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¿Viagra para mujeres? Estimular eléctricamente este nervio aumenta el deseo sexual femenino

Salud

Por: pijamasurf - 04/19/2018

Un equipo de la Universidad de Michigan, en EEUU, localizó el nervio clave para aumentar el deseo sexual en las mujeres: el nervio tibial

Pese a la vasta bibliografía que existe en torno a la sexualidad, son muy pocos los datos y las investigaciones relacionados con la sexualidad femenina. De hecho, sólo hace un par de años salió a la luz la verdad sobre el clítoris: aunque antes se pensaba que se trataba de un “pene pequeño”, ahora se estima no sólo que su aspecto es más complejo e interesante sino, también, que posee más terminaciones nerviosas, cuyas únicas funciones son brindar placer. Frente a estas diferencias genéricas, diversos grupos de investigadoras buscan fomentar una mayor educación sexual en las mujeres para asegurar una salud sexual plena.

Desgraciadamente, los milenios de represión y acoso hacia el placer sexual femenino han tenido consecuencias: al menos una gran parte de la población femenina vive su sexualidad con culpa y, en muchas ocasiones, hasta reprimen el placer tanto en sus vidas como en sus cuerpos. Esto a su vez resulta en trastornos o desórdenes como el deseo hipoactivo, un desorden que afecta no sólo la vida erótica de una persona, sino también sus vínculos y su autoconcepto. De acuerdo con el Colegio Profesional de Fisioterapeutas de Madrid (CPFCM), en España, 46% de las mujeres entre los 40 y 80 años de edad sufre este trastorno, lo cual implica un 14% más que sus coetáneos del sexo opuesto.

Si bien existen fármacos que buscan disminuir las disfunciones sexuales, son exclusivos para el funcionamiento del aparato sexual masculino; el más conocido de ellos es el Viagra. No obstante, no hay un fármaco que pueda fungir como referencia para el tratamiento del desorden del deseo hipoactivo femenino. A la mente vienen nombres como el Addyi –o “el Viagra rosa”–, el cual se basa en la actividad de la flibanserina para reactivar el deseo sexual de la mujer –siempre y cuando la ausencia de deseo no esté relacionada con la menopausia, el tratamiento hormonal, el consumo de cualquier sustancia psicoactiva, etc.–; sin embargo, este desorden se asocia directamente con el estrés emocional y, por lo tanto, hay muy pocas opciones farmacéuticas o médicas para reducir su incidencia y el malestar que provoca.

Actualmente, gracias a una investigación que inició hace 20 años, existe un tratamiento que está buscando una manera de enfrentar este desorden femenino. Un equipo de la Universidad de Michigan, en EEUU, localizó el nervio clave para aumentar el deseo sexual en las mujeres: el nervio tibial, una de las ramas del nervio ciático que va desde la planta de los pies hasta la parte inferior de la columna. Según los investigadores, es posible acceder al nervio tibial desde el tobillo, por lo que estimular esta zona mediante pequeñas descargas podría implicar mejorías en la salud. El resultado parece inclusive haberles sorprendido a ellos mismos, pues tras varias sesiones de descargas eléctricas en el nervio tibial, notaron una significativa mejora en la experiencia sexual de las mujeres del grupo de control. Esto podría deberse a que el nervio tibial se encuentra en contacto con los nervios de la pelvis y éstos, a su vez, con la médula espinal.

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El estudio que mostró que los bebés que no reciben amor corren riesgo de morir

Salud

Por: pijamasurf - 04/19/2018

El trabajo del pionero René Spitz fue confirmado décadas después: los bebés que crecen sin amor pueden llegar a morir, y la mayoría de ellos crece con enfermedades físicas y mentales

La importancia del afecto en la salud ha sido demostrada por estudios como este de Harvard, pero nunca de manera tan radical como fue el caso de la investigación de Rene Spitz en la década de los años 50 del siglo XX.

Desde antes de Spitz se había notado que los orfanatos tenían un altísimo índice de mortandad, y a principios del siglo XX se creía que la causa debía de ser las enfermedades contagiosas producto de la falta de limpieza de estos lugares. Fue entonces que el doctor austriaco René Spitz propuso una teoría alterna, que quizás parecería poco científica: los infantes sufrían de falta de amor. Para probar esto, Spitz comparó un grupo de infantes que eran criados en cunas de hospital aisladas con infantes criados por madres en prisión. Si el problema eran los patógenos del lugar, entonces los niños criados en la cárcel debían de tener peores resultados. El estudio mostró que el 37% de los infantes criados sin madre en un hospital murieron, mientras que no se registró ninguna muerte entre los bebés encarcelados con sus madres. A su vez, los bebés de la cárcel crecieron más rápido y mostraron mejores resultados en diversas pruebas de salud. La investigación siguió algunos años más, y Spitz notó que los huérfanos que sobrevivieron tuvieron una tendencia mucho más marcada a contraer enfermedades y a tener problemas psicológicos.

El trabajo de Spitz fue desprestigiado por la ciencia. Se argumentó simplemente que los genes de los padres que abandonan a sus hijos debían de ser deficientes en comparación, y otras ideas por el estilo. Sin embargo, la ciencia dio la razón a Spitz: en el 2007, un estudio controlado en Rumanía comparó el crecimiento de bebés en orfanatos y bebés que crecieron en hogares con padres adoptivos. Dicha investigación sólo tomó en cuenta a infantes sin defectos genéticos. En este caso el estudio probó que los niños de orfanato crecen menos, tienen un IQ menor y el 52% desarrolla una enfermedad mental, mientras que sólo el 22% de los niños con padres adoptivos lo hacen. Los investigadores explican estas cifras sugiriendo que este 22% podría deberse al hecho de que estos niños con padres adoptivos pasan tiempo en orfanatos antes de ser adoptados.

El doctor Bruce Perry lo dice de manera muy sencilla: "el problema básico de criar un infante en un orfanato es que la oportunidad de establecer una relación amorosa con un pequeño grupo de adultos es rara". Los bebés no están hechos para aprender a conectar con las personas cuando son expuestos a decenas de ellas durante períodos cortos. La realidad es que los orfanatos no son lugares sanos para que los bebés crezcan y esta información debe tomarse cuenta, para que en casos en los que no hay otra opción, se intente asignar a un adulto responsable que sea algo así como una madre temporal para el bebé, focalizando el tiempo y el trato e intentando prodigar afecto físico y emocional. Ciertamente es difícil encontrar muchas personas para hacer esto, pero hay que decir que aquellas que puedan llenar este vacío son verdaderamente heroicas.