, porque nuestros dioses viven en el corazón del pueblo, y regresarán a destruir el Turibús. Antes de morir asfixiados, salimos corriendo a respirar aire puro.

 

Ya en la plaza mayor, no aguanté la risa, pero Juliet me llamó la atención, reclamándome por no tomar en serio la situación. Fuimos a tomar unos jugos y analizamos el documento de los Guerreros de Tenochtitlan. Después de leer toda la mitología náhuatl que contenía, al final del volante, venía como abajo firmante el nombre de Fermín Reyes, antropólogo, y una dirección: Calle de Bamba 25, Ciudad Nezahualcoyotl.  Juliet, como siempre terminaba nuestras pláticas me dijo: “voy a investigar, esto es muy sospechoso”.

En la noche lluviosa y húmeda, truenos estruendosos y relumbrantes, sonó el teléfono, yo estaba en la cocina preparando unas quesadillas y un té de manzanilla. Cesó de sonar el teléfono, dudé de ir a la sala, comedor, biblioteca, a contestar. Esperé a que se derritiera el queso y se dorara la tortilla e hirviera el té, me fui a ver la tele, las Chivas habían ganado milagrosamente. Me senté a un lado del teléfono con la expectativa de que sonaría, tarde o temprano, y así fue. Volvió a repiquetear, lo contesté:

-Hola, bueno, ¿quién habla?

-Soy Juliet, grandísimo mamón.

-Porqué la agresión?

-Uy, qué ofendido. Oye, fíjate y te cuento que busqué en el internet a Fermín Reyes.

-¿Quién es Fermín Reyes?

-Oye, no te concentras en lo que estamos haciendo. Fermín Reyes es el nombre que aparece hasta bajo del folleto que repartieron los Guerreros de Tenochtitlan

-Ah, claro…el folleto, pero ¿quién es Fermín Reyes?

-Pues eso es lo que estoy investigando en internet. Escucha-me dijo Juliet-Fermín Reyes es un arqueólogo, que algún día estudió en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, la famosa ENAH, que antes estaba en el Museo de Antropología, y trabajó en un proyecto de excavación y salvamento en Teotihuacan, bajo las órdenes de ¿quién crees?

-No tengo la menor idea.

-Pues de Manuel Mancera, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México.

-Ay Juliet, qué gruesa estás.

-Pero eso no es todo, Mancera tiene una hermana que estudió en la ENAH, Marisol Mancera.

- Y como eres de mal pensada, supones que hubo una conexión con Fermín Reyes.

-Obviamente no puedo afirmar nada, pero mañana mi querido Marciano, me vas acompañar a buscar la calle de Bamba en la Ciudad Nezahualcoyotl.

-Puta madre, Nezahualcoyotl, tiene tres millones de habitantes.

-Pues sí, pero si te modernizaras, sabrías que existe una aplicación que se llama Google Maps, y allí están todas las calles de México, del mundo y también de Nezahualcoyotl.

-Qué chingona eres Juliet, no tardarás mucho para ser permio nacional de periodismo.

-Dios te oiga y te haga rico, no me caería mal. Mañana paso por tí. Una vez me dijiste que tienes un amigo en Neza.

-En efecto, mi querido amigo Chucho, el rey del pozole.

-Entonces ¿sabes llegar a Neza?

-Sí, creo que sí.

-Sale, nos vemos mañana, adiós.

Colgué el teléfono, quedé satisfecho, ganaron las Chivas, las quesadillas estaban ricas y mañana voy a ver a Juliet.

Al día siguiente, mañana muy soleada, Juliet pasó por mí en su coche Jetta azul marino, le pedí que se dirigiera al Viaducto, para tomar rumbo al oriente de la ciudad, después enfilarse por la Avenida Zaragoza, hasta el Peñón de los Baños y dar vuelta en la avenida Carmelo Reyes, ya en el municipio de Ciudad Nezahualcoyotl.

-Pinche Marciano-me dijo cariñosamente Juliet-cómo puedes conocer Neza, yo en mi vida he venido aquí.

-Porque tú eres, de la “High” y yo soy de la raza popular.

-Son tus inclinaciones socialistas.

-Dáte vuelta a la derecha en la Avenida Chimalhuacan, y tres cuadras adelante te das a la izquierda.

Juliet me obedeció y dimos con la calle de Bamba.

-Busca el número 25-me pidió Juliet.

