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El pasado dicta el futuro en el testamento de Orfeo: Reflexión de ‘Twin Peaks’, temporada 3 (David Lynch, 2017). PARTE I

Arte

Por: Psicanzuelo - 09/23/2017

La nueva temporada de ‘Twin Peaks’ es difícil de reseñar; ya que las incoherencias son parte de su lenguaje y los capítulos abren cada vez más preguntas dando pocas respuestas, intentaremos imaginar algunas con lo que queda sobre la mesa

David Lynch no es sólo un ferviente creyente en la meditación trascendental como método de inspiración y de vida, sino que también tiene una fundación muy seria, que se dedica específicamente a eso con diversas aplicaciones a distintos campos. Por lo tanto uno puede tener la conciencia de que su trabajo artístico, además de usar la pintura como punto de partida, porque es de donde proviene él, tiene que ver con una elaboración creativa de la meditación. No sólo en Picos Gemelos/Twin Peaks sino en todos sus trabajos, ha llevado a cabo un análisis de lo que es el sueño americano y de su deterioro. En la serie de los 90 y su precuela fílmica, El fuego camina conmigo/Fire Walk With Me (2010) desarrolla su investigación en forma de thriller de detectives surrealista. Laura Palmer, la adolescente asesinada en un condado X de los Estados Unidos de América, sirve como metáfora de ése sueño americano: ¿quién la asesinó?, ¿con qué razón y motivos?, ¿de que manera? Recordemos que la serie fue cancelada en su momento; era demasiado rara aunque gozaba de fervientes admiradores, por eso fue el motivo de la película que fue un acto de rebeldía total con algunos roles interpretados por cantantes populares como David Bowie y Chris Isaac. Esa película es otro punto de partida y referencia que pesa bastante en esta nueva creación.  

Hay una Wikipedia específica de Twin Peaks, con datos para consulta.

La nueva temporada recientemente estrenada, producida por Showtime (gracias al cielo) y distribuida por Netflix en México, fue escrita nuevamente por la dupla Mark Frost y David Lynch; con 18 episodios, es una telenovela, thriller galáctico multidimensional que promueve la amplitud de criterios de lo que puede constituir una serie de video en demanda en estos nuevos tiempos digitales, ampliando todas las fronteras establecidas conceptualmente. Cada lunes se estrenaba un capítulo nuevo y todos esperábamos el próximo capítulo. La estructura de la serie no se sostiene en descubrir al asesino de Laura Palmer como en las veces anteriores que viajaban entre la realidad de Laura viva, el pueblo donde murió después de su muerte con sus múltiples personajes que podían ser asesinos, y un espacio mental de terciopelo rojo donde los personajes vestidos de forma elegante hablaban al revés (¿acaso será la psique inconsciente que articula al pueblo y al mundo?). La cosa es que años antes el detective que siempre esta a punto de descubrir quién mató a Laura Palmer, el agente Cooper de FBI, se divide en varios doppelgängers que llevan vidas distintas.

Más que nada, la nueva serie es posmodernista y autoral; Lynch desarrolla su mitología construida en toda su obra con obras maestras como lo son Terciopelo azul, Salvaje de corazón o Carretera perdida, por mencionar algunas. Así vemos deambular a varios personajes/actores que se unen en otros y que representan nuevos personajes, constituyen leitmotivs que se van desarrollando de forma musical por todos los capítulos, que curiosamente siempre terminan en un excelso momento musical de concierto, que recuerda un poco una mezcla entre el show de los Muppets y la cabaña del vicio donde Laura Palmer vivía su doble vida, y tocan grupos como los Chromatics, Moby y Nine Inch Nails, entre muchos otros.

En el primer episodio hay un espacio misterioso con un aparato-cámara de vacío que lleva una cámara fotográfica en su interior, iluminada de manera especial por LEDs interpuestos y tiene un encargado; hay una chica que le lleva café a este último; ocurre en la ciudad de Nueva York. Los dos jóvenes rubios son atractivos y algo parecidos, como hermanos, pero inicia un juego de seducción: Adán y Eva en tiempos digitales. 

