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Los himnos a la divinidad de Abhinavagupta (sobre el estado supremo de la conciencia)

Filosofía

Por: pijamasurf - 08/03/2019

'Anuttarāṣṭikā', los versos sobre la conciencia divina

Empezamos aquí a internarnos en la vasta obra de Abhinavagupta, quien es considerado el más grande maestro del shivaísmo tántrico de Cachemira, una de las escuelas más refinadas estética y espiritualmente en la historia de la religión humana. Presentamos el himno Anuttarāṣṭikā, los versos de Anuttara, la realidad última y suprema, para la cual no hay sendero o método. El Swami Lakshmanjoo, uno de los últimos maestros del linaje tántrico trika, dijo que si uno fuera a estudiar este himno (stotra) no necesitaría nada más. 

Este himno está ligado al segundo capítulo de la obra monumental de Abhinavagupta, Tantraloka (Luz sobre los tantras), en el que se discurre el método del no-método o anupāya. El profesor del Colegio de México Óscar Figueroa Castro menciona que  el exegeta Jayaratha (siglo XIII) explica las palabras de Abhinavagupta del siguiente modo: "Después de todo, la verdadera meta es la deidad, cuya naturaleza es luz suprema, y como tal manifiesta en todo [...] por lo tanto, en relación con la deidad, cualquier método no es sino un despropósito, pues aspira a definir lo indefinible, lo que es imposible conocer". A esto agrega Jayartha: "cuando la realidad divina se encuentra a la vista de todos y se manifiesta en todas las cosas, ¿no son precisamente aquellos que insisten en buscarla quienes jamás la encuentran?".

Así define Abhinavagupta anuttara: "Más allá se encuentra el conocimiento supremo, libre de las determinaciones de camino, meta, etcétera. Se le conoce como el reposo en el poder de la dicha, anuttara".

Los que están familiarizados con el budismo tántrico encontraran similitudes entre anuttara y el estado de rigpa del dzogchén o también con el mahamudra. Esto es, un estado no-conceptual, donde no se tiene que hacer nada más, sólo descansar en la naturaleza pura y luminosa que es la esencia de la mente, lo único que es realmente y que no es el resultado de un oscurecimiento de la percepción que se identifica con un yo individual separado y que crea la diferenciación -a través de su percepción oscurecida- dando pie al mundo de los objetos. En el dzogchén se llama la no-meditación, para el tantrismo de Cachemira es el anupāya; ambos se fundamentan en el conocimiento de la no-dualidad como realidad única. El budismo es cauto y prescinde de extremos y definiciones como Dios o Conciencia Universal. El tantrismo shivaíta se vuelca más hacia el éxtasis de reconocer que todo el universo no es más que la manifestación de Shiva, que goza de la multiplicidad de la experiencia sin dejar de existir íntegramente en cada parte, como en un banquete infinito donde es cada uno de los comensales. Esto significa, evidentemente, que nosotros no somos más que Śiva, por lo cual debemos celebrar. Abhinavagupta en este himno nos invita a regocijarnos en la gloria de la conciencia que se sabe una con todo -cuando la persona deja de intentar ser esto o aquello u obtener este o este otro estado, entonces simplemente se reposa en la Luz-Conciencia que es su esencia y se quita el peso de encima y la urgencia que le hacía percibir el mundo como sólido y grave y separado, etc.-. Así, todas las apariencias se transforman en el más sublime despliegue estético; tomando una metáfora prestada del budismo, todo, las galaxias, las estrellas, los hombres y las mujeres, las flores y las piedras no son más que guirnalda, ornamento, la autodecoración de esta Conciencia que se expresa de todas las formas posibles por el puro deleite de ser.

La traducción que presentamos está basada en la versión de Javier Rouzaut, aparentemente tomada de la versión de Lilian Silburn. Hemos hecho sólo algunas modificaciones que creemos pertinentes, como incluir el término anuttara en el texto. Rouzat, en su introducción a su versión de los Himnos a la Divinidad de Abhinavagupta, señala sobre éstos: "La pura luz -que es lucidez- del Ser, se celebra a sí misma manifestándose en formas y replegándose en cada instante, en una creación continua. La pura lucidez -que es pura paz- siempre permanece descansada a pesar del movimiento infinito de su juego de manifestación". No es incorrecto decir que es la pura luz la que se celebra a sí misma, porque el tantrismo no-dual de Abhinavagupta mantiene que la luz es la única realidad del mundo. "Cosas como 'azul', 'amarillo', 'bondad', etcétera, son también sólo luz, Śiva. Si todo lo que existe es esta suprema no-dualidad, luminosa por naturaleza, ¿qué más podría existir?". Es esta luz que es la inmanencia de la Conciencia, su sello de gloria manifiesta, la inseparabilidad suprema representada como el juego de Śiva-Śakti.

