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En la historia no han faltado mentes inquisitivas dispuestas a arrojarse a la exploración de los misterios del ocultismo, la alquimia y la magia

En la sociedad actual predomina una actitud materialista que se restringe a considerar como real sólo aquellas cosas que puede entender y percibir sensorialmente. Lo cual significa que todas aquellas cosas que no encajan en el paradigma dominante son descartadas como un sinsentido. Quizá el fallo más grande de este tipo de lógica es que deja de lado una amplia gama de fenómenos sin una explicación satisfactoria. No obstante, ha habido algunas personas de singular trato y agudeza mental que no han temido adentrarse en los misterios de lo oculto. Estos son algunos de ellos: 

1. Cornelio Agrippa

Este personaje fue quizá el mago más renombrado de su tiempo y su serie Tres libros de filosofía oculta es igualmente famosa. En dicho libro Agrippa explicaba  que la magia funcionaba en tres niveles: la magia natural o alquimia, la astronomía y la magia basada en conjuros a los espíritus. Creía que toda la magia tenía su origen en la divinidad, aunque hacia el año 1530 Agrippa experimentó un cambio de actitud, pues aparentemente creía que sus creencias ocultistas lo condenarían al infierno. 

2. Nicolas Flamel

El personaje mítico de uno de los libros de Harry Potter no sólo fue una persona de carne y hueso durante el siglo XIII, también estaba interesado en la alquimia. Tanto que se le atribuyeron varios libros de este tema y en la introducción de uno de ellos se mencionaba que el alquimista logró crear la susodicha “piedra filosofal”. Es decir, un objeto capaz de transmutar el plomo en oro. 

3. Roger Bacon

Este monje fue una de las principales mentes científicas de su época. Se le atribuye haber descubierto los ingredientes necesarios para producir pólvora y realizar valiosos descubrimientos en el campo de la óptica. También se cree que predijo la aparición de todo tipo de vehículos, incluyendo no sólo automóviles, sino aviones y submarinos. 

4. Michael Scot

Este sacerdote y erudito viajó por el mundo durante el siglo XI y además de aprender griego, latín, árabe y hebreo estudió astrología y alquimia. Incluso hay quienes especulan que colaboró con Fibonacci para crear su secuencia numérica del equilibrio universal. De acuerdo a las leyendas también combatió brujas y demonios.

5. John Dee

Este hombre era el consejero de la reina Elizabeth I de Inglaterra cuando se trataba de ciencia y misticismo. Publicó un tomo titulado Monas hyroglyphica, en el que daba una representación de la creación y su unidad. También buscó contacto directo con los espíritus.

6. Judah Loew ben Bezalel

Este rabino luchó por su comunidad en Polonia durante el siglo XVI, creando un ser denominado golem para protegerlos de los antisemitas. A pesar de que el golem estaba hecho de arcilla, cobró vida debido a que el rabino tenía conocimiento místico de la creación de Adán. Además, el golem tenía poderes de invisibilidad y la capacidad de contactar con los espíritus. 

7. Baal Shem

Baal Shem significa “maestro del nombre” y denotaba un rango que se les daba a quienes eran capaces de hacer milagros. También era el alias del rabino Hayyim Samuel Jacob Falk. Sus proezas incluían teletransportación, sobrevivir por semanas sin necesidad de comida o alimento y la manifestación de objetos. Después de huir del funesto destino de una muerte en la hoguera en Westfalia, se mudó a Londres. 

8. El conde de San Germain

Este enigmático personaje cautivó a las altas esferas sociales europeas durante el siglo XVIII. Además de ser un compositor musical talentoso, también dominaba una docena de idiomas, incluyendo algunos poco comunes como el sánscrito. Además de ello tenía conocimientos de diversas disciplinas artísticas y ramas de la ciencia. Además tenía afición por los viajes y se presentaba con diferentes alias incluyendo “conde de Surmont”, “marqués de Montserrat” y “general Welldone”. Se le atribuyen logros alquímicos como reunir varios diamantes pequeños en una sola pieza grande. 

