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La cuarta dimensión, o la posibilidad de escapar de los límites de nuestra percepción

AlterCultura

Por: Adán de Abajo - 10/08/2015

El científico ruso Nikolai Morozov esbozó una interesante teoría científico-esotérica que habla de una cuarta dimensión

ouroboros

 

Existe asimismo en la naturaleza una fuerza mucho más poderosa, siquiera sea en otra forma que el vapor, y por medio de la cual, un solo hombre que pudiera apoderarse de ella y supiera dirigirla, trastornaría y cambiaría la faz del mundo. Esta fuerza era conocida por los antiguos, y consiste en un agente universal cuya ley suprema  es el equilibrio y cura dirección tiende inmediatamente al gran arcano de la magia trascendental.

Eliphas Lévi, Dogma y ritual de la Alta Magia

 

1. El prisionero de la Fortaleza de San Pedro y San Pablo en San Petersburgo

fortaleza 2El joven científico no tenía verdadera necesidad de asistir a aquellas tertulias sobre política y sociología en compañía de revolucionarios, socialistas y anarquistas. Se preparó en la Universidad de San Petersburgo en física y matemáticas; también poseía profundos conocimientos de literatura y música. Leía poesía, filosofía y novelas sin parar y tocaba bastante bien el violín. Acababa de finalizar su doctorado, con una especialidad sobre vectores. Tenía una novia joven y hermosa: María, con quien se encontraba comprometido; en realidad la amaba bastante, y en los duros años posteriores que sobrevendrían tendría demasiado tiempo para darse cuenta de ello.

Apenas aplicara los exámenes de oposición y lograse ingresar a la misma universidad donde se graduó, ahora como docente, contraería nupcias con María, teniendo la seguridad de un sueldo permanente como investigador y profesor. También contarían con una buena suma de dinero para iniciar su matrimonio, como parte de la dote de la muchacha, pues el suegro del científico era pariente lejano de la zarina, por lo que poseía tierras, siervos y ganado.

En aquellos tiempos su futuro era bastante prometedor, años después pensaría y se lamentaría al respecto: si hubiese sido más cuidadoso con sus amistades y sus vínculos políticos, su historia habría sido muy distinta. Por lo menos en los siguientes 23 años lo consideraría en más de una ocasión. También llegaría un punto en el que, a pesar de todo, de ningún modo se arrepentiría por todos aquellos años vividos.

Nicolai Morozov no era en lo absoluto un espíritu encendido y revolucionario, como la mayor parte de sus compañeros de reuniones. Todo lo contrario: mientras más abstractas las ideas, ya fuesen éstas filosóficas, esotéricas, literarias o matemáticas, más atraían su atención. En realidad era bastante conservador, tanto en su temperamento como en sus ideas científicas y espirituales. Aunque adquirió una férrea disciplina científica en la universidad y poseía una mente bastante abierta que no paraba de nutrirse, de reflexionar y hacer lecturas, continuaba yendo al servicio religioso a la Iglesia ortodoxa rusa dos veces por semana en compañía de María.

La organización de huelgas y marchas era algo que, por lo menos a él, le tenía sin absoluto cuidado. Empero, en las tertulias no sólo se hablaba de política y de movimientos sociales. Entre los asistentes, algunos de los cuales habían llegado a ser muy amigos suyos, participaban no sólo obreros y anarquistas sino científicos independientes y poetas; varios eran universitarios y otros completamente autodidactas, muchos de los cuales eran dueños de una poderosa cultura universal y un elevadísimo nivel de discusión adquirido por su cuenta en las bibliotecas públicas, mucho más que en los aburridos grupos de estudio de la universidad o en las charlas sosas con damas y ancianos de la realeza, con los cuales crecieron tanto él como su prometida.

En las reuniones con los revolucionarios se hablaba de lo último en poesía, novela, física y biología en Europa. También sobre esoterismo, espiritismo y teosofía. Sus discusiones permitían abrir la mente y la ayudaban a no encasillarse en lo absoluto, ya sea en los límites de las ciencias académicas tradicionales, bastante estrechas, o en la especulación filosófica esotérica, en la cual se perdían bastantes almas ingenuas y extraviadas por aquellos días.

Todo ello fascinaba a Morozov de una manera en que pronto no pudo dejar de asistir a aquellas tertulias, participar en sus discusiones y tomar nota de todos los autores y obras que se recomendaban, muchos de ellos proscritos por la policía zarista.

Cuando le pidieron que se suscribiera al Partido Revolucionario de 1870 nunca sospechó que esto le acarrearía problemas, siempre y cuando pudiera continuar participando en las reuniones y los grupos de estudio del Partido, mediante los cuales se ponía al corriente de las últimas novedades en literatura, ciencias, misticismo y teosofía. Allí intercambiaba libros y tenía acceso a lecturas y materiales escritos que de ningún otro modo habría podido conseguir.