A estas escenas tensas y misteriosas se contraponen en la edición escenas graciosas con personajes chistosos white trash gringos, sobre todo en el pueblo de Twin Peaks en el estado de Washington, otros personajes más adinerados y uno que otro que reconocemos de antaño, creando la tensión de clases que debajo de todo hace que funcione la serie.

Más tarde vemos a uno de los doppelgängers de Cooper, una especie de mezcla entre Bob de las primeras temporadas y Sailor (Nicolas Cage) de Salvaje de corazón (1990, Lynch) llamado Mr. C, del cual pronto aprenderemos que es cruel y desalmado, muy rudo. A Cooper como Cooper, con su pelo engominado pulcro y de mirada limpia, únicamente lo vemos en un espacio imaginario, de esos que acostumbra este autor simbólico en blanco y negro. Empieza a llamar la atención la actuación de Kyle MacLachlan que destaca en todo este juego de espejos distorsionantes maravillosamente, interpretándose en múltiples pistas de la enorme discoteca. La chica de los cafés vuelve al espacio misterioso para tener sexo con el chico; en medio del intercambio hormonal se despliega un fantasma en la cámara de vacío que termina asesinándolos violentamente, como un salvaje anime fuera de control. Es curioso, pero hay varias escenas que recuerdan mucho el tono del joven Tarantino (pensemos en Tiempos violentos/Pulp Fiction (1994)): al inicio suceden en Dakota, y su puesta en escena recuerda también un poco a los Cohen, una comedia absurda que le da tolerancia al publico para aguantar las secciones más raras de la serie, pero Lynch las carga de mucho más rareza, casi surrealista sin dejar de ser comedia. Por ejemplo, más tarde en la serie, la pareja de asesinos white trash que forman Tim Roth y Jennifer Jason Leigh (secuaces de Mr. C) recuerda en mucho a la misma pareja que formaba Roth con Amanda Plummer (Pumpkin y Honey Bunny), emblemática escena de la cafetería dividida en toda la película, que acuña el termino tarantinesco, siendo aquí una referencia directa. ¿Es esto un robo? Me parece que más bien un cobro; Lynch toma de regreso de directores que le fusilaron muchas ideas, sólo hay que recordar la manera como articula a los mafiosos en Terciopelo azul (1986) comparado a lo que hace años después Tarantino.

Una pareja de policías encuentran un masacrado cuerpo de mujer desnudo en una cama; el encuentro no deja de recordar Siete pecados capitales/Se7ven (Fincher, 1995) en su uso de prostéticos mezclados con flashes fotográficos y obscuridad. Una vez más recordemos la emblemática oreja que encuentra cercenada Kyle MacLachlan en Terciopelo azul, que me parece que tiene que ver con el acercamiento estético que tomó Fincher 10 años después. Pero el tono cómico de la escena no lo suelta con ayuda de uno u otro actor, sus miradas cómplices viviendo las pulsiones más antiguas del hombre. Al sacar el cuerpo de las cobijas vemos que únicamente la cabeza pertenecía a una mujer sin ojo, con un agujero en su lugar; el resto del cuerpo es de un hombre obeso. Parece que la víctima es una bibliotecaria local; estamos en un condado de Dakota del Sur, en el departamento pululan las huellas dactilares de Bill Hastings (Matthew Lillard), quien es encontrado más tarde y capturado por el FBI, muchos capítulos vendrán donde sus comentarios servirán de guía para ir tras esa amenaza irreal que está detrás de los nuevos casos. Hastings le confiesa a su mujer, antes de ser capturado, que soñó el asesinato pero que él no lo cometió.  

