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Esta es la forma de saber si te estás haciendo más inteligente o al contrario

AlterCultura

Por: pijamasurf - 07/24/2018

Nuestra cultura está obsesionada con la inteligencia y la productividad que se le asocia. La verdadera inteligencia, sin embargo, es una forma de ver el mundo y de vivir

Querer probar la inteligencia es una obsesión peculiar de nuestra cultura y nuestra época. Los jóvenes, sobre todo, buscan identificarse y compararse y creen que la inteligencia es el principal ingrediente del éxito e incluso, de la felicidad. Si bien es posible que esto sea cierto, en todo caso sólo lo es si con inteligencia se quiere decir algo más allá del IQ o coeficiente intelectual, únicamente si por inteligencia se entiende la capacidad de entender el mundo y de saber vivir, lo cual obviamente implica tener inteligencia emocional y seguramente otros factores, además de la inteligencia racional.

De manera relacionada, nuestra cultura tiene una obsesión por la productividad, por ser cada vez más productivos, ganar más dinero, tener más cosas, ser más exitosos. Esto va de la mano con la obsesión por la inteligencia, para poder producir más.

La mejor definición de lo que realmente es la inteligencia en un sentido práctico y medible sin una prueba (que no califica algo real, sólo otorga una cifra relativa a un paradigma artificial) es, probablemente, la que hace el escritor Robert Anton Wilson (RAW) en su novela The Illuminati Papers:

Si el mundo parece estar haciéndose más amplio y gracioso todo el tiempo, tu inteligencia se está incrementando gradualmente. Si el mundo parece hacerse cada vez más pequeño y molesto todo el tiempo, tu estupidez se está incrementando gradualmente.

Con el lacónico pero tremendo sentido del humor que lo caracterizaba, RAW lo dice tal como es. Seguramente hay grandes mentes que en muchos sentidos pueden ser más inteligentes que tú, pero si viven en perpetua neurosis, amargados y "apretados", entonces realmente no han entendido de qué se trata el mundo. Realmente, no se puede exagerar la importancia que tiene el sentido del humor en relación a la inteligencia. Como señalamos en otra nota, existe evidencia de que hay una importante relación entre la inteligencia (e incluso la auténtica espiritualidad) y el sentido del humor. En parte porque reírse de uno mismo es, al menos, estar un poco libre del egoísmo y su solidez constrictora. 

El "papa" RAW

Si tienes dudas sobre tu inteligencia o en general sobre tu estado actual, una gran forma de medir el agua, de tomar una radiografía, más que científica, existencial y pragmática, es preguntarte si has notado que en tiempos recientes has empezado a ver el mundo como algo más amplio y abierto o si, por el contrario, cada vez lo percibes más como algo cerrado y angustiante. Por supuesto, vivimos en condiciones específicas -quizá en la sociedad más neurótica y ansiosa de la historia- y nos puede haber tocado vivir en circunstancias muy difíciles, así que tal vez el mundo no es para nosotros una comedia celestial. No obstante la forma de medir nuestro progreso puede ser simplemente pensar si podemos ser capaces de tomarnos las cosas menos en serio, si somos capaces de relajarnos y no identificarnos demasiado con nuestros problemas. A fin de cuentas, lo que esto significa es que la verdadera inteligencia es aquello que nos lleva a ser auténticamente libres.

 

En este enlace puedes conocer más sobre Robert Anton Wilson y leer más de sus frases de inteligencia humorística

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Carl Jung sobre por qué rezar funciona

AlterCultura

Por: - 07/24/2018

El poder de la plegaria parece tener que ver con que abre el flujo al inconsciente y su caudal de numinosidad

Como si nada, en su libro más controversial -al menos de los que publicó en vida-, C. G. Jung deja una nota al pie:

La plegaria, por ejemplo, refuerza el potencial del inconsciente, de esta forma se explica el a veces inesperado poder de la plegaria.

