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Hunter S. Thompson, Frank Zappa, Salvador Dalí y John Cage en programas de concursos de TV

Arte

Por: pijamasurf - 10/20/2015

Una selección de videos donde aparecen personajes como Hunter S. Thompson, Frank Zappa, Salvador Dalí y John Cage en diversos programas de concursos de televisión estadounidenses

Dalí
Tal vez cuando uno aún no es del todo viejo ni prejuicioso se pueden hacer este tipo de cosas, pues, ¿quién pensaría que personajes disidentes como Hunter S. Thompson, Frank Zappa, Salvador Dalí y John Cage aceptarían salir en un programa de concursos? O tal vez esa disidencia que los caracteriza, ese ir en contra siempre de las expectativas fue lo que logró que estos artistas aceptaran (cada uno en su momento) la invitación a participar en distintos programas de concursos de televisión estadounidenses.

 

Hunter S. Thompson en To Tell the Truth

 

En el primer video podemos apreciar a un joven Hunter S. Thompson haciendo una aparición en To Tell the Truth, uno de los programas de concursos de televisión de más larga duración en Estados Unidos. Este programa (donde aparece el joven Thompson) salió al aire el 20 de febrero de 1967, 1 año después de que Thompson publicara su primer libro de periodismo importante, Hell’s Angels: The Strange and Terrible Saga of the Outlaw Motorcycle Gangs.

La dinámica en este espectáculo consistía en ocupar un panel con cuatro celebridades que tenían como objetivo identificar correctamente a un personaje particular (en este caso Thompson). Éste salía acompañado de dos impostores que pretendían ser el mismo personaje; los panelistas (celebridades) cuestionaban a las tres personas; los impostores podían mentir, pero el personaje central había hecho el juramento de "decir la verdad". Tras el interrogatorio, el panel intentaba identificar cuál de los tres retadores dice la verdad y es por lo tanto el personaje central.

Teniendo en cuenta toda la premisa de la serie, Thompson, con sólo 30 años de edad, era todavía un rostro irreconocible en la escena cultural americana. Pero, con la publicación de Fear and Loathing in Las Vegas a la vuelta de la esquina, todo eso estaba a punto de cambiar.

 

Frank Zappa en The Steve Allen Show

En este segundo video podemos ver al genio musical Frank Zappa ya con el estilo de música fuera de lo común que lo caracteriza, sonando en las ondas estadounidenses en 1963. Con tan sólo 22 años de edad y todavía sin ser famoso, Zappa apareció en este episodio de The Steve Allen Show haciendo música con unos palillos, un arco y dos bicicletas.

Zappa da una demostración de cómo descontextualiza objetos y los emplea como instrumentos. En estos videos podemos escuchar este extravagante concierto para dos bicicletas.

 

Salvador Dalí en What’s My Line?

 

What’s My Line? salió al aire en CBS de 1950 a 1967, por lo que es el programa de juegos de más larga duración en la historia de la televisión estadounidense. Durante sus 18 temporadas, contó con cientos de celebridades. En este video se puede ver a Salvador Dalí en acción, con su particular forma de responder.

Este video es particularmente divertido dado que el surrealista dice que sí se dedica a múltiples actividades (lo que no es mentira), sin embargo, dificulta el juego para los demás al poder ser casi lo que quiera ser.

 

John Cage en I’ve Got a Secret

En 1952 John Cage compuso su más controversial pieza: "4'33", que consiste en 4 minutos y medio de reflexión sobre el silencio, una parte fundamental del sonido. 8 años más tarde, en febrero de 1960, Cage se encontraba enseñando sus famosos cursos de composición experimental en The New School en Nueva York, y ese mismo año tuvo una invitación para participar en el programa de CBS I’ve Got a Secret.

Este programa de televisión nos ofrece un entrañable momento, así como la oportunidad de introducir a un público más amplio la peculiar manera de hacer música de este compositor de vanguardia. La pieza que Cage interpreta en este episodio se llama "Water Walk" (1959) y todo se realiza con instrumentos poco convencionales, salvo un piano de cola.

Una jarra de agua, tuberías de hierro, una bañera, un patito de goma y cinco radios son los instrumentos empleados para hacer esta obra. Como podremos ver en el video, el público no sabe muy bien cómo reaccionar (se alcanzan a escuchar algunas risas). 

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“Ver a través de la radiación de fondo cósmica, si eres religioso, es como ver a Dios”, declaró George F. Smoot, premio Nobel de Física 2006, de visita en el Festival Internacional Cervantino

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¿Cuántas estrellas existen en nuestra galaxia?, ¿cuántas galaxias hay en el cosmos?, ¿dónde nos encontramos con respecto a las demás?, son algunas de las preguntas que han llevado a que el físico y astrónomo estadounidense George F. Smoot no despegue los ojos del firmamento. Smoot fue uno de los pioneros en determinar que el universo se encuentra en constante expansión hacia todas las direcciones de la gráfica al mismo tiempo, lo que pareciera corroborar la idea del Big Bang. Y en su continuo esfuerzo por recabar evidencias de la gran explosión astral y el amanecer del espacio primigenio fue que dio con la radiación de fondo cósmica y comenzó a generar cartografías del universo, hallazgo que le valió el premio Nobel de Física 2006 y sobre el cual el astrofísico Michael Turner declaró que los científicos habían encontrado “el Santo Grial de la cosmología”, y la Astronomy and Astrophysics Enciclopedia consideró los resultados como el Génesis. 