Pero cuando el emperador Alejandro II fue asesinado, su partido pasó a la clandestinidad de inmediato, y la policía rusa infiltró sus reuniones y grupos de estudio. Mucho más rápido de lo que aquellos jóvenes idealistas, pensadores y soñadores pudieron darse cuenta, el zar ordenó una redada con una lista de nombres de personalidades subversivas a las que habría que encarcelar, en la que Morozov figuraba entre los primeros debido a su activa participación en los grupos de discusión y estudio.

Se le detuvo mientras caminaba en la calle del brazo de María; la muchacha tardaría bastantes meses en comprender lo que sucedería realmente con Nikolai en lo subsecuente.

Lo perdió prácticamente todo de un palmo: su permiso para ejercer las ciencias en Rusia, la posibilidad de entrar a trabajar en la universidad; sus papeles y libros serían confiscados. Incluso el amor de su prometida se encontraba en peligro, ante la gravedad de su situación.

Morozov no deseaba por ningún motivo que se vinculara a la muchacha con su actividad política.

Se le sometió a un largo juicio, acusado de conspiración y rebeldía, vinculado incluso con el asesinato del emperador. Recluido en la Fortaleza de Pedro y Pablo durante los primeros años de su condena, en lo que su juicio se desenvolvía, apenas podía encontrarse una vez al mes con María.

Aquello representó una verdadera prueba para el amor de los jóvenes novios.

A pesar de que sería desheredada por su familia al contraer nupcias con un prisionero político, caído en desgracia, María decide que su amor por Nikolai es mucho más grande. Finalmente, contando con un permiso especial del zar, ambos se casan una helada y oscura mañana de domingo, en uno de los patios carcelarios al interior de la Fortaleza, sin contar apenas con más que la presencia del papa de la iglesia rusa y algunos cuantos compañeros de condena.

 

2. Un lenguaje secreto en clave de los prisioneros y el exilio en Siberia

En la vida de la humanidad hay períodos que coinciden generalmente con la declinación de las civilizaciones, cuando las masas pierden irremediablemente la razón y se ponen a destruir todo lo que ha sido creado en siglos y milenios de cultura. Tales periodos de locura, a menudo coinciden con cataclismos geológicos, con perturbaciones climáticas y otros periodos de carácter planetario, liberan gran cantidad de esta materia de conocimiento. Se hace entonces necesario un trabajo de recuperación sin el cual ésta se perdería. Es así como el trabajo de recuperar la materia esparcida del conocimiento coincide con la declinación y la ruina de las civilizaciones.

George I. Gurdjieff, Perspectivas desde el mundo real

 

A lo largo de su prolongado encarcelamiento, la policía imperial del zar no conseguiría de ningún modo aprisionar jamás la inquieta mente de Morozov.

A pesar de permanecer interminables horas confinado en el aislamiento, en una pequeña celda en donde apenas cabe su cuerpo recostado, Nikolai prosigue sus lecturas y reflexiones incansables sobre todos los temas posibles. Leyendo a la luz de un par de velas durante toda la noche. Intercambiando libros con sus compañeros y tratando de formar pequeños grupos de estudio en el poco tiempo libre que queda luego de sus extenuantes labores como prisioneros. Organizando charlas, conferencias y discusiones en los escasos espacios comunes con que cuentan. Inventando un código telegráfico secreto a base de sonidos efectuados sobre las rejas de sus dormitorios, para transmitir las más complejas ideas a sus colegas de cárcel sin ser molestados por la policía imperial.

De pronto, al interior de la cárcel, Morozov se convierte en toda una personalidad, famoso por sus disertaciones y conferencias en el patio y en los dormitorios, dirigidas a sus compañeros.

Estimulado por la recepción que tienen sus palabras y disertaciones en el resto de los prisioneros, comienza a escribir bastante, no sólo cartas a amigos presos y en el exilio, en la misma prisión o en otras cárceles de Rusia y el extranjero, sino artículos de divulgación y al final sus primeros libros.

Sus ideas, al igual que la libertad de su pensamiento, comienzan a superar las paredes de la Fortaleza. María envía sus libros fuera de San Petersburgo, incluso al exterior de Rusia, hacia Francia, donde son editados y comienzan a ser leídos paulatinamente por los más diversos e impensables públicos europeos. Sin quererlo, gracias al confinamiento, repentinamente Nikolai Morozov descubre su verdadera vocación, la de escritor, y su nombre trasciende las fronteras de la cárcel y de Rusia.

Morozov escribía desde su perspectiva de científico matemático riguroso, abordando temas espiritualistas y esotéricos como las revelaciones de San Juan, la alquimia, la magia, la telepatía, la cábala, el Tarot, etc, desde un punto de vista descriptivo, científico e imparcial.

En los largos años de su condena, logra publicar por lo menos 10 libros sobre los más variados temas de carácter espiritual.

Curiosamente, lo que más llama la atención de los escritos de Morozov sería el hecho de que aún cuando él abordaba temas como el espiritismo, la magia y la alquimia con la intención de desarrollarlos científicamente y elucidar sus bases, como era tan buen escritor, sus libros conseguirían producir en los lectores un efecto contrario al que él deseaba, y en cascada. Mientras Nikolai trataba de exponer los escasos fundamentos científicos de diversos temas místicos de moda, sus seguidores se interesarían aún más por estos temas, y se verían estimulados a seguir profundizando en ellos.

