*

X
Una de las frases más famosas de Jobs no parece estar, por el momento, superando la prueba del tiempo

En 1990, cuando Apple estaba lanzando su Macintosh Classic, su primera computadora en venderse por menos de mil dólares, Steve Jobs popularizó el concepto de que la computadora era "la bicicleta de la mente". En este video lo vemos explicar dicha idea:

Jobs dice que lo que nos separa de los otros animales es que construimos herramientas, y cuenta sobre un estudio científico en el que se midió la eficiencia de locomoción en varias especies animales: el cóndor resultó el animal que menos energía usa para moverse 1km. Los humanos no estaban muy arriba que digamos, especialmente si pensamos que "ocupan el trono de la creación". Sin embargo, dice Jobs, un periodista notó que un hombre en bicicleta supera por mucho en economía energética a los demás animales. Y agrega: "Una computadora es para mí la herramienta más sorprendente que hayamos ideado. Es el equivalente a una bicicleta para nuestras mentes".

Antes que otra cosa, hay que notar que el máximo genio de Jobs, más que la invención tecnológica, probablemente haya sido el marketing, saber cómo presentar sus productos y adaptar sus aparatos para hacerlos atractivos para el público en general. Y esta afirmación debe leerse en ese sentido, como una astuta observación mercadológica. Y no una menor, pues las computadoras llegaron a ser vistas como herramientas de la extensión de la inteligencia humana, como objetos que permitirían transformar nuestra conciencia y liberarnos del yugo sociopolítico. Más o menos en la misma época, Tim Leary decía: "La computadora personal es el LSD de los años 90".

Según cuenta Adam Fischer en su libro Valley of Genius, esta era la intención original. La empresa más importante en cuanto a la innovación tecnológica que nos dio la computadora moderna como la conocemos no fue Apple. Fue Xerox. Esta empresa, famosa por sus copiadoras, en realidad fue una especie de think thank y laboratorio de innovación en las décadas de los años 70 y 80. En Xerox, ingenieros y científicos trabajaban en un ambiente idílico para la innovación consultando libros del Whole Earth Catalog de Stewart Brand, uno de los grandes responsables de crear la imagen de Internet como un espacio democrático, descentralizado e incluso espiritual, en el cual las personas podrían conectar directamente y construir una utopía. Como explica el profesor Fred Turner, la contracultura de los años 60 se transformó en California en la cibercultura de los años 80 y 90. El ambiente que dominaba en Xerox PARC era el de crear tecnología para alcanzar esta utopía, para expandir la mente, para crear la noósfera.

En uno de los episodios más controversiales de la historia de la tecnología moderna, Steve Jobs visitó el parque de Xerox y, según numerosos relatos, robó la idea para el mouse y otras importantes innovaciones. Lo importante, según sugiere Fischer, es que Jobs cambió la historia de la tecnología informática al acelerar su adopción y llevarla hacia una veta más comercial, cuando estaba siendo desarrollada con un enfoque más pensado en la cognición. Este será seguramente uno de esos misterios en la historia que difícilmente se aclararán. En 1989, Xerox demandó a Apple por el copyright de la Macintosh.

Ahora bien, la idea de Jobs de que la computadora nos hace más efectivos es seriamente discutible. Por sólo citar un ejemplo entre cientos que apuntan hacia lo contrario, diversos estudios muestran que con el solo hecho de estar con un "smartphone" en una habitación, la efectividad para desempeñar una tarea cognitiva disminuye. De acuerdo con los investigadores, el iPhone -la última versión de la "bicicleta de la mente" de Jobs- tiene un efecto de "brain-drain", un drenaje cerebral, "al ocupar la capacidad limitada de recursos cognitivos con el propósito de control de atención". Estamos ya habituados a ser interrumpidos por nuestros teléfonos, que ejercen un efecto fantasmagórico constante, aunque el desempeño cognitivo es obviamente peor cuando el teléfono está prendido, cerca de nosotros y recibiendo mensajes. Como ha demostrado Tim Wu, la tecnología digital se ha convertido en la herramienta más exitosa de la historia para captar y revender la atención del ser humano. Y como antes notó William James, la atención es la facultad esencial de la inteligencia, aquella que no sólo es determinante para la genialidad sino que determina también lo que, de hecho, experimentamos como real. 

Marshall McLuhan ya había señalado que una nueva tecnología significa una extensión de nuestros sentidos o facultades cognitivas, pero necesariamente también una amputación de una o varias de nuestras capacidades. Hay una especie de negociación perenne entre la mente y la tecnología y en ocasiones, el hombre puede recibir la peor parte.

Es plausible que las computadoras se conviertan en algo incluso superior a la "bicicleta de la mente", especialmente si se cumple el sueño transhumanista de integrar máquinas al cerebro -o la conciencia a una máquina-, pero esto es algo que sigue siendo teórico. Por otra parte, si es que sucede, deberemos de aplicar también el modelo de McLuhan y entender que ese aumento podría tener efectos de amputación -una nueva forma de narcosis narcisista-, quizá de orden ético, como ha sugerido Yuval Noah Harari, pues de lograrse construir "la nave interestelar de la mente" quizá algunos (probablemente, la mayoría de nosotros) nos quedaremos en la sombra de esta nueva raza de cyborgs -el historiador israelí la llama Homo Deus-, como una especie prescindible, nuevos animales de ganado o curiosidades zoológicas. Pero una pregunta permanece: ¿Y si apostáramos más bien a desarrollar nuestra propia mente, a cultivar nuestra atención, utilizando "tecnologías contemplativas", no podríamos llegar al mismo destino trascendente? Esto es lo que plantea, por ejemplo, Alan Wallace, quien sugiere que debemos desarrollar una ciencia subjetiva que tome de las prácticas contemplativas de las tradiciones espirituales de Oriente y Occidente. El escritor italiano Roberto Calasso lo ha formulado así: "Nuestro mundo ha sido genial en inventar prótesis. Prótesis más grandes, prótesis más pequeñas, siempre más útiles y potentes, pero se ha ocupado demasiado poco de quién inventaba la prótesis".

