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5 demonios por los que tal vez te gustaría ser poseído

Por: Samuel Zarazua - 08/24/2015

Quizá algunos demonios no son tan malos

demon angel

Ser poseído por un demonio suena aterrador. No obstante, algunas posesiones no son tan malas. Es cierto que algunas traen consigo vómitos de color verde chícharo y contorsiones o dislocaciones (la cinematografía ha dado una escalofriante idea de lo que puede pasar) pero, después de todo, una posesión fantasmagórica, ya sea de un espíritu o de un 'ser luminoso de otro mundo', no puede ser tan mala. En otra nota citamos el artículo de Esther Inglis-Arkell donde habla de los 5 peores demonios para ser poseído; sin embargo, algunas posesiones no son tan indeseables. Por ello, aquí nos referimos a otros cinco demonios por los que querrías ser poseído, los cuales, al menos en comparación, son algo deseables. 

 1) Azazel

Azazel

En la antigüedad se creía que muchos de los pecados se podían transferir a una cabra, de ahí la idea del "chivo expiatorio". Esta cabra era expulsada al desierto. Azazel es quien recibía a esa cabra y los pecados de los otros. Algunas personas pensaban que era el Diablo mismo; otros, que era sólo un demonio. Azazel es un ente ominoso que sabe todo de todos (menos las buenas acciones): lee su pensamiento. (Sin embargo, en la sociedad panóptica, religiosa, procedimental y vigilante, e incluso en la sociedad actual, las confesiones, los datos personales, son una moneda de cambio y también un excelente medio de control).

2) Ben Tamalion

Demonio de la mitología judía. Según la literatura, el rabino Shimon Bar Yojai expulsó a este demonio del cuerpo de una princesa. Su padre, un emperador, dio con el rabino porque la princesa lo llamaba en su posesión. Después de que la princesa volvió a la normalidad gracias al rabino, el emperador decretó que las leyes antijudías fueran arrancadas de los libros.

¿Qué tal un demonio que cuando le dices que salga del cuerpo lo hace a la primera sin cuestionar, como Ben Tamalion, y al hacerlo, provoca que se revoquen leyes antisemitas? Suena bien.

3) Andras

Andras

Andras tiene la cabeza de un búho y le gusta introducirse en la mente de quien quiera, para aconsejarle cómo matar alguien. No suena tan bien dicho de esa forma, no obstante, no se puede dudar de que es una información importante, que puede ser utilizada para lo que se requiera. 

4) Asmodeus

Asmodeus se manifiesta a través de los deseos carnales, como la lujuria, por lo que a los posesos por este demonio les aumentará la libido al grado 'pecador'. Las personas que son poseídas por Asmodeus pueden llegar a asesinar por celos.

Los creyentes de esos tiempos (y de ahora) explicaban así el homicidio pasional, por obra y consejo de una entidad demoníaca. Así mataban bajo el efecto de los celos asesinos (atribuidos a Asmodeo), y así asesinaron a más de un marido o prometida justo antes de consumarse el matrimonio.

Asmodeus detesta las aves, pues le recuerdan a Dios y al Espíritu Santo. La forma de salir de la posesión es caminar por la playa, darse un chapuzón, perseguir gaviotas y practicar la pesca.

5) Belphegor

Este demonio es fácil de convocar, ya que el procedimiento es a través de la excreción. Sí, del excremento; por ello es muy fácil invocarle. Inglis-Arkell escribe que a este demonio se le recuerda por un texto titulado Belphegor o La boda del Diablo, de John Wilson (1690).

Cuando demonios de este tipo llegan al hastío, de tanto escuchar a los condenados, Belphegor se encarga de recordarles a todos los martirizados lo bueno que es el matrimonio y que pueden existir las parejas felices, pero es sólo que los hombres casados son débiles y pecadores (la mujer no es la mala). Entonces, básicamente, su labor es vagar por el mundo buscando matrimonios felices.

Antiguamente se creía que las personas con mucho deseo sexual estaban poseídas por demonios como Belphegor y los sacerdotes se encargaba de exorcizarlas, acción mediante la cual se pensaba que les sacaban al demonio, para lo cual escogían un lugar solo y apacible. Esos sacerdotes recibían el mote de súcubo ("estar debajo", su: debajo, cubo: yacer, acostarse). 

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Por: pijamasurf - 08/24/2015

El deseo sexual no es fijo ni inmutable, ¿pero de qué depende que un hombre experimente o no con su sexualidad?

gay

A menudo escuchamos decir que las mujeres tienen mayor flexibilidad para experimentar con otras chicas sin por ello asumirse como lesbianas. Sin embargo, un número creciente de estudios y testimonios demuestra que los hombres también han buscado históricamente formas de expresar deseo hacia otros hombres sin asumir una identidad plenamente homosexual. Óscar David López ha escrito al respecto en un artículo de título "Macho calado", donde habla acerca de esos machos tan machos que se atreven a transgredir el esquema puramente heterosexual, lo que irónicamente reforzaría su posición de macho. En esta acepción, el macho es "tan hombre" que puede penetrar o dejarse penetrar por otro hombre, y asume el logro de "calado" cuando vuelve para contar su experiencia y decir que simplemente no es lo suyo.