El capítulo 2 es básicamente una continuación del primero, donde Cooper en su versión limpia cambia dimensiones para aparecer en la cámara de vacío en Nueva York; también encontramos a Sarah Palmer, madre de Laura, que es una alcohólica de buró que vive entre sombras y botellas de vodka mirando documentales televisivos del reino animal. También aparece la mujer del tronco, que sigue en eterno trance mental visionario aconsejando a todos los oficiales de policía tan característicos del pueblo de Twin Peaks.

En el capítulo 3, Cooper, limpio, con su traje de siempre negro, camisa blanca y corbata negra, es catapultado de la cámara de vacío a unas extrañas tuberías dimensionales, hasta que da con una mujer en una agradable chimenea encendida (ella no tiene ojos, lleva unas cicatrices en su lugar, con las que no puede ver), hasta acabar en los suburbios cambiándose de lugar con otro doppelgänger llamado Dougie Jones, que viste de amarillo como el hombre enigmático de Terciopelo azul y que le gusta el juego (de hecho, tiene una deuda grande, y engaña a su mujer con una prostituta de color). Aparece David Lynch actuando nuevamente; además de que se hace cargo del diseño de sonido de toda la serie, recordemos que su personaje, Gordon Cole, es un oficial del FBI de alto rango como en Fire Walk with Me.

En el episodio 4 Dougie gana en el casino, con ayuda de una visión al cuarto rojo que recuerda a El mago de Oz (Victor Fleming, George Cukor, King Vidor, etc., 1939), sabemos que en la mitología lyncheana El mago de Oz es una referencia constante con varios significados.

Aquí valdría la pena hablar un poco de los espacios metafísicos que unen los espacios físicos a través de las mentes de los personajes y sus acciones; es vital tener esto claro para el nuevo espectador de la serie, porque puede perderse en estos corredores. Hay un cuarto rojo que es al primero que uno puede acceder; por lo general ahí se aparece Laura Palmer, Mike (Al Strobel), quien era compañero asesino de Bob hasta que ve la cara de Dios y se dedica a tratar de detenerlo después de cortar su brazo, y un árbol eléctrico de conocimiento macabro que es pura maldad que proviene del brazo cortado de Mike. Ese cuarto se comunica a un cuarto blanco que es todo pureza y un cuarto negro que es todo maldad; las estancias en esos espacios hacen que uno actúe de una forma u otra. Uno puede acceder a esos mismos espacios físicamente en cuanto los astros lo permitan, combinado con algunas coordenadas geográficas.

Del casino le dan un ride al nuevo Dougie que trae a Cooper dentro después de una explosiva posesión, finalmente, con su esposa Janey y su hijo. Janey es interpretada magistralmente por Naomi Watts, quien lo adora, Dougie ha dejado de ser Dougie y es una espcie de zombi parecido a Chauncey Gardiner, el personaje que interpreta Peter Sellers en la obra maestra Bienvenido Mr. Chance/Being There (Hal Ashby, 1979), o sea, un tipo que hace todo bien aunque sólo va por la vida sin hablar, pareciendo tener una especie de retraso mental, siendo malinterpretado por todo mundo, que llena los espacios que él deja vacíos.

Un comentario social de que finalmente todo mundo ve lo que quiere ver y entre menos uno quiera figurar más encuentra su lugar y es amado con más intensidad por su entorno, un precepto búdico que parece provenir del desarrollo espiritual de Lynch en la meditación trascendental. En este caso Janey adora a Cooper, y ello quedará claro más adelante con varias formas en las que lo ayuda; es muy gracioso cómo ni ella se da cuenta de que hay algo que es distinto en él.

Mr. C, el otro doppelgänger de Cooper, es capturado por la policía y en una cárcel es interrogado por Cole y su equipo; de alguna manera, el ser oscuro ha tomado algo de los otros dos personajes, y habla de una rara manera. Se empieza a hablar de la rosa azul, que en el universo de Twin Peaks son los casos de investigación más raros que lo raro. Bobby vuelve a aparecer y es policía en el pueblo de Twin Peaks, y llora con la foto de Laura Palmer en un momento que recuerda mucho a la primera temporada: es una nostalgia eterna la que se siente con los viejos personajes en otros roles, el paso del tiempo.

