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Los hombres se sienten mejor con un amigo que con su pareja femenina, según estudio

Salud

Por: pijamasurf - 11/30/2018

Un interesante estudio sobre la forma en que los hombres se permiten expresar sus emociones

De todas las relaciones que el ser humano sostiene a lo largo de su vida, pocas tan satisfactorias como la amistad. ¿Pero es posible que lo sea tanto como para situarse por encima de otra como la relación que se tiene con una pareja sentimental?

Eso sugiere un estudio publicado recientemente en la revista académica Men and Masculinities, editada por la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook. La investigación, realizada por los profesores Stefan Robinson, Adam White y Eric Anderson, encontró que los hombres encuentran mayor satisfacción emocional en las relaciones de amistad estrecha que sostienen con otros hombres que, por otro lado, en las relaciones de tipo sentimental que tienen con una mujer.

Para llegar a esta observación, los investigadores realizaron varias entrevistas, a lo largo de 3 meses, entre 30 hombres heterosexuales, estudiantes universitarios cerca de los 20 años, que tuvieran una relación de pareja con una mujer en ese momento o en una época previa y que reconocieran una relación de amistad cercana y con al menos 18 meses de antigüedad con un hombre, lo cual, en las sociedades anglosajonas contemporáneas, se conoce como bromance, por la fusión de las palabras brother (hermano) y romance (ídem).

Para lograr cierta homogeneidad del grupo, se eligió a estudiantes de alguna carrera relacionada con el deporte. Cabe mencionar también que para prevenir algún tipo de autocensura en las entrevistas basada en prejuicios contra la expresión de las emociones y el afecto (que entre los hombres suele concebirse como actitudes femeninas u homosexuales), los investigadores distribuyeron entre los estudiantes elegidos para el estudio algunos artículos académicos sobre el tema, con el fin de conseguir una opinión más informada.

A lo largo de la investigación, los profesores encontraron que la mayoría de los entrevistados sostenían una relación particularmente íntima con su amigo más cercano, lo cual se expresó en comportamientos como compartir algún secreto, hablar de su afecto e incluso dormir en la misma cama (de hecho, 29 de los 30 estudiantes aceptaron haber abrazado a su amigo durante esos momentos).

Ante estas observaciones, los investigadores buscaron que los propios estudiantes explicaran sus emociones al respecto, sobre todo teniendo como referente el grado de satisfacción encontrado en una relación con una mujer. Varios de ellos describieron la relación con sus amigos como potencialmente más satisfactoria porque en el marco de ésta les era posible abrirse casi por completo, es decir, mostrarse ante el otro física y emocionalmente, sin ningún temor frente a su propia vulnerabilidad. 

En ese sentido, algunos de los entrevistados dijeron no sentirse aptos para hacer lo mismo con su pareja porque, en el caso de una relación de noviazgo, tienen la sensación de que después de mostrarse tal y como son dejarán de ser atractivos para la mujer con la que se encuentran.

Sin embargo, cuando llegó el momento de preguntar qué hacía diferente la relación afectuosa con un hombre que aquella que se puede sostener con una mujer, la respuesta también fue clara: el aspecto sexual. Hacia un amigo se puede sentir interés y amor, pero no deseo sexual, según respondieron los entrevistados.

Sin duda el estudio es particularmente interesante, pues muestra hasta qué grado nuestras emociones están determinadas por el contexto cultural en el que nos desarrollamos. Como señalan los investigadores al inicio de su estudio, es notable que la expresión del amor se ha codificado como algo exclusivamente femenino, como si los hombres no pudieran externar ni ésta ni ninguna otra emoción. De los hombres se espera que sean decididamente heterosexuales, fuertes, serios y aun fríos, una construcción cultural que genera “identidades masculinas estrechas que expulsan lo emocional”, según escriben los autores.

Cabe mencionar, por último, que las relaciones estrechas entre hombres no son desconocidas en la historia de la humanidad y más bien podría decirse que, en el caso de nuestra especie, forman parte del desarrollo natural de la sexualidad. Después del período de latencia en que caen los instintos sexuales en la niñez, la sexualidad revive en la juventud como una energía desconocida y un tanto ingobernable, que en el ser humano debe encontrar cabida en el marco cultural amplio en que cada persona vive. El tipo de relaciones aquí presentado puede entenderse a la luz de ese contexto y, de hecho, muchos de los indicadores ofrecidos así lo sugieren.

 

El estudio A Critical Appraisal of Romantic and Bromantic Relationships puede consultarse en este enlace

 

También en Pijama Surf: La amistad es homicida del amor –una atrevida hipótesis de George Steiner–

 

 

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Salud

Por: pijamasurf - 11/30/2018

El ejercicio físico parece ser la fuente de la eterna juventud, según esta investigación

Sobre los beneficios del ejercicio físico nunca se dirá lo suficiente. Si bien la información al respecto es más o menos conocida (en términos generales, todos sabemos que el ejercicio le hace bien al cuerpo), cada tanto se realizan nuevos descubrimientos que precisan esas ventajas.

Tal es el caso de una investigación dada a conocer recientemente, en la que se observó que los músculos del cuerpo de una persona que ronda los 70 años de edad pero que a lo largo de su vida mantuvo una rutina constante de actividad física, se encuentran en un estado semejante al de un joven con buena salud de 25 años de edad. 

Esto es, al menos a nivel muscular, el ejercicio físico es capaz de mantener el bienestar con una diferencia de entre 30 y 40 años con respecto al paso real del tiempo.

El estudio en cuestión estuvo dirigido por Scott Trappe, director del Laboratorio de Desempeño Humano de la Universidad Estatal de Ball, en Estados Unidos. Trappe se interesó por un hecho histórico conocido de la cultura estadounidense que ocurrió en la década de 1970, cuando se presentó un entusiasmo generalizado por el ejercicio físico, particularmente por la actividad de correr. En esos años se publicó, por ejemplo, un libro que se volvió un best seller y clásico instantáneo al respecto: The Complete Book of Running, de Jim Fixx (1977).

Trappe encontró que dicho “boom” echó raíces en muchas personas, quienes a partir de eso adoptaron la actividad física como un elemento usual de su vida. Algunos continuaron corriendo, otros comenzaron a nadar o a hacer ciclismo, algunos más se inclinaron por el ejercicio de su musculatura, etcétera. 

Siguiendo esos rastros, el investigador encontró a 28 personas (siete mujeres y 21 hombres) que durante los últimos 50 años continuaron ejercitándose, prácticamente sin interrupción. 

Para comparar el estado de salud de dicho grupo, Trappe reunió a continuación a un número similar de ancianos que realizaron poca o ninguna actividad física durante su vida adulta y, finalmente, a un grupo de jóvenes cercanos a los 20 años de edad.

En todos los casos, el investigador condujo pruebas de capacidad aeróbica muscular, esto es, la capacidad de los músculos para funcionar eficientemente y realizar actividades sostenidas con poco esfuerzo, poca fatiga y con una recuperación rápida. 

Esta prueba se complementó con estudios sobre ciertos niveles de enzimas en los tejidos musculares, para así tener un panorama completo al respecto.

Para sorpresa de los propios científicos involucrados, el tejido muscular de las personas que se ejercitaron constantemente a lo largo de la vida no difiere mucho en estado al de los jóvenes, lo cual pone en duda una de las ideas más aceptadas hasta ahora sobre los músculos y el sistema cardiovascular: que el bienestar de ambos declina con el tiempo. 

En cierta forma esta conclusión podría parecer evidente pues, después de todo, la vida necesita de la actividad para mantener su vigor. 

 

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