Te podría interesar:

10 razones por las cuales debes abandonar las redes sociales, según Jaron Lanier, pionero de Internet

Medios y Tecnología

Por: pijamasurf - 09/29/2018

Una de las voces más calificadas hace sonar una alarma ante el desastre en ciernes que representa la tecnología digital

Jaron Lanier es una de las personas más impactantes que uno puede encontrar en Silicon Valley, con sus dreadlocks, su mirada fulminante, su inteligencia filosa y su carácter explosivo. Lanier fue parte de la creación del protocolo de Internet, es considerado el padre de la realidad virtual y uno de los informáticos más brillantes en la historia de Silicon Valley. Es escritor, filósofo y un destacado compositor de música clásica y electrónica, que ha colaborado con músicos como Terry Riley y Philip Glass. Y en la última década, se ha convertido en uno de los principales críticos del uso de la tecnología digital. Hace unos años publicó un libro con el poco sutil título de No eres un gadget, y su más reciente libro es Ten Arguments for Deleting your Social Media Accounts Right Now (Diez argumentos para borrar tus cuentas de redes sociales en este momento).

Actualmente Lanier es consultor para Microsoft y no duda en decir que es una voz calificada para criticar la tecnología digital, pues él mismo sabe cómo están siendo diseñados los algoritmos. "En realidad, conozco los algoritmos. No soy un extraño que mira y critica", dice Jaron. "Hablo como científico informático, no como científico social o psicólogo. Desde esa perspectiva, puedo ver que el tiempo se está acabando. El mundo está cambiando rápidamente bajo nuestro mando, por lo que no hacer nada no es una opción". Y agrega:

El algoritmo está tratando de captar los parámetros perfectos para manipular el cerebro, mientras que el cerebro, para hallar un significado más profundo, está cambiando en respuesta a los experimentos del algoritmo... Ya que el estímulo no significa nada para el algoritmo, pues es genuinamente aleatorio, el cerebro no está respondiendo a algo real, sino a una ficción. El proceso -de engancharse en un elusivo espejismo- es una adicción.

Lanier mantiene que los algoritmos de los gigantes de datos han creado una nuevo modelo en el que "el comportamiento de los usuarios es el producto", un comportamiento que está constantemente siendo modificado, pues la gran apuesta es justamente esa, usar lo más avanzado informáticamente para aprender a modificar la conducta de la manera más provechosa para los intereses de las corporaciones. Básicamente, lo que Lanier (quien se considera optimista) cree es que Internet puede ser salvado, pero es necesario abandonar las redes sociales y desbandar a los grandes monopolios que controlan las nubes de datos. Lanier utiliza la metáfora de una pintura que contiene plomo: cuando se descubrió que la pintura tenía plomo se creó una nueva pintura limpia, no se dejaron de pintar las casas. En su libro acuña el acrónimo Bummer (slang para una decepción): "Behaviours of Users Modified, and Made into an Empire for Rent". Se trata de una máquina estadística de manipulación de comportamiento, para crear un imperio espectral en beneficio de unos pocos. Lo que hay que hacer es identificar los sitios donde opera Bummer, esta máquina de modificación de conducta que usa las nubes de datos, y borrar esos sitios. 

El problema está en el modo de operar de estos algoritmos, que están siendo ajustados constantemente para capturar la atención de los usuarios y hacer que se comporten de una manera que sea más rentable. Esto genera una enorme negatividad, sensaciones de enojo, narcisismo, indignación, etc., pues estas plataformas han aprendido que las emociones negativas duran más en línea: el odio se canaliza mejor en línea. Según Lanier, las herramientas de estas plataformas funcionan mejor para las personas que buscan reproducir sentimientos negativos. "Por lo tanto, Isis tiene más éxito en las redes sociales que los activistas de la Primavera Árabe. Los racistas obtuvieron más impacto que Black Lives Matter, creando este aumento en el movimiento nacionalista racista en Estados Unidos de una manera que no hemos visto en generaciones".

Estos son los 10 argumentos de Lanier para dejar las redes sociales (que corresponden con los 10 capítulos de su libro):

1. Estás perdiendo tu libre albedrío.

2. Renunciar a las redes sociales es la manera más precisa de resistir a la locura de nuestros tiempos.

3. Las redes sociales te están volviendo un idiota.

4. Las redes sociales están minando la verdad.

5. Las redes sociales están haciendo que lo que dices no importe.

6. Las redes sociales están destruyendo tu capacidad de empatía.

7. Las redes sociales te están haciendo infeliz.

8. Las redes sociales no quieren que tengas dignidad económica.

9. Las redes sociales están haciendo que la política sea imposible.

10. Las redes sociales odian tu alma.

 

Lee aquí un pasaje del nuevo libro de Lanier (en inglés)