Michael Cera aparece en un cameo caracterizado como Marlon Brando en sus tiempos de motociclista joven en Salvaje (László Benedek, 1953), un símbolo del sueño americano muerto, y es el comentario que se dará en toda la serie de que el sueño americano se ha perdido en algún punto, que es de lo que se trata Twin Peaks. Al preguntarle Peggy dónde ha estado, Cera, que es ahijado del sheriff, contesta: “Mi sombra ha estado siempre conmigo. A veces delante de mí, a veces atrás. A veces a la izquierda, a veces a la derecha. Excepto en días nublados. O por la noche”. Esto tiene que ver, en gran parte, con los conceptos de meditación trascendental de Lynch.   

Brando, Monroe o Laura Palmer como representación de ese sueño perdido, asesinado, la presencia de la bomba atómica en toda la serie de distintas formas, es un comentario incisivo de que fue ese tiempo de abuso político y militar de EEUU con el mundo lo que mata al sueño americano, pero, ¿por qué?

La técnica de Peter Deming, que es el fotógrafo de la serie y que ha estado involucrado en la obra tardía de Lynch desde Carretera perdida/Lost Highway (1997), da vida a los pasillos de luz entre tinieblas que hacen posibles los mundos del autor. Es impactante la manera de dominio del maestro David Lynch del recurso estético cinematográfico, los cambios de tono, la pulcritud de los diálogos importantes, el ritmo, la composición, etc. Pero la mancuerna con Deming lleva todo un paso más allá, sombras y luz se tocan por instantes y son líneas de partida para el drama en cada episodio. El mundo mental que va articulando el mundo material se representa en curiosos mundos digitales que Lynch y Deming pueden controlar dando la vuelta al nuevo mundo de héroes de cómics en la pantalla grande, el último comentario social sobre el formato blockbuster de nuestra era.

 

Twitter del autor: @psicanzuelo

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Sin remitente

EL SEGUIDOR (Following) 1998

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Con la misma óptica en blanco y negro de su experimental corto Doodlebug que nos recuerda al cine negro de los años 40 y acompasada por la ansiedad de su protagonista Jeremy Theobald, El seguidor da cuenta de un joven aspirante a escritor, que advierte un curioso interés por la vida de los demás; así comienza un ritual de seguimiento a diferentes personas con las que no interactúa, buscando de alguna forma descifrar su origen, su motivo, el porqué de su caminata y los hacia dónde de su destino. De pronto la trama lo tiene inserto en la deriva de una confrontación con Cobb, interpretado por Alex Haw, un seguidor profesional que allana los hogares y la intimidad de sus acosados, ganando la admiración del joven y atrayéndolo a su propia seguidilla de atracos y delinques. Cobb y una mujer rubia, denominada así en la delimitación característica de su nomenclatura o aspiracional oficio, tienen al joven en una encrucijada de audaz propuesta narrativa y visual, que marcará en parte el estilo de Nolan y que manifiesta, incluso, un detalle fantástico gráficamente referenciado en la puerta de la casa –objeto-afección– del joven, una efigie nítida en pleno claroscuro fotográfico: el logo de Batman, la cinta de Tim Burton. Una premonición, gusto expuesto, guiño casual o el aviso de un objetivo confeso del director por realizar su versión del hombre murciélago. El seguidor es la búsqueda de la identidad, la seducción de la otredad, la curiosidad de una historia escrita por otro; el amor furtivo y desleal, el engaño, la ilusión y la inocencia, la obsesión y el voyerismo, integran la postal sin remitente de un joven director que filmó, escribió, editó y dirigió su primera película.  

