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John Coltrane sobre usar la música para cambiar el clima, curar y conectar con Dios

Arte

Por: pijamasurf - 11/24/2017

Después de una profunda experiencia mística, Coltrane se interesó por el poder espiritual de la música

John Coltrane es considerado uno de los más grandes saxofonistas de la historias y uno de los principales exponentes del free jazz. Más que a ningún otro músico de jazz, a Coltrane se le asocia con una inclinación hacia la espiritualidad. Su más grande composición, A Love Supreme (álbum que iba a llamarse Allah Supreme), es un himno de gratitud a la divinidad universal -Coltrane decía creer en todas las religiones-. Adicto a la heroína en la década de los 50, Coltrane dejó las drogas y el alcohol de golpe, como en un rayo de claridad y voluntad. Luego diría que tuvo una experiencia mística que le permitió dejar estas sustancias tan adictivas, particularmente la heroína, que fuera tan popular entre muchos músicos de la época. De ahí en adelante Coltrane se empezó a convertir en una especie de santo o bodhisattva, utilizando la música como un medio no sólo para entrar en comunión con lo divino sino para brindarle al público un pedazo de su medicina mística. Curiosamente, Coltrane sería canonizado después de muerto por la Iglesia Ortodoxa Africana, cumpliendo a posteriori el cometido que le había anunciado a un entrevistador en Japón en 1966, respondiendo a la pregunta de "qué le gustaría ser en 5 años" diciendo "Un santo".

En álbumes como Ascension, Meditations, Om, Selflessness y por supuesto A Love Supreme, Coltrane cumplió el voto que hizo en 1957 cuando tuvo su despertar espiritual: "En ese momento, en gratitud, humildemente pedí recibir los medios para hacer a otros felices a través de la música". Desde entonces Coltrane se adentró en el estudio de diversas religiones, particularmente el hinduismo, de clásicos como el Bhagavad Gita y de maestros espirituales contemporáneos com Krishnamurti y Yogananda. Aplicó y mezcló estas ideas y prácticas con su enorme talento musical para hacer de manera compasiva obras que reflejaran su experiencia mística y lograran transmitir sensaciones de paz, amor y conciencia cósmica. Tal vez de su acercamiento al hinduismo -o quizás, simplemente, de su propia experiencia desnuda y pura con la naturaleza de la música- Coltrane entendió que la música tenía la capacidad de afectar la realidad e incluso, de manera chamánica, modificar el clima: no sólo metafóricamente construir atmósferas, sino hacer llover, despejar el cielo, crear momentos, etc. Su intención era que la música no fuera una representación del amor o la felicidad, sino una presentación real e inmediata de la energía del amor o la felicidad codificada en escalas y sonidos. Incluso sugirió que existía la posibilidad de una especie de liberación o transcendencia a través de una música que resonara con lo divino. En la biografía John Coltrane: His Life and Music, Lewis Porter cita palabras de Coltrane:

He estado indagando en torno a estos acercamientos a la música -como en la India- en los que sonidos y escalas particulares son utilizadas intencionalmente para producir ciertos significados emocionales [como las ragas]... Me gustaría darle a las personas algo como la felicidad. Me gustaría descubrir un método que me permitiera hacer llover en ese momento, si así lo quisiera. Si uno de mis amigos está enfermo, me gustaría tocar cierta canción para que se curara; cuando no tuviera dinero, llevaría una canción diferente e inmediatamente recibiría el dinero que necesita. Pero cuáles son estas piezas y cuál es el camino que uno debe recorrer para lograr su conocimiento, eso no lo sé. Los verdaderos poderes de la música son todavía desconocidos. Lograr controlarlos debe de ser, yo creo, la meta de todo músico. Me apasiona entender estas fuerzas. Me gustaría provocar reacciones en las personas que escuchan mi música, crear una atmósfera real. Es en este sentido que quiero comprometerme e ir lo más lejos posible.

Estas ideas existen por supuesto en muchas culturas tradicionales, chamánicas y religiosas. En la India, encontramos textos religiosos en los que se registran diferentes cantos -con una métrica sumamente específica- para alterar todo tipo de fenómenos naturales y producir diferentes efectos mágicos y curativos (estos cantos o liturgias pueden encontrarse, por ejemplo, en el Atharvaveda). Coltrane probablemente no sólo escuchó sobre esto, sino que seguramente experimentó el poder transformativo de la música en primera persona. La música como una puerta emotiva hacia el poder divino del ser humano. Coltrane murió a los 40 años; ¿quién actualmente tiene esta intención de explorar el sonido -el cual, según los textos védicos, es la energía creativa misma del universo- para producir medicina, amor, lluvia, luz?