Lejos de convertirse en un adversario de la magia y el esoterismo, como lo deseaba de inicio, sin quererlo y desde su prisión llegaría a ser uno de sus principales promotores a finales del siglo XIX, particularmente en Europa, en una época en donde el público se encontraba más que nunca  preso de un vacío espiritual y carente de una estructura mental a la cual asirse.

En la Fortaleza de Pedro y Pablo, en medio de su reducida celda, utilizando un lenguaje telegráfico secreto exclusivo de él y sus amigos sobre la base de discretos golpeteos en los barrotes de su dormitorio para transmitir conocimientos, entablar conversaciones con sus compañeros y disertar sobre cualquier tema sin ser detectado por sus carceleros, la imaginación de Nikolai volaría más allá de las paredes de la Fortaleza concibiendo una teoría del tiempo y el espacio que trascendiera la realidad de su confinamiento. De su pluma y de esa época surgiría su teoría sobre la Cuarta dimensión.

Sería exiliado a Siberia, al campo de forzados de Schlüsselburg, a donde lo seguiría María y con quien no tardaría en reencontrarse finalmente, concibiendo cuatro hijas con su amada esposa en aquel sitio.

Pese a las duras condiciones de vida que imperaban en Siberia, por lo menos en el campo de concentración se les permitía a los prisioneros vivir al lado de sus familias y llevar una vida más o menos normal, en la medida de lo que aquellos tiempos y condiciones tan difíciles permitían.

Aunque debían realizar bastantes trabajos físicos, los prisioneros podían dormir y permanecer a diario con sus esposas e hijos, tener acceso a más libros y lecturas, practicar su religión, escribir y dar clases con cierta libertad, mientras su comportamiento resultara discreto.

En el campo de reclusión de Schlüsselburg, Nikolai proseguiría la escritura de sus libros y artículos y fundaría una escuela junto con otros compañeros intelectuales y prisioneros.

 

3. Los límites de la estrecha percepción humana

Supongamos que, habiendo escapado de las murallas de nuestro Schlüsselburg, fuerais a bañaros al lago.

Como seres de tres dimensiones tenéis también las dos dimensiones que forman la superficie del agua. Ocuparéis un lugar definido en el mundo de los seres-sombras. Todas las partes de vuestro cuerpo que estén arriba o debajo del nivel del agua serán imperceptibles a ellos, y no arriba o debajo del nivel del agua serán imperceptibles a ellos, y no percibirán nada sino vuestro contorno, que es delineado por la superficie del lago.

Nikolai Morozov, “Carta sobre el Tiempo y el Espacio, dirigida a los compañeros prisioneros de Schlüsselburg”

 

UnknownEn una de sus cartas redactadas en Siberia en sus años de madurez intelectual, dirigida a sus compañeros de exilio, Morozov desarrollaría los esbozos de una interesante teoría científico-esotérica, la cual hablaría de una cuarta dimensión, más allá de las primeras tres, en las cuales habitamos la inmensa y común mayoría de seres humanos y animales de la Tierra.

En realidad Morozov no sería el primer escritor que hablara sobre la cuarta dimensión. Algunas décadas atrás C. H. Hinton, un físico alemán, quien se diera a la tarea de conjugar las ciencias duras como la física, las matemáticas y la geometría con el espiritismo y algunos conceptos esotéricos, publicó una serie de artículos al respecto. Puede decirse que en realidad Hinton fue el primero en introducir en los lectores el concepto de cuarta dimensión. Más tarde el psicólogo ruso Piotr Demianovich Ouspensky abordaría en más de una ocasión el concepto de cuarta dimensión para hacer referencia y estudiar los estrechos límites de la percepción humana.

Morozov utiliza el método de analogías creado por Hinton. Décadas después también lo emplearía el físico judío Albert Einstein al imaginar qué pasaría con el concepto de tiempo si pudiese ser visto a velocidades difíciles de concebir como a las que viaja la luz, del mismo modo que Ouspensky, creando con el mismo método modelos mentales que permitiesen describir hipotéticamente las dimensiones superiores posibles de la percepción.

El método por analogías consiste en generar mundos imaginarios o modelos ficticios, los cuales sirven como referentes para estudiar las dimensiones del espacio y el tiempo que se encuentran fuera del alcance de la percepción humana. Posteriormente se comparan los modelos unos con otros y se infieren diversas conclusiones a partir de ello, creando escalas y categorías con las cuales terminan jerarquizándose y ordenándose dichos modelos. Es posible desarrollar toda una teoría científica con bastantes bases y sustentos tan sólo a partir de este método psicológico. Así trabajan aún algunos físicos cuánticos y psicólogos cognitivos modernos en la actualidad, elaborando mundos mentales y construyendo experimentos psicológicos cuya comprobación tan sólo ocurre en sus mentes. A pesar de su sencillez inicial, los resultados de este tipo de trabajos consiguen ser aplicados a la más avanzada tecnología y a los más diversos campos del conocimiento, produciendo creaciones que tienen bastante repercusión en la vida moderna.