 

Memorabilia, la impronta

EL ORIGEN (Inception) 2010

Un robo a través de la mente, la creación de una realidad alterna donde la información es el botín y la estrategia del colectivo es habitar los sueños, se ve interrumpida por una  intromisión al subconsciente invasor que rebasa los planes de Cobb, interpretado por Leonardo DiCaprio, en alusión nominal a El seguidor, generando el contraataque directo de quien siendo víctima mientras duerme, despierta al medio del sueño para descubrir el delito. A partir de ahí, la necesidad de generar una impronta e implantarla en las víctimas es la misión del equipo comandado por Cobb, a riesgo de morir al ser despertados en somnolencia.

La única conexión entre realidad e imaginación que tendrán los asegunes reside en un tótem, que pudiera ser un objeto que une al viajero de los sueños con la realidad. Así, la pirinola de Cobb al ser girada se detiene en la realidad y sigue girando sin cesar en la travesía, dejando abiertas las aristas de la deducción de la audiencia, en esta producción conducida, como la mayoría de las obras de Nolan, por su esposa Emma Thomas, en un binomio que nos recuerda la mancuerna creativa de Peter Jackson y Fran Walsh. Pletórica de efectos visuales que revolucionaron las bases mismas del montaje, El origen se convirtió en una película que más allá de atraer una copiosa audiencia mediante sus espectaculares efectos visuales, generó debates y resoluciones propias de las innumerables referencias a la psicología, a la filosofía y a la literatura vestidas todas de símbolos, significados y mitos que bien registran laberintos de cuevas platónicas y borgianas. La relación entre realidad y sueño se bifurca en la individual abducción de los personajes y en su colectiva sensación de sueño compartido. Una cinta coral que junto a DiCaprio presenta las actuaciones de actores fetiches de Nolan como Cillian Murphy, Ken Watanabe y Michael Caine, junto a Ellen Page, Marion Cotillard, Joseph Gordon-Levitt y Tom Hardy, para hacer de la memorabilia de los objetos, la enhebrada guía que une los sueños profundos con las imágenes creadas desde la irrealidad.

El origen es la película más compleja de Nolan desde su variopinta construcción cinematográfica, una sinfonía compuesta por enfáticas secuencias a tiempo y a destiempo entre personajes y lugares de forma simultánea, ya sea entre sueño y realidad o entre imaginación y fantasía, ofreciendo en este sello una apuesta por la indefinición, donde la inserción de una impronta que no fenece o la implantación de una idea que sí genera, conforman una espiral que abre dimensiones y perspectivas. Hans Zimmer, compañero de Nolan, quien capta con total empatía la intencionalidad sonora del director británico, acompasa los sucesos con una música extraordinaria, cimentada en la cresta por la canción “Non, je ne regret rien” en voz de Edith Piaf, caracterizada en La vida en rosa por la misma Cotillard y cuya duración de 2 minutos 28 segundos coincide con la numeralia de la cinta: 2 horas, 28 minutos. El origen integra dos universos que gravitan la dual órbita de Christopher Nolan: la imaginación como alternativa de la realidad y la idea como alternativa de los sueños.

 

Sello oficial-El discernimiento de la identidad

EL CABALLERO DE LA NOCHE (The Dark Nigth) 2008

La muerte inesperada como antesala de una actuación memorable, el emotivo adiós a un actor entregado a la posteridad de su talento como legado, y una representación vívida, emocional y profundamente explorada del superhéroe, no desde sus causas y consecuencias sino desde sus circunstancias, llevaron a El caballero de la noche a dar verosimilitud, continuidad y enlace a la trilogía de Nolan sobre Batman, como un interludio único, desbordante y magistral. Estrenada tras el duelo sorpresivo en el público por el aparente suicidio de uno de los más prometedores y confirmados talentos de su generación, Heath Ledger, en la que sin duda es la mejor actuación que haya visto el celuloide de Nolan a lo largo de sus ya 10 cintas, El caballero de la noche es una perturbadora y reflexiva inquisición desde la confrontación ético-moral ante el discernimiento que conlleva la bifurcación de dos caminos y la dualidad de una moneda lanzada al aire. El Guasón de Ledger consumó a un histrión en el pico máximo del talento actoral que pudo mostrar en su corta edad, y que había dejado un previo testimonio de grandeza en su humana, sensible y conmovedora actuación en El secreto de la montaña de Ang Lee.