Y es que parece que la masculinidad necesita ser evaluada periódicamente --al menos desde el imaginario popular-- para verificar que no se tambalee: un hombre soltero no sólo enfrenta la presión de tener relaciones con tantas mujeres como pueda, sino que debe reportarlas a su grupo de amigos dejando de lado todo relato sentimental. ¿Esta misma práctica del relato entre machos no tiene un componente homosexual, a saber, el de "excitar" la imaginación de los amigos con la historia de las proezas sexuales del hombre?

La investigadora Jane Ward, de la Universidad de California en Riverside, es autora de Not Gay: Sex Between Straight White Men, donde explora los comportamientos esporádicamente homosexuales de los hombres heterosexuales. "Pienso que el deseo homosexual y el contacto homosexual son parte de la experiencia humana, pero también están sujetos a increíbles cargas culturales".

En su investigación concluye que los hombres heterosexuales, especialmente blancos, tienen sexo con otros hombres justamente para afirmar su heterosexualidad, como en la hipótesis del "macho calado". Pero además encuentra que los hombres blancos y heterosexuales (la demografía privilegiada culturalmente por excelencia) son también los que se topan con menos consecuencias sociales al incurrir en estos comportamientos. Sin embargo, la mera mención de "privilegio" ya es suficientemente problemática para ellos y pasa sin cuestionamiento, no digamos la experimentación homosexual. Ward comenta:

Muchas veces la gente blanca y los hombres en particular, se enfurecen con el concepto de 'privilegio'. Pero en el contexto de mi libro, reconocer el privilegio no es tratar de negar lo que es propio de individuos blancos y heterosexuales; es tratar de reconocer que los hombres blancos y heterosexuales poseen recursos culturales únicos a los que pueden recurrir para explicar y justificar sus prácticas sexuales aparentemente discordantes.

En otras palabras, los hombres blancos y heterosexuales gozarían de una suerte de salvoconducto cultural para experimentar con su sexualidad como parte de la reproducción del esquema heteronormativo. Es por eso que en el imaginario popular, los miembros de las instituciones puramente masculinas (como el ejército, ciertos deportes, las fraternidades universitarias) pueden justificar en el machismo una práctica homosexual, pues no están expresando "sentimientos" entre ellos, sino estableciendo jerarquías al interior del grupo. 

En su famoso estudio sobre la sexualidad humana, Alfred Kinsey entrevistó a miles de hombres y mujeres estadounidenses durante los años 40, llegando a declaraciones que cimbraron la moral de su tiempo, como el hecho de que, según él, hasta 10% de la población es homosexual. Kinsey no sólo fue pionero de la investigación de las prácticas sexuales, sino que también se atrevió a proponer una escala que no asume simplemente que una persona tiene una identidad sexual fija e inmutable; en ella, los individuos son evaluados en una medida de cero (exclusivamente heterosexual) a 6 o exclusivamente homosexual. 

 En su estudio, Kinsey revela también estas estadísticas:

  • Al menos 37% de la población masculina tiene alguna experiencia homosexual entre el comienzo de la adolescencia y la vejez, que va desde el contacto físico hasta el orgasmo.
  • 13% de los varones son únicamente homosexuales durante 3 años entre los 16 y los 55 (hasta 4 en la escala),
  • 4% de los varones son exclusivamente homosexuales toda su vida (6 en la escala).

Kinsey también escribió que es normal que la gente se mueva en diferentes puntos de la escala durante toda su vida. En el caso de las mujeres, estimó que 20% tiene alguna experiencia homosexual a lo largo de su vida, 13% de ellas hasta el punto del orgasmo. 

La orientación y la identidad sexual, aunque fundamentales, son más útiles para las instituciones políticas y los mercadólogos, que pueden vigilar y controlar las interacciones económicas a partir de las tendencias sociales presentes a cada momento. No se trata solamente de repetir que ser hetero o gay no determina esencialmente lo que somos, sino que comprender cómo se asumen esas identificaciones (y también cómo cambian, se niegan o son problematizadas a lo largo de una vida humana y de la historia de la civilización) nos ayuda a entender por qué hemos sido programados para comportarnos según ciertas expectativas. Sin importar nuestra orientación, lo importante es comprender y aceptar la alteridad y la diferencia como parte del cuestionamiento radical de los mecanismos de privilegio que originan formas de desigualdad social basadas en factores raciales y de género.