 

Anuttarāṣṭikā

1. En este estado supremo de conciencia divina [anuttara] no hay ninguna necesidad de progreso espiritual ni de contemplación, ni de habilidad de discurso, ni de preguntas, ninguna necesidad de meditar, ni de concentrarse, ni de ejercitarse en las plegarias murmuradas.  ¿Cuál es, dime, la Realidad última absolutamente cierta? Escucha esto: ni rechaces ni aceptes, disfruta de todo, sin hacer nada, tal como eres.

2. Desde el punto de vista de la Realidad absoluta, no hay tal cosa como nacimiento y muerte, ¿cómo entonces puede surgir la pregunta sobre los obstáculos de los seres libres? Nunca ha habido ningún obstáculo para la libertad de un ser vivo, y por ello esforzarse para liberarse es tarea vana -como confundir una cuerda con una serpiente o una sombra oscura con un demonio-. Todo esto es una percepción engañosa sin fundamento. No rechaces nada ni aceptes nada, permanece tal como estás, bien establecido en ti mismo [no en el yo psicológico, sino en el Ser que es conciencia pura].

3. En la unidad del estado supremo de anuttara, ¿qué discurso puede haber y que camino diferenciaría adorado, adorador y adoración? En verdad, ¿para quién y cómo un progreso se produciría, o incluso quién penetraría por etapas en el Ser? ¡Oh Maravilla! Esta ilusión, aunque diferenciada, no es otra que la Consciencia sin segundo. ¡Todas las cosas son solamente esencia pura de la experiencia de tu propio ser! Así, no te crees preocupaciones inútiles.

4. Esta felicidad no es como la borrachera de vino o la de las riquezas, ni incluso semejante a la unión con la amada. La aparición de la Luz consciente no es como el haz de luz que da una lámpara, el Sol o la Luna. La alegría superabundante del Ser sólo es comparable a la dicha de quitarse de encima el peso de todas las diferenciaciones acumuladas. La aparición de esta Luz-Conciencia es el estado de unidad universal, que siempre te perteneció como un tesoro enterrado en tu morada. 

5. Atracción o repulsión, placer y dolor, surgimiento y desaparición, exaltación y abatimiento, etc., todos estos estados de los que participan las formas del universo se manifiestan como diversificados pero en su naturaleza ellos no son distintos. Cada vez que percibes la particularidad de una cosa, en ese mismo mismo instante debes percibir la esencia de tu conciencia como idéntica a ella, ¿por qué, lleno de esa contemplación, no te regocijas?

6. En este mundo la totalidad de los objetos aparece eternamente en este preciso momento, toda la actividad del universo no ha sido antes ni será después. La acción diferenciada es una ilusión basada en la confusa e ilegítima perpetuación de un estado intermedio que es irreal, transitorio, fraudulento, como un cúmulo de apariencias en un sueño. ¡Permanece más allá de las imperfecciones erróneamente fabricadas por  el estigma de las dudas y despiértate!

7. Lo Innato no puede estar sujeto a la marea de las manifestaciones de objetos; éstos no se manifiestan más que al experimentarlos tú. Aunque, por naturaleza, estén privadas de realidad, en un instante, a causa de un error de percepción, estas manifestaciones parecen formar parte de lo real. Así brota de tu imaginación la grandeza de este universo puesto que no existe otra causa para su aparición. Por ello, sólo tú resplandeces en todos los mundos y, aunque único, para tu propia gloria, apareces como lo múltiple.

8. Cuando surge la Conciencia en tanto que contacto inmediato con uno mismo, entonces lo real y lo irreal, lo poco y lo abundante, lo eterno y lo transitorio, lo que está manchado por la ilusión y lo que es la pureza del Ser, aparecen radiantes en el espejo de la Conciencia. Habiendo reconocido todo esto a la luz de la esencia, tú cuya grandeza está fundamentada en tu experiencia íntima, goza de tu poder universal.