La tensión y el suspenso envuelven a los personajes que dubitan cada toma de decisión, donde la maldad obliga desde los contextos y la bondad se muestra como una debilidad más que como una fortaleza incólume, el ser humano es llevado al límite de las alternativas y sus escasas opciones, la exploración de los rincones de la maldad en lo bueno y de lo bueno en la maldad, son algunas de las caleidoscópicas temáticas que hacen de esta segunda entrega de la trilogía una cinta fundacional del género de superhéroes. Aquel que es amado puede ser odiado, aquel que persigue puede ser perseguido, es la irresoluble teoría de la dualidad existencial que Nolan muestra de forma perenne para generar el debate inmediato de la audiencia con sus personajes. El Bruce Wayne de Christian Bale se presenta vulnerable ante sus propios demonios, dubitativo ante sus sombras y desconcertado ante los fantasmas de su pasado, incierto al devenir más temerario para asumir lo que vendrá tras la oscuridad de la noche.

La muerte como un antecedente y consecuencia, la habilidad como una cualidad de la maldad, y la lealtad como una resultante del apego, convergen en la palestra que acompaña la villanía de Dos Caras derivada del incorrupto político y que hacen de la relación héroe y  villano una intrínseca diatriba entre las intenciones y el deber ser. La agudeza mental y la locura del Guasón retando los principios del héroe, el amor como un imposible del hidalgo, y la complicidad de la ley como alternativa a la violencia, hacen de este Batman una extraordinaria postal del discernimiento capitular de la condición humana.

 

Definitiva

AMNESIA (Memento) 2000

Obra maestra y sello definitivo en el canon cinematográfico de Christopher Nolan, Amnesia, su segunda película, es una innovadora propuesta narrativa, un atisbo a la recuperación del olvido ante los dejos de la memoria, y el reto de un guión que irrumpe con total autoridad entre la estructura convencional del guión, para aportar nuevos horizontes creativos ante los establecidos dogmas del cine. Amnesia, como si fuese una oda a la posmodernidad que especializa y fragmenta, que difumina y disecciona, que desordena y ordena el caos por la premura y por la urgencia, inicia el nuevo milenio como un desafío del montaje desde su edición y como una invitación hacia la audiencia para no perder ninguna escena, ningún plano, ningún segundo ni los 24 fotogramas que lo integran. Amnesia parte de un guión que adapta el primigenio relato “Memento Mori”, publicado a posteriori en el 2001 por su hermano Jonathan, y que utiliza diferentes recursos literarios para reflejar la atemporalidad y el desarrollo no lineal de su trama, como las analepsias, hipérbatos y anacronías que posibilitan la predisposición, el prejuicio y la argumentación ante el devenir dialéctico expuesto entre los hechos, los personajes y sus recuerdos. Guy Pearce personifica a Leonard, quien sufre la pérdida de la memoria de los sucesos recientes que vive en el largo plazo, frente a lo cual recurre a capturar los detalles que pudieran difuminarse al mediano plazo en su encomienda: develar el misterio del abuso y asesinato de su esposa, y atrapar por ende al asesino.

De esta forma y apoyado en la memoria sensitiva que conserva, tiene presente siempre tomar fotografías de las personas que conoce, de los lugares que visita, frecuenta o habita, y para asegurar no perder las aprendas de su encargo, procede a tatuarse las pistas que recaba su motivo. Joe Pantoliano interpreta a Teddy, personaje que manipula, confunde y distorsiona la realidad desde los sucesos que recrea en Leonard, como una suerte de conciencia que al revelarse desde los presupuestos psicológicos de la trama, pone en entredicho las versiones de los acontecimientos que configuran la historia. Mientras en El seguidor la identidad se hace presente como una temática perenne, en Amnesia Nolan suma a la búsqueda de la identidad la recuperación de la memoria, e inaugura otra premisa: el motivo, sea el recuerdo mismo, sea atrapar la imagen, recrear hechos, o su simple consecución de justicia, venganza o supervivencia en el memento como plegaria de vida o muerte, o como simple recuerdo. Amnesia es un sello de memorabilia pero ante todo, el sello definitivo de un maestro en total libertad creativa y existencial comunión con su obra.