Nos fuimos hasta el fondo de la calle y llegamos al número 25. Era un galerón, con la fachada en mal estado, una puerta de metal, que más parecía un taller mecánico. Para nuestra sorpresa, en la pared había un letrero que decía: Neyaoquizcatecaliztli. Cuartel General de Ocelotl-Coatl, Guerreros de Tenochtitlan.

-Aquí es-le dije a Juliet-vamos a bajarnos.

Descendimos del coche y buscamos un timbre, que no existía. Así que tocamos a la puerta levemente. Nadie respondió. Nos asomamos para ver el interior, pero sólo se veían unas cuantas sillas y nada más. Seguimos golpeando la puerta con más fuerza, pero nadie salió.

-¿Qué hacemos?-me preguntó Juliet-¿Esperamos o nos vamos?

-Vamos a buscar a mi amigo Jesús, a la mejor él sabe algo, él es líder popular en Neza. Vamos al coche y a buscarlo en su restaurante. Oye, espérate, mira lo que está ahí en el suelo, parece una carta del banco. Sí es una carta dirigida a Fermín Flores, la incautamos, ¿sale? La agarré sin medir consecuencias.

Nos subimos al coche y le dije a Juliet como llegar. Su establecimiento estaba muy cerca de ahí, era una pozolería grande, con muchos comensales, se llamaba “EL Zacatecano”. Jesús había sido compañero mío del trabajo, hacía 40 años, en Culturas Populares. Nos paramos enfrente. Por ser temprano el restaurante estaba cerrado. Me bajé del coche y toqué el timbre. Por suerte, Chucho abrió la puerta. Me dio un gran abrazo.

-Hola mi querido Chucho-le dije-dándole la mano.

-Hola Marciano, que se te perdió aquí en Neza, a esta hora todavía no preparo el pozole-me dijo Jesús.

-Bueno, antes que nada, te presento a Juliet Avilés.

-Ah, claro, la periodista-me reviró Chucho.

-¿Me conoce, me ha leído?-le dijo Juliet.

-Sí, claro, yo la sigo en el internet. En la página del Mundo Insólito. Y qué se les ofrece, para que soy bueno, además de hacer el mejor pozole de Neza-aseguró Jesús.

-Oye mano, fíjate que andamos buscando a unos cuates que se llaman los Guerreros de Tenochtitlan. Fuimos a una dirección en la calle de Bamba, pero no había nadie, tocamos un buen rato y nadie abrió. ¿Tú sabes algo de esos cuates?

-Sí, algo sé de esos pinches orates-me contestó Jesús-Disque están esperando el regreso de Quetzalcoatl, para vengarse de los conquistadores. La verdad es que nadie los pela.

-¿Y sabe quién es un tal Fermín Reyes?-le preguntó Juliet.

-Bueno, este cuate, se dice el jefe de los Guerreros, también se autonombra Tezcatlipoca. Parece que es arqueólogo, pero aquí en Neza, era chofer de camiones, de los que les dicen Chimecos. A una de mis meseras se la jaló a su grupo, y ya no volvió a trabajar. Se dice que es su novia.

-¿Y ya no maneja el camión?-preguntó juliet.

-Pues chance y sí. Esa línea de camiones tiene su base en Pantitlán. Son los que van a Chimalhuacan. Si lo buscan ahí, capaz que alguien les dé información de ese loco de Reyes.

Y, en el local de Bamba, ¿se les puede ubicar?-le pregunté a Jesús.

-No lo creo, ese lugar está abandonado. ¿Y ustedes, porqué lo andan buscando?-nos cuestionó Chucho.

-Es que estamos siguiendo a un grupo de vecinos de Polanco, la Cuauhtemoc, y la Juárez, que se oponen al Turibús que va a circular por Paseo de la Reforma, y curiosamente,  también se sumaron a las protestas los Guerreros de Tenochtitlan-le comentó Juliet.

-Queremos saber qué pitos tocan estos cuates en este asunto-le dije a Chucho.

-Pos quién sabe. No sé qué tenga que ver el hecho de que este cuate, sea o haya sido chofer de camiones. La neta son unos tipos raros y sospechosos-concluyó Chucho.

-Bueno, pues gracias por la información-le dije a Chucho-otro día venimos a comer pozole.