Así, utilizando modelos geométricos mentales para establecer analogías nos encontraríamos con que las tres primeras dimensiones, en las cuales vivimos la mayoría de los seres humanos de acuerdo con Hinton, Morozov y Ouspensky, poseerían las siguientes características.

  1. Primera dimensión: Habitada por seres lineales, cuya psique se encuentra restringida exclusivamente a líneas. Su pensamiento sería equivalente a poco más que el tamaño de puntos, como el caso de algunos insectos y organismos primitivos.
  2. Segunda dimensión: Planos. La percepción de los seres que habitan en ella se encontraría limitada sólo a percibir planos, paredes, incapaces aún de apreciar figuras de dimensiones más complejas que líneas y planos. No poseen la capacidad de destacar perceptualmente las figuras de su fondo. Algunos insectos y mamíferos se encuentran en ella.
  3. Tercera dimensión: La dimensión de los cuerpos. Es en la que habitamos los seres humanos; hay un mayor dominio del espacio, con la capacidad de apreciar la diferencia entre figura y fondo. Los seres de las primeras dos dimensiones son incapaces de acceder a esta dimensión.

Morozov llegaría a la conclusión de que la percepción humana en realidad es extremadamente limitada, ubicándose tan sólo un nivel dimensional por encima de la de los insectos y los mamíferos.

Aunque ilusamente atribuimos a nuestros sentidos y pensamiento poderes imaginarios y sin límites, en realidad y con la ayuda del lenguaje humano y la lengua, tan sólo podemos llegar a la distinción de las figuras de su contexto, creando como resultado de nuestras categorías mentales y lingüísticas complejas teorías para explicarnos e imaginar el mundo que nos rodea, pero al cual en realidad somos incapaces de acceder. Como el ciego que conoce el mundo a penas a tientas, con la punta de su bastón, y de ahí procede a inventarse historias y teorías acerca de cómo es.

Es curioso cómo precisamente un prisionero político en la Rusia zarista de finales del siglo XIX a partir de su encierro pudiese hacer volar su pensamiento y esforzarse por concebir en qué consistiría la cuarta dimensión, a la cual no tenemos acceso los seres humanos debido a nuestros limitados aparatos sensoriales y al poco uso que le damos a diversas funciones de nuestro cerebro, las cuales se encuentran en desuso o en franco proceso de corrupción debido a nuestro pobre estilo de vida, a la carencia de estímulos propicios y de una preparación adecuada.

Al intentar dar el salto hacia la cuarta dimensión, desafortunadamente, la formación como científico duro de Morozov le impidió ir más allá de señalar que aquella era la dimensión en la que habitaban los espíritus. Hasta ahí llegó y posteriormente se dedicó a escribir novelas, cuentos y tratados en donde reflexionaba sobre otros temas distintos.

Algunas décadas después, el joven psicólogo Piotr Ouspensky encontraría en sus viajes como periodista algunas de las cartas y libros publicados en el exilio por Morozov. Se dice que intentó contactarlo, luego de que el físico cumpliera sus 23 años de condena y retornara a su casa en San Petersburgo con su familia, pero descubrió que Morozov no concedía entrevistas y no recibía a reporteros bajo ningún motivo, dedicándose por completo a la investigación independiente, la escritura de sus libros y viviendo tan sólo de sus regalías como autor.

Ouspensky retomó el método de analogías trabajado por el escritor y comenzó a proyectar la construcción de lo que sería un modelo mental de la cuarta dimensión, continuando el trabajo que Morozov dejó apenas esbozado décadas atrás.

Tras un par de años de reflexión, lectura y de aplicar diversos experimentos psicológicos como hipnosis, yoga y meditación, llegaría a la conclusión de que la cuarta dimensión no se encontraba en otro lado más que dentro del propio ser humano. Si éste deseaba en realidad ir más allá de los límites de su percepción y tener acceso al mundo superior siguiente, la cuarta dimensión, tenía que dejar de buscar afuera y encontrar la manera de penetrar en sí mismo cada vez más, conociéndose, retirando sus prejuicios y esquemas mentales antiguos, purificando gradualmente su percepción de todas sus preconcepciones y juicios obsoletos.

Según Ouspensky, la cuarta dimensión, a la que tan difícil le es acceder al ser humano, es la dimensión del tiempo. ¿Qué ocurre cuando una persona fallece, a dónde se traslada luego de morir?, eran preguntas que se hacía Ouspensky luego de perder a algunos de sus amigos y familiares en las grandes guerras de Rusia. Si no podemos saber a dónde van los seres humanos luego de perecer, es porque al morir se trasladan inmediatamente más allá del tiempo. Son tragados por él. El tiempo es la categoría a la cual nos resulta tan complicado acceder y la dimensión siguiente a la que deberíamos trascender, se respondió a sí mismo Ouspensky en sus fascinantes investigaciones. El tiempo es la cuarta dimensión.