 

Conmemorativa

El décimo sello-DUNKERQUE (Dunkirk) 2017

Dunkerque, el décimo sello en la filmografía postal de Christopher Nolan, conmemora un momento crucial de la segunda guerra mundial, un instante definitivo de resistencia, aplomo y solidaridad, en los más tensos intervalos de retroceso, invasión y derrota que sufrían los ejércitos aliados. Amén del suceso histórico que fuese llevado al celuloide en 1958 por Leslie Norman, Nolan presenta su propuesta narrativa desde una concatenación de sucesos heroicos, enmarcados en el acontecimiento histórico que detonó en parte una segunda etapa de la guerra.  Varios elementos del cine clásico de guerra que tuviera su auge justamente durante la segunda guerra mundial y en los años posteriores a ella, aparecen en la película: la causa manifiesta, el heroísmo de los protagonistas, el sacrificio y la inmolación del regimiento, el enemigo indolente, el sentido patriótico y propagandístico de los sucesos, los discursos políticos y la crueldad reflejadas con suma realidad en las batallas, destacando la valentía de soldados británicos y franceses, así como de los voluntarios inmersos en la batalla al unísono de bombardeos y metrallas.

Dunkerque es una proeza de la cinematografía desde su manejo de los tiempos narrativos y visuales, donde los recuerdos del pasado y presente se conjugan para resaltar la importancia del acto, y el reconocimiento en conmemoración de los caídos y sobrevivientes del hecho histórico. Desde que inicia hasta que termina, la película no da tregua, ni siquiera en los silencios de sus personajes encarnados por un coral elenco encabezado por el joven Fion Whitehead y los experimentados Kenneth Branagh, Cillian Murphy (el ya citado fetiche del director), Mark Rylance y Tom Hardy, entre otros. La banda sonora de Hans Zimmer alienta el sonido de las manecillas del reloj que avanzan como avanzan los aviones que surcan los cielos, los torpedos que hunden los buques y la tierra que ve sucumbir a regimientos ante los estallidos.

La duda y la suspicacia ante el propio aliado, el temor de volver a la guerra en quien la ha vivido y de quien avanza hacia ella sin uniforme pero con un ideal a cuestas, la gallardía de un comandante y su convicción por auxiliar al aliado a pesar de la muerte como amenaza, el honor de un piloto hasta aterrizar con dignidad su caza, y el instinto de supervivencia de los jóvenes soldados, hacen de esta película un artístico y solemne homenaje como vestigio. La derrota es mostrada como la unificación que inspiró continuar la guerra a pesar de las tendencias poco alentadoras en esa etapa del conflicto, y para asirse a ese objetivo, Nolan despliega su talento mediante la dirección de un portentoso equipo técnico que coreografía una poética obra maestra. Si sus cintas innovadoras son admiradas, sus películas de ciencia ficción éxitos de taquilla y sus versiones fantásticas aclamadas, Dunkerque, como su primera cinta histórica, no sólo se encamina hacia todas las cualitativas calificaciones anteriores sino quizá, finalmente, a la premiación del director como un merecido reconocimiento a quien ha logrado aportar al cine en cada una de sus epístolas, una propia visión estética, poética y emocional a lo largo de 10 sellos postales.

 

* Iván Uriel Atanacio Medellín. Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas El surco y El Ítamo, que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades a nivel internacional. Dirigió los documentales La voz humana y Día de descanso. Es Director Editorial de Filmakersmovie.com.