-Ya quedó el compromiso, pero invitas a la señorita-se despidió Jesús dándome un abrazo y un beso en la mejilla a Juliet.

-Muchas gracias-le dijo Juliet.

Nos subimos al coche y nos dispusimos a regresar a la Ciudad de México.

-Ya que andamos por aquí, por qué no vamos a Pantitlán a buscar a Fermín Reyes, a ver que podemos averiguar de él-le propuse a Juliet.

-Sí, buena idea, vamos a Pantitlán-aceptó Juliet.

La estación Pantitlán es un monstruo de concreto, acero, un rompecabezas, a nivel tierra están los estacionamientos de los cientos de líneas de camiones y microbuses, y una red intrincada de andenes en las que hacen filas los candidatos a pasajeros. A nivel cielo, están las tres líneas del metro que reciben y expulsan a miles de personas que buscan entrar y salir de la Ciudad de México hacia el Estado de México, y viceversa. Tardamos media hora en encontrar un lugar donde estacionar el coche, pero eso sólo fue el inicio de la búsqueda de la ruta de camiones a Chimalhuacan. Resulta que no hay una sola línea de camiones, camionetas y microbuses que tengan como destino Chimalhuacan, hay decenas. Así que le pedí paciencia a Juliet para ir agotando andén por andén, preguntando a los choferes si conocían a Fermín Reyes. Tras preguntar a los primeros tres choferes, que no tenían la menor idea de quién es Fermín Reyes, llegué a la conclusión de que un nombre no le dice nada a la gente. Recordé que en el teléfono celular tomé fotografías el día de la reunión del Ángel de la Independencia, ahí estaban los rostros de los Guerreros de Tenochtitlan, fui seleccionando las fotos hasta que apareció con nitidez la cara de Fermín Reyes. Definitivamente eso facilitó la tarea. Por fin, después de preguntarle a más de 20 choferes, uno de ellos lo identificó:

-Ah…uy…sí, cómo no, este camarada es el “apestoso”.

-¿Quién, el apestoso?-preguntó Juliet.

-Pos este cuate, que ustedes dicen que se llama Fermín Reyes-contestó el Chofer.

-¿Y sabe dónde lo podemos encontrar?-pregunté yo.

-Bueno, pues anduvo chofereando un rato, pero ya no maneja-nos dijo el chofer.

Juliet hizo un gesto de decepción combinado con desesperación.

-Lo que yo sé-aseveró el chofer-es que se fue a trabajar con los patrones.

-¿A dónde?-preguntamos al mismo tiempo.

-Pos a las oficinas de la empresa.

-¿Cuál empresa?-volvimos a preguntar al mismo tiempo.

-Transportes Terrestres del Valle de México-nos informó el Chofer-allá por insurgentes.

La cara de Juliet se iluminó, teníamos lo que se dice un dato duro.

-Gracias, muchas gracias-le dijo Juliet-que le vaya bien-se despidió.

-Oiga, ¿por qué le dicen el apestoso?-le pregunté.

-Puta, porque se tira unos pedos apestosísimos el desgraciado. Según se comenta entre los compañeros, ese cabrón está enfermo, está podrido-nos confesó el chofer.

-Pues muchas gracias-le repetimos.

-Y ustedes, ¿porque lo buscan?

-Somos periodistas, estamos haciendo una investigación.

-Ah…pues cuando quieran, me pueden entrevistar.

-Gracias, ya lo acabamos de entrevistar-le dijo Juliet.

-Oiga, pongan mi nombre, me llamo Gregorio Samuel.

-Claro que sí, Gregorio Samuel- me acordé de Franz Kafka.

Regresamos al coche, satisfechos de la pesquisa, decididos a buscar una cantina para echarnos unos tragos y comentar la jornada.

Otra vez me levanté con la sensación de que la vida no vale nada, que la filosofía materialista es un rollo para demostrar la miseria humana y que para no seguir alimentando un discurso derrotista tenía que salir a correr por la Reforma y comprar unos tamales oaxaqueños. Practicando lo que los gringos llaman jogging, o sea avanzar a trote corto, se me hizo extraño que en las estatuas colocadas a lo largo del Paseo de la Reforma, se hubieran pegado unos pequeños carteles en rojo y negro. Me acerqué para enfocar mejor y cuál fue mi sorpresa: ¡Era un llamamiento llameante de los Guerrero de Tenochtitlan, a la Guerra contra el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México y a destruir el Turibús el próximo sábado! El texto establecía que “los Aztecas hicieron de sí mismos los colaboradores cósmicos del sol. La guerra sagrada y el sacrificio podían preservar  la vida de Tonatiuh y podían acercar al hombre al morir en la guerra, con el dador de la vida”. ¡Órale, con estos cuates! Eran unos excéntricos descontinuados, cuál es el mensaje oculto. Regresé a mi humilde choza con el objetivo urgente de hablar con Juliet. Tomé el celular y le marqué, apareció su bello rostro:

-Hola, bueno-me contestó con su dulcísima voz.

