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De Suecia para el mundo: porno feminista enfocado en el placer de ellas

Por: pijamasurf - 04/27/2016

Colectivo sueco de mujeres reclama la pornografía como una arena de expresión para la sexualidad y el placer femenino con una perspectiva de género

Una de las críticas que frecuentemente se hacen a la pornografía es que deshumaniza a las mujeres al utilizarlas como objetos de consumo, llegando incluso a desarrollar tramas y discursos que alientan la violencia sexual. Sin embargo, ése es sólo un lado de la moneda, porque también hay quienes consideran que la pornografía podría ser utilizada como una arena de expresión para las mujeres y una herramienta que les permita reclamar su sexualidad. La realidad es que a pesar de las iniciativas que han intentado erradicar la pornografía, ésta es una industria sumamente rentable y la fascinación humana por los placeres sensuales es tan antigua como la humanidad misma. Un ejemplo de esto es el papiro de Turín, en el que desconocidos artistas egipcios plasmaron escenas de sexo explícito. 

Por lo tanto quizá la pregunta sea no cómo eliminar la pornografía sino cómo desarrollar una variedad de discursos, tramas y estéticas que no solamente se basen en la gratificación masculina o en la cosificación de las mujeres. En Suecia ha surgido un colectivo que bajo el nombre de New Level of Pornography explora narrativas eróticas desde una perspectiva femenina, al tiempo que entrega al mundo su propuesta de lo que creen que debería ser la pornografía. Un ejemplo de esto es el filme Fantasía femenina el cual, de acuerdo a Zara Kjellner, su creadora y la mujer detrás de New Level of Pornography, “es feminista porque la perspectiva yace en la mujer. La fantasía es de ella y capturamos su gozo”.

Sin embargo, el hecho de que el material sea dirigido o producido por mujeres no garantiza que se haya superado la tendencia a cosificar a las mujeres o manifestar agresión contra ellas, lo cual es una muestra de cuán arraigados están estos patrones en nuestra cultura. Un estudio comparó directores de ambos sexos y demostró que el trabajo de las directoras también incluía conductas agresivas contra las actrices, lo cual racionalizaban bajo el argumento de que “mientras todos estén en control de lo que hacen, aún puede considerarse feminista”. De acuerdo con Ninja Thyberg, directora de películas como Pleasure, que aborda la vida de una actriz de la industria para adultos desde su punto de vista, “No hay reglas sobre lo que la pornografía feminista debería ser. Pero se enfoca más en el placer femenino”.

Pese a todo, quedan muchas más preguntas que certezas en el aire: ¿Deberíamos asumir que las directoras necesariamente poseen la visión para realizar trabajos con perspectiva de género sólo porque son mujeres? ¿Cómo sería la pornografía si en lugar de explotar la sexualidad femenina fuese un espacio en el que los cuerpos fueran un lugar de encuentro con el otro en una carnalidad amorosa y consensuada? ¿Propuestas como las del porno feminista sueco podrían realmente cambiar algo en la cultura de esta industria y nuestra forma de relacionarnos con el sexo, o no son realmente significativas cuando se les compara con sus contrapartes más comerciales que forman la mayor parte de la industria? Es curioso pensar que aunque no reflexionemos sobre estas cuestiones cada que damos clic en un sitio de contenido pornográfico, son justamente nuestros hábitos los que crean el tráfico web necesario para hacer estos proyectos rentables. Finalmente, la suma de las decisiones de los internautas es una de las fuerzas que moldean los contenidos de la red.

En este enlace puedes ver los cortos Eat With MeSpectrophilia, ambos de Erika Lust.

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Nuestra alimentación dice más de nuestra mente que de nuestro cuerpo

Por: pijamasurf - 04/27/2016

Comer puede parecer una necesidad fisiológica, pero en realidad lo que llega a nuestro estómago va previamente digerido por nuestra mente, nuestros prejuicios y nuestra cultura

Somos lo que comemos --o eso dicen a menudo, pero lo anterior es cierto en más de un sentido. Por ejemplo, la comida que ingerimos no solamente nos alimenta con nutrientes necesarios para mantener nuestro cuerpo con vida, sino que dependiendo de lo que comamos nuestras emociones cambian, lo que impacta positiva o negativamente nuestro estado de salud.

Según la psicóloga Judith Brisman, la forma en la que comemos actualmente es por lo menos desordenada y obedece más a factores psicológicos que fisiológicos. Por ejemplo, el hecho de comer carbohidratos algunos días y otros no corresponde a una organización racional de la alimentación, un tipo de planeación y regulación que está hecha para modificar nuestra estructura corporal (en un régimen nutricional para bajar de peso, por ejemplo) pero que sin duda no es "natural".

¿Y si comiéramos solamente lo que nuestros cuerpos piden? Sería maravilloso, de no ser porque nuestra mente es la que lleva la voz cantante en cuanto a lo que entra en nuestro cuerpo. Y no sólo eso: nuestras emociones dictan la mayor parte de las veces lo que ingerimos, lo cual se demuestra por el hecho de que los seres humanos comemos no sólo por hambre --es decir, para saciar una necesidad energética-- sino también para celebrar algunos eventos o por estrés --es decir, para compensar sentimientos negativos.

A esto Brisman lo llama "alimentación desordenada", que no debemos confundir con "desórdenes alimenticios" (instancias patológicas asociadas al comer). De acuerdo con la doctora, todos tenemos algún tipo de alimentación desordenada. Nuestra genética puede jugarnos en contra pero son nuestras emociones, la cultura circundante y la vida moderna lo que más contribuye al caos gastrointestinal.

Según la genética algunas personas siempre se sentirán hambrientas, ya sea a causa de su metabolismo o de otros factores, sin que esto deba confundirse con un desorden alimenticio. Las tablas de pesos sanos siempre deben tomarse como parámetros pero ningún cuerpo es igual a otro, y lo mismo ocurre con los hábitos alimenticios de dichos cuerpos. Factores de personalidad, como ciertas neurosis o rasgos muy controladores, tienden a desarrollar con más frecuencia el aspecto patológico de esta tendencia a comer mucho, lo que puede desembocar en anorexia.

También comemos para lidiar con el estrés: mientras más estemos rodeados de un ambiente estresante y opresivo, más tendemos a paliar nuestra ansiedad con comida u otros suplementos, como el tabaco, que no resuelven el estrés pero nos dan una sensación de control frente a los sentimientos negativos. Por si esto no fuera suficiente, la cultura de masas prescribe una serie de hábitos descabellados relacionados con comer: publicidad de modelos con cuerpos irreales comiendo grandes hamburguesas, comida procesada industrialmente y una total desconexión de las personas con las fuentes de sus alimentos (sin contar con que en una ciudad rara vez veremos a alguien que coseche o cultive su propia comida) nos ponen en una situación insostenible.

La conciencia alimentaria está en el principio de la civilización: la palabra "cultura" tiene un sentido etimológico muy claro relacionado con la tierra, el cultivo y los ciclos del crecimiento vegetal. Recobrar poco a poco el control de lo que comemos es un objetivo encomiable pero difícil de sostener en las megalópolis de hoy en día, donde lo único que cultivamos son hobbies y hábitos procesados.