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El CBD y la nueva medicina cannábica no psicoactiva: ¿La panacea o el nuevo aceite de serpiente?

Salud

Por: pijamasurf - 11/13/2018

El cannabidiol es uno de los medicamentos más prometedores de las últimas décadas, pero hay que tomar las cosas con calma

El CBD o cannabidiol es uno de los químicos más abundantes de la cannabis, conocido porque, a diferencia del THC, no tiene efectos psicoactivos significativos y por ello puede ser usado por todo tipo de personas, incluso niños. Aunque lo cierto es que la investigación sobre estos químicos naturales está en sus primeros años, se cree que muchos de los beneficios médicos que al parecer se encuentran en la cannabis vienen del CBD -si bien, ciertamente no todos- . Esto ha hecho que en los últimos 2 años prolifere una industria con un enorme hype en torno a esta sustancia, desde promesas de sanación de enfermedades como el cáncer, hasta productos de belleza y bienestar. La euforia del CBD está en marcha y el New York Times recientemente investigó qué tanta ciencia hay detrás de este euforia. Pero antes, un poco de la historia de cómo llegó a ser tan popular o por qué tanto revuelo.

Uno de los momentos cruciales en la historia reciente de la marihuana medicinal ocurrió en 2006, cuando Charlotte Figi logró reducir sus ataques epilépticos producidos por el síndrome de Dravet de 400 a la semana a sólo cuatro. Se conoce a Figi como la niña que cambió las leyes de la marihuana médica en Estados Unidos. Su familia utilizó una cepa desarrollada por la compañía Stanley Brothers de Colorado que tenía mucho cannabidiol pero poco tetrahidrocannabinol (THC). Stanley Brothers luego nombró a su compañía Charlotte's Web y han logrado crear una cepa que contiene menos del 0.3% de THC, lo cual elimina casi absolutamente todo efecto psicoactivo. En tono de broma, esta cepa híbrida que combina cáñamo industrial con una planta de marihuana fue llamada "la decepción de los hippies". Los hermanos Stanley dicen que su cepa de cannabis no tiene "casi ningún valor para los consumidores tradicionales de marihuana".

Según el NYT, Estados Unidos está viviendo su momento CBD, la sustancia es el "nuevo aguacate" o "lo que era el bitcoin en 2016", entre un fad más y el Santo Grial. Diferentes celebridades celebran sus virtudes y al parecer hay algo de evidencia científica que sugiere que puede funcionar, pero no para todas las cosas para las que se promueve. Como suele ocurrir, la excitación supera a la realidad. Los entusiastas del CBD aseguran que sirve para tratar cosas tan diversas como la inflamación, el dolor crónico, el acné, la ansiedad, el insomnio, la depresión, el estrés postraumático y hasta el cáncer. La lista es tan grande que el periodista del NYT se pregunta si acaso el CBD "no representa una cura para el siglo XXI en sí mismo". Y es que vivimos en la era de la ansiedad, como ya sentenciaba Auden hace 70 años, y si algo parece poder tratar esta sustancia es la ansiedad y sus secuelas (lo demás está por verse).

Entre los productos que han surgido se incluyen aceites de baño, helados, gomitas (y gomitas para perros), ricotta y miel con CBD, sesiones de meditación o yoga aceitadas por el elixir, bebidas desintoxicantes contra la cruda, champús, labiales, antiarrugas, lociones, lubricantes sexuales... tarot, cristales mágicos y CBD. Hay una gran excitación, pero esto mismo viene de la mano de una gran confusión, pues no mucha gente sabe realmente qué es el CBD. Aunque carece de la potencia psicoactiva del THC, los usuarios hablan de un "high" corporal y no mental, como tomar un baño de vapor. Otros dicen que otorga una sensación de alivio generalizada y una ecuanimidad, como lo que se siente después de meditar o de una buena sesión de yoga. Otros lo usan como un lubricante social para tratar la ansiedad social.

El NYT señala que muchos de sus usuarios hablan de esta sustancia cannábica en un lenguaje cuasirreligioso, casi sugiriendo que muchos de sus beneficios podrían tener que ver con el signo de nuestros tiempos, el malestar de nuestra cultura, el estrés de la tecnología, el desencanto con la vida, etc. Cada era tiene una droga; la generación X dio a luz al Prozac y quizás nuestra generación más ecoconsciente, vegana y demás, encumbrará al CBD. En una sociedad dominada por los millennials, que según el Times tienden a padecer ansiedad (por el cambio climático, la incertidumbre política, el terrorismo, la inteligencia artificial, por todo), el CBD parece ser lo que el doctor ordenó o lo que nosotros mismos nos recetamos: ¿una mezcla de bendición botánica, placebo y capitalismo ecochic?:

Qué tiempo más conveniente para que la Madre Naturaleza nos brindara esta cura perma-chillax que parece encajar con todas las tendencias culturales al mismo tiempo: nuestra obsesión con el wellness y con nuestras propias personas, la llegada de las terapias alternativas al mainstream y la infatigable marcha por la legalización de la marihuana.