-Hola amiga, me acabo de encontrar con un incendiario llamamiento a la guerra de los Guerreros de Tenochtitlan, para el próximo sábado.

-¿En dónde?

-En unos carteles pegados en las estatuas de los héroes patrios en el Paseo de la Reforma.

-¡Queeeeé! No inventes.

-No es de chía, es de horchata. Es neta-le dije-le tomé unas fotos con el celular, en unos segundos te la mando.

-El próximo sábado es día de muertos-me recordó Juliet.

-Sí, el día que se programó la inauguración del Turibús. ¿Ya te llegó la foto?

-Sí, la estoy viendo. No mames, están locos o es broma. Oye tenemos que ir hoy, al rato a la empresa de camiones, a ver qué averiguamos, en una de esa y encontramos a Fermín Reyes. Voy a buscar la dirección de la empresa en el internet y voy por ti.

-No es Fermín Reyes, es el espíritu de Tezcatlipoca. Aquí te espero-terminamos la llamada.

“Hoy proclamé la independencia de mis actos, ante la indiferencia absoluta del mundo. Todo transcurrió en silencio”.

En esas tribulaciones me encontraba, cuando sonó el timbre de la puerta. Ya sabía que era Juliet, ya sabía a qué venía, ya sabía que su sola presencia me haría feliz, al margen del Turibús.

-¡Ay qué elegante, a dónde vas!

-Vamos a buscar a Fermín Reyes a Transportes Terrestres del Valle de México. Ya tengo la dirección de la empresa, es en Insurgentes Norte.

El tráfico nos sometió a su tiranía, hicimos más de una hora para llegar, Juliet a punto de un ataque de nervios y yo practicando el estoicismo de la resignación. Por fin, llegamos. Para ser una empresa de auto transportes, parecía un edificio de Santa Fé. Entendí porque Juliet se vistió tan elegante. No era fácil entrar. En la recepción había policías y mujeres recepcionistas que tenían la consigna de impedir el paso. En una decisión de astucia reporteril, Juliet le había pedido cita al Director de Relaciones Públicas de la empresa. Se nos permitió salvar los torniquetes para tomar el elevador y ascender al quinto piso. Me amenazó Juliet de no ser imprudente y decir pendejadas.

Desde que entramos al elevador, mi agudo olfato percibió ese desagradable aroma putrefacto que desde que estuvimos en el Ángel de la Independencia, penetró por las anarinas de la nariz. Llegamos a la oficina de Relaciones Públicas, el olor no cesaba. Juliet se identificó con la secretaria y fue invitada a pasar a la oficina del Director. Entramos y nos presentamos como periodistas que estábamos realizando un reportaje sobre el transporte en la Ciudad de México. A lo largo de la entrevista, no dejé de respirar ese nauseabundo olor. Juliet inventó toda una historia para que el Director de Relaciones Públicas, hiciera una llamada al Director de Administración, con el objeto de que nos recibiera para hablar de las relaciones laborales en la empresa. Se accedió a la solicitud de Juliet, nos despedimos y la emprendimos hacia el sexto piso, por las escaleras. El olor era como una maldición que nos perseguía. En la Dirección de Administración, nos recibió un auxiliar del Director, supuestamente porque este no se encontraba. En su pequeño cubículo Juliet le preguntó cuántos trabajadores laboraban en la empresa. La estrategia era dudosa.

-Oiga, ¿aquí trabaja el señor Fermín Reyes?-preguntó Juliet.

-¿Quién?-

-Tengo entendido que el señor Reyes es un chofer de la ruta Pantitlán-Chimalhuacan.

-Trabajaba, ya no trabaja aquí-contestó el auxiliar.

La estrategia de Juliet dio en el blanco.

