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El suicidio, ¿el punto más polémico de la actitud estoica frente a la vida?

Filosofía

Por: pijamasurf - 06/10/2018

La popularidad del estoicismo no ha abordado, sin embargo, uno de sus puntos clave: el suicidio, que trataron todos los filósofos estoicos

En el último par de años, el interés por la filosofía estoica ha conocido un resurgimiento notable y un tanto inesperado. En general, la filosofía no ha gozado en ninguna época de una gran popularidad y más bien ha sobrevivido en los márgenes de la existencia, desde donde observa y reflexiona sobre la manera en que el ser humano conduce su vida. Pero con el estoicismo ha pasado que además de que sus principios se han colado al gran público a través de libros y artículos en línea, también parece haber atraído el interés de empresarios, gerentes y altos ejecutivos, un sector de la población contemporánea que podríamos asociar poco con las figuras de Séneca o de Epicteto, por ejemplo, que vivían con apenas lo necesario (unas cuantas prendas, una alimentación sencilla, una casa simple) y que por esto mismo se encuentran en el punto diametralmente opuesto al modo de vida más bien opulento que podemos suponer en aquellas personas.

Con todo, así ha ocurrido con el estoicismo, y acaso no por casualidad. De las varias escuelas y corrientes de pensamiento que han surgido en la filosofía occidental, el estoicismo presenta algunos principios que contrastan notablemente con algunas exigencias contemporáneas del modo de vida hegemónico en nuestra época. Al exceso, la existencia irreflexiva, la ansiedad por el futuro, la búsqueda incesante de la aprobación externa y la persecución perenne de la felicidad, el estoicismo opone recomendaciones orientadas más hacia una vida sencilla, frugal y equilibrada, basada en el autoconocimiento como origen de un bienestar continuo y enraizado profundamente en el sujeto en sí y no en la realidad externa, que siempre está cambiando. En este sentido, frente a la angustia de un modo de vida que exige y parece nunca saciarse, el estoicismo ofrece una alternativa de tranquilidad y entendimiento que por ello mismo parece tan atractiva para los días que vivimos.

Con todo, existe un punto que podría parecer polémico dentro de esta filosofía: el suicidio. No es que los estoicos recomendaran explícitamente la muerte por mano propia, pero acorde a su forma de pensar, el suicido entró en sus reflexiones como una manera de enfrentar un hecho que, por otro lado, es consustancial a la vida misma, esto es, consideraron el suicidio únicamente como otra forma de morir, como otra forma de enfrentar algo que de todos modos no es sino un hecho propio de la existencia: la muerte. En este sentido, en sus Epístolas morales a Lucilo (LXX), Séneca escribió:

La cosa mejor que ha hecho la ley eterna es que, habiéndonos dado una sola entrada a la vida, nos ha procurado miles de salidas.

Séneca, probablemente el mayor de los filósofos estoicos, murió por mano propia; también Catón, uno de los políticos romanos más importantes que suscribió la filosofía estoica y que en uno de los episodios históricos más radicales, se arrojó sobre su espada; Marco Aurelio, el filósofo emperador, murió apaciblemente, pero igualmente consideró el suicido como una posibilidad: "Si no se te deja vivir en libertad, abandona esta vida", escribió en sus Meditaciones.

Teniendo en mente la perspectiva desde la cual consideraban la existencia, el suicidio se presenta más bien como un recurso al cual se puede optar, siempre que su ejecución contribuya a los valores más preciados por dicha filosofía: la virtud, el valor, la realización del ser humano. Puede sonar paradójico, pero quizá parezca menos confuso si pensamos la muerte por mano propia en un marco de circunstancias especificas, en el cual, sólo al morir de de esa manera se preserva la vida virtuosa que se cultivó a lo largo de los años.

"El sabio salva su vida al perderla", escribió Epicteto, una sentencia que, tomada literalmente, hace ver el suicidio de Catón y de Séneca como actos coherentes con su propia vida y el curso que dieron a ésta una vez que decidieron vivir bajo los principios estoicos. 

En la Carta LXX de las Epístolas morales, Séneca elogia el caso de un esclavo que, durante un espectáculo similar al del circo romano y sus gladiadores, decidió matarse con la lanza que le habían dado para matar a otro: si de todos modos está sufriendo una condición ignominiosa de la cual no saldría sino condenado a muerte, ¿por qué no tomar la decisión él mismo de sacudirse esa esclavitud deshonrosa? "Es más honesto aprender a morir que a matar", escribe el filósofo al glosar la escena.

Pero, insistimos, esta es una conjunción de circunstancias sumamente específica. Al hablar de Sócrates, el mismo Séneca reconoce con admiración que pudiendo éste haber elegido la muerte por mano propia una vez condenado, prefirió aguardar la cicuta, para ofrecer con su acto algunas enseñanzas últimas: el respeto por la ley, la posibilidad de enfrentar valerosamente los males que más tememos (en este caso, la cárcel y la muerte) y la aceptación de la muerte como parte de la vida. 