9. Aleister Crowley

Nació en el siglo XIX y presentó el cambio de milenio practicando magia hasta su muerte en 1945. Este alquimista, ocultista, pintor, escritor y poeta desarrolló un elaborado sistema de magia conocido como "Thelema" que dotaba a los adeptos de poderes para invocar a los espíritus, consagrar lugares, clarividencia, premoniciones y viajes astrales.

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El "beso de la muerte" es la encarnación simbólica de la unión mística, la cual se vuelve más pura y profunda con la muerte, que elimina lo que no es espíritu y regenera la vida

Todos hemos escuchado del "beso de la muerte", pero pocos realmente sabemos de dónde viene esta idea que podría parecer un oxímoron si sólo se entiende de manera superficial. Quizás la asociamos con alguna película de mafiosos o gangsters o con un cuento de hadas, pero en realidad tiene que ver una profunda tradición mística.

Raimon Arola, experto en simbolismo de la Universitat de Barcelona, hace una formidable labor de rastrear el origen esotérico del "beso de la muerte" o mors osculi, reflexionando a partir de una llamativa estatua en el cementerio del Poble Nou en la que la muerte personificada como la parca, en su figura de esqueleto, va a buscar a un joven y se lo lleva a su reino con un beso. Esta imagen es ya una especie de pathosformel, un arquetipo visual que encierra el simbolismo de la vida después de la muerte. Un beso que nos lleva a "Morir antes de morir, o la muerte como una iniciación religiosa o espiritual", escribe Arola. 

La imagen es llamativa e inquietante, porque en el mundo actual "se ha perdido el conocimiento de los misterios de la muerte y ésta, si es que se tiene en cuenta, es considerada como un acontecimiento terrible y nefasto", dice Arola. La diferencia radical en esta concepción es que "la muerte se presenta como aliado y colaborador. La muerte se ha concentrado en un personaje que refleja, como si fuera un espejo, al propio individuo ante quien se presenta. Una sombra, una oscuridad, un espectro delimitado que se abalanza sobre el ser vivo y lo besa". No sólo es una iniciación religiosa, es una iniciación poética, en esa estrecha liga del espíritu que une al arte con la religión. 

Encontramos en la tradición cabalista y en la alquimia numerosas referencias al "beso de la muerte" en las que se menciona generalmente un beso en la boca, aunque luego existen representaciones de besos más castos como la escultura de Poble Nou. La importancia del beso en la boca es que es así como se transfiere el aliento vital, el hálito o espíritu. Se repite también el proceso cosmogónico que narra el Genésis cuando habla del espíritu de Dios que se posa sobre las aguas para insuflar el aliento o Ruach Elohim. La creación y la muerte no son dos opuestos irreconciliables sino parte de una misma dinámica, de un contínuum que se origina y regresa a la eternidad. Escribe Arola: "Al morir por el beso de Dios, el espíritu del hombre sale por la boca y se une con Él que por unos instantes se ha disfrazado de muerte. En este sentido está escrito en el Talmud: 'La más penosa de las muertes es la del garrote, la más dulce es la del beso [divino]"'. El Zohar se refiere a esto:

Se nos ha enseñado que el besar es la unión de un espíritu [ruah] con otro espíritu, por ello el beso es en la boca, pues la boca es el origen y la fuente del espíritu. Y por eso en el amor, el beso es en la boca y se une espíritu con espíritu, sin haber separación del uno con el otro.

Las palabras (Cantar de los Cantares 1, 2): “Que me bese con los besos de su boca” tienen la siguiente significación: El rey Salomón aspiraba a la unión del mundo superior con el mundo inferior. Y la unión de dos espíritus sólo se realiza a través de un beso; cuando dos personas se besan en la boca, sus espíritus se unen hasta el punto de convertirse en uno. 

El beso religioso de la muerte es como el beso de los amantes, el cual es una prueba de la íntima elección. El devoto es elegido por la divinidad como el amante es elegido por su amado. En el beso se hace un crisol espiritual, un remolino de unión íntima, un cauce de transustanciación. 

 

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