-¿Ah, ya no trabaja?-repreguntó Juliet

-Sí, acaba de ser despedido.

-¿Porqué?-insistió Juliet

-No sé. Y buenos días-se escabulló el empleado, para no seguir contestando las preguntas de Juliet.

-Vámonos-me dijo Juliet-ya no tenemos nada que hacer aquí.

En la calle la felicité a Juliet-eres una chingona-le dije. No captó la intención de la felicitación. Sí mujer, comprobamos, que Fermín Reyes, y sus pedos olorosos, están metidos en algo turbio. Vamos a buscar a mi amigo Luis la Rata, el hacker. Vamos a ver si encontramos una cuenta de banco, igual de pedera.

-Ah, ya te entendí. Somos unos chingones-confirmó Juliet, dándome un beso.

Inauguración del Turibús. Ze Miquiztli (primer día de muerte)

Acordé con Juliet, que mientras ella iba a la inauguración del Turibús, yo iría a ver a mi amigo Luis, la Rata Carrasco, el hacker, para intentar penetrar en la cuenta de banco de Fermín Flores. Yo tenía la llave del cielo o del infierno, la carta del banco enviada a Fermín Flores.

-¿Qué onda Rata? ¿Cómo te ha ido? ¿Sigues metiéndote en donde no te importa?

-¿Qué te pasa pinche Marciano? Primero salúdame bien, y dame un abrazo.

Tenía razón la Rata, no eran formas de saludar a un viejo amigo tan querido, tan inteligente y tan importante en ese momento. Así que le di un abrazo fuerte, fuerte.

-Ahora sí, qué se te ofrece, mientras no sea dinero, estoy a tus órdenes.

-No pus muchas gracias, necesito de tus magistrales artimañas. Quiero que trates de encontrar la cuenta de banco de un sujeto que estamos investigando Juliet y tu servidor.

-Sigues enamorado de esa chava. Ya perdónala.

-No, si ya me resigné que esa gallina no va a ser de mi gallinero. Pero me da trabajo para poder tragar, aunque sea una vez al día.

-¿Qué información traes de ese sujeto?

-Pues qué te parece una carta del banco que le enviaron, el sujeto se llama Fermín Reyes.

-A ver, déjame verla.

Le entregué el sobre del banco Banamex. Lo abrió con tal prudencia, que parecía que podía explotar. Se fue a la computadora y empezó a escudriñar una cantidad de información incomprensible para mí.

-Oye Marciano, como me voy a tardar, vete a traer unas cheves y una papas, para pasar el rato.

-Ya vas, voy a la tienda de la esquina y regreso.

Regresé a la casa de la Rata, inmerso en la computadora, me recibió con una pregunta a botepronto, intimidante:

-Oye mi estimado Marciano ¿alguna vez has tenido miedo de morirte?

-¿Qué comiste? Bueno, cuando tenía 11 anos, estuve cerca de morirme por enfermedad, pero no era muy consciente. Pero la vez que me secuestró Miguel Nazar Haro, pues sí la vi cerca, aunque en ese momento no sabía que el que manejaba la camioneta era Nazar Haro. Fue cuando vi una foto de Nazar en el periódico, cuando entonces me dio miedo.

-¿Y porqué no te mató, porqué te la perdonó?

-No me vas a creer y vas a decir que estaba pedo, efectivamente estaba medio pedo, pero la razón fue que el hijo de la chingada me confundió con otro guey ¿verdad que es increíble?

 

En el Auditorio Nacional, empezaban a abordar el Turibús, el Jefe de Gobierno y sus invitados especiales: el embajador de los USA, el diputado del Congreso local, el Secretario de Transporte y Movilidad, la Secretaria de Turismo, el Obispo de la ciudad, los representantes de la empresa concesionaria y todos los trabajadores de los medios de comunicación para cubrir el evento, entre ellos Juliet Avilés, tomaron sus asientos en la parte trasera del techo del Turibús.

Algo así como el maestro de ceremonias iba explicando el recorrido del Turibús, por el Paseo de la Reforma, señalando el Zoológico, el parque de la tercera edad, con el quiosco donado por Corea, la estatua de Tito, y de repente, cuando el camión se aproximaba al Museo de Antropología, con Tlaloc como testigo, un grupo de cuatro personas vestidos con la indumentaria indígena, se pararon en el carril confinado al Turibús, haciéndole la parada. El chofer se detuvo y pensó que el grupo era parte del programa de actividades y les abrió la puerta permitiéndoles abordar el camión. Juliet se sorprendió al ver que el grupo de Guerreros de Tenochtitlan ingresó al camión, encabezados por Fermín Reyes, disfrazado de Tezcatlipoca. Extrajo de su bolsa el celular y le marcó a Marciano.