Foto 1 radiación de fondo

¿Pero que hace un premio Nobel de ciencia en el Festival Internacional Cervantino? La noción de que la ciencia y el arte caminan por separado parece permear sobre la sociedad actual y podría sugerir, al menos para el grueso de la humanidad, que la fisura entre ambas disciplinas se extiende a lo largo de toda la historia; pero no nos engañemos: se trata de una división moderna, un distanciamiento del cual ni Leonardo da Vinci ni Miguel Ángel, Aristóteles, Galileo, Goethe o Julio Verne tuvieran noticia o les inquietara de algún modo. Antes todo era visto como parte integral del conocimiento y quizás ya viene siendo tiempo de retornar a esa visión incluyente del imaginario colectivo. O, al menos, eso es lo que pensamos varios autores. Y digo pensamos porque el eslogan de la presente edición del Festival Cervantino: “La ciencia del arte/el arte de la ciencia”, no podría reflejar mejor mis intereses. Por supuesto que no me atrevería a compararme con las mentes ilustres convocadas por Jorge Volpi y José Gordon a debatir sobre el escenario bajo el rubro La danza de las neuronas; reconozco que no poseo ni el bagaje ni la elocuencia de tales homínidos y que mis células cerebrales aún distan de perfeccionar su ritmo de baile, pero sí comparto las opiniones manifestadas acerca de que, tanto ciencia como literatura y artes, son piezas fundamentales de la cultura y que, como tales, deben ser fraguadas dentro de un mismo discurso popular. Un teatro tiene igual cabida para una puesta de Fausto o un concierto de trip hop que un duelo entre filósofos o astrónomos. 

[caption id="attachment_101919" align="aligncenter" width="300"]Foto: Ana J. Bellido Foto: Ana J. Bellido[/caption]

La sensación vigente de lejanía entre las distintas disciplinas se debe, en parte, a la aproximación reduccionista e hiperespecializada que marca la pauta del saber y quehacer contemporáneos, y es infundada por el prejuicio o desconfianza que suelen guardar los miembros más obstinados –por no decir fundamentalistas– de cada grupo por los del otro bando. Por un lado se promulga que a los científicos les falta imaginación, y por el otro, que a los artistas más bien les sobra y de lo que adolecen es de rigurosidad, aseveraciones que no podrían estar más equivocadas; la verdad es que no existe obra maestra sin trabajo arduo y no hay teoría científica que valga la pena sin disposición para el juego y la experimentación. En realidad estamos ante las dos actividades humanas que más dependen de la imaginación, la metáfora y el rigor para ser llevadas acabo, y que mayor creatividad y entrega exigen para satisfacer la curiosidad y la pasión que las desencadenan. El físico y el músico habitan cotidianamente mundos que no existen, exploran planos de realidad intangibles por medio de fórmulas o partituras. El matemático y el poeta buscan condensar el lenguaje, depurar el idioma hasta llegar a la exclamación mínima: a la ecuación simbólica descriptiva y eficiente. El químico y el pintor desmenuzan la alquimia para comunicar su visión particular sobre el entorno que nos rodea. La relación entre ciencia y arte es profunda, con vínculos fluidos, constantes y de vital importancia en ambas direcciones y así como no se requiere ser músico para disfrutar de Pink Floyd, tampoco es necesario ser científico para gozar de los descubrimientos del CERN.

Eso dicho, tampoco es que las conexiones entre ambas disciplinas sean todas positivas, la ciencia y el arte se parecen también por la resistencia que suelen mostrar sus practicantes ante las innovaciones revolucionarias: el escepticismo que ostenta el grueso del grupo cuando es confrontado con un cambio de paradigma, rasgo que tanto Darwin como Duchamp supieron bien, tachados en un principio de locos y luego declarados como genios absolutos. No obstante, lo rescatable en estos menesteres es que los dos marcos teóricos comparten el hecho de que sus verdades no sean absolutas, las suposiciones favorecidas o prácticas estándar momentáneas están siempre abiertas a debate y, aunque en ocasiones cueste derribarlas, las ideologías imperantes pueden ser cuestionadas y renovadas.

Simulation of large scale structure

El problema es que el mundo científico actual suele ser demasiado reiterativo y un tanto hermético y, salvo en limitadas instancias, voltea a ver a su alrededor o al pasado, lo que ocasiona que en torno a él se haya formado un alo de alienación o sospecha por parte de grandes sectores de la población, situación que únicamente ayuda a incrementar la extensión de esa brecha ficticia entre su campo particular de estudio y todos los demás. Por eso resulta tan apremiante volver a colocar a los investigadores y su trabajo a la luz pública, no sólo divulgar el conocimiento sino socializar el oficio científico y reintegrarlo a la cultura en amplio espectro. Es momento de difuminar los linderos, borrar las fronteras conceptuales y construir una experiencia humana más rica en todos los sentidos: una nueva época de ilustración.