Según el psicólogo y físico ruso, la cuarta dimensión, la del tiempo, sería circular. Por ello la sensación cíclica de que todo se repite, no sólo en la vida del ser humano sino también en la historia humana, biológica, en la de los planetas, el Sol y el universo en general.

Ouspensky comprendió que el carácter circular del tiempo y de la cuarta dimensión tenía bastante que ver con los símbolos de espirales y círculos trazados por los antiguos magos, psicólogos y alquimistas de diferentes épocas y tradiciones espirituales: la serpiente mordiéndose la cola (el enigmático uróboros que tanto fascinara a egipcios, griegos y chinos), el eterno retorno, el Tao, las espirales descritas y trazadas por sabios antiguos de todo el mundo, etc. Probablemente los pensadores, filósofos y médicos más antiguos lograron intuir que lo que había más allá de nuestros sentidos era circular y con forma de espiral, no pudiendo ser encontrado en lugar alguno más que al interior de nosotros mismos.

Años después, tras publicar el resultado de sus investigaciones en su famoso libro Tertium Organum, Ouspensky se vio obligado a abandonar San Petersburgo y Rusia, siendo ahora él quien tendría que exiliarse.

Con la llegada de los comunistas, Rusia cambiaría su nombre por el de Unión Soviética y San Petersburgo por otro nombre horrible: Petrogrado.

Desde su exilio en Inglaterra, Ouspensky se enteraría de que los bolcheviques harían de Morozov un héroe por haberse rebelado varias décadas atrás a la autoridad del zar, a quien los comunistas asesinaran junto con la familia imperial luego de su triunfo en la Revolución de Octubre.

Por su parte, Nikolai Morozov los dejaría hablar, no importándole demasiado el progreso ni los “avances” sociales, buscando tan sólo que le dejaran escribir en paz en su casa, viviendo con su familia y sobreviviendo exclusivamente de las regalías producidas por sus libros.

 

Twitter del autor: @adandeabajo

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Entender la muerte desde una perspectiva no dual, como vida en constante mutación, nunca como final, siempre como posibilidad de conocer los secretos de la existencia y regresar a un estado de unidad
[caption id="attachment_102282" align="aligncenter" width="644"]pijama-10 Imagen: Lucinda Horan[/caption]

En estos días en los que se celebra la muerte en diferentes partes del mundo, con una fiesta especialmente rica en  colores y significados en México, reflexionemos un poco sobre lo que es la muerte para nosotros, cómo ejerce una pesada influencia sobre todos nuestros actos (no sólo en estos días donde se vuelve explícita) y cómo podemos aligerar esta sombra funesta.

Pese a que existen excepciones en las que la muerte se sublima, se festeja y se integra al flujo de la vida, comúnmente nuestro contacto con la muerte es a través de una relación de oposición absoluta con la vida, donde se considera como el final de nuestra existencia. Una especie de agujero negro del cual nada escapa. Aunque muchas personas creen que la vida perdura más allá de la muerte, generalmente se considera que la muerte es un misterio invencible, ante el cual lo más que podemos hacer es acercarnos con fe (y ciega, puesto que no podemos ver más allá de esta existencia particular como seres individuales en cuerpos mortales). De esta concepción dualista de la vida y la muerte surge gran parte del conflicto y la angustia de nuestra existencia, de tal forma que podemos decir que la muerte es el verdugo invisible de la vida, un amo implacable cuyo poder viene, más que de su acción tangible, de su amenaza ubicua, de su estatus de supremo desconocido.

Podemos decir que la muerte se ha vuelto en nuestro tiempo un agente inconsciente, operando, condenando, dictaminando desde la sombra. Eso que llamamos muerte y que hemos reprimido para que no aparezca en nuestra existencia cotidiana salvo maquillada o bajo una forma digerida y tolerable, sin embargo, no deja de existir y ejercer su influencia misteriosa, y así, irrestañable, se convierte en algo mucho más familiar: el miedo. El miedo es la concreción de la muerte, que ejerce desde la abstracción. O, en otras palabras, la muerte es el origen del miedo. Nos pueden dar miedo cosas aparentemente no ligadas con la muerte, como que una persona que queremos nos rechace, pero no será difícil para cualquier psicólogo ligar esto a la muerte. (Si realmente supiéramos que somos inmortales, ¿podría existir el miedo?). Este miedo psicológico que es una pululación invisible, alimentado por una conceptualización mental, solamente existe en la medida en que nos identificamos con un yo individual, finito, fijo (es decir, que se cree permanente) y separado, el cual puede ser rechazado, el cual puede quedarse fuera de algo y para el cual el cambio es visto como una amenaza contra su integridad. Y quizás este miedo no sea tan distinto del que ocurre cuando vemos una serpiente y se echa andar un mecanismo de autopreservación. En ambos casos, lo que opera es un hábito de autopreservación; en el caso del miedo que hemos llamado psicológico, se trata del ego que busca preservar intacta la identidad que ha construido.