 

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El asesino en la mente: Reflexión sobre la serie ‘MINDHUNTER’ (David Fincher, 2017)

Arte

Por: Psicanzuelo - 11/24/2017

Basada en hechos reales, esta serie juega con los roles de criminales y policías, cuestionando la manera como funcionan las normas morales de la sociedad actual

La historia se centra en el equipo del FBI que descubre que existen los asesinatos en serie, después de que saltaran a la luz comportamientos criminales repetitivos, obsesivos, y poco a poco descubrir que tienen que ver con la infancia del individuo y la relación con su madre. Basada en el libro de no ficción Mind Hunter: Inside FBI's Elite Serial Crime Unit, de Mark Olshaker y John E. Douglas.​

Holden Ford (Jonathan Groff) es un joven e inocente oficial del FBI que se encarga de un caso donde un sujeto tiene atrapados rehenes en un secuestro que acaba con él volándose la tapa de los sesos, en un efecto físico y digital, que recuerda un poco la manera como se vuela la cabeza el ama de casa norteamericana en la cinta mexicana Los bastardos (Amat Escalante, 2008). Su superior lleva a Holden al ambiente académico policíaco, donde inicia una carrera de docencia que lo hace conocer a Bill Tench (Holt McCallany), quien lo invita a participar en clases con distintos elementos en todo el territorio norteamericano, al mismo tiempo que inician un equipo secreto que va abordando crímenes muy particulares.

El proyecto de serie televisiva en demanda consta de 10 episodios de 1 hora de duración, y la serie está producida ejecutivamente por David Fincher (Zodiac, Los 7 pecados capitales) quien dirige cuatro episodios también y le da todo su bien logrado tono a la serie, con gran ayuda fotográfica de Erik Messerschmidt, quien sólo había sido gaffer en películas de superhéroes y fotografiado buenas series, con un fantástico trabajo que no permite olvidar el trabajo de Harris Savides en Zodiac (2007). En el equipo de directores destacan Asif Kapadia, quien sorprendiera al mundo dirigiendo muy joven la legendaria cinta de Bollywood de aventuras medievales: El guerrero (2001) y que después brillara dirigiendo documentales como Amy (2015) y Senna (2010), sobre la cantante y el piloto de Formula 1, respectivamente. Dichos documentales, valiéndose como pocos de ejemplar material de archivo (¿quién sabe de donde sacó tanto y tan bueno?), reconstruyeb la autodestrucción de dioses modernos descubriendo el origen de sus obsesiones y volviéndolos humanos, como reencarnaciones de dioses dentro de su humanidad trepidante. Por otro lado Tobias Lindholm, quien escribiera el fantástico guión de La caza (2012), dirigida por Thomas Vintenberg, para quien ha escrito otra película después el niño favorito de Von Trier, para quien también escribió Submarino (2010) y La comuna (2016), también escribió otra para Kragh-Jacobsen, otro miembro del polémico grupo danés Dogma 95, y que también ha dirigido un par de películas en Dinamarca. Pero vale la pena mencionar La caza, porque es curioso el acercamiento hacia el criminal que se da en esa fantástica cinta, que juega con los roles de víctima, victimario y sobre todo la sociedad, que es la que se encarga de decir quién es quién, eso tiene mucho que ver con el espíritu de Mindhunter. El talento de toda esta gente es perfectamente organizado por Fincher para darnos un resultado fabuloso que cuestiona nuestros tiempos. La cinta que hizo saltar a la fama a Mads Mikkelsen, para quien no la haya visto, trata sobre una acusación de violación infantil que acaba con la vida de un sujeto, sin que haya verdaderamente un caso y una investigación, digamos, un linchamiento masivo en masa tanto psicológico como físico.

Por la serie vemos desfilando asesinos seriales emblemáticos y polémicos que los investigadores entrevistan en prisión, sin permiso de los superiores del FBI, y encontrando la lógica en todos sus asesinatos. Por ejemplo, Ed Kemper (Cameron Britton) o Jerry Brudos (Happy Anderson), que son magníficamente interpretados, saliendo de todo cliché, resultando humanos y hasta atractivos fuera de sus terribles actos. Eso le da sentido a la serie, que en mucho tiene que ver con el trabajo que hace años hiciera Jonathan Demme con El silencio de los inocentes (1991) y que ha dado pauta al trabajo de Fincher en este género en particular, adaptando la novela de Thomas Harris. Para Fincher, desde 7 pecados capitales se trata de la obsesión del sistema por corregir lo que esta mal brincando la parte del entendimiento, es mucho más sobre la humanidad. Más tarde, en Zodiac, resulta claro que se trata aún más sobre la obsesión humana misma que comparten tanto asesinos como policías o investigadores, aunque sea un reportero o varios. Pero lo que va desarrollándose más allá de todo es la relación del que investiga con su círculo cercano, pareja, familia y amigos. En Mindhunter, Holden inicia una relación que dura toda la serie con Debbie Mitford (Hannah Gross), que es muy inteligente y de carácter dominante. Pero esa relación tiene que ver con quién le gustaría ser, y por otro lado inicia una relación laboral con Wendy Carr (Anna Torv), quien sería una especie de Batichica del equipo, una prominente psicóloga que entiende lo que está por lograr junto con Bill; en ella encuentra realmente quién es él mismo, y sobre todo, obtiene la comprensión que jamás alcanzará con Debbie.

 

Twitter del autor: @psicanzuelo