En estos albores es que llegó George F. Smoot, premio Nobel de Física 2006, al Festival Internacional Cervantino XLIII para hablar sobre el origen del universo. “Lo que experimento cuando veo una ecuación como la de Einstein (E=MC2), es similar a lo que sucede cuando se lee un haiku: cada elemento que compone la frase conecta y tiene un efecto sobre los que le rodean”, dijo el científico antes de comenzar a entrar en materia.

foto 4 bigbang

Smoot habló sobre las distintas técnicas empleadas para detectar reliquias cósmicas, como la radiación de fondo, y de qué manera esta información puede ser empleada para generar mapas tridimensionales de los filamentos, cúmulos y nódulos de galaxias que se reparten a lo largo y ancho del espacio sideral. Cartografías complejas que revelan aspectos sobre la expansión, distribución y generación de los componentes del cosmos y que ayudan a aproximarse a conceptos más resbaladizos como la energía oscura y los cuásares. El único problema es que se confronta un déficit de tiempo directamente proporcional con la distancia de observación: “Es como ver hacia el pasado. Mientras más afuera, más hacia el pasado estas viendo”, declara Smoot, para luego agregar que los telescopios más poderosos con los que contamos en la actualidad captan luz emitida por los cuerpos astrales hace aproximadamente 2 millones de años.

foto 3 filamentos de galaxias

Conforme me sumergía en un mapa tridimensional que emulaba un zoom out desde la Tierra hasta el cúmulo de Virgo, recordé la conferencia de prensa del día anterior y cómo este hombre de mente inquieta había volteado la dinámica y terminado formulando él las preguntas. ¿Qué nos hace ser humanos? ¿Qué nos define y diferencia del resto de posibilidades? ¿La manera en la que creamos arte? ¿La manera en la que entendemos el arte? ¿Qué va a pasar cuando los robots adquieran esta capacidad? ¿Será que en 20 años el Festival Cervantino no sólo invitará a científicos y artistas sino también a robots destacados? No son cuestiones para tomarse demasiado a la ligera, no hay que olvidar que una computadora ya fue capaz de superar la prueba de Touring.

[caption id="attachment_101922" align="aligncenter" width="300"]Foto: Ana J. Bellido Foto: Ana J. Bellido[/caption]

Imposible no considerar la vastedad del cosmos en relación con la posibilidad de hallar vida en otros planetas. Si tomamos en cuenta que tan sólo en nuestra galaxia hay alrededor de 4 mil millones de estrellas y que se estima que existen más o menos 100 mil millones de galaxias en el universo –lo que arroja una cifra desconcertante de un uno acompañado por 22 ceros como el total potencial de estrellas, el hecho de que únicamente se registre vida en un ínfimo rincón de la Vía Láctea denominado como planeta Tierra se perfila como improbable. Claro que eso tampoco quiere decir que no sea así y que, en efecto, la vida figure como un fenómeno tan singular que sólo haya surgido una vez y en un lugar específico.

Me hubiera gustado preguntar sobre esto al ilustre premio Nobel, estoy seguro que el investigador cósmico ha dedicado algunas horas de intelecto a rumiar la cuestión y mucho tendría que aportar al respecto, sin embargo, no hubo ocasión para hacerlo. Con cierta taquicardia levanté mi mano durante el pequeño período de preguntas y respuestas posteriores a la ponencia, pero mi brazo se ahogó entre un mar de palmas ansiosas y el micrófono fue entregado a otro asistente, lo que solamente me permite conjeturar sobre cuál podría haber sido su posible respuesta. Quizás se habría inclinado por contestar a la manera de Carl Sagan, quien confrontado con la misma interrogante declaró que en realidad no importa, que ambas posibilidades son igual de especiales: tanto si estamos solos como si hubiera vida en otros lados. O no, quizás el buen George F. Smoot habría sorprendido al auditorio con alguna creencia extraña sobre seres multidimencionales. O mejor aún, y ya francamente entrando en el terreno de los sueños diurnos, con algún tipo de evidencia oculta por los gobiernos que hiciera a los partidarios de las teorías conspiranóicas revolcarse en sus asientos. Quién sabe. Difícil determinar qué tanto albergue el cerebro hiperactivo de este hombre que trata cotidianamente con un nivel de abstracción tan descabellado como el origen mismo del universo. La verdad es que también me hubiera interesado saber cuál es su postura frente a Dios, considero que su trabajo es un reto digno para las creencias de hasta los más férreos devotos, pero eso sí quedará para que cada lector saque sus propias conclusiones al respecto. 

foto 6 mapa universo

 

Twitter del autor: @cotahiriart