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Este es sólo un ejemplo de estas islas flotantes, un estilo de vida autosustentable que no sólo es capaz de sobrevivir mediante acuacultura, también mediante una granja ecológica de peces

En la Ciudad de México se encuentran las milenarias chinampas, estos pedazos de tierra flotantes capaces de crear vida y biodiversidad en los cuerpos acuíferos de Xochimilco. Recorrer esta zona entre canoas produce un fuerte deseo de residir entre la tranquilidad de las chinampas mientras se navega por la inmensidad de un país ancestral. Incluso hay quienes su cotidianidad se encuentra ahí, viviendo en casas flotantes y visitando la tierra en caso de ser necesario.

Este es sólo un ejemplo de estas islas flotantes, un estilo de vida autosustentable que no sólo es capaz de sobrevivir mediante acuacultura, sino también a través de una granja ecológica de peces. Se les conoce principalmente como aldeas flotantes, y son espacios en donde la gente vive en una comunicación retroalimentativa entre naturaleza y seres humanos. Compartimos a continuación otros ejemplos representativos de este tipo de lugares:

– Aldea flotante Aberdeen, en Hong Kong

Se trata de la zona más moderna y desarrollada de Hong Kong, la cual posee rascacielos y una serie de restaurantes tradicionales. Además se utiliza como un resguardo de yates modernos y botes de velocidad, permitiendo que las personas habiten todo el tiempo en ellos. La base económica y de supervivencia de esta aldea es la pesca, aunque el turismo se ha fortalecido en los últimos años.

– Islas de los uros en el lago Titicaca, en Perú

Los uros, una tribu que navegó hasta Perú mucho antes del inicio de la civilización inca, continúan viviendo en la zona en docenas de islas artificiales en el lago Titicaca. Las construcciones sobre las islas están hechas de totora de juncos. La maravilla de estas islas ha atraído al turismo extranjero, promoviendo las artesanías locales y tradicionales.

– Lago Ganvie, en África del Oeste

Cerca de Cotonou, Benin, esta aldea ha habitado en el lago Ganvie desde muchos siglos. Ahora, los hogares sostenidos por zancos tienen una población aproximada de 20 mil habitantes. Todo comenzó cuando la gente intenaba escapar, hace 5 siglos, de la tribu fon, cuyos guerreros eran conocidos por capturar a sus enemigos y venderlos a traficantes de esclavos en África Occidental. En ocasiones se le describe como la Venecia de África.

– Bahía Ha Long, en Vietnam

En los últimos años, se ha convertido en un atractivo turístico de la región: es una aldea flotante con mil 700 personas, que viven ecosustentablemente mediante la pesca y la acuacultura. Hay algunos turistas que deciden quedarse durante largas temporadas en ese paraíso acuático.

– Makoko, Lagos, en Nigeria

En la sección de Lagos, en Nigeria, se encuentra la segunda Venecia de África. A diferencia de la aldea flotante en el lago Ganvie, Makoko no es un destino turístico y sobrevive de manera poderosa sin electricidad, alcantarillas ni violencia. A lo largo de sus seis establecimientos sobre el agua hay facilidades médicas, escuelas flotantes y otras estructuras gubernamentales.

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Para el profesor Gregory Okin, profesor de geografía y autor de una investigación al respecto, "las mascotas tienen muchos beneficios, pero también un importante impacto ambiental"

En los últimos años se han buscado múltiples alternativas para reducir la huella ecológica individual y global como medida para disminuir los síntomas del cambio climático. Entre las investigaciones más promovidas se encuentra la que explica que la acción que mayor impacto negativo tiene en el medio ambiente es tener hijos. Sin embargo, se ha descubierto que las mascotas también tienen un impacto más o menos significativo que vale la pena observar.

De acuerdo con una investigación realizada por científicos de UCLA en Estados Unidos, los dueños de los hijoperros compran artículos como camas ergonómicas, champú de manzanilla, regalos con sabor a tocino y otros artículos que resultan en un total de 47 miles de millones de dólares y 64 millones de toneladas de dióxido de carbono al año. Es decir, un equivalente al impacto de 13.6 millones de automóviles al año. Y en caso de que tengan una dieta basada en carne, se tiene un mayor impacto ambiental en términos de erosión, pesticidas y desperdicios en energía, suelo y agua.

Para el profesor Gregory Okin, profesor de geografía y autor del estudio, no se trata de deshacerse de las mascotas o ponerlas bajo régimen vegetariano –lo cual, por cierto, es contraproducente– sino de “considerar todo el impacto que las mascotas pueden generar y tener una conversación honesta al respecto. Las mascotas tienen muchos beneficios, pero también un importante impacto ambiental”.

Tan sólo en EEUU, explica Okin, se estima que hay 163 millones de gatos y perros, los cuales: a) implican el 40% del impacto ambiental del consumo cárnico en este país; b) en caso de que ocupasen un país, los perros y gatos se convertirían en la quinta nación de mayor consumo de carne; c) producen alrededor de 5.1 millones de toneladas de heces al año 8cantidad equivalente a 90 millones de estadounidenses); y d) tanto los perros como los gatos consumen la misma cantidad de calorías que toda la población de Francia en 1 año.

Para regular y reducir la huella ambiental de las mascotas, existen algunas alternativas que compartimos a continuación:

– Regula la cantidad de alimentación al día. Muchas mascotas tienen más peso de lo que su raza, edad o salud requerirían, resultando ello, en ocasiones, en una serie de costosas complicaciones como diabetes, enfermedades cardiovasculares o problemas en los tendones. Es mejor preguntarle al veterinario la cantidad adecuada para la mascota.

– Antes de comprar una marca, revisa los ingredientes. Los perros y los gatos son felices con objetos reutilizados y reciclados. Realmente no requieren ni necesitan un producto cárnico con sabor a pollo y camarón. Elige alimentos que supongan un potencial proteínico mediante la carne de res, pollo o pez y evita aquellos con maíz, semillas, granos y otros aditivos. Las últimas opciones pueden costar menos, pero tienen mucho más impacto en el medio ambiente.

– Salgan a caminar o a correr juntos. Una caminata diaria de 15 minutos no sólo ayuda al desestrés del dueño; también, a la quema de calorías de ambos.

– Recicla los contenedores de comida. Las bolsas de los alimentos y las envolturas de los juguetes, entre otros, son productos que pueden reciclarse, y así se puede evitar que tengan un mayor impacto en el medio ambiente.

– Elige las bolsas ecológicas. En los últimos años han surgido alternativas ecológicas a las bolsas para recoger los desechos fecales de los animales; son bolsas biodegradables y libres de los contaminantes.

– Adopta en vez de comprar. En la calle, carreteras y perreras existen múltiples animales en espera de ser adoptados o eutanizados. En vez de comprar en función de una raza, adoptar a un animal puede no sólo reducir la huella ecológica sino, también, mejorar el vínculo afectivo entre dueño y mascota.

– No dejes los residuos fecales a mitad de la calle. Se trata de una educación cívica que envuelve a la convivencia social con el objetivo de reducir la incidencia de infecciones, plagas y enfermedades.