(Respuesta a Job, p. 94)

La plegaria -o la oración o el rezo-, nos dice Jung, nos hace entrar en relación y tensión dinámica con el inconsciente. Esto es muy importante, pero es necesario explicarlo. Jung considera que el inconsciente es la fuente de instintos, imágenes y hasta propósitos no sólo individuales sino también colectivos, es "el tesoro espiritual de la humanidad", un gran océano en el que está registrada toda la historia de la humanidad y posiblemente del cosmos. Un fondo que además parece tener una intencionalidad o propósito, que es unificar la psique, integrar los opuestos, hacer completo al ser humano, algo que es equivalente a lo que en la tradición cristiana es llamado teosis -la divinización del hombre- y en el hinduismo es la realización del Atman. Jung, sin embargo, no afirma que el hombre se convierta en dios a través de la manifestación de su inconsciente, sino que el inconsciente en su hacerse consciente produce imágenes similares a las que se han generado en las grandes religiones y que dicho proceso es acompañado de un efecto numinoso, o de una sensación de encontrar sentido en la vida.

A lo largo de su obra Jung sostiene que el inconsciente es algo así como un monstruo divino, maravilloso y terrible que responde a nuestra atención e interés. Rezar es una forma de ponerle atención a este fondo de energía e inteligencia misteriosa que es parte de nosotros -la parte más grande de lo que somos, "el socio mayoritario"-. Esto mismo puede ocurrir, por ejemplo, cuando realmente hacemos un esfuerzo por acordarnos de nuestros sueños: algo se agita en lo hondo y empieza a simbolizar (el inconsciente se comunica a través de símbolos o imágenes que comunican algo inefable y trascendente). Rezar es en cierta forma rezarnos a nosotros mismos, pero en nosotros mismos hay una fuerza desconocida y autónoma, la cual puede imponerse sobre nuestra voluntad y darle sentido a nuestra vida. Una fuerza a la vez ctónica, celeste, titánica y demoníaca. El ser humano sólo encuentra verdadero sentido cuando se siente parte de algo más grande que su ego.

En una carta a un paciente, Jung escribió: "He pensado mucho sobre la plegaria. Ella -la plegaria- es muy necesaria, ya que hace que que lo trascendente en lo que pensamos y conjeturamos se convierta en una realidad inmediata y nos sitúa en la dualidad del ego y el Otro oscuro". El inconsciente es, por lo menos mientras no se ha hecho consciente, lo trascendente, un aspecto trascendente de la existencia, a la vez íntimo y elusivo. Este diálogo nos abre a la posibilidad de experimentar que no somos meramente un ego; hay algo más, un Otro. En el diálogo con el inconsciente, que es el diálogo con lo trascendente, dice Jung, se abre la puerta a "toda una esfera de conocimiento y experiencia a través de la que todas las funciones, todas las ideas, logran entrar a un lado de nuestra conciencia ordinaria". Como abrir la bóveda de los tesoros del mundo de los arquetipos. Así, rezar puede ser una forma de practicar lo que Jung llamó la imaginación activa o la función trascendente, que es una manera de abrir paso al contenido que brota del inconsciente y su profundo manantial de arquetipos. En cierta forma la oración es a la vida despierta religiosa lo que los sueños son a la vida psíquica, un espacio en el cual se puede revelar la vida interior, lo que yace oculto en nuestra psique y que puede  producir una experiencia numinosa, un encuentro con la radical otredad de la que habla Rudolf Otto. 

"El inconsciente quiere fluir hacia la conciencia para alcanzar la luz", dice Jung en Respuesta a Job; "Dios quiere hacerse hombre, pero no del todo". Hay una fuerte tensión aquí, algo que obstaculiza que se repita el eterno mito que, de alguna manera, siempre se está produciendo en el fondo: la encarnación del Logos, la luz que ilumina las tinieblas, que debe ser finalmente comprendida.

 

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