La historia del Génesis bíblico nos explica un origen conjunto del miedo y de la muerte. Después de probar la fruta del Árbol del Conocimiento (el Daat), de la cual se advierte que causará la muerte, Adán y Eva también prueban el miedo, al saberse desnudos y buscar esconderse de Dios. Evidentemente existe un gran contenido simbólico en este texto y no debe tomarse literalmente. La explicación cabalista de esta escena primordial en el paraíso es bastante compleja y no es el momento para ahondar en ella, pero una interpretación interesante tiene que ver con que el acto de comer el fruto de este árbol, que otorga el conocimiento del bien y el mal, no es el resultado del engaño de la serpiente, sino de un error de percepción. Del error que origina todos los errores y toda la cadena necesaria de sufrimiento y redención1: creer en la dualidad, creer en que existe una entidad autónoma que puede morir y por lo tanto estar separada de la unidad primordial de la cual es un símbolo el estado edénico. El error de percepción, nos dirían los cabalistas, de ser dos y no Dios. No ver que el Árbol de la Vida tiene la misma raíz que el Árbol de la Ciencia del Bien y el Mal (y que por lo tanto son el mismo). Esta sería la verdadera caída del hombre del estado de gracia edénica al exilio fragmentario del mundo. 

[caption id="attachment_102283" align="aligncenter" width="545"]130408-blake-miltonseve-banner Imagen: William Blake[/caption]

David Chaim Smith en su libro The Kabbalistic Mirror of Genesis se refiere al Árbol del Conocimiento como el Árbol de la Dualidad, el árbol que desata un proceso de separación y de identificación con los conceptos reificados de la mente. Escribe:

La muerte es la quintaesencia del axioma dualista. Es el corazón del engaño que lleva a la ilusión de final y separación. Si creemos en la muerte debemos también creer en el nacimiento. Creencia en el nacimiento significa que se ha puesto fe en la idea de que los estados del ser pueden realmente ser autónomos y discretos. Si se cree que un ser puede existir separadamente, entonces esta fe en la ilusión de la sustancia y de la realidad sustancial hacen de las cosas un caso cerrado. La consecuencia de esta creencia es que cuando las apariencias superficiales se disuelven, entonces se acaba nuestra continuidad. La conclusión es que la vida realmente es sólo como aparenta ser en su sentido más superficial: separada, fragmentada y aleatoria.

Aquí podemos empezar a esclarecer la tesis que intento desarrollar. La terrible influencia de la muerte es tal sólo cuando se concibe como algo distinto a la vida, en permanente conflicto con ella, y como algo cuya esencia es separar (hasta que la muerte nos separe, se dice). La historia del sufrimiento ligado a la muerte sólo puede explicarse dentro de una visión dualista del mundo. La muerte sólo es tal cuando concebimos que todo lo que somos es una entidad única que entra en completa identidad con un cuerpo por un breve momento y desaparece cuando ese cuerpo deja de poder sostener su conciencia. Ciertamente nuestro cuerpo no deja de existir en el instante en el que nosotros supuestamente morimos, sino que se empieza a degradar y se transforma e incorpora a otros cuerpos. ¿Quién muere? ¿Quién existe ahí para que pueda morir? Si todo lo que somos es una conciencia individual que nace --aparentemente de la nada, puesto que no hay nada previo que recordemos, habita un cuerpo momentáneamente y luego desaparece para siempre, somos entonces solamente un fantasma, una aparición, un parpadeo. ¿Cómo diferenciar este tipo de existencia de una alucinación? ¿Cómo saber que ese yo no es solamente una ilusión de usuario que se genera en la máquina de procesamiento que es nuestro cuerpo, entre el vértigo de impresiones sucesivas? Y, ¿dónde está ese yo que atestigua y percibe los objetos, quién lo puede ubicar?

[caption id="attachment_102284" align="aligncenter" width="500"]Los diez sefirots-david-chaim Imagen: David Chaim Smith
Los 10 sefirots son un sistema de percepción de la unidad inmanente en la creación[/caption]

Las cosas serían distintas si, acaso, no fuéramos solamente un ego que aparece y se consolida en un cuerpo y construye con la persistente reificación de sus conceptos una realidad en la que todas las cosas están separadas entre sí. Consideremos que tal vez todas las cosas, todos los llamados objetos, no están realmente separados de nosotros, no tienen existencias independientes de nosotros (ni nosotros de ellos) sino que es nuestra habitual conceptualización de las cosas lo que nos hace percibirlas como entidades separadas y ver los fenómenos como distintos de nosotros. A fin de cuentas, es nuestra mente la que les otorga su naturaleza de objetos; no podemos afirmar que su esencia, su cosa-en-sí, sea la de un objeto independiente de nuestra percepción. Lo que se rompe con el llamado "pecado original", nos dice David Chaim Smith, es la unidad o el matrimonio (zivug) entre "la moción perceptual y el espacio fenoménico básico". Este es el estado paradisíaco según la cábala, la unidad entre sujeto y objeto, entre la luz y el espacio: ser aquello que vemos, apertura e interpenetración ontológica total.   