-Bueno-contestó Marciano-¿Qué tal el paseo en el Turibús?

-Muy bien, pero adivina quiénes se acaban de subir.

-No, ni idea, pero adivina tú qué acaba de descubrir, mi amigo la Rata Carrasco.

-¿Qué descubrió?-preguntó ansiosa Juliet.

-Pues nada más que el día de ayer le hicieron un depósito de 200 mil pesos en su cuenta de banco, a Fermín Reyes.

-¡Puta madre!-expreso Juliet-pues en este momento se acaban de subir al Turibús los Guerreros de Tenchtitlan, con sus trajes típicos.

-Ya sabemos de dónde vino ese dinero, se lo dieron en la empresa camionera.

-MARCIANO, MARCIANO-gritó Juliet.

-¿!Qué pasa, qué pasa Juliet!?

-Fermín Reyes sacó una pistola, le está apuntando al jefe de Gobierno. Le está gritando que es un cobarde, que se acuerde de su hermana, lo insulta y lo amenaza de muerte. ¡Marciano, Marciano! Te acuerdas de la mujer que llaman Yaocihuatl, tiene amarrado por todo el cuerpo cartuchos de dinamita. ¡Marciano, Marciano! Algunas personas se están arrojando del techo del Turibús a la calle.

-¡Juliet, Juliet, Juliet, bájate del camión!-le grité por el teléfono.

-¡MARCIANO, MARCIANO, Tezcatlipoca le acaba de disparar al Jefe de Gobierno, le dio en el estómago. Marciano, Marciano, le vuelve a disparar, ahora le pegó en la cabeza. Cayó el Jefe de Gobierno, no se mueve. Le está brotando sangre por la nariz, por los ojos, por el cráneo!

-¡ Juliet, Juliet, qué está pasando!

-¡La señora tiene un encendedor en la mano. Fermín Reyes le ordena que prenda la mecha! Todo el mundo se lanza a la calle.

¡MARCIANO, MARCIANO, la señora prendió el encendedor, ya prendió la mecha, MARCIANO!

-Lo último que escuché por el teléfono fue una explosión y luego se cortó la comunicación. Volví a marcar al celular de Juliet, pero no contestó. Me quedé atónito, estupefacto. Luis Carrasco me miraba sin entender qué estaba pasando. -¡Prende la tele, la radio!-le supliqué. Tomó el control remoto y prendió la tele. En la pantalla apareció una escena dantesca: un camión en llamas y destruido por una explosión. El locutor decía con voz fúnebre entre el sonido de las sirenas de la policía y las ambulancias:

-Hace unos minutos, se acaba de perpetrar un atentado por el grupo terrorista azteco-comunista los Guerreros de Tenochtitlán, según informes preliminares de la policía, causó la muerte de varias personas y se reportan varios heridos, al hacer estallar una bomba durante la inauguración de la ruta del Turibús por el Paseo de la Reforma. La destrucción es terrible, por el momento, la información que aporta la policía sobre las personas que perdieron la vida, es la siguiente:

Se ha confirmado la muerte del Jefe de Gobierno de la ciudad, del embajador de los Estados Unidos, el obispo de la ciudad, la Secretaria de Turismo, la del diputado del congreso local, la periodista Juliet Avilés del periódico Las Novedades de México y la página de internet Mundo Insólito, además de varios heridos que son trasladados a diferentes hospitales. La única información sobre los responsables de l atentado, la han dado algunos de las personas que estuvieron en el Turibús, que salvaron la vida arrojándose por el techo. El grupo terrorista era desconocido. Ha trascendido que los terroristas murieron también en el atentado.

-¡Grupo terrorista, mis huevos! El pinche loco de Fermín Reyes, el apestoso, recibió esos 200 mil pesos de la empresa Transportes Terrestre por atacar el Turibús. El hijo de puta mató a Juliet.

Luis la Rata Carrasco, escuchaba las noticias en la tele y observaba a Marciano destrozado, tratando de explicarse los espantosos acontecimientos.

FIN

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