Algunos incluso la ven como un heraldo del empoderamiento de las mujeres, un emblema del feminismo -la suavidad de la planta y su poder medicinal-, pues muchas compañías están siendo impulsadas por mujeres. Para ser justos, hay algunos científicos, como Esther Blessing de la Universidad de Nueva York, que consideran que es uno de los medicamentos más prometedores que han surgido en las últimas décadas. Especialmente, existen indicios de que puede servir para tratar adicciones, trastornos de estrés y enfermedades mentales como la epilepsia y la esquizofrenia (aunque faltan más pruebas). El tema es que no existe ninguna evidencia de que funcione en las dosis que se están vendiendo en la plétora de productos que están desfilando en el mercado. El hecho de que un café o una gomita tenga CBD, difícilmente hará una diferencia; para que funcione, debe tener unos 300mg de CBD, según la doctora Blessing. Además, existen posibles interacciones negativas con otras medicinas.

Así que, como siempre, ni una ni otra, ni blanco ni negro, un verde brillante con tonos grises. El CBD no es la panacea, y tampoco es el viejo aceite de serpiente. No obstante, su boom es sintomático tanto de la ansiedad de nuestra época (que anhela un fácil remedio para su condición) como de la explosión de la medicina alternativa y de la mercantilización de la salud. Eso, y se siente rico cuando estás cansado y te duelen los músculos o la cabeza.

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La adicción a las series empieza a convertirse en un problema; hombre en la India entra a clínica

Salud

Por: pijamasurf - 11/13/2018

Quizá debamos asumir que pasar días pegado a una pantalla es similar a consumir una droga

Es posible que exista una crisis en el cine de calidad, al menos en el cine que llega a las carteleras comerciales. Paralelamente, estamos viviendo una época dorada de las series de TV, particularmente de series que se hacen directamente para Internet. Si le sumamos a esto una simultánea crisis cultural -en un mundo donde cada vez se lee menos y los artistas y filósofos son cada vez menos importantes- y una crisis espiritual -en un mundo en el que las personas cada vez confían menos en las instituciones religiosas y tienden a una visión materialista de la realidad-, no resulta extraño que la adicción a las series se empiece a convertir en un problema de salud. Pues no hay nada -o al menos así parece- mucho más trascendental que ver una buena serie con una persona querida. Y el nuevo modelo on demand, que genera una recompensa instantánea, secuestrando nuestro sistema de dopamina, seguramente también hace más fácil que nos volvamos adictos.

Desde hace unos años se acuñó en inglés el término binge-watching, ver un "maratón de series" o "darse un atracón". Este término es tomado de la cultura de las drogas, como por ejemplo, meterse cocaína (u otra droga que nos enganche) durante un par de días sin dormir. Hace referencia a la conducta de un adicto. En parte, lo hemos asumido como algo no muy serio; nos reímos de que pasamos todo el día pegados a la pantalla, viendo una serie que nos encanta. Pero quizá debamos asumir que pasar días pegado a una pantalla es similar a consumir una droga, una especie de "cocaína digital" o "morfina digital", independientemente de que veamos series de gran calidad. El medio es el mensaje.

Diversos medios reportan el caso de un joven en la India que perdió su empleo y para escapar de la indeseable realidad a la que se enfrentaba, se encerró a ver series de Netflix y pasó días enteros frente a la pantalla. Después de 6 meses de "atracón", el hombre empezó a desarrollar síntomas como sueño irregular, agotamiento y ojos rojos. Se dice que veía diario más de 7 horas de series sin descanso. El joven de 26 años tuvo que ser internado en una clínica de salud mental en Bangalore y recibió tratamiento para ayudarle a desconectarse para luego reconectarse, esperemos que a la sociedad y no al incesante streaming.

Según datos recientes, Netflix acapara el 15% del tráfico del downstream en Internet. La compañía calcula que el usuario promedio pasa 50 minutos al día. Existen múltiples reportes de personas que han visto afectada su salud mental por un uso excesivo de esta plataforma. Evidentemente, el tema tiene que ver con el control y la moderación.