Anteriormente dije: si realmente supiéramos que somos inmortales, ¿podría existir el miedo? Lo que realmente quería decir era: si realmente supiéramos que somos todo(s), ¿podría existir el miedo? Corrijo: creo que la raíz del miedo viene de nuestra creencia en la separación como sustancia de la realidad. La división es la raíz del miedo (lo que es igual a la ilusión de la muerte). El siguiente pasaje, tomado de la lectura Kabbalah Unveiled de Manly. P Hall, me parece que nos ayudará a entender esta visión no dual de la vida y arribar también a la idea de transformación como el verdadero significado de la muerte:

Cuando vemos que el Dos emerge del Uno, en la teoría pitagórica, no podemos decir que ahora existen dos unos, debemos decir que la existencia es ahora Una en términos de mitades. El poder creativo universal se divide dentro de sí mismo, pero él mismo nunca se divide, la multiplicidad emerge dentro de la unidad pero no se impone a ella [...]

La creación existe en infinita diversidad dentro de la unidad pero la unidad nunca es dividida. Por esto la suma de las partes es siempre uno. Nunca puede ser más o menos [...] 

Por esto, el Zohar afirmó tempranamente que no existe la muerte, la muerte es sólo una alternancia infinita en la composición de los fragmentos, patrones que están permanentemente mutando, desapareciendo y reapareciendo. Pero la desaparición no es hacia la muerte sino hacia la vida; y  la aparición no es desde la muerte sino desde la vida. La única razón por la cual algo puede nacer es porque todo está vivo; la única razón por la que la inmortalidad es posible es porque nada puede morir en un universo en el que sólo existe Una Vida. El budismo toma el punto de vista de que el desenlace es reunirse con la totalidad. La filosofía occidental ha asumido una infinita continuidad de la individualidad dentro de esta Vida.

La muerte, entendida así, no tiene una existencia absoluta, sino solamente como un grado de vida, una fase más dentro de la energía ("que no se crea ni se destruye") que es la vida. No es una presencia todopoderosa, invisible y aniquiladora, sino una contracción de una fuerza universal infinita. No es que nosotros seamos inmortales, tú o yo, como individuos, sino que la Vida es inmortal, porque es una sola, es todas las vidas, es todas las cosas. Fluyendo, ardiendo, respirando, pulverizándose. Según reza el I-Ching, sólo hay una cosa que no cambia, el cambio mismo. Eso que no cambia, cambiando en todas las cosas, sería la vida.

La serpiente que en la historia del Génesis presenta la posibilidad de la fruta de la dualidad es desde tiempos inmemoriales el símbolo de la sabiduría y también del cambio, de la transformación alquímica. Escribe David Chaim Smith: "La gnosis abraza el peligro de la transformación mientras que el estado inferior le rehuye", esta es la volatilidad de la serpiente que también simboliza en su enrollamiento y desenrollamiento el movimiento de la energía en forma de ondas y el potencial creativo siempre latente. La naturaleza de las cosas es "la agitación constante". Nada permanece, es por esto que emerge un conflicto entre "la asunción de la solidez" del ego fijado en el cuerpo como quien coloca un ancla en una tempestad (y esa tempestad es el estado continuo de las cosas) y "el fuego del cambio que todo lo consume". De aquí que se produzca el sufrimiento, que es la fricción entre el deseo de solidez y permanencia de la mente ante la volatilidad transformativa del mundo simbolizada en la serpiente.

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Se dice comúnmente, haciendo alarde de perspicacia, que estamos muriendo todo el tiempo. Esto parece ser cierto (entendiendo a la muerte como transformación), pero habría que incluir que estamos naciendo todo el tiempo y no sólo nosotros, el mundo en su totalidad. Una de las ideas principales que puede encontrarse en diferentes tradiciones místicas es que el Génesis no ocurrió en un pasado distante, en un punto hasta la izquierda en una gráfica lineal, un punto que ha sido rebasado y al que jamás regresaremos. La creación, la misma creatividad que es la raíz de todas las cosas, es presencia pura. Como explica David Chaim Smith, la primera palabra del Génesis en hebreo, "B'reshit", se refiere a un estado continuo de devenir, es "naturaleza dinámica de la creación que presenta posibilidad total". El principio es esencialidad perpetua en movimiento, actualizándose cada instante. Samuel Beckett escribió que “la creación del mundo no sucedió de una vez y para siempre, sino que sucede todos los días”. El egiptólogo y alquimista, R. A. Schwaller de Lubicz construyó todo un sistema filosófico alrededor de la percepción de esto que podemos llamar el instante cosmogénico del cual son eco todos los instantes. “El tiempo es génesis”, dice De Lubicz, porque todo está “en proceso de generación hacia su fin”. Jung, en su estudio de la alquimia como un proceso psicológico, nos dice que lo que hacían los alquimistas en sus alembiques y retortas era sobre todo una recreación de la cosmogénesis original, el fiat lux que se volvía perceptible en su esplendor a través del sistema de percepción y purificación psíquica con el que fue cifrado el trabajo hermético. (De Jung también podemos rescatar el concepto de conjunción de los opuestos como vía regia para la alquimia del ser. Una conjunción nunca más apropiada que entre la vida y la muerte).

