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Beneficios de comer cannabis en vez de fumarla

Por: pijamasurf - 04/28/2016

Comer cannabis puede ser divertido o puede ser el peor malviaje de tu vida, según la dosificación. Sin embargo, existen muchos beneficios de comerla en lugar de fumarla

La legalización de la marihuana con fines medicinales suele enfrentarse con una pregunta común: ¿qué pasa si puedo beneficiarme de las muchas virtudes de esta planta para tratar alguno de mis padecimientos, pero no me gusta fumar? Además de que la cannabis es una de las plantas más versátiles en cuanto a preparación de compuestos, compresas y ungüentos para fines médicos se refiere, también es posible --y delicioso-- obtener sus beneficios a través de la versión comestible.

El problema con el que mucha gente se enfrenta al comer brownies mágicos u otros productos cocinados con cannabis es la dificultad de la dosis: si comes demasiado o crees que "no te pegó" y vuelves a comer, probablemente experimentes fuertes mareos y ganas de que el viaje termine. A pesar de que dosificarse en exceso no representa un peligro a largo plazo, sin duda puede arruinar tu noche. 

Por ello, muchos chefs están contribuyendo a una mejor comprensión de la cannabis como un ingrediente más de la gastronomía internacional. El chef Michael Cirino es uno de ellos: con conocimientos de cocina molecular y ciencia de los alimentos, Cirino cree que la cannabis será próximamente tan común como la cafeína, además de toda una sensación gourmet, siempre y cuando logremos dosificarla correctamente.

La marihuana comestible es mucho más potente porque se metaboliza en el hígado como 11-hidroxi-THC, que supuestamente es más fuerte que el tetrahidrocannabinol que recibes al fumarla. Por otra parte, al fumarla el efecto llega a su pico de sensación bastante rápido y, según la cepa que utilices, te da bajón muy pronto, lo que no ocurre al comerla, pues la sensación se queda mucho más tiempo y de forma más estable, aunque no necesariamente de manera más intensa.

Existen métodos como la descarboxilación (cocinar la marihuana durante un par de horas y añadirle mantequilla o alguna grasa) que pueden hacerla mucho más controlable y dosificable a la hora de cocinar. Cirino recomienda 1gr de cannabis por cada 20-25gr de solvente, o 1gr de cannabis por cada 30-35gr de solvente para un efecto más ligero. Es importante dejar pasar entre hora y media y 2 horas antes de comer más, pues el procesamiento de la cannabis comestible toma más tiempo. 

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El miedo de los estadounidenses a la cannabis solamente refleja el prejuicio que sentían contra los mexicanos que comenzaron a traspasar las fronteras durante la Revolución de 1910

La condición ilegal de la cannabis se ha sostenido gracias a prejuicios que en realidad tienen muy poca antigüedad: durante miles de años el cáñamo fue usado como fibra vegetal e ingrediente en toda clase de remedios de medicina tradicional, o simplemente cortado como hierba invasora por la facilidad con la que se produce. Su uso recreativo, sin embargo, fue sancionado, no gracias a evidencias médicas de su supuesta peligrosidad sino al peligro xenófobo que asociaba la planta con los inmigrantes mexicanos en el sur de Estados Unidos, que consumían cannabis como un sustituto barato del alcohol.

Esta serie de carteles de filmes propagandísticos data de entre 1936 y 1950. La película Reefer Madness fue lanzada poco después de que la gran prohibición de alcohol terminara, y para entonces la idea de la cannabis y el inmigrante mexicano pobre y amenazante en su otredad radical ya había echado raíces en el inconsciente estadounidense, que tiende a criminalizar aquello que no tiene un fin utilitario, materialista o redituable. 

La planta pronto estuvo asociada a todas las connotaciones negativas que los estadounidenses veían en los mexicanos, como comportamientos antisociales a causa de un idioma, un humor y una cultura distintos a los hegemónicos, además de su calidad de migrantes y su diferencia de clase social, representados también con matices demoníacos en los afiches. El peligro de la cannabis, pues, no era solamente físico o clínico sino religioso y moral: un atentado contra una forma de vida puritana que había conseguido prohibir el alcohol exitosamente durante 13 años, dando origen en el proceso a poderosas mafias de contrabandistas como la de Al Capone, precedente del narcotráfico de hoy en día.

Lenta e inexorablemente, la ciencia y la experimentación responsable van dándole lugar a la cannabis como un aliado médico y una sustancia recreativa que no enloquece a sus consumidores ni mucho menos: una sociedad de prohibiciones, que prefiere asustar y criminalizar a sus ciudadanos tratándolos como niños con burdas amenazas basadas en prejuicios religiosos, es mucho más enloquecedora que los pasajeros paraísos artificiales de la cannabis.

 

(Vía Mashable)