En este punto, podría parecer que la posición del estoicismo frente al suicidio es ambigua y aun tímida: que ni lo recomienda ni lo niega, que lo acepta pero también arguye en su contra. "¿Te agrada vivir? Vive. ¿No te agrada? Puedes volver al punto de donde saliste", escribe Séneca la misma Carta LXX, con parsimoniosa actitud.

Sin embargo, esta aparente falta de determinación puede entenderse mejor si se piensa que, por encima de todo, en el estoicismo se valoran la existencia y la realización de ésta, siempre una condición de la otra. A diferencia de otros seres vivos, el ser humano tiene conciencia de su existencia y por la misma razón está llamado a orientarla y desarrollarla hasta alcanzar su plenitud. En el estoicismo, toda experiencia de vida se ofrece como una posibilidad de dicho trabajo en pos de la realización.

Ante un dilema, en su posible resolución debe considerarse qué tanto se preserva la existencia y qué tanto esa decisión contribuye a cultivar la virtud, la fortaleza y la realización plena del potencial humano. En la Carta XXIV de las Epístolas morales, Séneca nos dice esto:

El hombre generoso y sabio no debe huir de la vida, sino salir de ella: sobre todo, es necesario cortar ese apasionado deseo de morir que se apoderó en otro tiempo del ánimo de muchas personas; porque es cosa cierta, querido Lucilio, que algunas veces se inclina ciegamente el alma al deseo de la muerte, de la misma manera que a otros objetos, y que esto ha ocurrido en tanto a varones esforzados y generosos y en tanto a débiles y pusilánimes. Aquellos despreciaban la vida, a éstos les incomodaba: otros hay también que, cansados de hacer y ver siempre las mismas cosas, toman disgusto a la vida, sin cobrarle sin embargo aversión. A esto nos lleva insensiblemente la filosofía, cuando exclamamos: ¿Siempre lo mismo? Dormir, despertar, tener apetito, saciarlo, tener frío, tener calor: ninguna cosa tiene fin, sino que todas están entrelazadas en el orbe; huyen y vuelven. El día vence a la noche, la noche al día: el estío termina en el otoño, el otoño en el invierno, el invierno en la primavera. Todo pasa para volver después; ni veo ni hago nada nuevo: ¿no ha de producir hastío alguna vez todo esto? Por esta razón consideran algunos que si vivir mucho no es desagradable, al menos es superfluo. 

Como decíamos, no es que en el estoicismo se aconseje la muerte por mano propia como la mejor manera de acabar con la existencia. Nada de eso. Éste se ofrece a veces como una alternativa, pero a la luz de este último fragmento citado, una que se puede tomar sólo cuando, paradójicamente, es la única opción para reafirmar la libertad y la vida. 

Sentir la vida como un pesar o como un aburrimiento significa, en ese sentido, no haber descubierto todo su potencial ni tampoco haberla enfrentado con valentía y virtud, como aconsejan los estoicos. Quien, encarando con tanta timidez la vida, pensara en suicidarse, recibiría de un estoico el consejo opuesto: ¿por qué querer dejar la vida cuando ni siquiera se han experimentando todas sus posibilidades? Y, más que esto, ¿por qué querer abandonarla cuando el sujeto mismo no ha descubierto hasta qué grado pueden llegar su virtud, su fortaleza de ánimo y su propia capacidad para sortear la adversidad?

 

Imagen de la portada: La mort de Caton d’Utique, Jean-Paul Laurens (1863)

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18 películas con preguntas filosóficas fundamentales para la vida

Filosofía

Por: pijamasurf - 06/10/2018

El cine es un gran medio para la reflexión sobre la vida

Cuando el cine comenzó a desarrollarse como un medio de expresión de la subjetividad y la creatividad, fue inevitable que se convirtiera también en un campo propicio para la reflexión sobre las grandes preguntas del ser humano, esas que nos hemos hecho durante siglos y que aparecen lo mismo entre los libros que en una conversación con un amigo, en el arte y en el salón de clases, en la soledad de la habitación y a veces también en el sueño inconsciente. La vida, después de todo, tiene un importante componente enigmático que asombra e inquieta al ser humano, hasta que éste, por su propia capacidad, se da cuenta de la verdadera naturaleza de dicho enigma.

El cine, en ese sentido, puede ser un recurso que nutra dichas reflexiones. Si en tu cabeza también rondan las preguntas sobre el sentido de la vida, la función de la conciencia, la utilidad de la moral o la cuestión de la identidad, después de ver alguna de estas películas descubrirás quizá no que has llegado a la respuesta, pero sí tal vez que el problema es un poco más claro. 

Al final compartimos un par de notas con otras sugerencias fílmicas similares. 

 

Rope (Alfred Hitchcock, 1948)

Una cinta que gira en torno a la idea de si una persona o un grupo pueden arrogarse cierta posición de superioridad y desde ahí decidir sobre la vida de otros. Como detalle anecdótico, se trata de una cinta que Hitchcock realizó en una sola toma (lo cual lo obligó a recurrir a varios trucos ingeniosos).