Una de las frase más citadas de Einstein viene a colación, especialmente porque fue escrita como condolencia ante la muerte de uno de sus más queridos amigos, Michele Besso. "Ahora él se ha ido antes que yo de este extraño mundo. Esto no significa nada. Personas como nosotros, que creemos en la física, sabemos que  la distinción entre el pasado, el presente y el futuro es sólo una persistente ilusión". Más allá de que Einstein pueda ser considerado una autoridad en este tema (o que haya ideado la frase para satisfacer a la familia Besso), la frase coincide perfectamente con lo que estamos tratando de mostrar aquí. Si no existe diferencia entre el pasado, el presente y el futuro, entonces la creación necesariamente está ocurriendo en el presente --y todos los momentos están insondablemente contenidos en este momento, que es el único. Aquí de nuevo entramos en esa popular afirmación de la espiritualidad contemporánea que traduce este concepto del génesis perpetuo al concepto un poco más lite de estar en el presente o vivir en el momento como el secreto más sencillo e importante del desarrollo personal. Este sentimiento puede ser ilustrado en la siguiente cita de Alan Watts, uno de los responsables de divulgar la filosofía zen en Occidente: "Me he dado cuenta de que el pasado y el futuro en realidad son ilusiones, de que existen en el presente, el cual es aquello que es y todo lo que hay".

Para terminar --sabiendo que esto es interminable (me refiero al tema)-- quiero aclarar que lo anterior no intenta ser una desvalorización de la muerte. Al contrario, cuando la muerte es entendida como un pequeño portal de transformación perpetua, su naturaleza pura se revela como el abismo radiante de los místicos. Y también como la oportunidad apremiante hacia la que se mueve toda filosofía. Veámosla, bajo el ejemplo socrático, no sin resonancias del Génesis, como la fruta del conocimiento, o el momento de la fructificación del conocimiento que hemos cultivado: la filosofía es una "meditación sobre la muerte"(meletē thanatou), un "aprender a morir antes de morir". Este aprender a morir antes de morir es lo que hizo que Sócrates marchara tranquilamente a su propia muerte, eligiendo la integridad de su conciencia, libre del miedo. Como se indica en el Fedón: "Así pues, es cierto que quienes, en el sentido exacto de la expresión, se tienen por filósofos se ejercitan para morir, y que la idea de estar muertos no resulta para ellos, motivo de espanto". 

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Ver la muerte como la intensificación del cambio que es la naturaleza esencial de las cosas nos acerca a la alquimia, que puede ser definida como la ciencia del cambio, o el arte de la transmutación de la materia en espíritu. Y recordemos que en la alquimia, la muerte, el estado de nigredo, es apenas la primera instancia en la gran obra, más que el final es la fundación, la piedra angular. Veámosla bajo esta luz, como la vio Sir Thomas Browne:

Por ello he rechazado todas las estrictas definiciones que hablan de la muerte como “privación de la vida”, “extinción del calor natural” o “separación del cuerpo y el alma”, y me he formulado una nueva definición hermética que se acomoda a mis propias convicciones: est mutatio ultima qua perfictur nobile ilud extractum microcosmi, pues para mí, que considero las cosas desde un punto de vista experimental y natural, el hombre no es sino una transformación, una fase preparatoria para el último y glorioso elixir que yace aprisionado tras las cadenas de la carne.

Un cambio de paradigma hacia la muerte como la posibilidad de la "mutación perfecta" podría hacernos vivir una experiencia más continua, más fluida, menos dual, menos víctima de corrientes inconscientes, libres del miedo que "devora las almas". Abrazando la existencia como unidad. Hasta que la muerte nos una con la totalidad. Abrazando el cambio de cada momento como el ensayo para "la ultima mutación por medio de la cual se perfecciona lo noble que se extrae del microcosmos”. 

 Veámosla como la mariposa que simboliza a la diosa Psique, la crisálida del alma: 

What the caterpillar calls the end of the world, the master calls a butterfly.

(Richard Bach)

Eso que para la oruga es el fin del mundo, para aquel que alcanza a percibir más allá de la dualidad es una mariposa, el vuelo triunfal de la vida El arcoíris que simboliza la persistencia del paraíso como la realidad inmanente, la pureza luminosa de los fenómenos. Rilke escribió: "Morir es trabajo duro y está lleno de recogimiento antes de que uno pueda gradualmente sentir un trazo de la eternidad". Ese trabajo duro es fundamentalmente un trabajo de percepción, de aprender a percibir la vida en la muerte, de ver la unidad en la diversidad.

 

Twitter del autor: @alepholo 

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1. "la cadena necesaria de sufrimiento y redención..." : La gematría, el valor numérico de la palabra que se utiliza en la Biblia para la serpiente es el mismo que el de la palabra para "mesías". "La conexión entre estas dos palabras lleva a la conclusión que la fuente exotérica del mal absoluto y la redención total son de igual naturaleza. ¿Puede algo afirmar la visión mística más claro? El principio que repara el daño espiritual habita en el corazón de las tensiones y conflictos básicos de la vida" (The Kabbalistic Mirror of Genesis, p. 154).