 

The Fountainhead (King Vidor, 1949)

Adaptación de una novela de Ayn Rand en la que se explora la noción de individualismo en relación con la ética, el arte, la política y en general la realización del ser humano.

 

El séptimo sello (Ingmar Bergman, 1957)

Una cinta de obligada referencia para las discusiones existencialistas tanto de la época en que fue realizada como actualmente, en especial en torno a una pregunta: ¿cuál es el sentido de la vida?

 

La dolce vita (Federico Fellini, 1960)

¿Qué significa disfrutar de la vida? Esta pregunta que se hizo Epicuro también se explora en una de las cintas más emblemáticas de Federico Fellini, en donde un periodista entregado a los placeres sensuales descubre poco a poco si es posible llevar una buena vida y en qué consiste ésta.

 

Ma nuit chez Maud (Éric Rohmer, 1969)

Una cinta que pone en escena una de las preguntas que por mucho tiempo animó la reflexión filosófica: ¿Dios existe? En el fondo, una cuestión que en realidad está dirigida al sentido de la existencia.

 

Love and Death (Woody Allen, 1975)

Con un ánimo paródico pero igualmente profundo, esta película de Woody Allen explora el efecto de la conciencia de la muerte en la existencia humana.

 

Being There (Hal Ashby, 1979)

¿Llevar una vida sencilla nos exenta de la reflexión y de la búsqueda de propósito? ¿La filosofía está reservada únicamente a los filósofos? A través de la figura de un jardinero que de pronto se descubre fuera de su “vida simple”, esta cinta intenta elaborar la respuesta a esas preguntas.

 

My Dinner with Andre (Louis Malle, 1981)

¿Quién no ha pasado una tarde o una noche discutiendo con una persona sobre los temas trascendentes de la vida? Eso es lo que miramos en esta cinta: la conversación filosófica de dos amigos, uno idealista y un poco soñador y el otro más bien realista y práctico.

 

Blade Runner (Ridley Scott, 1982)

Aunque casi siempre consideramos Blade Runner como una cinta de ciencia ficción, robots y autómatas, su tema es decididamente filosófico: ¿qué hace humano al ser humano? ¿puede esa cualidad esencial replicarse? Recordemos que Philip K. Dick, el autor original de la historia, fue un gran lector de filosofía.

 

Barton Fink (Joel y Ethan Coen, 1991)

¿Qué ocurre cuando obedecemos ciegamente ciertos mandatos sociales o culturales como la búsqueda de riqueza, poder o fama, a costa de nuestra propia vida? Dicho de otro modo: ¿qué ocurre cuando dejamos que algo más conduzca nuestra vida?

 

The Addiction (Abel Ferrara, 1995)

Bajo la clave de una historia de vampiros, Abel Ferrara explora en esta cinta la idea de moralidad y su pertinencia para la vida.

 

The Truman Show (Peter Weir, 1998)

Un clásico moderno en torno a la pregunta antiquísima sobre la naturaleza de la realidad y las derivaciones que esa investigación tiene sobre el ser humano.

 

The Matrix (Hermanas Wachowski, 1999)

Bajo la estética de la ciencia ficción esta cinta expone ideas emblemáticas de la filosofía occidental como la alegoría de la caverna de Platón, el recurso del método de Descartes y la noción de simulacro de Jean Baudrillard.

 

Memento (Christopher Nolan, 2000)

Con la construcción de la narrativa no lineal que caracteriza al estilo cinematográfico de Christopher Nolan, esta película nos lleva por la pregunta sobre la construcción de la realidad a través de nuestras creencias sobre ella, con énfasis en la conformación de la identidad individual a través de la memoria.

 

Waking Life (Richard Linklater, 2001)

La reflexión filosófica inició como una búsqueda del despertar, en un sentido amplio, y esta cinta de Richard Linklater expone ese largo camino que comenzó cuando un ser humano comenzó a hacerse preguntas sobre la naturaleza del mundo y poco a poco descubrió que todas las respuestas estaban en su interior.

 

I Heart Huckabees (David O’Russell, 2004)

La aparente oposición entre la conciencia individual y la vida en el mundo se escenifica aquí con maestría, tanto en sus problemas como en una posible manera de disolver ese conflicto.

 

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¿Qué es el individuo? ¿La suma de sus experiencias, de los recuerdos de esas experiencias o de la historia que tejió a partir de esas experiencias? Si es esto último, ¿cambiar esa historia que nos contamos es cambiarnos a nosotros mismos?

 

The Fountain (Darren Aronofsky, 2006)

Un sueño hiperbólico en torno a la pregunta sobre la vida y la certidumbre de la muerte. ¿Es la espiritualidad un forma de no morir o sólo de prepararnos para la muerte?

 

¿Qué te parece? ¿Qué cinta agregarías tú? No olvides compartir con esta comunidad tu opinión y tus sugerencias.

 

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